INQUIETUDES

 

Por, José R. Romero González

 

Hace ya un largo rato, estoy sentado en la banca, de uno de tantos parques de esta enorme ciudad.

No recuerdo los nombres; ni del parque o el de la ciudad. ¿falta de memoria y sobra de ignorancia? Todo es muy posible; últimamente, tengo demasiadas preguntas y muy pocas, excesivamente pocas respuestas. No, ni siquiera pude responder a la importante pregunta:

¿Quieres inscribirte en la Facultad de Filosofía y Letras?

Tú lo deberías de saber mejor que nadie; la universidad es de un gran prestigio y, como dices que te fascina pensar; pudieras aprovechar antes de que alguien o las circunstancias mismas saquen partido de ti.

Sí, pude haber intentado ser un excelente explicador de las cíclicas -por no decir, demasiado recurrentes-, crisis de nuestros países latinoamericanos. Crisis económicas; que si nuestras monedas valen menos. O que si ahora se devalúan y mañana flotan "libremente". Las reservas en dólares, o divisas fuertes, -dice El Gobernador del Banco Nacional-, que ahí estaban; pero ahora, -declara-, que ya no están. Aunque nadie lo mencione, se acude inconscientemente a la frase lapidaria del expresidente López Portillo: "¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear!"

Aun la demagogia se "depura"; por lo menos, algunos políticos insisten y persisten en intentarlo. Su éxito o fracaso, no dependen tanto de su habilidad, sino de la paciencia y bondad de nuestros aparentemente, incansables pueblos. ¿Quién dijo -refiriéndose a Chiapas-, que allí sólo había una guerra de papel y del Internet?; no lo sé, como si importara mucho saber quién lo dijo...

Hace tres semanas, una amiga, leyó para mí, un artículo de un periódico de circulación nacional; allí, se explicaba, con lujo de detalles, (según el articulista), la eficacia de "los capitales golondrinos"; y cuando pensé que todo sobre economía se había aclarado, el experto en cuestión, viene a señalar, la fuga de capitales; es un asunto de tanta trascendencia y remarcada relevancia, que considera oportuno, tratar el tema, en una próxima ocasión; ¡caray! ¡de veras, ya no entiendo nada de nada!

Que si el "efecto tequila" ya se deja sentir, por ejemplo, en Argentina. O que si el ministro de economía del Brasil, declaró con "solidario" conocimiento de causa: "Nosotros, no podemos tener los problemas económicos por los que está atravesando el país de México. Esto es absoluta y totalmente razonable; nosotros no importamos ositos de peluche. En un régimen de planeación científica, nuestras importaciones subrayan áreas de mayor prioridad..."

En la banca que queda a mi derecha, están una mujer joven, de unos 19 años y otra mujer de mediana edad. La segunda de ellas, dice a su compañera, enfatizando cada frase, como si revelara su más íntimo y definitivo secreto:

--María, no cabe duda, la humildad y no otra cosa, muchas veces, puede salvarnos la vida.

--¿A qué te refieres, Gladys?

--Está muy claro, si el Cardenal no hubiera ido al aeropuerto en ese Gran Marquís, los pandilleros no lo habrían matado, y todavía estaría con nosotras, repartiendo sus bendiciones de siempre.

--Gladys, a ese buen hombre ya le tocaba, era su destino, y se arrimó al tocadero; mi mamá, que sabe mucho de cosas de la Iglesia, dice que los altos prelados de la jerarquía eclesiástica, deben andar con un mínimo de comodidad; por algo son los príncipes de nuestra Santa Madre Iglesia Apostólica y Romana.

--María, con un automóvil de esos se rebasa cualquier mínima comodidad. Es difícil dejar de añorar principados y reinos distantes. Posiblemente tu juventud no te permite apreciar lo que ahora digo acerca de la humildad. Cuando volvamos otro día a este mismo lugar, te contaré algo que no te hará dudar ni un poquito sobre todo esto. Ya verás la sorpresa que te voy a dar; sí señorita, ya verás.

Ellas se fueron y los ecos de sus pasos, sin saberlo las chicas, aceleraron el ritmo de otras profundas cabilaciones.

