EN EL TRASPATIO, LAS MUJERES

 

Cada año, durante el mes de marzo, cunden las felicitaciones para las mujeres, siempre con motivo del Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, pocas personas hoy en día conocen el origen de tan controversial fecha, propuesta en el Congreso de la Internacional Socialista de 1910 por la ideóloga y luchadora comunista Clara Zetkin como una forma de honrar la memoria de las obreras de la fábrica Textiles Cotton de Nueva York que fueron asesinadas por demandar justicia e igualdad laboral.

 

En los albores del siglo XX, con un mundo efervescente por las luchas de reivindicación de los derechos políticos, económicos y sociales de las mujeres, momentos en los que surgieron movimientos por el derecho al voto y la igualdad laboral, por ejemplo, las más de 140 trabajadoras textiles de Nueva York se declararon en huelga para exigir jornadas laborales justas y salarios dignos. Encerradas bajo llave, como solían ser las condiciones de trabajo, los patrones decidieron prender fuego al bodegón donde ellas murieron calcinadas y acallar así los reclamos.

 

Conocida la ignominia del hecho, millones de mujeres en el mundo redoblaron sus esfuerzos y alzaron más alto las voces para cambiar un mundo de explotación obrera, pero sobre todo, de desigualdad, exclusión y violencia en contra de las mujeres.

 

Es por ello que cada 8 de marzo, más allá de una conmemoración, la ocasión obliga a la reflexión y a redoblar los esfuerzos por impulsar acciones para la reivindicación de los derechos de las mujeres, actos que incidan en reformas sociales, a leyes y normas con el fin de construir un mundo de equidad, de respeto e inclusión.

 

Cada vez es más sabido que, a lo largo de la historia de la humanidad, las mujeres han sido objeto –que no sujeto- de posesión, deseo, violencia y explotación. Las obreras de Nueva York son claro ejemplo de la lucha laboral. Las que han sido asesinadas en Ciudad Juárez devienen a ser el prototipo inequívoco de la violencia feminicida y de la impunidad que envuelve el hecho nímio de que son mujeres.

 

La recuperación de hechos que enmarcaron acontecimientos vergonzosos como el asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana, la trascendente participación de la p’urhépecha Gertrudis Bocanegra en la guerra de Independencia, o la valiosa herencia que dejó Antonieta Rivas Mercado como mecenas de pintores, músicos y literatos en los albores del siglo XX, son viables hoy gracias al cine, entre otras formas de transmisión del conocimiento.

 

Pero la historia de las mujeres no se sustenta sólo en aquellas que dieron su vida por causas políticas o en luchas sociales. Es también la de aquellas que fueron –y siguen siendo—víctimas de la violencia en su contra. La historia de cientos de mujeres anónimas asesinadas con lujo de violencia, ha sido llevada también a la pantalla grande. Jennifer López y Julia Roberts han estelarizado cintas que demuestran y denuncian la violencia de género.

 

Actualmente en cartelera se exhibe Backyard-El traspatio. Este filme dirigido por Carlos Carrera (El crimen del Padre Amaro y La mujer de Benjamín) y escrita por la dramaturga Sabina Berman (Entre Pancho Villa y una mujer desnuda y Feliz nuevo siglo doctor Freud), viene a instalarse como la película incómoda que pone de manifiesto razones y sinrazones de la violencia que se vive no sólo en aquel municipio norteño, sino en el país entero.

 

La trama, exhaustivamente investigada por la dramaturga Berman, nos lleva a mirar un Juárez dual y relajado de toda justicia a través de los ojos de la agente policial Blanca Bravo (Ana de la Reguera). El mito del asesino serial cae por su propio peso ante la investigación que lleva a cabo la policía recién llegada a la zona. El tesón por descubrir el origen de las mujeres que aparecen asesinadas cotidianamente en el desierto chihuahuense, la lleva a desvelar la corrupción, la impunidad, el silencio y hasta el desprecio que muestran lo mismo el gobierno, que los empresarios, la policía e incluso la sociedad, por las mujeres.

