Érase una vez un hombre muy pobre que
vivía en el Aconcagua, el monte más alto de los Andes que se encuentra en Argentina.
Era un hombre de unos 85 años o también se le podría llamar un joven anciano.
Lo de joven venía porque a él le gustaba mucho caminar por las altas montañas.
Era un hombre casado pero su mujer con sus hijos y nietos se habían criado en
España por temas de guerra y de miseria. Él no llegó a conocer a sus seis
nietos porque cuando su mujer se fue a España tenía los 50 años.
Un
día le dijeron que había visto una mujer con su hija y sus seis nietos y él
pensaba que podía ser su mujer. Le dijeron que vivía en lo alto del monte
Aconcagua, que era el monte más alto de los Andes. Él no sabía en ese momento
qué hacer pero tenía claro que quería ver a su mujer, su hija y a sus seis nietos. Entonces intentó que
ellos bajaran pero no podían. Lo mejor que él podía hacer es subir a aquel alto
monte de los Andes. Un día por la mañana temprano el anciano decidió caminar a
aquella cima del monte. Era una caminata muy dura. El anciano no podía andar
bien, pues ya con la edad que tenía llevaba incluso un bastón para poderse
apoyar. Conoció a un gran grupo de jóvenes montañeros que también iban a subir
al Aconcagua.
Los
jóvenes, al subir unos diez kilómetros ya estaban cansados e incluso decían:
-¿Cómo hará el anciano para subir este
gran monte y estas enormes cuestas?
Él seguía subiéndolas y escalando con
unas enormes piedras cuando los jóvenes no podían más.
Ya
pasados los 30 kilómetros a la mitad de los jóvenes ya les faltaba el oxígeno y
se iban bajando poco a poco. El anciano seguía escalando y los otros jóvenes
diciendo que él no iba a poder más y que se iba a hacer daño en los huesos y
los músculos.
Ya
quedaba poco para llegar a la cima y ya quedaba sólo un Jove pero antes de
llegar a ella se bajó porque no podía más.
El anciano al final batió su record. Llegó
a la cima de la gran montaña y vio a su mujer, su hija y a sus seis nietos que
al fin lo conocieron. ´
Allí
se quedaron para el resto de su vida y comenzó a ser feliz en muy poco tiempo,
cuando anteriormente estaba triste y amargado durante casi treinta años porque
no podía ver a su mujer y él no se pudo ir a vivir a España.
Moraleja: el objetivo que te propongas
en esta vida lo puedes conseguir si lo trabajas. El objetivo es la mujer, la
hija y los seis nietos. El trabajo es el duro y difícil camino.
Autora: Laura Mejías. Sevilla
España.