EL CIEGO Y LA INFORMÁTICA
Una preocupación, más bien un dolor, me
ha acompañado siempre: la infancia desprotegida. La niñez en la calle. El
desamparo empujándolos hacia el vicio. La explotación, a mentir, a robar.
Si bien, dichos niños, crecen en
soledad, aferrándose a la sabiduría que les brinda gratuitamente la calle: si
hay hambre se pide, (se roba) “hay que subsistir”.
Esto en cuanto a los niños normales: se
defienden (hay que subsistir)
Pero en el terreno de la discapacidad,
las cosas se complican.
El niño normal, pelea para conservar el lugar
que ha logrado en la calle: en la estación de trenes, en el terreno baldío,
arriba de un árbol: es su lugar y lo defiende.
En cambio, el niño con discapacidad, se
le presenta la vida en la calle con una dureza, con una crueldad, casi
imposible de resistir.
El niño normal: corre, (se libra de sus
perseguidores).
El niño con problemas motores, le cuesta
moverse, no corre.
A los chiquitos con problemas mentales
la calle les ofrece la mendicidad, bajo la dirección de seres sin escrúpulos
que los explotan; pero lo aquí, expuesto, es
Arto sabido por la sociedad y hasta la
fecha no se encuentra la manera de dar solución a esta problemática que nos
llena de vergüenza. Sabemos que cada niño en la calle, con discapacidad o sin
ella, transita el camino del abandono, del desamor, que es el sendero más duro
de recorrer.
Sabemos, que criaturas normales y con
capacidades diferentes permanecen en la calle no por placer. No, vocación de
pájaro errante si no por la falta de responsabilidad de una sociedad
indiferente, que prefiere “no verlos” “ignorarlos” antes que ponerse a trabajar
por ellos y de los gobiernos, que los hacina en institutos no capacitados,
donde se forman hombres sin esperanzas, (resentidos sociales).
Si la vida en la calle, es un universo
sórdido, que duele, que espanta, ¿cuánto más lo será para un niño ciego, para
un niño que no puede ver el peligro, que lo advierte cuando está sumergido en
él?
No por falta de inteligencia o astucia,
simplemente por el hecho de no ver.
Y es del niño ciego de quien quiero
hablar ya que existe tanta confusión con respecto a la ceguera.
Desde tiempos inmemoriales, en la
antigua Grecia, sin ir más lejos, el hombre tenía que ser perfecto, de lo
contrario estaba condenado a morir.
En la actualidad y en nuestro país, (Argentina) al nacer un niño
ciego en el seno de una familia de clase alta: se considera una vergüenza, una
desgracia, una maldición y se procede a esconder la vergüenza.
Que nadie descubra la desgracia de la
familia, la maldición.
Entonces el individuo se desarrolla en
un ambiente fallido, lejos de la realidad, aislado, desconociendo su potencial
afectivo e intelectual.
Es el caso de Juana Pérez, una joven
ciega de 15 años, hija de padres de clase media alta. Había pasado su corta
vida aislada, rodeada de comodidades, de ciertos lujos; pero ignoraba sus
capacidades.
La mucama la vestía. Le cortaba los
alimentos y pasaba el día sentada escuchando música.
Soy terapista corporal y hablando con un
amigo, me pidió que le hiciera una visita a la joven ciega, ya que contaba con
el beneplácito del padre.
Encontré a una niña indiferente. Fría.
No tenía orientación y sin la menor noción del: “arriba, abajo, adelante, del
atrás “. Sin ningún interés, por parte de ella nos pusimos a trabajar.
Pronto descubrió que sus manos servían
para leer. Que podía caminar sola por la casa.
Que podía utilizar los cubiertos
correctamente sin el auxilio de la mucama.
Y quiso conocer la calle por ella misma.
Al ingresar a la escuela pública me
despedí de ella.
Historias como la de Juana Pérez, se
pueden contar por millares: maría de (Tres Arroyos) había nacido ciega y la
mamá, la sacaba de paseo por la noche y con sombrero.
En familias más humildes se han
encontrado pequeños ciegos, compartiendo su breve existencia en corrales, con
animales.
También suele suceder, que algunas
familias las cegueras las tome por sorpresa: (nadie está preparado para aceptar
que de buenas a primeras un integrante de su familia se convierta en ciego).
