NO CREEN EN MÍ: NO CREO EN MÍ
Porque soy mestizo, ciego, hijo del
dolor,
del orgullo, la dignidad y la
contradicción.
Algunos creen en mí pero están tan
lejos.
Los que no creen en mí los percibo a mi
lado:
no creen en mí porque no creen en sí
mismos.
Los que están lejos en cambio, son
“superiores”,
me quieren como algo especial, muy
interesante, digno de estudiar.
Los que están cerca son mis iguales:
mestizos, ciegos, hijos del dolor, del
orgullo, la dignidad y la contradicción;
¡ellos me importan! ¡Y ellos no creen en
mí!
Yo sí creo en mí, en mi poesía..., en
todo lo que hago.
Los que no creen en mí es que no creen
en sí mismos,
porque soy parte de ellos: desterrados
"hijos de Eva".
Ellos creerán en mí cuando los
“superiores” digan que soy bueno.
¿Por qué los mestizos, ciegos, hijos del
dolor,
del orgullo, la dignidad y la
contradicción no creen en sí mismos?
No creo en mí, pero al mismo tiempo creo
en mí.
El arte es bueno: porque es honesto,
porque es verdadero, porque desnuda el
alma.
No puede ser racional ni panfletero,
educa sin buscarlo, ayuda sin quererlo.
¿Por qué los míos necesitan que un
“superior” les diga:
"esta comida es rica"; para que la encuentren rica?
Esta es la moda que vale, la literatura
que vale, la persona que vale...
¿No tienen gusto propio, o no confían en
él?
Se dejan gobernar por dictadores, se
avergüenzan de su cultura.
Los que creen en mí son buenos:
mujeres feministas, hombres
revolucionarios.
El problema soy yo: a veces dudo.
¡Es que me duelen mucho los míos!
A mí también me enseñaron como mestizo,
ciego, hijo del dolor,
del orgullo, la dignidad y la
contradicción.
Autor: Luis Alberto Méndez Quezada.
Santiago de Chile, Chile.