SIN TREGUA CON EL ENEMIGO II LA FIEBRE AMARILLA
En esta ocasión, hablaremos de una enfermedad
poco conocida en Europa, EEUU y Canadá, países del Primer Mundo que alguna vez
fueran infectados y que, dado sus recursos científicos y económicos lograron
erradicarla, allí sólo se menciona hoy en la literatura médica.
En la América, al sur del Río Bravo y en
África, alcanza sus mayores índices. Su nombre es la Fiebre Amarilla.
Se cree que la enfermedad apareció en
África, y desde allí fue llevada a América por los esclavos. El mal fue
descrito por primera vez en el siglo XVII, cuando se produjo un brote en
Yucatán (México). Después se extendió a Estados Unidos y a otros países.
Han sido demostrados 3 ciclos ecológicos
en África, el selvático (de mono a mono por Aedes Africanus), el rural (de mono
a hombre por Aedes Sinpsoné) y el urbano (de persona a persona por Aedes
Aegipty) cuando este se introduce en un área donde abunda dicho insecto,
desencadenándose la forma epidémica de dicha enfermedad.
En 1881 el médico cubano Carlos Juan
Finlay, enunció la hipótesis de que la fiebre amarilla se transmitía por la
picadura de mosquitos. Esta teoría se verificó en 1901 por los trabajos de
varios investigadores, como los del bacteriólogo norteamericano Walter Reed,
jefe de los servicios médicos de las tropas norteamericanas que invadieron a
Cuba en 1898, con el pretexto de liberarla del Dominio Colonial Español, el que
comprobó que la teoría del sabio cubano Finlay era ajustada a la realidad. La
enfermedad fue controlada por los métodos avanzados de higiene, como el drenaje
de los campos donde se desarrollaban los mosquitos y la cuarentena de los
barcos que llegaban procedentes de áreas infectadas.
Esta infección debe su nombre a la
coloración amarilla de piel y mucosa de los pacientes, también puede producirse
hemorragias digestivas altas, que en el caso de la Fiebre Amarilla, se ha
denominado “vómito negro”, síntoma clásico desde el punto de vista histórico.
Hoy en día sigue siendo el mal más extendido y grave del trópico, por lo que se
exige la vacuna antes de viajar a numerosos países.
Este virus pertenece a la familia de los
toga virus, del latín toga, que significa envoltura, su género se denomina
flavivirus, que proviene del latín flavus, que quiere decir amarillo. Su forma
es esférica, por lo que a veces tiende a confundirse microscópicamente con
otros virus de la misma familia, el diagnóstico serológico en pacientes
infectados se dificulta.
En Etiopía en los años 1960-1962, se
desencadenó una epidemia con más de 100000 casos y 30000 defunciones. En 1985
se declararon 139 casos en el mundo.
El vector Aedes Aegipty se encuentra
abundante en zonas húmedas, alrededor del agua estancada, picando solamente de
día. El período de incubación es muy breve (de 3 a 5 días).
Luego de esta etapa, la enfermedad puede
manifestarse de dos formas, la leve y la clásica o grave. La leve es poco
característica y sólo se hace notar en zonas donde el mal es endémico. Su
comienzo es de forma brusca, con fiebre elevada, cefalea, náuseas, sangramiento
bucal y restos de proteínas en la orina. Esta variante recuerda a una gripe,
sin que se presenten signos catarrales, solamente dura de 1 a tres días y cura
sin complicaciones.
La grave o clásica se desarrolla en tres
períodos, el primero es el de infección, instaurándose súbitamente en el
paciente con fiebre muy alta (hasta 40 grados), cefalea, dolores en la nuca,
espalda y piernas, al examinar al enfermo se ve congestionado el rostro, con
las conjuntivas muy rojas. Hacia el 2do día, el 50 por ciento de los pacientes
aproximadamente, experimentan el signo de FAGET, que consiste en marcados
signos cardiacos. El sangramiento nasal y de las encías es habitual. Hacia el
tercero, la fiebre puede descender bruscamente durante unas cuantas horas o
días, por lo que se habla del denominado Período de remisión, que en las formas
fulminantes no existe.
La tercera fase o de intoxicación, el
estado febril se instaura nuevamente con elevados grados de temperatura,
apareciendo la ictericia (coloración amarilla de la piel y las mucosas en el
100 por ciento de los casos, con insuficiencia hepática o renal,
intensificación hemorrágica de la piel, encías, nasal y vómitos con sangre que
constituyen el llamado vómito negro, entrando el enfermo en Schok y estado de
coma.
Los afectados deben ser aislados para
evitar que sean picados por el vector, lográndose interrumpir de este modo la
cadena de transmisión.
La fiebre amarilla, puede confundirse
por la población común con el Paludismo, la lectospirosis, la hepatitis, y
otras fiebres hemorrágicas como es el Dengue Hemorrágico, ya que sus síntomas son
muy parecidos, por lo que se requiere acudir al médico desde el primer momento.
Esta enfermedad, inmuniza
permanentemente a quienes la hayan sobrevivido.
La Organización Mundial de la Salud
(OMS), aconseja a los migrantes, protegerse mediante la vacunación en un
período de 10 años. La vacuna actual, carece de efectos secundarios graves.
En su momento, podremos retomar el tema
del mosquito como vector de enfermedades, en ocasiones altamente letales, que
como el Dengue y la Fiebre Amarilla, se han constituido en verdaderas epidemias
por el afanoso quehacer de este pequeño insecto.
Autora: Milaydis Machado
Padrón. La Habana, Cuba.