Entonces le brinda una infinita”
lástima” o lo convierta en el eje de la familia.
Pido disculpas, por que voy a usar mi
experiencia como ejemplo.
Al quedar ciega, alrededor de (los doce
o trece años) mi madre no supo que hacer conmigo y me dejó en casa de un vecino
sentada en una mecedora hasta que regresara de su trabajo.
Desbordada de tanto ir de adelante atrás
y de atrás adelante, quise averiguar si podía realizar las cosas que hacía
antes de transformarme en una persona sin vista.
No encontré inconvenientes en desarrollar
las pequeñas tareas de antes: regar las plantas. Preparar el almuerzo. Acomodar
la casa…
Debo confesar, que todo era distinto,
nuevo: que al olvidar donde dejaba los implementos de limpieza, me daba buen
trabajo encontrarlos: (lo mismo me sucede en la actualidad).
Desde el momento que mis parientes
aceptaron, comprendieron, que era una persona normal, (no, sinónimo de
“pobrecita”) y que la única diferencia entre ellos y yo era “no ver” me
convirtieron en el pilar de la familia.
Lo que yo pensaba era: lo que sugería se
“realizaba”.
Según ellos, tenía un don especial.
En cambio, un tío muy amado, al saber
que no veía no quiso verme y por dos años no supe de él.
Y mi padre al comunicarle que estaba
ciega me respondió que podía estudiar piano.
El concepto general, es, que el ciego
tiene oído absoluto y no es así.
El camino de la música es árido: largas horas de estudio, de
prácticas y el ciego corre con desventaja: tiene que aprender las partituras de
memoria.
Caen los mitos: los ciegos no tienen
oído absoluto; pero hay grandes músicos, ejemplo: el concertino de la “Banda
Sinfónica de Ciegos”
El jefe de cuerdas de los bajos del
“Coro polifónico de Ciegos., prestigioso organista.
Y estamos hablando de organismos
musicales y de un campo laboral
Entonces, hay individuos ciegos que son
músicos esto quiere decir: que leen y escriben.
Y si leen y escriben, (sistema especial
de puntos “braille”) significa que han pasado por la escuela primaria. La
escuela común, acarrea una problemática de larga discusión. Se trata de la
integración y sociabilización de las personas ciegas en general. En estos
nuevos tiempos la informática para ciegos propone, para ello, un nuevo universo
de gran potencial. Para hablar del tema, voy a solicitar la colaboración al
profesor Miguel Pedro Bisceglia “instructor de computadoras, ciego residente en
la ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
Así es. El mundo evoluciona a pasos
vertiginosos. Los adelantos en la medicina, las investigaciones
interplanetarias, la electrónica y la informática también forman parte de esta
evolución.
Sin duda el hombre en su afán de
conquista, incesante, desde la conquista de nuevos continentes como también el
afán de una esperanza de vida superlativa acompañada de una máxima calidad de
vida, por mencionar solo alguno de los grandes cambios en este mundo
globalizado, son los vectores, que nos despiertan y asombran día a día.
Y como no podía ser de otro modo, en el
universo de las personas ciegas, también se producen cambios y adelantos que
los sacan del ostracismo y la pauperización de esa condición que se sustentaba
siglos atrás. Ahora una persona ciega, sea ésta de nacimiento como por alguna
enfermedad adquirida, también tiene un extraordinario abanico de nuevas
posibilidades, tanto dirigidas a su culturización, el aprendizaje de otros
medios de lectura, fuera del Braille como también el acceso al entretenimiento,
el esparcimiento, la socialización y la integración social y comunitaria, en
una casi total, igualdad de oportunidades.
Ciegos profesionales con carreras
universitarias o terciarias, trabajadores de planta en empresas privadas o del
estado. Tele trabajadores desde su domicilio vinculando su actividad laboral
con cualquier continente. Eliminando distancias y obstáculos, inimaginables en
tiempos pasados.
En esta evolución de las nuevas
oportunidades el nuevo aliado es la informática.
Ciegos cibernetizados, armados de un
computador, parlantes y un teclado universal, constituirán su kit básico,
pudiendo ser extendido al agregado de micrófono, un scanner y hasta una Web cam
para completar el kit esencial para la conquista de todas las oportunidades.
