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Historia de la matemática |
| Historia
de la Matemática
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El
presente trabajo considera el sistema numérico empleado por la nación
charrúa y sus características. Se procura organizar información
existente e investigaciones disponibles sobre el tema. Se compara y
discute su evolución y su vinculación con los de otras naciones aborígenes.
Se plantean dudas, y preguntas. Siendo los logros matemáticos
inseparables de su universo cultural, se esquematiza y discute este último,
su relación con el habitat en que transcurrieron, el proceso de
conquista, deculturación
y posterior extinción de la referida nación aborigen. 1)
Justificación. Puede
considerarse al desarrollo del conocimiento como un proceso de apropiación
de la naturaleza. La realidad natural se transforma en una realidad
humanizada en función de las distintas necesidades del hombre y en esa
tranformación se genera conocimiento. Para que el proceso se cumpla debe
existir un primer “reconocimiento” del objeto natural para luego
insertarlo en la lógica de la actividad humana. Su consecuencia es una
divergencia cada vez mayor entre el procesamiento del conocimiento
cotidiano y las sucesivas elaboraciones conceptuales que se traduce en
abstracciones cada vez más complejas. Estos procesos no suelen producirse
en secuencia lineal porque están fuertemente condicionados por
inevitables dinámicas históricas y sociales propias de cada pueblo, de
cada sociedad. La
Matemática representa una gran aventura del conocimiento. En ese carácter
se vincula con toda otra creación humana y acompaña la historia de cada
pueblo donde contribuye a la interpretación de su realidad. La valoración
del acervo conservado enriquece en cuanto supone el acceso a una tierra
roturable llena de interrogantes y promesas
de fecundidad. El
breve trabajo que sigue procura una aproximación más al estudio de un
conocimiento y al de quienes lo construyeron: Los Charrúas. Sin duda y a
pesar de la minuciosa tarea de los investigadores, queda mucho por
dilucidar, más, en un momento en que la sociedad, para escapar del
estatus de anónima homogeneidad impuesto a escala planetaria por el
consumismo y la masificación, recurre a sus raíces en busca de los elementos que hacen a
la construcción de la identidad
nacional. 2)
Breve Noticia sobre los Charrúas. Mucho
se ha escrito sobre los charrúas. Su herencia forma parte de la mística
nacional a pesar de una relativa escasez de información respecto a orígenes,
cultura, arribo al territorio de la Banda Oriental, etc. Están
documentadas, en cambio, su bravura, su resistencia al colonizador y al
invasor, su adhesión a Artigas en las guerras de independencia, algunas
características físicas, algo de su organización social, su economía
cazadora recolectora -al menos en tiempos de la conquista- y algunos
detalles culturales y antropométricos obtenidos especialmente a partir de
las descripciones de Azara, de D’Orbigny, de Larrañaga(1), y
lo anotado del grupo de cuatro aborígenes presumiblemente charrúas(2)
llevados por de Curel a París en 1832. Se conserva también un conjunto
de palabras de su lengua, alrededor de 70(3), aunque se ignora
su estructura gramatical y recogidas por criollos, fueron transcriptas con
la equivalencia fonética española supuesta por quienes las recogieron.
Entre esas palabras, los nombres de los números del uno al diez. Se
admite que la numeración surge en los pueblos por la necesidad de
enumerar, como la medida por la necesidad de medir y cada uno de los
saberes que hacen a la tecnología, para cubrir los diferentes
requerimientos que surgen en el transcurrir del proceso de crecimiento
cultural. No
fueron los charrúas ni los primeros ni los únicos ocupantes del
territorio de la luego llamada Banda Oriental. Se señalan otras culturas
anteriores y contemporáneas a los charrúas, con la salvedad de que los
primeros cronistas(4) no eran indígenas ni antropólogos y
muchas veces desfiguraron y exageraron en sus relatos, cuando no se
limitaron a transcribir los ajenos. Esas crónicas y la investigación
posterior, mencionan como contemporáneos, también según la fuente, a
minuanes, yaros, bohanes, güenoas o guenoas, chanás o chanaes,
arachanes, mbeguaes, guayanás, unos más y otros menos o nada,
emparentados con los charrúas. Tampoco puede olvidarse a los guaraníes
que se introducían desde el norte, a los movimientos de pueblos, por
imposición o nomadismo, y el proceso de mestización cultural
–aculturación- descontrolada resultante del contacto con europeos. Muy
especialmente por la actividad de las
“Misiones” confiadas a religiosos -franciscanos, jesuitas,
dominicos- para la conversión de los “infieles” a la fe cristiana.
