INCIDENCIA DEL BRAILLE Y SU CREADOR EN EL DEVENIR DE LA HISTORIA HUMANA

 

Me piden hablar de Louis Braille, contar cuán significativo ha sido su aporte para mí y la humanidad.

Para hacer esto, tendría que remontarme a los tiempos en los cuales no existían opciones reales y efectivas para un sector de la población, quizás minoritario: el conformado por las personas en situación de discapacidad visual; pero con sueños, anhelos y necesidades de expresarse, interactuar y crecer en los campos de la ciencia, la cultura y la sociedad, quienes por no poder acceder al lenguaje escrito, como proceso dinámico, transformador, en el cual lo denotativo y lo connotativo se entrelazan, dando nacimiento a una red de significados, símbolos y representaciones que van mucho más allá de la realidad cotidiana, simplemente perceptible por los sentidos, sin posibilidades evidentes de trascendencia y construcción semántica.

Sí, ese mundo en que “Ser ciego”, se constituía en un sello de aislamiento, conmiseración y lástima, en el cual, la vida tenía que supeditarse a la voz caritativa, afectuosa, o asta burlona, de algún ser querido, esclavo o sirviente, que quisiera hacer el favor o la merced de entretener al “Pobre cieguito”.

Se vivía, sí, se vivía. Pero la cultura, el mundo mágico, inagotable inconmensurable de los libros, que se desbordara como un torrente infinito con la aparición de Gútember y su imprenta, estaba totalmente vedado para aquellos que permanecían rodeados por las sombras y la soledad; y digo “Rodeados por las sombras”, no por la falta de la luz física, si no por esa barrera que le separaba y alejaba, sumergiéndole en un abismo para el cual parecía no existir salida.

No obstante, como en todo el proceso de la evolución y el devenir de la historia humana, la oportunidad y la luz emergen como el sol al despuntar el alba, y llega el siglo XIX con su infinidad de retos y desafíos. Empiezan a aparecer hombres como:

 Valentín Haui, que se pregunta si no habrá una opción real para que los ciegos accedan al mundo de los libros, y por ende de la cultura y el conocimiento, quien intenta dar una respuesta, ineficaz, sin duda, pero respuesta al fin, que se constituye en una semillita que luego la Genialidad de Louis Braille hará fructificar.

Charles Babier el Coronel francés, que decide compartir su código de comunicación nocturna, con aquellos que a su juicio vivían como sus soldados en el campo de batalla al desaparecer el sol, rodeados de tinieblas.

Y por fin, ¡Louis Braille!, sí, el muchacho inquieto a quien sus padres le leyeran, historia, geografía, y cuentos desde niño; el que exploraba con sus dedos las grafías que toscamente con clavos y madera en un paciente y meticuloso trabajo reproducía su padre, o luego, ya en el Instituto de Jóvenes ciegos de París, las letras de alambre que integraban los pocos volúmenes que estuvieran a su alcance, sin importar el sin número de horas o días que tal ejercicio implicara. Sí, aparece él, y su espíritu, su mente y su corazón se impregnan de ese impulso irrefrenable de lograr lo hasta ese entonces considerado “Imposible”: un Alfabeto, para Ciegos, sí: un Sistema de escritura y lectura realmente funcional y práctico, en el cual la realización de cada signo, la identificación de cada caracter , se constituyera en un proceso proactivo, dinámico, creativo y placentero, abriendo por fin, las puertas hacia ese océano infinito de conocimientos, encuentros y desencuentros, lo real, lo mágico, lo espiritual y trascendente y no superfluo y material, sí, al mundo maravilloso e inefable del Lenguaje escrito, de los libros, de los sueños plasmados en palabras, concretados en métodos, construcciones e imposibles convertidos en hechos y realidades, capaz de transformar la historia humana en un testimonio imperecedero y eterno, en el cual el héroe y el villano, el ignorante y el torpe, el santo y el criminal ocupan su lugar. Sí, aparece el Braille, y con él, la liberación, la opción, para las personas en situación de discapacidad visual, de remontarse hasta el infinito y sumergirse a las profundidades del saber y quehacer de quienes compartieran en épocas antiquísimas el planeta y quienes, gracias a su imaginación y su genialidad, son capaces de vislumbrar el futuro (maravilloso o terrible) que aguardan a la humanidad, su entorno y su universo.

Surge el sistema de lectoescritura Braille, y con él, las personas ciegas, o mejor, personas en situación de discapacidad visual, pueden interactuar con sus pares en las mismas condiciones de creatividad e ingenio; y constituirse en verdaderos protagonistas de su historia y constructores de un destino que no desaparecerá en las brumas del tiempo, sin dejar huellas, que testifiquen su trascendencia o puerilidad. En efecto, el Lenguaje escrito se ofrece a través del Braille, y por el Braille, como una alternativa similar a la que las grafías o caracteres ofrecen a quienes cuentan con la capacidad de ver; hasta el punto de poder afirmarse que de la misma manera que por muchos adelantos tecnológicos que emerjan, la escritura en tinta no será reemplazada, Éste tampoco podrá serlo, en especial si se considera y se valora como un elemento esencial del interactuar cotidiano, liberador, y dinamizador de los múltiples procesos que entretejen la interculturalidad de los pueblos y las comunidades humanas.

Por todo lo anteriormente expuesto, es pertinente y necesario concluir este escrito afirmando, como le escuchara a una ilustre docente, que Louis Braille y su Alfabeto, se constituyen para las personas en situación de discapacidad visual, lo que Gútember y su imprenta fueron para la evolución de la escritura y el empoderamiento del Lenguaje escrito en el desarrollo de la civilización. Por consiguiente es indispensable, en este año en que se conmemora el Bicentenario del nacimiento de Louis Braille, reconocer lo trascendente y valioso de su aporte, y elevar una voz de admiración y profundo agradecimiento, tan poderosa y efectiva, que traspase las fronteras del tiempo y la eternidad, que se constituya en un verdadero testimonio de esta Generación a uno de los hombres que fue capaz de abrir caminos de Luz y de Esperanza para quienes antes de él, carecían de oportunidades reales para incursionar en el universo multicultural de los libros y el conocimiento.

 

“CUANDO EL AMOR SE ABRE AL AMOR, TODOS LOS MILAGROS SON POSIBLES, TODAS LAS ORACIONES SON ESCUCHADAS Y TODAS LAS BENDICIONES SON CONCEDIDAS”.

 

Autora: Lucy Manzano Zamorano. Santiago de Cali, Colombia.

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