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Es media tarde de un lunes y a las puertas del edificio donde se emite
Operación Triunfo, cientos de personas hacen cola para ver a las nuevas
estrellas de la música española. Nuestra cámara enciende el foco y en
tan sólo unos segundos la fiesta está montada. Dieciséis nombres, 16
personas, anónimas hasta hace 4 meses, son las culpables de este
alboroto. Muchos de los que hacen cola nunca entrarán al plató, pero su
consuelo es ver bajar del autobús a los concursantes que cantarán esa
noche en la gala. Tanta espera para 20 segundos. Bajan, andan 10 metros y
adiós. Para muchos esa fugaz imagen es impagable.
Los
concursantes han conseguido conquistar los corazones del público,
monopolizar los primeros puestos en las listas de ventas de discos y
reventar los índices de audiencia en las televisiones. “Algún sociólogo
debería analizar cuándo un programa deja de serlo para convertirse en un
fenómeno de masas”, dice Josep María Mainat, directivo de Gestmusic y
uno de los creadores de Operación Triunfo.
Las normas de la tele. Prohibido saludar a mamá
Son las 9 de la noche y ya estamos dentro del plató. Queda más de una
hora para que los chicos salgan al escenario. Ahora no tenemos cámara y
somos un espectador más. Un animador se encarga de entretener y controlar
al público. Entre broma y broma, unas cuantas advertencias que nunca
vienen mal: aunque te encante David Bisbal, no puedes gritarle “guapo,
guapo” cuando te lo pida el cuerpo porque en determinados momentos eso
queda muy mal; y aunque te encantaría llevarte un recuerdo de la gala,
las fotos están prohibidas; y aunque quieras enviarle un mensaje a tu
novia que no ha podido venir, tienes que apagar el móvil; y aunque
quieras aplaudir cuando la emoción te desborda, sólo puedes hacerlo
cuando aquel señor, que lleva unos cascos y que habla con todo el mundo,
te lo diga.
Si a
alguien le entra un apretón, los de la grada de la derecha tienen que ir
al baño por aquel pasillo, y en la parte izquierda: las mujeres por ahí
y los hombres para allá. Como aquí nada es evidente, toma nota para no
quedar mal: no puedes decirle a toda España que estás en Operación
Triunfo. Prohibido saludar a mamá. Demasiadas normas para las casi 400
personas que asisten a la gala en directo.
Tigres,
leones... un punto para la señorita
Apuramos los últimos momentos con un concurso entre las dos gradas del
plató. No hay premio, pero sí buen rollo. Hay que cantar una canción y
qué mejor momento para demostrar que te sabes de memoria la canción
estrella del programa. La voluntaria no afina demasiado, pero se lleva un
punto. Peor lo hace la contrincante de la grada de enfrente aunque en una
segunda intentona también lleva un punto. El colofón del show llega
cuando Ángel, uno de los profesores con más tirón entre el público, se
asoma el plató. No hay tiempo para nada más: en las pantallas gigantes
del plató aparecen imágenes en directo de La Primera de TVE. Silencio.
5, 4, 3, 2, 1... ¡Dentro!
Estamos
en el aire. Formas parte del espectáculo
Aparece en escena Carlos Lozano y se lleva los primeros aplausos de la
noche. El presentador sabe que el público quiere ver a los verdaderos
protagonistas de la noche y va al grano. Aquí están Rosa, Chenoa, David
Bisbal, Manu, Bustamante, Verónica y Nuria. El plató se viene abajo y se
ven los primeros flashes de las cámaras. ¿Pero no habíamos dicho que
estaba prohibido hacer fotos? Sí, pero no todos los días estás a cinco
metros de tus ídolos.
AH! Una
última advertencia: aunque te dé vergüenza levantarte, aplaudir y
gritar, tienes que hacerlo. “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”.
Aplícate el cuento y disfruta: formas parte del espectáculo.

Como siempre ocurre, por la tele todo se ve más espectacular y las
personas siempre salen un poco más gordas. Sí, sí, Rosa, aunque ha
perdido kilos, está más delgada que cuando sale en la tele. “Estás
guapísima”, dicen las tías de Rosa, sentadas delante de nosotros,
cuando su sobrina pasa por la plataforma. Apuran sus últimas lágrimas
mientras saludan a la concursante.
También
están en el plató los padres de Bustamante. Carlos Lozano dice que su
hijo es el último finalista y mientras Bustamante gesticula, llora, se
tira al suelo y se abraza con Nuria, sus padres contienen la emoción.
La
audiencia de TVE debe estar subiendo como la espuma. Descanso. Antes de
que nos demos cuenta de que “estamos fuera”, los concursantes han
desaparecido del mapa. Una persona de Producción se encarga de alejarles
de la vista del público, así que nos quedamos con las ganas de saber cómo
son detrás de las cámaras.
Fin
de la fiesta. Esperamos que lo hayan pasado bien
Y partir de aquí, la historia se repite una y otra vez. Los concursantes
cantan, el público se vuelve loco y el regidor se desespera con las fotos
y los aplausos inoportunos. Fin de la fiesta. Gracias a todos por venir,
salgan por aquel pasillo, aunque alguno no hace caso y se cuela para ver a
los concursantes. Mala suerte, en cuestión de minutos, los participantes
han subido al autobús y están camino de la Academia.
Primer
objetivo cumplido. Conseguimos un taxi y vamos al hotel. En unas horas
tenemos una cita con Nuria, la última expulsada, y con el resto de ex
concursantes en la Otra Academia.
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