RUMBO AL BICENTENARIO Y EL CENTENARIO
(8)
VIRREYES DE
MÉXICO
La Casa de la Cultura de Cancún,
continúa difundiendo cada semana diversos episodios de nuestra historia con el
objeto de crear un ambiente de entusiasmo para que al arribar el 2010, unidos
con todo el país celebrar el Bicentenario de la Independencia Nacional y el
Centenario de la Revolución Mexicana.
En esta oportunidad, con la valiosa
colaboración de la Fundación José Lima Zuno, de la Historiadora Carolyn Valero,
de la joven estudiante Sabina Jiménez, haremos mención de tres virreyes
correspondientes al período de la llamada Nueva España o México colonial.
A continuación los tres siguientes
Virreyes:
Juan Palafox y Mendoza (1642). Nacido en
1600, en el seno de una familia noble, fue consejero de Guerra con el
Conde-Duque de Olivares. Más tarde se ordenó sacerdote y fue nombrado obispo de
Puebla. Se le encargó realizar la visita general a Nueva España y la residencia
a dos virreyes. Al ser destituido el marqués de Villena como virrey de Nueva
España, fue nombrado como su sucesor y arzobispo de México, manteniendo el
puesto de visitador y obispo de Puebla. Tuvo fama de buen político,
emprendiendo obras públicas, realizando acciones a favor de la población india
y reformando el clero. Se enfrentó en varias ocasiones a los jesuitas. En junio
de 1649 el arzobispo Palafox salió para España, por órdenes de la Corona. Era
escritor muy culto, gente honrada y trabajador incansable, de espíritu recto.
Construyó y consagró la catedral de Puebla y fundó la famosa biblioteca
palafoxiana. Siendo obispo en Osma, España, murió el primero de octubre de
1659.
García Sarmiento de Sotomayor: Segundo
conde de Salvatierra y marqués de Sobroso (1642-1648).
Cuando se tuvo sospechas de que el
marqués de Villena mantenía nexos con los rebeldes de Portugal, Felipe IV
nombró al segundo conde de Salvatierra como virrey sustituto de la Nueva España
y éste recibió el gobierno de México el 23 de noviembre de 1642, otra vez con
el problema de una fuerte inundación, porque el tajo de Nochistongo se azolvó y
las aguas de la laguna de Zumpango pasaron a la de México. El virrey hizo
limpiar el tajo y por lo pronto desapareció el peligro.
Envió una expedición a California, que
no tuvo el buen éxito deseado; reconstruyó los acueductos que surtían de agua a
la ciudad, llevó a cabo el establecimiento de algunas poblaciones en el centro
del país, siendo la principal Salvatierra que llevó ese nombre en su honor;
logró dominar levantamientos de algunas tribus indígenas y construyó el
presidio de Cerro Gordo, en el camino de México al mineral de Parral; reguló
con mucho cuidado las percepciones de la Hacienda Real y estableció el uso de
papel sellado para los trámites legales y administrativos.
El 13 de mayo de 1648 entregó el
gobierno al nuevo virrey, el obispo de Yucatán don Marcos Torres y Rueda. El
marqués de Salvatierra marchó al Perú para hacerse cargo de aquel virreinato y
cuando terminó su gobierno se quedó a vivir en Lima, donde murió el 26 de junio
de 1659.
Marcos de Torres y Rueda (1648-1649).
El obispo Torres y Rueda era originario
de la Villa de Almazán, en España; estudió en la Universidad de Alcalá de
Henares con mucha distinción. El rey Felipe IV solicitó del Papa que se le
nombrara obispo de Yucatán, por lo que embarcó hacia Veracruz. Tomó posesión
del cargo de religioso en Mérida ese mismo mes, pero ocurridos los sucesos que
acabaron en la destitución del virrey Villena, el rey dispuso que se encargara
del Virreinato de la Nueva España el obispo Torres y Rueda, además presidente
de la Audiencia mientras se nombraba a un virrey titular.
Durante el gobierno muy corto de Torres
y Rueda la Inquisición de México llevó a cabo, el 11 de abril de 1649, un gran
auto de fe en que se castigó a 107 sentenciados, que fueron muertos a garrote
vil. El obispo-virrey estaba enfermo y no pudo asistir a tan terrible
espectáculo. Murió el mismo mes de abril, dejando el gobierno interino a la
Audiencia.