Cae la noche. Cientos de luces se
apagan. Cientos de luces se encienden. Para muchos, el letargo. Para otros, la vida
comienza. Desde mi ventana veo los tejados, las antenas, la luna, los contornos
de ellos y de ellas a contraluz.
De noche, observo. Pienso en la vida de
los otros. Quienes duermen, quienes crean, quienes sufren, quienes sueñan,
quienes aman.
El tiempo vive horas diferentes cada
noche. Hacia atrás, hacia delante, rápido, despacio, según el ritmo que marca
la noche.
Siempre, desde niña, deseé no tener que
dormir para poder vivir también las horas de la noche. Cuando termina el
atardecer y puede verse la luna, algo mágico, inesperado cada vez, sucede.
Llega la calma, el silencio, el encuentro con uno mismo. Velar el sueño de los
demás permite disponer de un tiempo y un espacio compartido e imposible en la
vigilia; un espacio, un tiempo, momento único, secreto, insondable.
Dormir me parecía desperdiciar horas de
vida. Dónde estaría la humanidad, en qué nivel evolutivo si el cuerpo humano no
tuviera necesidad de desconectarse por las noches. El concepto del tiempo
saltaría en mil pedazos. La sabia naturaleza nos controla a través del sueño.
Nos neutraliza, nos calma, nos domina.
Cuando llega la hora del letargo
nocturno siempre, antes, necesito mirar por la ventana el cielo, abrirla
incluso para recibir en la cara la luz de la luna, el aire y la sensación de la
noche.
Es entonces cuando pienso en la vida de
los otros. Tantas y tantas vidas, que se apagan o se encienden cuando llega la
oscuridad. Fiestas sin fin, horas desesperadas en busca de la musa, tiempo para
el amor, insomnio, deseo de que la noche no acabe nunca o ansiedad por ver la
luz del amanecer, que finalmente disipa las brumas, las sombras, la
incertidumbre, el miedo.
Hay quien duerme acompañado y desearía
dormir solo; hay quien anhela y sufre por el abrazo, por el calor de otro
cuerpo en la noche. Hay quien desea y no es correspondido; hay quien le roba
horas al sueño para sentir, amar y gozar.
Hay quien trabaja cuando la noche cae.
Quien alarga las horas del día estudiando, leyendo con avidez ese libro que nos
hace vivir otros tiempos, otras vidas. Madres que amamantan, padres
somnolientos que mecen a sus hijos o acallan sus malos sueños. La fría luz de
miles de televisores encendidos hasta el amanecer.
Volar, viajar de noche para llegar con
las primeras luces del nuevo día a otro lugar, a otra vida. Agotar la noche en
busca de una decisión que siempre está tomada de antemano.
¿Qué ocurre en vuestra vida cuando cae la noche?
Autora: Paqui Moreno. Barcelona, España.