RUMBO AL BICENTENARIO Y EL CENTENARIO (10)
VIRREYES DE
MÉXICO 1664-1672
Con el objetivo de difundir ampliamente
la historia nacional mediante episodios que recreen sucesos que dieron lugar a la
consolidación de nuestra patria, y de crear un ambiente de entusiasmo para que
al arribar al año 2010, unidos con todo el país celebrar el Bicentenario de la
Independencia Nacional y el Centenario de la Revolución Mexicana, la Casa de la
Cultura de Cancún no sólo abrirá espacios de expresión y difusión de estas
importantes efemérides.
En esta oportunidad, con la valiosa
colaboración de la Fundación José Lima Zuno, de la Historiadora Carolyn Valero,
de la joven estudiante Sabina Jiménez, haremos mención de tres virreyes
correspondientes al período de la llamada Nueva España o México colonial.
Diego Osorio de Escobar y Llamas (1664).
Fue religioso del clero secular, aunque
amigo de los jesuitas, era obispo de Puebla y había sido nombrado arzobispo de
México, cargo que declinó. Como una necesidad imperiosa aceptó sustituir al
virrey conde de Baños en el gobierno de la Nueva España, pero era totalmente
ajeno a las actividades profanas. Durante el poco tiempo que gobernó se ocupó
en ordenar la Armada de Barlovento; también se ocupó en escuchar quejas de
particulares por el mal servicio del correo, el que hizo arreglar de manera muy
eficiente; pero que enfermo y cansado, este obispo-virrey tan pronto como lo
creyó prudente renunció a su alto cargo retirándose a Puebla, donde murió en
octubre de 1673.
Antonio Sebastián de Toledo (1664-1672).
Sirvió a la Casa Real como mayordomo de
palacio y en el cuerpo diplomático, por lo que ganó la confianza del rey Felipe
IV que lo nombró virrey de la Nueva España en diciembre de 1663.
Llegó a la ciudad de México y se ocupó
de poner en alta fuerza a la Armada de Barlovento, cuya reorganización había
iniciado el obispo-virrey Osorio de Escobar. Los grandes problemas que tuvo
este virrey fueron de orden económico; sin embargo la Audiencia lo acusó de
trivialidades como llegar tarde a los oficios religiosos, lo que mereció que la
Corona llamara la atención al virrey, quien enfermo y molesto solicitó
retirarse del mando, petición que no le fue aceptada sino hasta julio de 1672.
Pedro Nuño Colón de Portugal (1672).
En abril de 1672 fue nombrado virrey de
la Nueva España don Enrique de Toledo y Osorio, marqués de Villafranca, pero
pretextando motivos de salud renunció al cargo, por lo que la Corona,
gobernando Carlos II "El hechizado" (quien iba a ser el último
monarca de la Casa de Austria), nombró al duque de Veragua para virrey.
Llegó a Veracruz en septiembre y allí se
entretuvo para revisar las fortificaciones del puerto, porque se había
declarado la guerra a Francia y se temían ataques a la tierra firme.
El virrey, aunque entusiasta y buen
soldado, estaba enfermo. Se detuvo en el Alcázar de Chapultepec, más bien por
motivos de salud que para esperar los festejos de recepción. Ya al frente del
gobierno se puso grave y murió el 13 de diciembre del mismo año. Se le dio
solemne sepultura en la Catedral y sus restos después de algún tiempo fueron
trasladados a España.