INTRODUCCION
Esta obra - base y fundamento del Racionalismo Cristiano -, no es para ser leida como un libro cualquiera y abandonada, cuando no olvidada, despues de su lectura.
Se trata de un trabajo serio de pesquisa y elucidación para estudio y consulta diaria, capaz de abrir nuevos horizontes al ser humano, con la amplitud de la vision panorámica que coloca delante de sus ojos perspectivas hasta ahora no imaginadas por él, que podrán contribuir para imprimir nueva orientación, nuevos rumbos a su vida, y hacer con que ella se modifique, a cada paso, para lo mejor, alcanzando un sentido más práctico, más amplio, más profundo, más objetivo, más seguro y auténtico.
Todos los seres humanos - no hay quien no lo reconozca - tienen necesidad de pautar sus actos por un regimen educacional estructurado en principios de elevada moral.
Por moral se entiende la conducta subordinada a normas que representen la más alta expresión de la espiritualidad ambiente, capaz de servir de padrón y ejemplo en el medio en que ellos viven.
Urge que cada uno cumpla su deber, haciendo la parte que le compete con la atención, los ojos y el alma dirigidos hacia el fin principal de la encarnación, que es el perfeccionamiento, la evolución espiritual - sin querer saber si los otros también lo están cumpliendo o nó.
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Vivir para la materia es la tendencia generalizada del espíritu, después que encarna. Esto, evidentemente, mientras no adquiera - a costa de duras pruebas y penosas experiencias, em innumerables encarnaciones, un cierto estado de conciencia de la vida, a que todos llegarán, más temprano o más tarde, por el desarrollo de la espiritualidad.
La humanidad, en el estado actual, puede ser clasificada en dos grandes clases: la de los espíritus ado-radores y la de los independientes, con divisiones que corresponden a la escala del progreso adquirido en el transcurso de sucesivas encarnaciones.
El grado medianero de la espiritualidad se encuen-tra en la faja de transición intermediaria que separa el campo dominado por la mentalidad adoratória, de aquél en que la personalidad se destaca por la firmeza del carácter, independencia de actitudes e insubordinacion a todo cuanto su conciencia esclarecida repudie.
Asi considerado el aspecto fundamental de la evolución del ser humano, fácil se torna divisar la linea intermedia de la espiritualidad que separa, simbólicamente, las dos categorías o dos campos, valorados por una escala de graduación ascendente, donde se registran, tornándose claras, las diferencias existentes entre los valores espirituales inferiores y los superiores.
Clasificados en la categoría inferior, están los salvajes - una de las primeras fases de la evolución en forma humana -, siguiéndoles los que se entregan a las prácticas extravagantes de adoración, dominados por ciego fanatismo.
En la faja de transición se confundem los espíritus encarnados - prisioneros aún de la idea subalterna de un dios protector y paternal, pero ya liberados de las cadenas más fuertes del fanatismo primario y embrutecedor -, con los que, rechazando las genuflexiones contemplativas y las actitudes adulatorias y serviles, procuran conducirse con rectitud y valor.
En los espiritus integrantes de la camada superior, refulgen las vocaciones idealistas, destacándose no solamente el alto interés que nutren por toda la humanidad, como asi también el dominio de las vibraciones producidas por los conflictos humanos, principalmente en la etapa final de la evolución terrena, en la que su espiritualidad se revela por arriba de la mentalidad comun existente en el planeta.
Encarnado o desencarnado, el ser siempre es un espíritu - partícula de la Inteligencia Universal - permaneciendo, cuando encarnado, sujeto a las contingencias de la vida terrena, algunas de las cuales escapan totalmente a su voluntad.
De ahí la necesidad de que sea enfrentado, con simpatia y elevación de sentimientos, al semejante que se encuentre en situación desfavorable en cualquier región del planeta, pues toda la humanidad constituye una única familia habitando, pasajeramente, este mundo, para realizar su progreso espiritual.
Humanización debe ser el lema comum, y cooperación, colaboración y confraternización representan los elementos capaces de destruir la animosidad entre los hombres.
El espíritu es un obrero que participa, con su esfuerzo, inteligencia y operosidad, de la evolución general. Trabaja él directamente para el conjunto, e indirectamente para si mismo. Esta aserción es verdadera, tanto en lo referente al encarnado, como al desencarnado. En el trabajo en cuerpo astral, el conjunto es el Universo; en la labor en cuerpo carnal, ese conjunto es, principalmente, la humanidad.