El gobierno de mi querido país, ha dicho en reiteradas ocasiones que, "la manera más democrática de solucionar la injusticia, encuentra sus más hondas raíces, en la distribución de la riqueza" y agrega, con tanto énfasis, que introduce una cierta sospecha: "cotidianamente, ponemos en ejecución hechos, que sin lugar a dudas y sin paradojas, nos colocan en el sendero de la absoluta credibilidad".

A través de la televisión, ayer hablaba un millonario, y él, campechanamente, decía: "A decir verdad, yo no me opongo a los muy buenos deseos de distribuir la riqueza; hasta colaboraría con todo lo mío; -añadió, como dirigiéndose no al entrevistador, sino a sí mismo-; nadie puede poner en tela de juicio la honradez de todos mis negocios, todos ustedes saben, soy uno de tantos bien acreditados y honestos empresarios. No me atrevería a indicar que provengo del sufrido pueblo, pero sí he estado, estoy y siempre estaré muy cerca de él. -Prosiguió, ahora con mayor dominio en sus ademanes, voz, y desde luego, conceptos-. Volvamos a la multicitada distribución; el más reciente software de la IBM nos muestra, digamos que, estadísticamente, hay un incontroversial sustento, de que al juntar todas las más renombradas y destacadas fortunas de los hombres más ricos y connotados del mundo, de las mujeres, no quisiera comentar, estarán enterados de lo que le acaba de suceder a la Reina Isabel de Inglaterra, con eso de los impuestos, para sustos y graves, por supuesto, no gana ni aún la nobleza europea; con dificultades los pobres del planeta azul, alcanzarían un miserable centavo per cápita; pero aunque no me lo crean, la miserable pieza metálica, y desde luego, monetaria, no es el meollo de este trágico problema, el real parteaguas reside en saber, ¿quién merecería la incuestionable confianza para llevar a cabo tal distribución? Yo me ofrecería con una actitud altruista y sincero desinterés, pero, me asalta un cierto temor y unos grandes escrúpulos, invencibles hasta hoy, de que alguien llegara a insinuar siquiera, unas pretensiones personales de asumir un papel meramente protagónico; ya se ve la inhumana maledicencia de desvirtuarlo todo."

El entrevistador del programa de TV, tal vez escapando del lenguaje de encantamiento, recordó cual era su rol en la maquinaria de la tele, y, así preguntó: "Por favor, regresemos al asunto que nos ha reunido en esta ocasión; con la gran amabilidad que siempre le ha distinguido y caracterizado, ¿tendría usted la bondad de explicarle a nuestro gentil tele auditorio, cuál es su propia concepción de _repartir _la _riqueza? usted mencionó que", -bruscamente, lo interrumpió el susodicho millonario, diciendo con voz llena de una avidez extraña-: "¡Momento, absténgase de no insultar a mi inteligencia! No trate de confundir términos, indiscutiblemente dicotómicos. ¿Me quiere usted hacer creer que distribuir y repartir son sinónimos? No me interrumpa, verá usted, hoy es principio del año, su programa es transmitido dos veces por semana; sí, explicarle a sus gentiles televidentes, en forma sucinta naturalmente, nos tomaría alrededor de nueve lustros. Yo podría grabar algunos videos, y cuando fuese necesario, recurriríamos a la maravillosa técnica satelital; le confieso, soy un apasionado de las conferencias en vivo; no se dirá que mi generosidad se restringe a la pequeña caridad de un miserable centavito; hasta podría adquirir todas las acciones de esta cadena de multimedios, digamos, que si fuera necesario, hasta estoy dispuesto a fabricar esas monedas que en la práctica, sólo existen en el papel".

Es demasiado cuánto hay que reflexionar sobre los sinónimos, los antónimos y además, no deben faltar los parónimos. Alguien dice algo en la otra habitación: "¡caramba!, ¡Ese programa esta aburridísimo!, ¡cámbiale al canal 14, ahí está el juego del Guadalajara contra el América! ¿Cuál es tu equipo favorito? Te apuesto 100 pesos y las cervezas, a que "El Rebaño Sagrado" derrota a los millonetas de Televisa..."

