QUEBRADA DE HUMAHUACA TESORO DE LA
HUMANIDAD
La UNESCO la acaba de incluir en la
lista de los 754 bienes que integran el patrimonio mundial. Aquí, los secretos
y rincones de esta maravilla argentina que guarda más de diez mil años de
historia.
Por Roberto Rainer Cinti
Los antiguos griegos distinguían siete
maravillas. Hoy, con un mundo más ancho, su número se ha multiplicado
holgadamente. En la lista del Patrimonio Mundial –moderno registro de los
tesoros planetarios- figuran por ahora 754 bienes culturales y naturales, que
la humanidad se comprometió a proteger en virtud de su valor universal y su
carácter excepcional. Días atrás, en París, la UNESCO admitió entre éstos a la
Quebrada de Humahuaca.
¿Qué pesó para que nuestra quebrada por
antonomasia pasara a codearse con las pirámides de Egipto, el gran cañón del
colorado, la catedral de Notre-dame o el monte Everest?
“Es un ejemplo sobresaliente de lo que
la UNESCO denomina paisaje cultural –responde la antropóloga Diana S. Rolandi,
integrante del comité argentino del Patrimonio Mundial. Refleja la interacción
entre un sistema geoecológico representativo de la región andina de América del
sur y las culturas que en él se asentaron durante los últimos diez mil años”.
TOBOGÁN A LA SELVA
La Quebrada de Humahuaca corta el mapa
de Jujuy por el centro, conectando la Puna con las tierras bajas. Fue labrada
una eternidad atrás por el río Grande, entre los empinados cordones de la
Cordillera Oriental. Tiene 180 kilómetros de largo y un ancho no mayor a tres,
que en los angostos de Perchel y Yacoraite se estrecha a 200 metros. Los
geógrafos la etiquetan como valle longitudinal. Pero se parece más a un
tobogán. Nace en el Abra de Tres Cruces, a 3700 metros de altura, y termina
cerca de San Salvador de Jujuy, que apenas supera los mil metros sobre el nivel
del mar. Este desnivel confiere al río fuerzas de titán, propiciando brutales
mutaciones en el paisaje.
A medida que pierde altura, la Quebrada
gana temperatura (un grado cada 254 metros). También aumentan las
precipitaciones. Especialmente al sur del Volcán, donde desaparecen los
obstáculos para el viento húmedo del Atlántico. No es casual que en las
nacientes reine una vegetación esteparia, erizada cada tanto por gigantescos
cactos, y en la boca se expanda una selva sudorosa. Como compensación, las
despojadas laderas del tramo árido lucen sedimentos de deslumbrante paleta. El
cerro de los Siete Colores, en la quebrada tributaria de Purmamarca, conforma
la expresión más exaltada de este rasgo comarcano.
Los diez mil años de presencia humana
arrancan con la irrupción en el escenario quebradero de bandas cazadoras y
recolectoras, seducidas quizá por la abundancia de guanacos. Se ignora si
evolucionaron hacia la agricultura o la práctica fue incorporada por nuevas
corrientes de doblamiento. Lo cierto es que al arribo de los españoles había
grupos afincados en pueblos de piedra, como el famoso Pucará de Tilcara, y
dueños del asombroso desarrollo agrícola que aún evocan los andenes de cultivo
y las obras hidráulicas de Coctaca o Altarcito. Los llamaron Omaguacas,
extendiendo a todos el gentilicio de la primera parcialidad con que se toparon.
De esta torpe generalización deriva el nombre de la quebrada, que hasta ahí
formaba parte del Tahuantinsuyo incaico.
Tras algún sobresalto, la espada de los
conquistadores y la cruz de los misioneros consiguieron doblegar la resistencia
indígena. Entonces, la Quebrada de Humahuaca se convirtió en paso de arreos
para las minas del Alto Perú y su fondo se llenó de alfalfares. Con la
independencia, mulas y vacas fueron reemplazadas por ejércitos patriotas y
realistas en encarnizada persecución. Luego asomaron los conflictos. En 1841,
los despojos de la legión libertadora repecharon la quebrada rumbo al exilio
boliviano.
Sólo buscaban salvar de la deshonra los
huesos del General Lavalle, que el Coronel Alejandro Danel había descarnado en
Huacalera, donde cruza el trópico de Capricornio.
A principios del siglo XX, los
quebraderos acudieron a la frutihorticultura y el turismo para recobrarse.
Reverdecieron las márgenes del río Grande, se restauraron antigales y capillas,
se asfaltaron caminos y brotaron hospedajes, restaurantes y museos. Algunos
pueblos, como Tilcara, hasta recuperaron la población de tiempos precolombinos.
Hoy, sin embargo, los índices de mortalidad infantil, analfabetismo y éxodo
laboral continúan siendo dramáticos. La inclusión de la Quebrada en el
Patrimonio Mundial podría ayudar a terminar con la postergación regional.
MARAVILLAS EN PUERTA
Ocho tesoros criollos integran la lista
del Patrimonio Mundial: Los parques nacionales de Iguazú y los Glaciares, las
misiones Jesuíticas, Península Valdés, Cueva de las Manos,
Ischigualasto-Talampasa, el legado cordobés de la Compañía de Jesús y la
quebrada. Ahora, nuestro país, prepara la candidatura de Los Valles Calchaquíes
(Salta y Tucumán), las capillas galesas (Chubut), el Parque nacional Sierra de
las Quijadas (San Luis), Antofagasta de la Sierra (Catamarca), y el campo
volcánico de la Payunia (Mendoza).
Además, aunó esfuerzos con Bolivia,
Chile, Ecuador y Perú, para nominar ante la UNESCO el Camino del Inca.
COMO LLEGAR
- Por
ruta desde Buenos Aires hasta la quebrada, son alrededor d 1850 kilómetros. En
avión se puede llegar hasta Salta o San Salvador de Jujuy, y desde ahí hay
transporte terrestre.
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Alojamiento: hay hoteles, posadas, cabañas, hostellling, campings y hosterías.
Los más caros rondan los 70 pesos diarios.
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Circuitos de turismo alternativos: hay varios, e incluyen trekking,
avistamiento y cabalgatas.
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Compras: las artesanías indígenas son los objetos más requeridos.
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Calendario: en agosto se realiza el culto a la Pachamama y en septiembre se
honra a la virgen de los Dolores con festivales folklóricos. En febrero, el
carnaval humahuaqueño.
Para saber más:
www.turismo.gov.ar
www.unesco.org.ar
Enviado por: Elsa Graciela Antogninie. La Plata, Argentina.