 

Basada en hechos reales, Backyard se centra en contar “lo que rodea a los asesinatos. Una sociedad multicultural, y que deriva su fatalismo hacia la indiferencia. Un Estado que falla en sus más elementales deberes. Una economía neoliberal y globalizada. Y la vecindad con el país más rico del planeta: Estados Unidos”, ha señalado Berman.

 

Blanca, la agente policiaca, transita los desiertos y las zonas paupérrimas de la mano de Sara (Carolina Politi), una activista por los derechos humanos de las mujeres y que cuenta con una organización civil que se dedica a atender legal, sicológica y médicamente a mujeres víctimas de violencia. Sara solamente se ha dedicado a sumar el número de mujeres muertas que aparecen publicados en los medios de comunicación. La contabilidad asciende a varias decenas en su momento. Pero la cifra se incrementa en el día a día. La violencia que denotan los cadáveres son noticia: pezones arrancados, vaginas y anos desgarrados, cuerpos torturados y desechados en esas arenas que son la nada, donde el sol deseca y el polvo oculta, pierde, destruye.

 

Así, Blanca se involucra en esa madeja que teje oprobios y denuestos, favores y vendimias, iras y amenazas, rabia y desolación, injusticia que arroja al desierto lo mismo cuerpos inertes de trabajadoras de la maquila que de estudiantes de secundaria, de prostitutas que de traficantes, de amas de casa que de ex novias o ex amantes, mujeres todas, pobres unas, morenas otras, migrantes las más, desechables todas.

 

Para no faltar al tono documental, sin serlo, Carrera contó con el apoyo visual de Martín Boege (El violín), en la dirección de cámaras y de Everardo González (Los ladrones viejos), en la dirección de la fotografía de la segunda unidad. Ellos captaron escenas cotidianas, obreras, soldados, cholos, transeúntes y parroquianos en su quehacer diario, actuaciones involuntarias que mezclaron con las relevantes interpretaciones de Joaquín Cosío (Peralta, el periodista radiofónico), y Jimmy Smiths (Mickey Santos, dueño de cabarets y bares en Juárez, que vive en El Paso, Texas).

 

Esta cinta es obra también de la productora de cine, teatro y televisión Isabel Tardán (Las marionetas del pene, Extras), en asociación con Sabina Berman y Argos Comunicación. Proveniente del cine de ficción y del periodismo visual que “me reveló que en la realidad están las grandes historias contemporáneas si una se atreve a distinguir en la realidad, la épica”, la creativa no pudo resistirse a filmar la crudeza de este paradigma fronterizo en el corazón mismo de la marginalidad de Ciudad Juárez.

 

“No había opción, tenía que filmarse en Juárez, no en Nogales, no en Tijuana, no en Tlalnepantla”, porque “esta historia, sin la realidad de Juárez, sus fábricas, las casas de Lomas de Poleo afincadas en la arena, sus antros; sin el desierto y su viento y su cielo perfecto, perdería fuerza”, sentenció Tardán.

 

Fieles a la multiculturalidad que se vive en Ciudad Juárez, Backyard incluye diálogos en inglés y tzeltal, lengua chiapaneca para la que fueron entrenados Asur Zágada (Juanita), Amorita Rasgado (Márgara) e Iván Cortés (Cutberto), jóvenes actores egresados del Centro Universitario de Teatro, que encarnan precisamente a esa gente que migra al norte con la esperanza puesta en un mundo mejor.

 

Backyard-El traspatio rescata historia. Recupera el acontecer de miles de mujeres que por buscar un sueño les arrebatan la vida en el intento.

 

Autora: Yoloxóchitl Casas Chousal/CIMAC. México, Distrito Federal.

[email protected]

 

 

 

Regresar.

Hosted by www.Geocities.ws

1