FALACES PRESAGIOS

 

                   Es cierto, ya llevo mis buenos años vividos en este planeta y tengo presente que nunca cesó la difusión de conjeturas anunciando el “fin del mundo”. Cuando no lo pronosticaban la Biblia, eran las profecías chinas, las egipcias, predicciones de Nostradamus, Da Vinci, o cualquier otro culpable de turno.

Recuerdo que desde hace varios años comenzaron a advertirnos con malicia, que el uso de los aerosoles sería fatal. Nos amenazaban con los “agujeros en la capa de ozono”, ¡como si alguien entendiese de qué hablaban! Cualquier ser medianamente lógico como yo, no podía aceptar que un agujero invisible en el aire pudiese perjudicar a la humanidad. La siguieron organismos internacionales, convenciones mundiales y muchísimas instituciones amenazándonos en forma alarmante, con el tema de las contaminaciones en general y del “recalentamiento global”. Aseguraban que un par de grados más, descongelarían las masas de hielo de los polos, que provocarían enormes inundaciones, alteraciones en el clima y qué sé yo cuántas ridiculeces más.

Siempre estuve convencido que detrás de cada amenaza de ese tipo, existían intereses económicos de gran envergadura. Se referían al agotamiento del petróleo, despotricaban por la deforestación, la depredación de la pesca, protestaban por la caza de las ballenas y otras mil pavadas. Era evidente que intentaban aterrorizarnos con hipotéticas evaluaciones, sobre la necesidad de no usar los recursos naturales y elaborados para nuestro bienestar, como eran la energía eléctrica, calefacción, alimentos orgánicos y esas cosas tan elementales para vivir. Invocando factores tóxicos y no biodegradables, Llegaron a presionar sobre el uso del plástico, las pilas, las baterías y los materiales electrónicos… ¡Como si tuviésemos que volver a vivir igual que trogloditas!

Hoy podemos develar aquella verdad, la realidad de este mundo. Nada de esos presagios nefastos nos quitó la posibilidad de existir. Si bien hubo algunos cambios universales, los recursos se van renovando y siguen siendo infinitos. Por diversos y desconocidos motivos, los animales fueron mermando, hasta que un buen día desaparecieron en su totalidad. Jamás supimos por qué se fueron, ni adonde. En principio, los extrañábamos ya que de repente nos quedamos sin perros, gatos, caballos, pollos, cerdos, peces ni nada de nada… ¡Ni un mísero pajarito! Por supuesto que surgieron pesimistas que comenzaron a hablar sobre el legendario tema del “fin del mundo”. ¡Estúpido razonamiento!, si lo único que faltaban eran los animales, excepto las cucarachas, claro.

El mundo era totalmente para nosotros. Buscamos la forma de subsistir sin necesidad de andar matando animales para ello, como había sido costumbre durante miles de años. Fue así que nos propusimos recolectar o producir alimentos que fuesen sanos. No era cosa fácil, pues había que cambiar algunos hábitos. Hubo quienes se resistieron y mediante exploraciones minuciosas, hallaron dispersas madrigueras de ratas y muy pronto se las comieron en su totalidad. Otros recurrieron a las cucarachas, lo que parecía ser una fuente inagotable de alimentación, pero… un buen día descubrieron las propiedades nutritivas de sus huevos, los cuales preparaban hirviéndolos con gramilla o brotes de juncos, hasta que se agotaron por completo. Las circunstancias nos fueron adecuando a nuevos hábitos día a día. Gracias a unir la individual capacidad mental, lográbamos inteligentes razonamientos colectivos.

Sin darnos cuenta teníamos la solución en nuestras propias manos. Bien dicen que la naturaleza es sabia. Reaccionamos al valorar que nada era más fácil para el ser humano que procrear. Algo que equivale dedicarse a la siembra y luego de unos meses, ¡a cosechar! Este método resultó de lo más sencillo. Las criaturas son altamente nutritivas, de carne magra, muy tierna y más sabrosa que la del cerdo, pollo o cordero. Para algunas personas débiles de carácter y aisladas de la realidad, les pareció una solución inadmisible, brutal, y así se murieron de hambre. Aunque ya sabemos, como en todo los casos, siempre hay gente que se queja por el placer de quejarse y nada más.

Hoy hemos logrado una nueva y gran solución al problema mundial. Tenemos las cámaras frigoríficas abarrotadas de tiernas criaturas, listas para el consumo. Pero claro, ya andan los agoreros de siempre amenazando con el avance de una enfermedad que, a modo de epidemia, afecta y aniquila los úteros, productores de tan significativo elemento. No obstante, la vida continúa, y de acabarse este genial recurso, ya veremos si conviene reproducirlos “in Vitro” o qué sé yo, pero seguro que alguna cosa inventaremos. En la actualidad, el planeta tiene demasiada gente y venimos calculando que muchos hombres y mujeres son estériles, inútiles…Entonces, mediante una simple elaboración, podrían servir para saciar la apetencia global. Por fortuna el ser humano goza de razón. Somos muy inteligentes y es por ello que somos tan superiores a cualquier otra especie animal, ya sea terrenal o alienígena.

A esta altura de la vida no quedan dudas… Para sobrevivir y preservar la humanidad, solo hace falta poner oídos sordos a los falaces presagios, los que nos amenazan con los recursos naturales. Señoras y señores… No hay de qué preocuparse… ¡El “fin del mundo” no existe!

 

Autor: © Edgardo González. Buenos Aires, Argentina.

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