Secretaría de Cultura Casa de la Cultura
de Cancún
RUMBO AL BICENTENARIO Y EL CENTENARIO
(12)
VIRREYES DE MÉXICO 1688-1701
La Casa de la Cultura de Cancún,
continúa difundiendo cada semana diversos episodios de nuestra historia con el
objeto de crear un ambiente de entusiasmo para que al arribar el 2010, unidos
con todo el país celebrar el Bicentenario de la Independencia Nacional y el
Centenario de la Revolución Mexicana.
En esta oportunidad, con la valiosa
colaboración de la Fundación José Lima Zuno, de la Historiadora Carolyn Valero,
de la joven estudiante Sabina Jiménez, haremos mención de tres virreyes
correspondientes al período de la llamada Nueva España o México colonial.
Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y
Mendoza (1688-1696).
Fue uno de los más jóvenes virreyes que
tuvo la Nueva España; contaba con 35 años cuando recibió el nombramiento, en
mayo de 1688. Llegó a Veracruz a mediados de octubre y en el camino encontró a
su antecesor. Juró lealtad al rey ante la Audiencia y empezó a ejercer el
gobierno a principios de diciembre. Este virrey se ocupó en combatir a la
piratería y las invasiones de franceses en os dilatados y abandonados
territorios del noreste del virreinato. Puso atención en mantener con mucha
diligencia las obras del desagüe de la ciudad de México.
Al informarse de la presencia de
mercaderes británicos en las costas de Tabasco y Campeche, los que cortaban maderas
preciosas que embarcaban hacia Jamaica, envió fuerza armada para combatirlos;
pero eran unos cuantos ingleses y los trabajadores eran mayas que recibían
buena cantidad de aguardiente y de dinero para que cortasen la madera que era
enviada a Jamaica y a Europa. Se ocupó de intensificar la enseñanza del idioma
castellano entre los grupos indígenas, con buen provecho.
El gobernador del territorio de Coahuila
y Texas fue ganándose pacíficamente a los grupos aborígenes que recorrían
aquellos lugares, aunque de vez en cuando se levantaban en armas contra el
maltrato que se les daba por parte de los soldados y colonos mestizos y
españoles. Hubo un agudo periodo de sequía que hizo se perdieran las cosechas;
los novohispanos lo relacionaron con la aparición de un cometa, no hubo maíz en
la capital y apareció el hambre, por lo que la multitud se amotinó frente a la
Plaza de Armas y apedreó el palacio de los virreyes.
Como nadie intervenía para calmar los
ánimos, el alboroto creció y el tumulto se convirtió en un motín que prendió
fuego al palacio, a las casas del cabildo y a algunas tiendas de telas, que
ardieron con gran rapidez. En el salón de cabildos se encontraba en forma
desordenada mucha documentación importante del historial novohispano, la que en
gran parte logró salvar de ese desastre, con gran peligro de su vida, el sabio
mexicano don Carlos de Sigüenza y Góngora. El virrey, quien se escondió en el
convento de San Francisco el Grande, se informó por algunas personas de su
confianza sobre quienes habían sido los promotores de los desórdenes, los hizo
aprehender y sin más juicio que la identificación personal, los mandó ahorcar.
Eran cinco los responsables principales, todos ellos españoles.
En ese tiempo España estaba aliada con
los ingleses en contra de Francia, así que con la ayuda de unos barcos de
guerra de los aliados el virrey atacó a los franceses que se habían apoderado
de la isla Española, les quitó muchos cañones y pólvora y aprovechó las
construcciones para hacer algunos fuertes. En Texas, para evitar desembarcos de
extranjeros, estableció la guarnición de Panzacola.
Con deseos de regresar a España el
virrey conde de Galve pidió su relevo en septiembre de 1695, lo que le fue
concedido. Quiso entregar al obispo de Puebla don Manuel Fernández de Santa
Cruz, interinamente, el gobierno virreinal; pero Fernández se negó a aceptar
por motivos de salud y por tener mucho trabajo en su obispado, por lo que el
conde entregó el gobierno a don Juan Ortega y Montañéz de Michoacán.
De la Cerda y Sandoval murió en el
puerto de Santa María, España, el 12 de marzo de 1697.
Juan Ortega y Montañéz (1696).
Este obispo-virrey estudió en Cartagena,
su tierra natal. Fue nombrado inquisidor para la Nueva España y aquí entró en
el servicio religioso. Fue obispo de Guatemala y de Valladolid, donde se hizo
notar por su energía contra los miembros del clero, sus abusos y
arbitrariedades y asimismo por su bondad y atención hacia la feligresía
sencilla y pobre. En febrero de 1696 recibió el virreinato interinamente. Ese
mismo año encomendó el obispo-virrey a los jesuitas la evangelización de
California. El 13 de diciembre entregó el gobierno al nuevo virrey y salió de
inmediato a su diócesis de Michoacán, hasta marzo de 1700 en que fue nombrado
arzobispo de México y pasó a radicar en la capital.
José Sarmiento Valladares (1696-1701).
Llegó a México en Diciembre de 1696 y se
entrevistó con el obispo Montañés en Otumba, donde recibió el gobierno del que
tomó posesión oficial ese mismo día ante la Audiencia. En febrero del mismo año
salió a colonizar las Californias el padre jesuita mexicano Juan María
Salvatierra, quien fundó muchas misiones y evangelizó a numerosos indígenas. A
este virrey le tocó publicar la autorización del consumo de pulque como bebida
para los indios.
Como el virrey Sarmiento y Valladares
manifestara su inclinación por los Habsburgo, que pretendían la Corona de
España para uno de sus archiduques, fue objeto de intrigas y se le removió del
cargo que entregó interinamente al arzobispo de México don Juan Ortega y
Montañés. El conde de Moctezuma regresó a España, donde fue muy bien recibido.
Se le concedió una pensión y el título de duque de Atlixco y grande de España.