RUMBO AL BICENTENARIO Y EL CENTENARIO
(9)
VIRREYES DE
MÉXICO 1650-1664
El primero de abril de 1907, por decreto
del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz Mori, se crea la
Comisión Nacional del Centenario.
El 16 de junio de 2006, fue publicado en
el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que se declara al 2010
como “Año del Bicentenario del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional
y del Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana” y se crea la Comisión
organizadora de dicha conmemoración.
El 3 de octubre de 2008 fue publicado en
el Diario Oficial de Quintana Roo el decreto que crea la “Comisión Organizadora
del Estado de Quintana Roo para la Conmemoración del Bicentenario de la
Independencia Nacional y del Centenario de la Revolución Mexicana”, así como el
Consejo Consultivo de la Comisión Organizadora del Estado de Quintana Roo.
La Casa de la Cultura de Cancún, cumple
desde ahora su compromiso, cada semana, dando a conocer diversos episodios de
nuestra historia con el objetivo de crear un ambiente de entusiasmo para
arribar al 2010, unidos con todo el país, para celebrar estas efemérides; los
pasajes de historia están siendo preparados con la valiosa colaboración de la
Fundación José Lima Zuno, de la historiadora Carolyn Valero, y de la joven
estudiante Sabina Jiménez.
Como parte de fechas históricas hoy
hacemos mención de tres virreyes correspondientes al período de la llamada
Nueva España o México colonial.
Luís Enrique Guzmán: Conde Alba de Liste
(1650-1653).
Este personaje, de la nobleza media
española, se formó en la administración y recibió el título de caballero de la
Orden de Calatrava. Fue nombrado virrey en Madrid para que viniera a recibir el
gobierno en México, de la Audiencia. Lo único que hizo fue regular la hacienda
pública, de manera que recogió mucho dinero por concepto de impuestos, gabelas
y alcabalas, enviando a España grandes cantidades de numerario.
Hizo sofocar una rebelión de indios
tarahumaras, que habían asesinado a misioneros, franciscanos y jesuitas,
saqueando e incendiando algunas pequeñas poblaciones. El cabecilla fue
capturado y ahorcado y terminó así el problema. Como premio a las aportaciones
de dinero que hizo a la Corona, el virrey Enríquez de Guzmán fue trasladado,
con el mismo nombramiento al Perú. Fue un gobernante que prácticamente nada
hizo por el virreinato.
Francisco Fernández de la Cueva: Duque
de Alburquerque, marqués de Cuellar, conde de Ledesma y de Huelma, grande de
España (1653-1660).
Militar muy distinguido, de familia
aristócrata. Fue nombrado virrey de la Nueva España e hizo su entrada en la ciudad
de México el 15 de agosto de 1653. Reforzó las defensas de Veracruz y San Juan
de Ulúa y envió armas y municiones a Jamaica y a La Habana. Acrecentó el
comercio con las Filipinas, mandó hacer monedas de oro con el muy prestigiado
cuño mexicano, recogió con cuidado las rentas reales que remitió a España en
gruesas cantidades de plata, reforzó la Armada de Barlovento y mandó construir
en la dársena de Campeche algunos navíos para el servicio de cabotaje y de
ultramar e hizo progresar las obras de construcción de la catedral de México.
Entregó el gobierno de Nueva España y
marchó a Madrid en septiembre de 1660. Murió en Madrid de un ataque al corazón,
el 27 de marzo de 1676.
Juan de Leyva y de la Cerda: Conde de
Baños y marqués de Leyva y de La Cerda (1660-1664).
Pertenecía a la vieja nobleza española;
desde muy joven empezó a servir a la Corona en la marina. Fue nombrado virrey
de Nueva España cuando tenía 56 años de edad y entró en la capital mexicana el
16 de septiembre de 1660, acompañado de su familia. El conde de Baños era de
carácter altanero, brusco en sus modales y de codicia sin límite.
Las presiones y abusos provocaron rebeliones de algunos grupos de
indígenas, principalmente en Tehuantepec.
Como las quejas contra el virrey eran
muchas, la Corona dispuso que entregara interinamente el Virreinato al obispo
don Diego Osorio de Escobar. Embarcó para España y cuando se presentó en la
Corte fue reprendido severamente por el rey, quien lo separó para siempre de
todo servicio. El conde de Baños enviudó, tomó las órdenes de los carmelitas y
estuvo en un convento hasta que murió en 1667.