¡GRACIAS POR MIS PAPÁS!
Sus fuertes brazos me acunaron con
ternura;
Su voz serena la calma me confió;
como un león luchó contra mis sombras;
Como un gran sabio mi senda iluminó.
¡cuántas renuncias por verme sonreír!
¡Cuántos silencios por no acallar mi
voz!
¡Cuánto respeto al dejarme elegir!
¡cuánta confianza en Dios y en mi
existir!
Días enteros pasó junto a mi cama;
noches en vela transformando el dolor,
Siendo el valuarte para la esposa amada,
Siendo la mano que me entregara el sol.
Él no es perfecto, mas sí maravilloso;
Él sólo sabe de amar y comprender;
Él es humilde como los colombianos;
Él es inmenso como un Hijo de Dios.
Si me caía corría a levantarme;
Cuando temía me infundía valor;
En la más tierna infancia me enseñó con
mi madre,
a confiar en Aquel que a todos nos creó.
Ante mis triunfos siempre se muestra
alegre;
Cuando claudico siempre sabe entender;
Si el dolor me avasalla me abraza
suavemente,
y con su abrazo me ayuda a renacer.
Es compañero y guía de mi senda;
Es el primero en creer en mi acción;
Lo apuesta todo porque alcance mis
metas;
y en esa apuesta me dona el corazón.
Aunque le duele, entiende si me alejo;
y cuando dudo me anima a continuar;
Él cual Dios Padre aguarda mi regreso;
e igual que Él, me sabe perdonar.
Por eso en este instante, a Dios que es
Uno y Trino,
Con mis hermanos yo vengo a agradecer,
Por habernos donado al Padre más
sencillo,
¡Pero el mejor de todos los que puedan
haber!
¡Mil gracias, OH Señor, por el Padre más
bueno!
¡Mil gracias, OH Papá, por llevarnos a
Dios!
¡Mil gracias a la vida por todos los
momentos,
En que ambos han sido mi luz y
bendición!
Autora: Lucy Manzano Zamorano. Santiago
de Cali, Colombia.