HISTORIA DE MI VIDA
Generalmente cuando comienzo a escribir
algo de este orden no sé como empezar. En cambio, no tengo ese problema con los
finales, porque se me presentan de repente, en lo que yo creía que era
el medio de un desarrollo.
Comencé la vida un 17 de marzo de 1981, a las 5.45, según lo que
me dijeron, yo no recuerdo nada porque era chiquito. En realidad empecé
diciendo cuando nací, pero nunca me gustó cumplir años; festejar el cumpleaños
no está mal, pero creo que hay cosas más importantes para festejar, ¿no le
parece? Por ejemplo recibirse de médico, tener un hijo, componer una obra
musical, etc. Años cumple cualquiera, los estúpidos y los doctores... Además,
me fastidian las tradiciones sin sentido de las fiestas de cumpleaños. ¿Qué es
eso de que hay que romper el papel del regalo para que traiga buena suerte?
¿Por qué hay que pedir tres deseos antes de soplar la vela? Ni siquiera tiene
sentido soplar una vela que está encima de una torta, ¡y todavía pretenden que
tenga fe para pedirle tres deseos!
Luego de nacer me trajeron a mi casa y comencé a vivir. Mis
recuerdos son más o menos de cuando tenía tres años; me encantaba pintar en un
cuaderno, algo que me sirvió para recordar algunos colores, me gustaba
divertirme con mi tortuga, por ejemplo poniéndola patas arriba (luego dicen que
los niños no tienen maldad...) y todas esas cosas que a uno le gustan hacer
cuando es pequeño e ignorante. Al menos ahora perdí uno de esos males, (ser
pequeño obviamente). Si bien aprendemos mucho a medida que crecemos, siempre
somos ignorantes. No se puede saber todo, es otra de las cosas que me fastidia.
Un día después de cumplir cuatro años caí por una escalera; cinco
meses después quedé sin ver. En esos últimos cinco meses con mi visión fui a un
jardín de infantes.
Mi familia me llevó a todos los lugares posibles para buscar una
solución. Creo que ahí fui ganando fe en Dios y perdiendo toda fe en los
hombres. La gran mayoría se aprovecha de las malas circunstancias para sacar
provecho para su economía.
A parte de lo mencionado anteriormente también aprendí que cuando
uno tiene alguna discapacidad hay que lidiar con la falta de entendimiento de
los semejantes. Algunos le echaban la culpa a mi madre de que no quería dejar
que me operen, siendo que nunca un médico dijo que tenían que operarme. Después
están los que te tienen lástima por tener una discapacidad, haciéndote sentir
inferior cuando en muchos casos ellos también tienen discapacidades, que no se
ven, por ejemplo brutalidad, ignorancia, falta de memoria, etc. Y están los
otros que creen que por ser ciego, todo lo que hacés tiene más mérito. Ese
extremo también es malo, como todos los extremos, nadie es mejor persona por
ser ciego ni tampoco inferior. Soy inferior para conducir un vehículo, y por
ahí soy superior a algunos para tocar el piano. También inferior a otros en
esto último.
Cuando tuve siete años comencé a ir a un colegio especial en donde
me enseñaron a escribir y leer en Braille, a hacer gimnasia, a usar el bastón,
y también en muchas ocasiones me molestaron bastante metiéndose en mi vida.
Pero bueno, me las aguanté y aprendí. Las molestias casi siempre vinieron por
el tema de usar el bastón; no lo quería usar, porque en muchas circunstancias
algunas personas me trataban con lástima, y eso te hace sentir vergüenza.
Además, algunos de mis familiares eran miedosos de que salga solo a la calle. A
esto lo comprendo perfectamente porque pienso que si tendría un hijo ciego
también me daría miedo. Pero me queda la experiencia de que a veces por querer
demasiado a un hijo y protegerlo se termina por perjudicarlo.
Unos meses antes de cumplir once años comencé a estudiar música,
algo que me cambió en gran medida la vida. Gracias a la música conseguí
alegrías, amigos, momentos de felicidad y de nervios, pero no me quejo de esto
último, no existe nada perfecto, y en todo caso tener nervios no es culpa de la
música, sino de la imperfección que tengo como ser humano.
Luego de un año de haber empezado a aprender teclado comencé a
aprender acordeón a piano. Algo que aprendí prácticamente solo. Salvo por unas
tres o cuatro clases que me dio mi gran profesor Bassini; el cual a veces me
retaba y con mucha razón, si el profesor tiene carácter y corrige hay más
posibilidades de que el alumno sea bueno.
Mientras iba estudiando música tocaba en algunos lugares; en donde
por supuesto seguí encontrando personas con diferentes discapacidades. Por
ejemplo esos que en medio de un show te vienen a preguntar por qué quedaste
ciego, por qué tocás esa clase de música, etc. Solo les faltó preguntarme por
qué tengo esta cara, lo cual hubiese sido más razonable.
Podría seguir contando más cosas acerca de mi vida junto a la
música, pero por ahora se me terminaron las ganas. Hay algo más que me cambió
la vida, en casos para bien, en otros para mal; pero fue más para bien creo. Es
la computadora. Gracias a esto me comuniqué con el mundo, encontré amigos muy
importantes, me puse de novio dos veces, leo todos los libros que quiero,
consigo la música que se me antoja, etc. Es decir, casi todo lo que no pude
hacer sin esta máquina. Aunque hay desventajas, por ejemplo estar menos tiempo
con mi familia, ensayar menos, hacer menos gimnasia.
Otra de las cosas buenas que me permitió la computadora fue
empezar a hacer el secundario por mi propia cuenta; algo que espero con todas
mis ganas terminar. Primero para mejorar como persona, luego para tener más posibilidades
de trabajo en la vida, y luego para taparle la boca a muchos que creen que solo
no puedo.
Por ahora me despido.
Autor: Mauro Muscari. Buenos Aires,
Argentina.