Ya viene la sección de política; no tiene ningún caso verla. Con la mano en la cintura, te voy a definir a la democracia; al principio, creí que tal definición, pertenecía, como una de nuestras tantas exclusividades, o sea, perpetuidad de países tercer mundistas, pero no, es atributo de todo el casi redondo mundo.

La DEMOCRACIA, es el acto de tomarte en cuenta, cuando ya otro decidió por ti, todo lo que es preciso hacer. Te preguntan para legitimar esto o aquello, ya sabes, aplicar el famoso y nunca bien ponderado estado de derecho; y si por casualidad, las cosas no resultan como don poderoso las planeó, pues simple y llanamente, se quita de en medio al señor presidente, ministro, senador, diputado y/o candidato; y todo se hace, en nombre de los cambios requeridos por la modernización del país, o por el contrario, para que nada se modifique y los "seudo-reformadores" sean detenidos a costa de cualquier precio, y, como era de suponerse, todo el sistema permanezca in-a-mo-vi-ble; ¿puedes esperar una mayor participación ciudadana? El pueblo no quiere entender; los toques de queda, son para su inconmensurable y único bienestar. "No sé por qué, a mi mente vienen las excluyentes, pero muy "convincentes" versiones oficiales "del asesino solitario", o, la del complot". ¡Ah, la política! ¿Cuándo serás la óptima manera, para que sirva el hombre a todos sus semejantes? No es que la gente esté, compulsivamente deseosa de asociar automáticamente los términos tales como: peculado, cohecho y corrupción, a los nombres de políticos de los más encumbrados niveles hasta el modesto gendarme del crucero, cuya "mordida", o untada de mano, le costó al obrero, la totalidad de su salario, además, tuvo que soportar la grosera prepotencia del dizque servidor público. Esto es lo que verdaderamente duele. Pónle en el futbol, entonces.

A unos 15 metros y medio, está un alto y frondoso fresno. Es el único árbol de ese tipo. Los otros árboles, son eucaliptos, cipreses, álamos, y magnolios, cuyos aromas llenan el aire y me hacen evocar el olor de las naranjas frescas y maduras. Veo el fresno una vez más. En la rama más elevada, está una calandria y canta alegremente.

No, creo no tener remedio, el haber leído acerca del "verbalismo", no me ha curado de la ya muy arraigada manía de usar palabras que pretenden ocultar mi discapacidad. Sí, no tengo por qué olvidarlo, soy ciego total desde que tenía 18 meses de edad, ahora, acabo de cumplir 45 años. Así es, hay que reconocerlo, ya poseo, o mejor dicho, debiera tener bastante experiencia y práctica en el terreno de no ver, o de (según algunos), "ver oscuro." Entonces, oí a la calandria. Todavía la oigo. Sí, el fresno lo he tocado muchísimas veces, y, sin necesidad de haber tomado las mediciones correspondientes y usuales, estoy bien seguro, está a la distancia referida. ¿Para qué tanta minuciosidad? Lo importante en este caso, es saber, que el árbol está en este parque y la calandria no se halla en una jaula de oro, o de cualquier otro material.

Este sueño lo tuve tan sólo una ocasión; estaba prisionero en una triple jaula. De adentro hacia afuera, la primer jaula era de papel de china. Seguramente, en aquel tiempo me preocupaba bastante hablar de los colores, porque insistí durante varios días, que el color de ese papel era rojo muy subido. "De color rojo brillante, querrás decir" intentaban corregir mis amigos. "¡No, no, era rojo subido!" repetía yo, cada vez más excitado.

La siguiente jaula, estaba hecha de aire. Tenía una tonalidad entre azul y buenos días. También aquí, venía rápidamente, la reconvención de mis amigos: "Quieres decir, entre azul y buenas noches, ¿verdad?" Sólo quise decir lo que dije; ¿qué no está suficientemente claro?

Por aquella época, empezaba la exhibición de la película:

"¿De qué color es el viento?" Cuando la escuché... -Iba a decir-, cuando la vi, creo haber sufrido una imperdonable distracción, porque nunca supe cuál fue el color de ese bendito viento. Esto debe sucederle a la mayoría de los seres humanos, cuando se ven expuestos a aquellas abstracciones muy elevadas; simplemente, se distraen, y ya está, no se enteran de nada, o, mejor dicho, no me entero de lo importante, dijo el otro. Quizá, puse demasiada atención a la frase de la muchachita, quien, pretendiendo imitar ciertas actitudes de los mayores, decía: "No me cuentes de tus cochinadas, no, sí, ¡cuenta, cuenta!"

