LEYENDA EN BUSCA DE LA VERDAD.

Por Antonio Martínez, Barcelona España.

 

 Ya hace tiempo, mucho tiempo, vivía un hombre con su familia, compuesta por una mujer que lo adoraba, y tres hijos maravillosos que amaban a su padre, ya que éste, era un hombre muy bueno y trabajador que quería de todo corazón a su familia. Pero amigos, como ya sabéis el hombre nunca es feliz con nada, y este buen hombre no era la excepción, tenía algo en su noble alma que no le dejaba vivir tranquilo, ¿os imagináis que era?, ¿no?, pues, estaba atormentado por que este buen hombre quería saber la verdad, y nadie sabía darle ninguna razón de qué era eso, ni quién era la verdad.

Un buen día, nuestro protagonista dijo a su amada mujer: "Mira amada mía, yo no puedo vivir de esta manera sin conocer la verdad, por eso voy a marchar por un tiempo y voy a ver si encuentro la verdad, y cuando la halle volveré, ya que mi alma estará tranquila y podré dedicarme amar a mi familia sin que tenga ningún motivo que la inquiete". "Bien", dijo la mujer, por otro lado muy inteligente, "bien amado mío, ve si quieres, pero pon la casa y las tierras que tenemos a mi nombre, por si la desgracia hace que no puedas volver", por supuesto el marido lo hizo, y marchó.

Nuestro hombre cogió algunas cosas en una mochila y se dispuso a marchar, y una vez en la carretera, pensó adonde iría primero, y se dirigió a un pueblecito cercano, donde preguntó qué era la verdad y adonde la podría encontrar, pero nadie sabía darle razón de adonde estaba ni quién era, eso en el menor de los casos, ya que había gente que se reía de él, pensando que estaba loco. Cansado ya de ir de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, sin que nadie le diera razón de adonde se hallaba la verdad, y también cansado de que se rieran de él, decidió marchar a las montañas a ver si en la soledad de las mismas, descubría lo que estaba buscando, y así de esta manera, y con el corazón acongojado, salió de la última ciudad en la que se hallaba y se encaminó a una de las montañas más altas e inhóspitas de la región. Estuvo caminando muchos días y descansaba por las noches en cuevas que iba encontrando por el camino y comía de aquello que los árboles que estaban en la ladera de la montaña le daban al pasar, hasta que un día, subiendo uno de los picos más altos de dicha montaña, vio en todo lo alto de la misma, una cueva y se dirigió hacia ella. Le costó llegar, ya que el camino estaba cuajado de nieve, pero con mucho esfuerzo arribó, y ya cerca de la cueva vio que en la entrada de la misma había alguien esperándole, cuando llegó a la altura de la persona que le esperaba se dio cuenta que era una mujer muy anciana fea sin dientes, y con el cabello todo desgreñado dando una imagen de si misma horrible.

Cuando el hombre puso el pie en la cueva, la anciana se le acercó y le dijo: "Dime, ¿qué buscas en este lugar tan frío y solitario?", el hombre se le quedó mirando, y le contestó: "Puede que te sorprenda, pero busco la verdad"; la anciana sonrió mostrando su boca desdentada y le dijo: "Pues entra, y quién sabe, puede que aquí la encuentres".

El hombre de nuestra leyenda entró, no con mucha confianza, entró, y se quedó en esa cueva con la anciana, un año y unos meses, hasta que un día, le dijo a la anciana, que necesitaba volver junto a su familia, y cogiendo éste, su mochila se despidió de la mujer, pero ésta antes de irse le dijo: "Antes de que te vayas quisiera pedirte un favor", el hombre contestó: "Por supuesto, lo que quieras" y la anciana le pidió una sola cosa..... ¿Os podéis imaginar qué fue lo que le pidió? Supongo que no ya que parece muy extraño pero fue esto: "Cuando lleguéis a las ciudades y a tu casa, te ruego que nunca digas a nadie que yo soy tan horriblemente fea".

 

 

 

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