OH CANADA.

Después de algunas semanas de preparativos, ya estabamos ahí, en el aeropuerto, abordando el avión que nos llevaría a Canadá, tuvimos un magnífico vuelo, arribamos a tiempo, increíble, nuevamente estaba en ése maravilloso país, para reconocerlo, ésta vez no por el sentido de la vista; el abrazo de mi hijo fue la mejor de las bienvenidas, de inmediato percibí la diferencia, en el aire que respiraba, mucho más puro, más ligero.

Del nuevo aeropuerto de Toronto nos dirigimos a Oakville, una población ubicada a media hora de Toronto, lugar tranquilo y apacible. El primer paseo fue a las Cataratas del Niágara, que es la frontera con los Estados unidos y que divide a la provincia de Ontario con el Estado de Nueva York, yo había conocido el lugar un invierno de hace 39 años, con un frío que se colaba hasta los huesos y todo estaba congelado, éste verano las cataratas parecían más bellas, desde el largo mirador por donde caminamos, haciendo varias paradas se podía escuchar el estruendo del agua al caer, y en algunos de los puntos en donde nos detuvimos se podía sentir una agradable brisa acarician do mi cara y mis brazos y humedeciendo la ropa, lo que da una idea de la fuerza del agua y del viento, que producen tan agradable sensación, pero sólo era el preámbulo de una de las más impactantes experiencias que tenido en mi vida, bajamos unas escaleras para abordar el barco que recorre el río justo en la caída del agua, al abordar proporcionan unos impermeables que cubren la cabeza y todo el cuerpo, pronto supe porqué, el barco se acerca tanto a la catarata que la fuerza se percibe por todos los sentidos: por el estruendo que se escucha, por la vibración que se percibe en todo el cuerpo, por los movimientos del barco y por la sobrecogedora sensación de empaparse con el agua que salpica, golpeando la cara, que penetra por la nariz al respirar y por la boca cuando se abre para exclamar sorpresa y felicidad, agua que sabe a gloria.

Maravilloso país que ha sabido conservar sus recursos naturales, mi hijo vive en una zona residencial, sin embargo sólo teníamos que cruzar la calle y caminar unos cuántos metros para estar en un área natural, con varios tipos de árboles, pinos, cedros, maples, arbustos, flores y moras silvestres, en donde hay fauna autóctona: moscos, abejas, cardenales, azulejos, ardillas, mapaches, zorrillos, liebres, conejos y patos silvestres, todos en libertad, arroyos de agua cristalina y un pequeño lago hecho por el hombre transparente y apacible.

Por supuesto que no pudieron faltar dos visitas al lago Ontario en donde disfrutamos de una calma relajadora, escuchando el oleaje, los graznidos de las gaviotas y de los patos silvestres, del sol radiante de verano y de la humedad del aire.

Cerca del muelle de Oakville hay una casona convertida en un pequeño museo de las cosas del lugar, al pedirle a la encargada la fecha de la fundación de la ciudad, siendo ella una persona mayor, me dijo, espere, le voy a traer a alguien que le pueda informar, regresando con un señor también de la tercera edad, la mar de amable, que había sido regente de la ciudad y con mucho entusiasmo, me dio toda clase de explicaciones y una pequeña clase de la historia de ésa población, posteriormente la señora entonces nos proporcionó la historia de las vajillas expuestas, aprecie mucho la sencillez y la buena disposición de ésas personas.

Es sorprendente la cantidad de parques que hay, todos ellos con muchos árboles, extensas zonas por donde uno puede caminar, relajarse y disfrutar de la naturaleza y por supuesto áreas dedicadas a los niños, con toda clase de diversiones, pero lo que me sorprendió más fueron los juegos con agua en donde los niños se refrescan del calor veraniego, para los adultos hay conciertos al aire libre gratuitos, asistimos a uno, escuchamos a la Orquesta de alientos de la ciudad.

