TRATO PREFERENCIAL UN ASUNTO DE CULTURA
Y LEGALIDAD
Antes No existían tantas leyes que
protegieran nuestros derechos como hoy pero ¿harían falta?
Los buses no tenían asientos
preferenciales aunque sobraban las damas y caballeros dispuestos a ponerse en
pie para ceder el campo al niño, la persona mayor o con discapacidad.
En los bancos y otras instituciones
públicas, no se contaba con ventanillas especiales porque tanto los
funcionarios como los usuarios, se mostraban amables al brindarle un trato
prioritario a quienes en la actualidad se denominan personas con discapacidad y
personas mayores.
Ellos en cambio, no abusaban del
beneficio, hacían sus trámites personales y la vida continuaba sin problemas.
Hoy, Se dice y repite con
"gracia" en los buses que "caballeros si hay, lo que no hay son
asientos", los jóvenes se acomodan en los asientos designados a las
personas con necesidades especiales y el conductor tiene que pedirles que se
levanten esto si tiene la amabilidad de cumplir con su obligación.
Los familiares se aprovechan para mandar
a sus adultos mayores o a las personas con discapacidad a pagar recibos, sacar
documentos, retirar medicamentos en la clínica de la seguridad social y hacer
filas lo que constituye un abuso.
En costa Rica, en algunas farmacias,
tuvieron que restringir la entrega de medicamentos en las ventanillas
preferenciales, solo a los del propio beneficiario o si la receta pertenece a
una persona adulta mayor porque las filas crecían cada vez más, lo que hacía
insuficiente el personal para atenderlos en forma rápida, aumentándose las
quejas por la "mala atención a ese grupo en particular".
CEGUERA Y PRIORIDAD
Con la pérdida de valores, se impone la
ley que garantiza un trato igualitario pero sería importante hacer una
reflexión y determinar si cada uno emplea estos recursos en forma justa o con
abuso.
La persona ciega, reclama a la sociedad
su derecho al trabajo y alega en su favor, que es independiente, que se
moviliza por su cuenta pero no actúa en consecuencia a la hora de exigir un
espacio preferencial en la zona de parqueos pensados más para personas con
movilidad restringida.
Algunos pocos años después de lograr el
tan anhelado trabajo, se desespera por obtener una pensión en nombre de la
ceguera que antes alegaba lo discriminaba al tomarla en cuenta para una
oportunidad de demostrar su capacidad.
Al tener ingresos e incorporarse a la
sociedad como los demás habitantes, se supondría la igualdad en las
obligaciones, pero luchan por tener los "privilegios" de los menos
afortunados.
Quieren que se les siga regalando los
bastones blancos, subsidios en transporte, vivienda y todo lo que un estado
paternalista les ofrezca.
Es hora de hacer valer las leyes que nos
favorecen pero también de tomarse un momento para pensar si estamos actuando
con rectitud o por el contrario, manejamos el doble discurso de soy igual que
los demás para mis derechos pero presento una discapacidad cuando deseo evadir
mis obligaciones.
Autor: Roberto Sancho Álvarez.
San José, Costa Rica.