Por más agitadas que sean las conturbaciones terrenas, cúmplele al espíritu encarnado pensar con elevación y proceder con humanidad. En un mundo-escuela como lo es este planeta, no se puede recriminar al alum-no de primer año por no saber tanto como el de quinto.
Los que aquí cursan aprendizaje, por perteneceren a la más variada graduación espiritual, accionan, bajo un estado correspondiente a sun grado de evolución, y no pueden ir más allá de sus posibilidades.
Están, pues, equivocados los que se juzgan perfectos en materia de espiritualidad, como acontece con muchos religiosos.
A los que viven realmente impregnados de ideas de santidad, es dificil hacerles conciliar esas ideas con la clasificación de las diversas categorías espiritua!es indicadas en esta obra.
Sin embargo, de nada les valdrá cerrar los ojos a la verdad, porque a costa de nuevas encarnaciones, de largas y reiteradas meditaciones, de estudio, de sufrimiento, de trabajo y experiencias, tendrán que conquistar los grados de espiritualidad que le estuvieren faltando para alcanzar el conocimiento de la realidad, mediante la fuerza de convicción resultante de la evidencia de los hechos.
Espiritualidad e intelectualidad son facultades diferentes que el ser humano las perfecciona, independientemente una de la otra, pudiendo avanzar su desarrollo más en una de que en la otra, en el curso de cada encarnación. Ambas son indispensables para la evolución del espíritu, por lo que tendrán que ser conquistadas con esfuerzo y determinación.
El desarrollo espiritual y el intelectual, obedecen a una complejidad de aptitudes, de conocimientos, de experiencias, de ejercicios y soluciones que el espíritu solo puede obtener encarnando muchas y muchas veces en diferentes lugares.
Todos saben que los pueblos difieren los unos de los otros, hasta mismo de región para región. Esa diferencia es más pronunciada de un país a otro, donde se verifican hábitos, costumbres, gustos, inclinaciones y temperamentos bastantes desiguales.
En cada uno de esos conglomerados humanos, el espíritu pasa a disponer de ciertas y determinadas condiciones para desarrollar facultades que percibe encontrarse atrasadas con relación a la evolución ya conquistada en otras.
Todos los hechos que parecen incomprensibles, cuando ocurridos en una región del globo, donde las tendencias no son las mismas, tienen explicación natural, por obedecer al plan general de la evolución y estaren encuadrados en las leyes de la relatividad.
Ningun individuo posee solamente defectos o cualidades. Ambos atributos hacen parte de su personalidad moral. En la lucha que emprende, intenciona reducir los defectos y aumentar las cualidades, desde el momento cuando comienza a despertar para el lado evolutivo de la vida.
Asi como la suma de individuos representa un pueblo, su formación moral indica el resultado parcelado de las cualidades y defectos de ese mismo agrupamiento social. Por asi serlo es que cada uno da su mayor o menor contribución para la variación del nivel moral del pueblo, en cuyo medio deliberó encarnar.
La evolución del espíritu es el resultado de su esfuerzo, de su voluntad, de sus aspiraciones de progresar. Sin embargo, en ella ocurren frecuentes pausas debidas a la intolerancia y al comodismo del espíritu encarnado, principalmente si él no se viere muy asediado por las dificultades.
Pero cuando las atribulaciones vienen y no dejan, de venir para sacudir, para despertar - ahí, si, el indolente se siente perplejo, aturdido por la incertidumbre que constata en el vacío por él mismo creado en el interior de su existencia.
Llegando a este punto, el lector estará interesado en saber que es lo que aconseja el Racionalismo Cristiano.
Su interés será ampliamente atendido en las páginas que siguen a continuación, en las que habrá de ver, pormenorizadamente ecuacionados, los problemas de la vida, en un lenguaje franco, sencillo, natural y objetivo, como corresponde a la verdad, y sentirá, a través de cada palabra, de cada línea, de cada capítulo, de cada página, el calor del mensaje que el Racionalismo Cristiano dirige a toda la humanidad, con lo que contribuye, conscientemente, para que haya paz entre los hombres y el mundo se torne fraterno y espiritualizado.