LA MODERNIDAD Y EL POETA: MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA
El poeta no tiene otra alternativa que inventar
o crear otros mundos. La poesía crea realidad, no ficción. Afirmo que la poesía
es realidad, y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra
conciencia real de la infinitud.
Roberto Juarroz
La infancia y juventud de Manuel Gutiérrez
Nájera queda comprendida entre los años de 1859 y 1895. Es decir, que su
infancia y juventud están encuadradas entre la guerra de reforma y el
porfirismo; período que comprende a su vez la invasión francesa y con ello la
llegada de Maximiliano al trono, las presidencias de Juárez y Lerdo de Tejada y
que tras un período político tan convulsivo, llega en 1877 a una cierta
estabilidad política con el inicio de la presidencia de Porfirio Díaz hasta su
exilio en 1911.
En pocas líneas, diríamos que la vida de
Nájera está enmarcada en el porfirismo, un período de cierta paz, de voluntad
de progreso y modernización. Este período de “pacificación política” viene a
ser favorable a México por su incorporación en la economía internacional, y
esto gracias a la inversión de capitales extranjeros. Definitivamente es
posible ahondar más en las cuestiones económicas que intervienen o tuvieron
impacto en la obra de nuestro autor, pero eso sería asunto de otro estudio.
Detengamos ahora nuestra atención en un ámbito que es producto pero que a su
vez reflejaba el acontecer político, social y cultural de lo que acontecía en
aquellos momentos, nos referimos a la prensa escrita. Este dato es importante
para contextualizar la obra de nuestro autor que publicó en periódicos varios artículos
que son parte de su extensa obra literaria. En efecto, Nájera era aparte de
escritor y poeta, un periodista—y un cronista que refleja su sociedad, pero que
a la vez, es un producto de esta. Al respecto habría que recordar que Nájera
colaboró en periódicos como “Partido Liberal” y “El Universal” y en la “Revista
Azul” que era en aquel entonces el suplemento literario del “Partido Liberal”.
Los periódicos, ayer como hoy, no solo describen los acontecimientos o eventos
netamente políticos o económicos, sino también, los sociales o culturales pero
no de todos los grupos o estratos sociales que configuran a toda la sociedad,
en este caso las descripciones que Gutiérrez Nájera nos entrega en sus cuentos
describen a ciertas clases sociales o élites de la sociedad. Todo ello gira
alrededor de un marco de referencia: la ciudad. La ciudad como el escenario en
que se cristaliza y que es el personaje principal de sus cuentos, y es en la
ciudad de México en donde más se ven -a diferencia del campo- los elementos de
la vida moderna. La ciudad es el escenario del cual Nájera extraerá los
elementos para su escritura, pero no solamente para registrarlos sino para ir
más allá de ellos.
La vida de Gutiérrez Nájera, hay que
recordarlo, no transcurrió más allá de la ciudad de México y su vista no tuvo
más espacios que los ambientes que esta le ofreció (así como también París era
la ciudad modelo en aquel entonces). La ciudad era el espectáculo –el espacio
biográfico y artístico “donde el escritor modernista construye su literatura; y
es también el espacio donde se camina a una diversidad de productos ya sea
culturales o mercantiles como son manufacturas, libelos, libros, prensa;
elementos todos ellos que configuran y confirman al artista su cosmopolitismo y
su modernidad. La ciudad es también el lugar que trae avances y vanguardias. La
modernización de las ciudades se da entonces en un marco de
internacionalización tanto económico como cultural.
Estos detalles pueden arrojarnos una luz
o un poco de comprensión con respecto al poema “La Duquesa Job”, y es que, en
efecto, en el poema podemos ver que el poeta dirige su mirada a elementos que
tiene a la mano, obviamente el poema está dirigido a una mujer y tendremos que
tener en consideración cómo la mujer entra a ser partícipe en ese espectáculo o
en ese espacio público de la sociedad moderna. Ya no es la mujer que permanece
en ese espacio privado que es su hogar. La Duquesa de Job la figuración de la
mujer urbana. Y decimos figuración porque para Nájera, y este es un punto que
contrasta con su labor de cronista de la sociedad, pues el poeta debe de ir más
allá de la realidad dada.
Se ha reconocido en Nájera como uno de
los primeros escritores modernistas mexicanos. ¿Qué es lo que le hace ser un
escritor moderno aparte de su sensibilidad urbana? Muchos reconocen que ello
radica en la novedad de su lenguaje y su estilo, y es que su lenguaje le da
libertad. Para él, como lo deja ver en su artículo “El Arte y el Materialismo”
el principio que defiende es “el santo, el sublime principio de la libertad,
que semejante al Sol todo lo vivifica y engrandece con el resplandor de sus
rayos;” en la escritura de Nájera las palabras quedan desprendidas de sus
referentes materiales y es en ese breve espacio en donde el espíritu puede ir más
allá de la materia para engrandecerla y no como quiere el materialismo que
“rebaja el espíritu para engrandecer la materia”. Al respecto, pudiéramos
preguntarnos si Nájera tenía un “programa” sobre el arte, a lo que él responde
“Ni mi amigo ni yo pensamos nunca en el programa, es decir, que siempre se
mantuvo al pie de la escalera, porque en lo azul hay sol, porque en lo azul hay
alas, y porque en ello vuelan las esperanzas en bandadas. Estas ideas decoradas
poéticamente las encontramos también en el “Cruzamiento en Literatura” en donde
a Nájera se le culpa de afrancesamiento y en donde él defiende el cruce entre
las literaturas ya sea francesas, españolas o de otros ámbitos; para Gutiérrez
Nájera y en acuerdo con lo que se ha esbozado anteriormente el objeto del arte
es “la consecución de lo bello” y esto no puede encontrarse en la materia, sino
en relación con el espíritu en donde el poeta tiene la libertad de transponer
diversos elementos y términos, para ello bastaría recordad como en el poema “La
Duquesa Job” Nájera recurre a palabras de otros lugares como “five o’ clock” o
ver pasear a la duquesa por el jockey club y describirla con “un cuerpo tan “v”
lan” , tan “pschutt”. En síntesis, si quisiéramos alcanzar al Duque de Job
sería como:
Si alguien la alcanza, si la requiebra,
ella, ligera como una cebra, sigue camino del almacén; a ese lugar donde se
encuentran los paraguas, las sombrillas, los abrigos, los aretes, las alhajas,
las joyas, los adornos.
He aquí algunas reflexiones sobre el
artículo “Arte y Materialismo” en el cual Nájera expone de manera más clara sus
ideas con respecto al arte. En un principio traté de encontrar una
argumentación más filosófica de sus propuestas, pero me di cuenta que eso no
sería legítimo, dado que si bien nuestro autor recurre a ciertas propuestas
filosóficas, ello no significa que sea un filósofo y por lo tanto no se le
puede medir con la misma vara, tiene uno entonces que entrar en el terreno en
el cual él se está manejando, es decir, en el terreno poético que es propicio
para la evocación de imágenes. Es el lugar donde el poeta, como el águila –como
él lo menciona—es libre y puede sobrevolar y ver no los árboles sino los
bosques enteros y surcar el “Azul” del cielo, como vemos, Nájera no utiliza
aquí un argumento sino una serie de imágenes para describirnos la libertad que
tiene el artista de utilizar la palabra a su antojo y de esta manera decorar y
embellecer la realidad cotidiana.
El filósofo busca la precisión de la
palabra para referirse a la realidad, pero el poeta va más allá de ella.
Autora: Atzín Luna. México, Distrito
Federal.