VIRREYES DE MÉXICO 1787-1798

 

Manuel Antonio Flores 1787-1789: (Sevilla 1720-Madrid 1799).

Marino y administrador colonial español. Se alistó en la marina en 1736, cuando contaba dieciséis años de edad, y protagonizó una meteórica ascensión que le llevó al cargo de capitán general de la Armada. Entre 1771 y 1775 fue comandante general del departamento de El Ferrol, y un año más tarde fue nombrado virrey de Nueva Granada, colonia que comprendía los actuales Estados de Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador. El secretario de despacho de Indias, José de Gálvez, le ordenó abrir al tráfico marítimo los puertos de Santa Marta y Riohacha. Reprimió con dureza la revuelta de los comuneros de Nueva Granada, y estableció en su virreinato la primera imprenta pública. En 1787 asumió el virreinato de Nueva España, y durante su mandato reorganizó el ejército y mandó construir el Real Estudio Botánico. En 1789 abandonó su cargo por motivos de salud y regresó a España.

 

Juan Vicente de Güemes-Pacheco de Padilla y Horcasitas, conde de Revillagigedo 1789-1794: (La Habana 1740-Madrid 1799).

Administrador español. Hijo de Juan Francisco Güemes. Virrey de Nueva España (1789-1794), realizó una intensa reorganización administrativa e impulsó el desarrollo económico y científico, y seguramente uno de los más destacados virreyes que tuvo la Nueva España, fue el tercer virrey criollo. A mediados de 1789 recibió el nombramiento, llegó a Veracruz a principios de octubre y el 16 del mismo mes recibió el mando en la Villa de Guadalupe. Tenía además los cargos de presidente de la Audiencia y capitán general.

Revillagigedo era trabajador, activo y enérgico. Tenía 49 años cuando recibió el gobierno. Mejoró las condiciones de la ciudad, en sus distintas áreas; se preocupó por el pueblo, mejoró sus condiciones y evitó el maltrato; procuró el desarrollo urbano, continuó las obras del desagüe, impulsó la instrucción pública en completo abandono, que impedía el progreso y la investigación, mejoró los caminos, reordenó el ejército y evitó el desorden y confusión, organizó el Archivo General de la Nación, coleccionando documentos antiguos y de gran valor.

Embelleció los paseos, creó escuelas en diferentes ciudades, contrató maestros competentes para la Academia de San Carlos, fundando la cátedra de Matemáticas aplicadas a la Arquitectura; perfeccionó el establecimiento de las intendencias, fomentó el cultivo de plantas textiles (algodón, cáñamo y lino) y reglamentó el corte de madera; intensificó la construcción de los caminos a Veracruz, Acapulco, Guadalajara, San Blas y Toluca, e hizo que hubiese correos bisemanales a las capitales de las intendencias. Impulsó el estudio de la botánica, concediendo premios a los alumnos aventajados; hizo construir navíos ligeros bien armados para la vigilancia de las costas, ayudó en la formación de las expediciones a Nutka, Alaska y las islas Hawai.

Durante su gobierno se produjo la Revolución Francesa y todo lo acaecido en el terrible año de 1793 fue motivo de alarma y de sobresalto para los gobernantes de Indias. Se prohibió la entrada en las colonias de libros, folletos y periódicos que trajeran al país las nuevas ideas, a fin de evitar los desórdenes en las colonias. La guerra con los franceses ocasionó enormes gastos y el virrey Revillagigedo, además de otras sumas ya remitidas, reunió tres millones de pesos para mandarlos a España, aunque no descuidó el progreso del Virreinato.

En 1794 muchos funcionarios, a quienes no se les permitían abusos ni ventajas, acusaron al virrey de cometer innumerables tropelías. La Corona hizo caso a las intrigas y ordenó que el conde de Revillagigedo entregase el poder el mes de julio y saliera para España. En el juicio de residencia que se le siguió en el Consejo de Indias demostró ampliamente su rectitud, su honradez y su gran actividad en beneficio del Virreinato de Nueva España, cuyo gobierno se le había confiado. La Audiencia, que lo acusó, tuvo que pagar los costos; murió en Madrid el 2 de mayo de 1799.

 

Miguel de la Grúa y Talamanca, Marqués de Branciforte 1794-1798.

De origen italiano, fue capitán general del ejército español; tenía título de Grande de España. Fue nombrado virrey por estar casado con doña María Antonia Godoy, hermana del primer ministro don Manuel Godoy, llamado el Príncipe de la Paz. El 15 de junio de 1794 llegó a Veracruz y el 12 de julio tomó posesión del gobierno. Este virrey, protegido por un primer ministro inmoral, se ocupó principalmente de obtener dinero para él, y por eso, bajo el pretexto del estado de guerra que existía entre España y Francia revolucionaria; hizo secuestrar todos los bienes de los franceses residentes en Nueva España y en Luisiana, que no eran pocos, de cuya venta se quedó con gran parte.

Para mediados de julio de 1795 el ministro Godoy, representando a España, hizo la paz con los franceses, pero en Nueva España no dejaba de vigilárseles. En ese entonces y desde la época del despotismo ilustrado de Carlos III, la Inquisición había dejado de perseguir herejes y luteranos para ocuparse de la gente con las ideas políticas propagadas por filósofos y economistas, que habían movido a los revolucionarios franceses. Al gobierno del virrey Branciforte le tocó entrar en negociaciones con los Estados Unidos de América para marcar límites entre los dos países. Entre las personas comisionadas por el gobierno virreinal estaba un religioso peruano residente en México, especializado en cosmografía y matemáticas, fray Melchor de Talamantes, quien fue de los encargados de trazar la colindancia con la joven república del norte.

Sin hacer caso a los consejos del conde de Aranda, brillante político y economista español, la Corona hizo que se redoblaran las medidas de vigilancia contra los norteamericanos, sólo por considerárseles revolucionarios como a los franceses y no por sus ambiciones expansionistas. Branciforte de todo sacaba partido para hacerse de dinero porque francamente se trataba de un sujeto indigno y ladrón, uno de los más malos gobernantes que tuvo la Nueva España.

Hizo vender los empleos y los grados militares. Cuando España, en paz con Francia, declaró la guerra a Albión, el virrey Branciforte se aprovechó incautando en su beneficio las propiedades e intereses de ciudadanos ingleses; por halagar la vanidad del monarca contrató los servicios del arquitecto don Manuel Tolsá para que hiciera una gran estatua ecuestre de Carlos IV, para halagar también al ministro Godoy. Se notó mucho contraste entre la honradez y virtudes del Conde de Revillagigedo y la rapacidad e ineptitud de Branciforte, quien empezó por favorecer a los enemigos de aquel gobernante emérito hasta lograr que el Ayuntamiento de México acusara al conde declarando que había empleado grandes sumas en obras de ninguna importancia. Las acusaciones, como se ha visto, no prosperaron y el Ayuntamiento tuvo que pagar los costos del juicio.

Habiéndose declarado nuevo estado de guerra entre España y Francia, Branciforte dispuso poner sobre las armas a nuevos regimientos provinciales, que le dieron a ganar mucho dinero por la escandalosa venta que hizo de los empleos militares. Por fin el desorden y la deshonestidad de este virrey, de los que estaba informada la Corona, hicieron que fuera removido nombrándose en su lugar a don Miguel José de Azanza.

 

Casa de la Cultura de Cancún.

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