La actriz infantil, en ese entonces, se convirtió en Crystal; y vengan a mirar, por donde saltan las "asociaciones."

Sí, en los sueños la perspicacia se activa o nulifica a partir de no sé qué intrincados y escondidos mecanismos bio-psico-sociales.

La tercera jaula era de cristal. Por no sé qué percepciones muy extrasensoriales, intuí que la materia de esta prisión, se podría romper fácilmente con la pura mirada. No se hacía menester ni un tacto suave o duro. Tampoco era necesario recurrir al capricho de las fantasías desveladas o al placer enfermizo de la evasión por la locura.

Dicen que, "los ojos son las ventanas del alma". Oh no, por poco y me autopillo, porque no hay que olvidar: LOS CIEGOS VEMOS CON LAS MANOS.

¡No, es imposible creerlo!, he descubierto el ansiado secreto para escapar de la triple jaula. Y en lugar de salir corriendo, como pude suponer apenas unos momentos antes, olvido repentinamente todas las inapreciables confidencias arcanas y mejor encamino la totalidad de mis esfuerzos, para tratar de completar la letra de aquella canción que fue un regular éxito en la voz de Crystal: "Sácame a bailar..."

No quisiera que se cumpliera en mí, el conocido dicho de: "el pez, lo último que descubre es _el agua." Y de esta suerte, quiero sacar a flote mis ideas acerca del tacto. Tengo que recordar, cuando le dije a un vidente, (o gente que ve): "la vista es un sentido globalizador" y, -no me permitió continuar, al prorrumpir-: "¡Debes estar loco!, conozco a muchísimos, muchísimos ciegos y ninguno de ellos me ha dicho cosa parecida; Te recomiendo una exhaustiva revisión de la excelentísima bibliografía de la doctora Natalie Barraga, ella sí que sabe bastante sobre ciegos y/o débiles visuales..."

El tacto, es un sentido de mucha proximidad, hasta se podría equiparar al verdadero sentido de la amistad e intimidad. Por ejemplo, cuando Cristo curó al ciego, (y esto se puede verificar en alguno de los escritos de los buenos evangelistas), después de mezclar tierra con saliva, usando sus divinas manos, tocó al sufriente aquél y le devolvió el precioso e invaluable don de la vista. Cuando mis amigos escuchan los anteriores adjetivos, me recriminan sin el menor recato: "!Pobrecillo, te falta demasiado para estar rehabilitado! Por lo menos, deberías saber un poco más de psicología de la ceguera."

En diferente ocasión y lugar, María Magdalena, enjugó con sus lágrimas y cabellos, los pies del Señor; la gran ternura de aquella mujer, no se patentizaba por haber derramado un perfume demasiado caro, sino por tocar a Cristo con el suave, pero incontenible aroma del Amor. ¡Cómo me gustaría ser poeta y ser capaz de capturar la bellísima música incluida en aquellos maravillosos instantes!

Hace 18 años, intenté escribir una canción de amor. ¿Cuáles eran las palabras iniciales de aquella tan anhelada composición?

"Preciosa muchacha, quiero decir,

cuanto te amo; por ti soy feliz..."

No terminé esa canción, y aún me cuesta bastante trabajo extraer de la no siempre fiel memoria, las primeras palabras de una de mis más delicadas muestras de cariño. No la concluí porque sentí que estaba conformada por vocablos tan simples y demasiado comunes. Ahora, muy tarde, lo he comprendido, fue la mejor forma para empezar una sencilla y hermosa canción de ternura y amor, inspirada por una joven mujer, merecedora y digna de un tierno canto y de todo lo mejor del mundo.

No puedo sustraerme al enorme romanticismo emanado de este sitio a donde vengo de vez en cuando. El tacto, ha propiciado un real contacto con todos esos recuerdos, y, lo más extraordinario, dispuso un nuevo acercamiento conmigo mismo. No importa, si a nuestra canción, hubiera de agregársele: "...por ti, fui feliz..." Como si el tiempo pasado me alcanzara y no me pudiera conceder la perdida oportunidad de principiar, la sorprendente construcción de unos sentimientos valiosos, por haberlos hecho madurar juntos tú y yo, preciosa muchacha, mi amor de todos los tiempos y de siempre.

