Secretaría de Cultura Casa de la Cultura
de Cancún
RUMBO AL BICENTENARIO Y EL CENTENARIO
(4)
VIRREYES DE
MÉXICO 1580-1590
La Casa de la Cultura de Cancún, cuando
faltan dos años para arribar al 2010, en que se celebrará en todo el país el
Bicentenario de la Independencia Nacional y el Centenario de la Revolución
Mexicana, con la valiosa colaboración de la Fundación José Lima Zuno, de la
Historiadora Carolyn Valero, de la joven estudiante Sabina Jiménez, continúa
con el proyecto denominado “Rumbo al Bicentenario y el Centenario”, consistente
en emitir cada semana un pasaje sobre este proceso histórico.
A continuación haremos mención de tres
virreyes más que desempeñaron un papel importante en la Conquista de México.
Lorenzo Suárez de Mendoza (1580-1583).
Este virrey nació en Guadalajara, España, probablemente en 1518. Pertenecía a
la vieja nobleza española, descendiente directo del marqués de Santillana, Don
Íñigo López de Mendoza y primo segundo de don Antonio de Mendoza, primer virrey
de Nueva España. El 26 de marzo de 1580 fue nombrado virrey de Nueva España por
el rey Felipe II; hizo el viaje sin contratiempos hasta Veracruz y entró
solemnemente en la ciudad de México el 4 de octubre del mismo año.
Era trabajador, honrado y de muy buen
carácter, por lo que se ganó la simpatía general, encargándose desde luego de
corregir los vicios y corrupciones de la administración, cosa que no logró del
todo porque la Audiencia le limitaba su radio de acción. Para el control de los
negocios mercantiles y principalmente de las importantes ferias de Veracruz y
Acapulco, instituyó el Tribunal del Comercio o Consulado de México, pero aún
así encontró serios obstáculos por la intromisión de la Audiencia.
El virrey Suárez de Mendoza, Conde de
Coruña, era ya anciano y no podía ocuparse de los muchos asuntos y problemas
del Virreinato. Inopinadamente murió el 29 de junio de 1583.
Pedro Moya Contreras (1584-1585). Nació
en Córdoba, España; siguió la carrera sacerdotal doctorándose en cánones en la
Universidad de Salamanca. Mucha fama gozaba este arzobispo por su recta
justicia, que produjo mucho recelo entre los oidores. Teniendo el cargo de visitador
en 1584, recibió el nombramiento de virrey y asumió así los tres mayores cargos
de Nueva España; virrey, inquisidor general y arzobispo de México. La
instrucción de la población indígena fue para el arzobispo-virrey su principal
preocupación; fundó el Seminario de Indios, para enseñarles la doctrina
cristiana, lectura, escritura, canto y un oficio.
En 1585 convocó el arzobispo-virrey a un
concilio provisional en el cual se decretó que por ningún motivo se podía hacer
esclavos a los indios. Fue un hombre recto y justo, por lo que la sociedad lo
quiso mucho. Falleció en España, en la presidencia del Real Consejo de Indias,
el 21 de diciembre de 1591.
Álvaro Manrique de Zúñiga (1585-1590).
Era hijo del cuarto duque de Béjar. El día 26 de febrero de 1585, don Álvaro
Manrique de Zúñiga recibió el nombramiento de virrey de Nueva España,
directamente del monarca. Duró todavía algún tiempo en España, hizo el viaje a
Veracruz en un barco de guerra y entró solemnemente en México el 18 de
noviembre, acompañado de su esposa. Inició su gobierno haciendo cumplir las
ordenanzas sobre el comercio de vinos en la capital y reguló los sitios donde
podía haber tabernas. En el año de 1586 volvió a recrudecerse el disgusto entre
los cleros regular y secular, por asuntos de jurisdicciones. Siempre el clero
regular, los frailes, contaron con el apoyo del pueblo, mientras que el virrey,
en este caso, y la nobleza, se inclinaron por los seculares. Los frailes de las
órdenes de Santo Domingo, San Agustín y San Francisco, tuvieron disgustos muy
serios con el virrey Manrique.
El virrey Manrique creó un cuerpo de
milicias de voluntarios para rechazar cualquier desembarco de los filibusteros
y armó dos buques para combatirlos en alta mar.
Las quejas contra el virrey Manrique
empezaron a llegar al Real Consejo de Indias con muchos cargos, la mayor parte
injustos o exagerados. Alarmado el Real Consejo de Indias dispuso el
nombramiento de un visitador, cargo que recayó en don Pedro Romanos, obispo de
Tlaxcala, enemigo del virrey por los incidentes habidos con el clero regular
quien le embargó sus bienes y lo destituyó del cargo. Manrique permaneció seis
años más en México, pobre, enfermo y procesado, hasta que al fin pudo regresar
a España donde solicitó la restitución de sus bienes sin haberlo logrado. Murió
en Madrid a fines de 1590, en gran estado de pobreza