Por supuesto hubo también visitas a centros comerciales y a la Ciudad de Toronto, con ascensión a la torre más grande del mundo, a la Universidad de Toronto, al viejo y al nuevo ayuntamientos, enterándome de los cambios de la ciudad en tantos años; habiendo tenido la suerte de presenciar una marcha de la comunidad hindú residente en ésa urbe, en honor al dios Krishna, con carros alegóricos, cantos y danzas, puesto que Toronto es una ciudad cosmopolita se escuchan casi todas las lenguas de la tierra, ya que Canadá es un país de inmigrantes. ciudad moderna, en donde la tecnología se muestra a cada paso, estacionamientos, transportes, comercios, algunos semáforos sonoros, etcétera.

La segunda parada en nuestro viaje fue en la Provincia de British Columbia, en el aeropuerto de Vancouver, la bienvenida fue el abrazo de mi hija, dando inicio a otra serie de experiencias, todas ellas muy gratificantes, ella vive en Abottsford, una población que se encuentra a una hora de Vancouver; al igual que en México allá existe una hermosa cascada llamada "Velo de novia", un hermoso lugar en donde la naturaleza es un regalo para los sentidos, los grandes árboles proporcionan una refrescante sombra que resguarda del calor, las veredas son como una acojinada alfombra, van bordeando el riachuelo procedente de la cascada, como el agua baja de las montañas es helada, conforme se haciende el ruido el agua al caer se convierte en una hermosa melodía, nada como estar en plena naturaleza, en el lugar también existe fauna silvestre, nos enteramos que en las orillas de los poblados, cerca de las montañas pueden bajar osos o pumas.

Pero para no estar en contacto sólo con fauna silvestre, fuimos a otro paseo, ésta vez visitamos una granja lechera en donde uno puede estar en contacto con becerros, caballos, borregos, y cabras, entramos al establo en donde había un becerro recién nacido todavía con el cordón umbilical colgando, el olor fue un sello indistinguible del lugar., ésa fue una experiencia diferente.

También en ése lugar existen hermosos parques, en donde las águilas de cuello blanco tienen sus nidos, en altos y frondosos árboles, con pequeños lagos, áreas para caminar, andar en bicicleta, patineta o en silla de ruedas, juegos para los niños con lo que la gente de todas las edades se divierte, con paisajes increíbles para quienes tienen el sentido de la vista, en donde en el fondo hay un volcán copado de nieve, esto en pleno verano, frente un lago con patos silvestres, circundado por árboles. También aquí fuimos a un concierto al aire libre tuvimos la oportunidad de escuchar a un grupo moderno formado por jóvenes del lugar.

Tampoco pudo faltar la visita a la Ciudad de Vancouver, en la costa del Pacífico desde donde se puede observar la Isla de Victoria., con todos los atractivos de una ciudad portuaria, tuvimos la oportunidad de escuchar el sonido de un reloj de vapor que suena cada quince minutos, fuimos a un parque cuyo atractivo son unos totems labrados en madera pintados con colorantes naturales, de unos 10 metros de altura, hechos por jefes indios, algunos de los cuáles viven en zonas reservadas y reciben subvención del gobierno, la vista de la bahía con altos y modernos edificios y algún barco de gran calado es lo característico, visitamos una galería de arte nativo en donde venden totems de todos tamaños y figuras imaginables, al decirle mi hija a uno de los encargados mi problema visual, él me trató en una forma increíble, dándome todo género de explicaciones sobre los tallados en madera, su historia, su significado, , datos del los autores, dejándome tocar todo, cosa que está prohibida en ése lugar, el sitio web de la galería es: http://www.hillsnativeart.com

Ya por la tarde noche fuimos a la playa, mojándonos los pies con las frías aguas del Oceáno Pacífico, me llamó mucho la atención el contraste, a solo unos cuantos metros de la playa hay pasto y jardines con grandes arboles.

Oh Canadá, hermoso país con gente maravillosa.

Bulmaro Landa Quezada.

 

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