Así como a fines del siglo 20 y en este
ya iniciado siglo 21 las TIC (Tecnologías de la Información y de las
Comunicaciones) que giran, se mueven y presentan desafíos con una voluptuosidad
y propulsión donde ya casi no queda nada que una persona ciega no pueda hacer o
intentar hacer.
Hace, hará, lo mismo que cualquier otro
individuo, las mismas tareas, las mismas oportunidades. Sólo una será la
diferencia. Mientras el primero será un individuo dependiente del Mouse el
ciego lo será del teclado. Todo, todo cuanto realice en su computador lo hará a
través de él. Normal destreza en la digitación y una buena intención de
superación serán los mínimos requerimientos para ser el ciego informatizado.
Un último aliado entra en su ayuda para
que la interacción con el ordenador sea completa, exacta y global. Listo y
preparado para los desafíos, un programa vaya leyendo el monitor y le vaya
relatando y comunicando una a una las acciones que está ejecutando con su
teclado. Éste programa “lector de pantalla” operará con otro programa que
provoca la salida audible, la palabra, la voz de la computadora, disponible
para estar pendiente y atento a cada una de nuestras incursiones.
Así tanto, navegar en Internet, preparar
y enviar e-mails, leer (escuchando) un diario local o internacional, leer un
libro de estudio o de pasatiempo, una revista, escuchar radios o televisiones
satelitales de cualquier lugar del planeta, chatear con amigos, pares o
familiares, hablar a través de su computadora a otras, o a celulares o
teléfonos fijos, enviar sms, bajar música o películas, vía Internet, tele
trabajar, realizar un curso o una carrera a distancia, serán solo algunas de
todas las actividades, ya nunca más vedadas, a ninguna persona ciega que lo
quiera intentar. Niños, adolescentes, adultos, mayores de edades avanzadas,
también impedidas de la visión, interactuarán con el mundo y con su contexto
social, salvo una puntualización que predetermina el éxito de estos
acontecimientos que he citado. El que se haga saber y conocer al universo de
personas ciegas, niños, adolescentes, adultos y personas de edades avanzadas,
que tienen a su disposición todas estas herramientas, y que la total ignorancia
que desgraciadamente en nuestro país, y más adentrados en pueblos y suburbios,
distantes de las grandes ciudades, tanto personas ciegas, familiares o
allegados, gobernantes, por no saber de las riquezas de estas oportunidades,
atentan con la posibilidad, si, ni siquiera remotamente imaginan de estas
oportunidades que les posibilitaría la informática para personas ciegas o
discapacitadas. ¿Qué nos falta?, hacer saber, conocer, difundir estos
adelantos. ¿Quiénes deben hacerlo?, yo, tú, el Estado, el municipio, los
medios, todos; sí, todos si nos mancomunamos en esta solidaria acción de
comunicación e información podríamos ser capaces de hermanarnos logrando de
este modo la verdadera inclusión a una sociedad que, a veces, no alcanza a ver,
con ojos de absoluta generosidad, que todos somos hermanos en esta gran
comunidad, la sociedad en la que todos vivimos y compartimos.
Hasta aquí el profesor Bisceglia: a
quién le agradezco su valiosísima colaboración.
Creo, que al nombrar a Homero, con su
“Iliada”.
A Jorge Luís Borges, con el “Aleph”.
A Joaquín Rodrigo, con el Concierto de
Aranjuez.
Al licenciado en ciencias exactas
profesor Salinas: (exiliado en el Perú en tiempos del proceso).
Personas sin vista que nos dejaron de
herencia la voluntad y el esfuerzo.
Antes de concluir voy a decir dos
palabras a cerca del profesor Bisceglia, ciego reciente, con una voluntad que
nos deja perplejos: “todo se puede hacer y hay que intentarlo, solo”.
Y así lleva a sus alumnos por la
informática, como por una alfombra mágica.
El genio está: Cuando hay una mano que
abre la ventana, para que entre la luz, el hombre se pone de pie y anda.
Colaboración: Miguel Bisceglia.
11/10/2007.
Autora: Betty Capella. Lanús, Buenos
Aires, Argentina.