No es fácil huir de los estereotipos donde a uno lo han confinado esas, casi siempre, no tan buenas personas. Un mal día, el hombre vigilante del barrio, me soltó las siguientes frases hirientes: "¡recórcholis!, ¡Tú sí te la debes pasar bien a toda máquina! Con el cuento de que no ves, a quién...; una manoseadita por aquí, total, que a las tentadillas nadie te gana. Si no fuera quien soy, palabra, te envidiaría; porque eso se llama cachondear en serio, o lo que es lo mismo, echas el gato a retozar; y ni quién se dé cuenta. ¡Ajaaah, a que sabes cómo las tiene la buenota de la Lucina! ¡Está especialísima para Miguelito! Me llegaron rumores, quiero decir, alguien me informó, que a ti te gusta la chamacona; pero ni sueñes con ella. Nada menos, la otra vez, no tuve dificultad en observar que la Lucina, ya casi se deshacía en atenciones para tu persona. Pero no está de más prevenirte; esa prenda tiene sólo un dueño, y ese, naturalmente, soy yo mismito, aunque pida ayuda para robármela, ya estás enterado, y yo pos nomás una sola palabra tengo."

!Ah Miguelito!, nunca quisiste por las buenas a Lucina; ni tuviste tiempo suficiente para conocer, que el amor de una mujer decente, no se puede tomar a la fuerza. Tu equivocación fue tremenda y te condujo hasta una tumba, perdida quién sabe dónde y olvidada en los extravíos, del insignificante muchachillo, a quien ni siquiera consideraste rival. Cosas de la vida o vericuetos de la muerte. No soy capaz de determinar cuánto tiempo hace, pero ya nadie me pregunta impertinencias como las de Miguelito. Afortunadamente, mi ángel de la guarda y este buen tacto, me han evitado tener otros trances de peligro; gracias a Dios, el descubrimiento no ocurrió hasta el final.

El mes pasado, en el centro de la ciudad, encontré a Paco; me saludó con la cortesía de siempre. Le pregunté acerca de sus nuevas actividades y dijo: "Por fin dejé la tomada; no creas, fue muy difícil, pero lo logré. Ayer hizo un mes que canté por última vez en los centros nocturnos, como si dijéramos, me despedí definitivamente del ambiente artístico. Mi esposa es la más contenta por esta decisión; de verdad, me aguantó lo que ninguna otra habría soportado.

-Con vivo interés, me introduje en la corriente de su monólogo-; --pero, Paco, si no cantas, entonces, ¿de qué vas a vivir? Tú, desde que nos conocimos, allá por los 70's, siempre fuiste muy chambeador; no se diga de tus grandes habilidades para tocar la guitarra, y buena voz para cantar todo tipo de canciones, pues, anda, tienes un don admirable. Por eso, me parece que no te entendí bien. A Patricia, le gustan de corazón, las visitas a los restaurantes de mejor prestigio y vestirse a la moda y con los modelos exclusivos de las casas diseñadoras y confeccionadoras de gran renombre entre las damas más distinguidas de esta región, ¿cómo harás?

--Amigo, no te preocupes, todo está bajo control. Hace 24 meses, un ciego a quien conoces, me invitó a implorar la caridad en la vía pública. Comentó, no sin cierta ironía, "Mi buen, en un rato, alrededor de una hora, pidiendo limosna, yo saco más que tú en varias noches de desveladas en El Gato Negro. Por supuesto, se tienen que aprender algunos secretillos, pero nada del otro mundo; los aprendí yo, y eso sin haber ido a la escuela; bueno, sí fui; todo era tan enfadoso; yo iba por si podía ligar alguna chava, pero los profes se pusieron muy pesados y exigentes con eso de las tareas, y que me corren con mi música a otra parte; ellos dicen que yo no cumplí, pero, no comprendieron nunca mis objetivos, propósitos y metas; mis aspiraciones eran diferentes."

