Mi lente
“ARRÁNCAME LA VIDA”: A 23 AÑOS DE LA
NOVELA
En 1985, año del terremoto de la Ciudad de
México, Ángeles Mastreta conmocionó el mundo de las letras con su famosa
novela: “Arráncame la vida”, con un tema poco tocado en la literatura mexicana,
o rozado muy de pasadita: El de la consorte del Poder político. El papel de las
mujeres al lado de los hombres que se hacen del poder y que lo usufructúan de
manera funesta, y que en México es de magnitudes omnipotentes, cuasi-imperiales
y por demás despóticas.
Por otra parte, el cineasta Roberto
Sneider, realiza su segundo filme 15 años después de haber adaptado con cierto
talento la novela de Jorge Ibargüengoitia “Dos crímenes” (1993). Confieso que
Mi lente se ha sorprendido de saber que tardó 10 años en preparar la película
más costosa producida en México, se dice que fueron 65 millones de pesos. Y sorprende
porque, el resultado dista mucho de ser, como sucede en la novela, la disección
de un poder autoritario, una explicación teolologica de la corrupción política
tan vigente hoy como en los 30’s y una crónica puntual del autoritarismo y la
impunidad. Sneider transforma la historia de Catalina Ascencio en una
telenovela filmada en 35 mm y forzada a adoptar, de dientes para fuera, el
enfoque de la lucha de Género, digna batalla que libran las mujeres mexicanas
por el reconocimiento de sus derechos, en esta y otras épocas.
La novela sostenía una visión cabal y
coherente del clima social y político que prevalecía por aquel entonces.
Siempre imaginé, que fue el fruto de una indagación profundamente emotiva de la
historia, ahondada en la búsqueda de las raíces poblanas de Ángeles Mastreta y
su correspondencia con la identidad de una mujer mexicana y moderna de 1985,
que fue cuando la novela vio la luz. Ahora que sabemos de su participación en
la manufactura del guión cinematográfico, Mi lente y yo nos sentimos
desconcertados ante tantos desatinos y contradicciones. En primer término el
primer protagonista pasa a ser ¡El general Andrés Ascencio! Y la única
explicación que le encuentro es la falta de peso específico de la actriz
principal, Ana Claudia Talancon versus el peso pesado que resulta ser a su lado
Daniel Jiménez Cacho.
Errores de dirección –y de visión-
resultan en el estancamiento de los personajes. En la novela los protagonistas,
todos, van sufriendo profundas transformaciones morales. En la película solo se
puede apreciar el cambio económico.
Para Mi lente este es el resultado de
una omisión: desaparece, en el guión, la imprescindible anécdota del amor
incestuoso entre los dos medios hermanos, ambos hijos de Andrés Ascencio,
situación que Catalina resuelve en forma por demás “congruente y eficaz”. A 23
años de escritos tales atrevimientos, la escritora-guionista se retracta y el
director –quizá demasiado novel, solo dos películas- “la deja pasar”. O ¿le
tuvieron miedo? No hay razón por tales aprensiones, el cine de la posmodernidad
aborda con amplitud el tema. Pero además la tradición cinematográfica nunca lo
ha dejado fuera: Bergman, Truffaut, Polanski, etc. y me atrevería a decir que,
casi siempre, ilustran simbólicamente trasuntos del poder político. Dice el
dicho que: “Es de sabios cambiar de opinión” yo agregaría que “también lo es de
los vivales y oportunistas”.
Sin desilusión recuerdo, con entrañable
nostalgia el festejo en 1985, el nacimiento de una obra literaria sincera,
atrevida, magnífica y entrañable: “Arráncame la vida” de Ángeles Mastreta. La
película escribe su epitafio en la almibarada frase publicitaria que la
anuncia: “El corazón no se gobierna”, el que también podríamos cambiar por:
“Cómo cambiar, en 23 años, el contenido de una obra de arte…con ayuda de la
autora”.
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.