NUEVA ERA EN EU, CON DUDAS EN AMÉRICA
LATINA
* El espionaje estadunidense, una
amenaza para la seguridad nacional
latinoamericana: CLAEI
Las actividades y operaciones
clandestinas de la CIA, que en la actualidad supervisa Michael V. Hayden, el
director designado por el nuevo presidente, Barack Hussein Obama, representan
hoy en día un peligro real, cotidiano y creciente para las naciones de América
Latina. Si se pretende contrarrestarlo, se precisa una acción coordinada y
unificada de los servicios de seguridad nacional de la región, propuesta aún
embrionaria, pero que puede encontrar cauces adecuados en el futuro próximo.
El mundo entero ha otorgado un aval de
esperanza a Obama, aunque con matices y reservas, pues la naturaleza profunda
del sistema estadunidense obliga a la cautela, e incluso a un sano
escepticismo. La visión hegemónica persiste en Washington, con poder suficiente
para agraviar a América Latina y al resto del planeta.
El director nacional de Inteligencia de
Obama, Mike McConnell y el director de la CIA, Hayden, han señalado a México
–junto con Irán--, como uno de los principales retos de la política exterior
estadunidense en el futuro inmediato, en declaraciones que tienen como
antecedente inmediato el informe “Ambiente de Operación del Comando Conjunto de
las Fuerzas Armadas Estadunidenses 2008”, que equiparó a México con Pakistán,
como estados en crisis y amenazas a la seguridad de Estados Unidos y del mundo.
Esto significa, conforme a los
especialistas del CLAEI --entidad académica de la sociedad civil dedicada a la
investigación, el análisis y la reflexión, con sede en la ciudad de México--,
que aun cuando el presidente Obama prometió una nueva era de respeto y
cooperación al resto del mundo, los estrategas de la visión imperial y la
cúpula del complejo industrial-militar, tratarán de mantener vigentes sus
prioridades.
América Latina no puede bajar la
guardia. Ejemplos, desafortunadamente, sobran. A México se le agrede
verbalmente y a continuación, algún funcionario menor, aun vinculado con la
Casa Blanca, como el secretario de Prensa de Obama, Robert Gibbs, ofrece
disculpas que suenan rutinarias.
Entre los casos más graves y menos
difundidos, se encuentra la operación de espionaje descubierta en octubre
pasado en las oficinas del presidente de Guatemala, Álvaro Colom, donde fueron
encontrados siete micrófonos y dos videocámaras en ubicaciones que iban desde
la lámpara del escritorio hasta la calculadora.
Equipo similar fue localizado asimismo
en la sala de juntas del presidente Colom. En conjunto, los micrófonos y las
videocámaras transmitían información a un receptor aparentemente desconocido,
pero que los órganos de inteligencia guatemaltecos, con apoyo tecnológico de
origen internacional no identificado, lograron rastrear hasta conexiones
utilizadas por la CIA y la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa).
La instalación de los equipos de
espionaje y su complicada conectividad, son indicios incuestionables del
profesionalismo de quienes llevaron a cabo la tarea, que contaron,
evidentemente, con la complicidad de altos funcionarios guatemaltecos para
lograr acceso seguro a las oficinas presidenciales.
En el transcurso de los últimos años, se
ha sabido de la detección de micrófonos y cámaras secretos en las oficinas de
diversos gobernantes de la región, desde Álvaro Uribe, de Colombia (leal aliado
de Washington), hasta Hugo Chávez, de Venezuela y Evo Morales, de Bolivia, pasando
por el paraguayo Fernando Lugo y el ecuatoriano Rafael Correa. Existen
sospechas fundamentadas de que se lleva a cabo asimismo un meticuloso monitoreo
de las actividades, incluso las privadas, de los presidentes Luiz Inácio Lula
da Silva, de Brasil y Michelle Bachelet, de Chile.
En todos los casos, el espionaje fue y
es atribuido, con evidencias suficientes que generalmente no llegan a la
opinión pública por razones de seguridad nacional, no a los adversarios
políticos ni a las cúpulas del crimen organizado, sino a círculos extranjeros
de inteligencia. Si se tratara de una operación de los barones internacionales
de la droga, ¿por qué no se ha sabido de algún equipo de espionaje similar
instalado, por ejemplo, en las oficinas de la DEA, de la FBI o de las
corporaciones policiacas estadunidenses que presumiblemente combaten
cotidianamente el narcotráfico y otras manifestaciones del crimen organizado?
Es de sobra conocido, recuerdan los
especialistas del CLAEI, que el empleo de equipos de tecnología de punta para
espiar a los gobernantes, políticos y dirigentes sociales en todo el mundo, es
uno de los principales recursos de la CIA. A los círculos de inteligencia
estadunidenses les interesa principalmente recabar información personal,
“sensible”, que posteriormente puede ser utilizada para presionar a esas
personalidades, si se niegan a seguir las directrices políticas que Washington
pretende imponerles.
En su libro Bush’s Law: The Remaking of
American Justice (La ley de Bush: la refundación de la justicia estadunidense),
el periodista Eric Lichtblau reveló el alcance de las actividades de los
organismos de inteligencia de Estados Unidos, que ejercen un amplio e ilimitado
control, de manera encubierta, sobre los propios ciudadanos estadunidenses.
Si eso pasa en el propio territorio de
Estados Unidos, evidentemente no existen barreras para lo que la inteligencia
estadunidense puede hacer y hace todos los días en América Latina, considerada
tradicionalmente en Washington como un “patio trasero”. Las declaraciones derogatorias
contra México, la acción de espionaje descubierta en Guatemala, las
intromisiones abusivas e ilegales en las actividades de varios gobernantes de
la región, constituyen los últimos, inequívocos ejemplos, de esta realidad.
Autor: Luis Gutiérrez Esparza.
México, Distrito Federal.