--¿Y qué contestaste a tan amable invitación, Paco? --Qué iba a decir, si Carlos sabía de mis deseos de exterminar a todos los limosneros del mundo; ni siquiera "las miguitas de ternura", de Alberto Cortés, se habrían de escapar. Carlos respondió, con una sonrisa misteriosa y enigmáticamente, dijo: "Hermanito, la vida, como el mundo dan muchas vueltas, demasiadas, diría yo; no olvides esta verdad de a kilo y medio, y solo en esta ocasión, te saldrá totalmente gratis y sin la aplicación del IVA". --Aunque no tengo el atrevimiento de solicitarte información sobre tus métodos de exterminio; Paco, ¿cómo es que ahora,...? --Amigo, no puedo explicarte como pasó todo; pero, sí, efectivamente, la vida dio demasiadas vueltas... No pienses que nada más estiro la mano y ya; ahora canto en los autobuses de pasajeros; estoy cubriendo las principales rutas urbanas; te sonará muy a comercial publicitario y machacón, pero, tengo el deber de decírtelo: _el _pedir _limosna _sí es _para _nosotros; mucha más humillación es eso de... luego seguiremos platicando, se va ese autobús; adiós.

Mi amigo se ha ido a realizar no sé si llamarla tarea, misión, o, directamente, cumplimiento de una faena más del sobrevivir, pervivir o verdaderamente vivir de todos los días, para cada una de las personas conocidas, por conocer, o, para la vida entera y por los siglos de los siglos, desconocidas en su amplia complejidad o, por qué no, en su caótica libertad y derecho de ser simples o como quieran y puedan ser.

En mi país hay más de 40 millones de pobres; en el mundo, hay muchos miles de millones de pobres más; esto me da mucha tristeza. Salinas, (otro ex), está escribiendo una historia exitosa de México; en un libro como ese, bien pueden caber 24 biografías de los tantos ricos...

Todavía hay infinidad de gente, de "buenas intenciones", esperando el amanecer para hacer su caridad del día y así, tener pretexto para sentirse bien; también, aún hay personas ansiosas por recibir esa limosna. Una gran multitud de seres, perciben que todo, absolutamente todo está bien como está; es importante saberlo, otros, conciben a un mundo mejor, sueñan y trabajan arduamente y con entrega para que ello ocurra pronto. Podría haber una pequeña esperanza; mi amigo sabe a donde quiere ir; y, la vida y el mundo no se han detenido. Paco, no es ciego, pero aprendió braille para escribirme al estar lejos. El día de nuestro encuentro, me entregó un escrito, por poco y lo olvido, es buen tiempo y lugar para leerlo.

Incoherencias Relativas

Itinerario sin su preferido viaje; bendita morbidez que no me asusta;

ahogarse en el viento de un estiaje; estamos sucios en cosa impoluta;

sin existir soy ajeno y pertenezco a las dimensiones y a las maravillas de los ultrajes;

cadenas que me libran y las locuras que apetezco; miedos horribles que nos temen,

puerta en la ventana, cielo sin nada; fantasmagóricos dientes que las flores muerden;

manos putrefactas que no causan asco; maldiciones muy bien tranquilizadas

y un escepticismo que nos mueve; soy dueño sólamente de un astro; es mío, propiedad no--facturada;

estoy marcado y no me descubren; todos somos santos criminales de ahora;

nada tienen contra mí; yo si tengo mucho contra ellos;

los estoy marcando para descubrirlos; me están mirando;

lo que no saben, es que somos los mismos;

río y me van persiguiendo; me señalan; oigo las luces que murmuran,

veo los sonidos que están diciendo: estamos marcados y somos los mismos;

estamos y somos; estamos;

Vine a un parque del cual, no recuerdo el nombre. He tenido la gran suerte de hacer contacto con algunas vivencias y con otras fantasías; encontré la lectura del trabajo de un poeta extraño; comprendo mucho más ahora, mas no soy capaz de explicármelo en este instante. Tal vez sería bueno, empezar por reconstruir el episodio de cuando pude tocar el arco iris, eso será al regresar la próxima ocasión a escuchar la calandria y a repasar esta hoja escrita en braille estenográfico. Me siento un poco menos inquieto, no estoy tan solo.

Abril 21, 1995

 

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