LOS 40.

 

Era ya el día.

No admitió una sola divagación. Nada que se moviera de las pautas.

Cuando al salir la recibió la tenue brisa primaveral sintió que el tiempo acompañaba sus propósitos.

La mañana transcurrió en el centro de belleza. Relax, peinado, maquillaje…

Apenas un bocado y un largo descanso. El tiempo restante hasta la llegada de sus invitados los dedicó a la larga ceremonia de adornar su cuerpo.

Cuando por primera vez en el día se miró al espejo, supo que la primera parte de su plan se había cumplido a la perfección: parecía una diosa.

Poco a poco fueron llegando sus colegas, exclusivos participantes y necesarios espectadores del escénico montaje.

En el alegre bullicio de la reunión, sólo hubo un murmullo cuando llegó la pareja del momento: la que fuera su mejor amiga con su “ex”.

Mantuvo ella su desenvoltura –tanto se había preparado para esto- y la reunión volvió a su juego intrascendente y locuaz.

Entonaban todos un ya chispeante cumpleaños feliz, cuando un fuerte timbrazo precedió la llegada de un sencillo ramo de flores.

En su interior refulgía una hermosa caja artesanal, tallada a mano. Adentro otra, y otra, y otra. Finalmente una joya de la más exquisita orfebrería apareció ante los ojos de todos, mudos de admiración y estupor.

Terminó la fiesta Ella, desprovista de su falsa envoltura y sola de toda soledad, llora desconsoladamente sus recién estrenados, frágiles 40, en tanto que en sus manos hace cabriolas la factura de la joyería, deuda a pagar por unos cuantos cumpleaños más.

 

Autora: Laura sine. Buenos Aires, Argentina.

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