Según opinión corriente en la época(5), esos aborígenes
infieles eran “animales de primera clase”, “parecidos” al humano y
así se los tuvo durante siglos. Aún se mantenía esa opinión en pleno
siglo XIX, pese a la actitud mesurada de quienes denunciaron el implícito
racismo. Muchos
autores reconocen una macroetnia charrúa, constituida por los mismos
charrúas, bohanes, minuanes, guenoas y chanáes, supuestamente mezclados
estos últimos, con mbeguaes, aunque la aludida confusión de los
cronistas, que incluye los nombres de las naciones, y la final integración
de las pocas partidas sobrevivientes,
hace muy relativa su identificación. Desde
un punto de vista lingüístico, conforme a los elementos que se poseen,
algunos autores ha incluido al Charrúa como subgrupo de un grupo mayor:
el grupo Macro Pano, más por afinidades que por semejanzas léxicas. Este
grupo incluye también como subgrupos al Guaicurú - Mataco, al Lule –
Vilela y al Pano propiamente dicho, y no aparece exactamente superpuesto
al área pampeana extendiéndose por ejemplo, a pueblos asentados en el
Chaco y Tucumán. Dentro del subgrupo Charrúa distinguen el “Bohar
Charrúa” de la Banda Oriental, el “Chaná o Chané” (según algunos
autores no son los mismos) y el “Güenoa”, estos últimos asignados a
la Argentina. No obstante muchos cronistas y estudiosos describen a estas
parcialidades en la Banda Oriental, particularmente los chanaes con los
que se funda la primera población: Santo Domingo de Soriano, luego que
los charrúas abandonaran una reducción anterior intentada en la misma
ubicación(8). En
la primera mitad del siglo XIX, después de la constitución del estado
uruguayo, la macroetnia charrúa sucumbe finalmente a la deculturación,
al fraccionamiento paulatino de las tierras de caza y recolección, a la
introducción de enfermedades infecto contagiosas como la viruela y y el
sarampión, a la intervención agresiva de otras naciones indígenas, a la
guerra despiadada de europeos y criollos, y desaparecido Artigas del
escenario político rioplatense, al ataque de las fuerzas gubernistas, que
en términos étnicos y especialmente culturales fue equivalente al
exterminio. Entremezclados y muchas veces ocultos, los sobrevivientes
permanecieron detrás de nombres y apellidos hispánicos, refugiados en
casas o estancias de amigos o en el “monte sucio”, o emigraron en busca de tierras y gentes más
hospitalarias(9). 3)
El Hombre y el Pensar Numérico. Evolución
Primaria del Pensamiento Matemático.
La evolución del conocimiento matemático debe buscarse en la
resultante del hombre como especie paulatinamente capaz de reunir
experiencia y abstraer, y las muy condicionantes dinámicas propias de la
evolución de cada sociedad. En ese sentido es probable que haya sido el
propio cuerpo humano el instrumento y la referencia para los procesos de
inserción de la experiencia dentro de la lógica y de la generación de
conocimiento. No es menor el hecho de que el humano, por primera vez en la
evolución, se haya hecho capaz de trasmitir información sistemáticamente
por vía distinta a la genética, ya desde ese estadio evolutivo en que
dedicó casi todo su esfuerzo a las funciones primarias de sobrevivencia:
caza, pesca, recolección, reproducción y defensa, y adaptación o
fabricación de útiles y armas para mejorar su desempeño. Es de presumir
que ese momento se corresponde con el surgimiento de las nociones matemáticas,
primero del contar, de número como consecuencia del contar y relacionar,
y de medir luego, y que el propio cuerpo haya sido el elemento
relacionante para realizar esas actividades de interpretación matemática
de la realidad. Muchas de las referencias corporales surgidas en culturas
sin relación entre sí han sobrevivido. Contar con los dedos, medir por
pulgadas, cuartas, pies, brazas, pasos, codos,
etc., parecen residir
en la memoria genética de la humanidad en su conjunto. El
Contar. Importa
analizar esta importante operación que es contar. Contar significa
establecer una relación entre dos colecciones de objetos de tal modo que
a cada objeto de una colección, le corresponda uno de la otra colección. Al
contar -con los dedos, con objetos, con números- se aparean dos
conjuntos. A cada elemento de un conjunto se le asigna un elemento homólogo
del otro conjunto. Cuando alguien decide doblar un dedo o apartar una
pequeña piedra por cada venado que encontró junto al arroyo, establece
una aplicación. Elige un dedo por cada venado. Es decir que a cada venado
hace corresponder un dedo, lo que se puede resumir así: Venado
è
Meñique Venado
è
Anular Venado
è
Mayor Venado
è
Indice
Se ha producido una aplicación de un conjunto de venados en un
conjunto de dedos. Cada dedo es la imagen de un venado. No es lo mismo que
elegir un venado por cada dedo porque las aplicaciones tienen sentido. Supóngase
que se desea cambiar el sentido de la aplicación. Es decir que el
conjunto de dedos se aplique al conjunto de venados. Aparece una
dificultad: no se ha tenido en consideración al pulgar porque no había
tanto venados como para usarlo. Por esa razón, si se trata de aplicar el
conjunto de dedos de la mano al conjunto de venados, no es posible porque
el pulgar no tendrá un venado que sea su imagen y por tanto no es una
aplicación. De modo que se deberá proponer otro conjunto de dedos de la
mano sin el pulgar. Son dos conjuntos diferentes aunque el primero incluye
al segundo. Para este último conjunto es posible cambiar el sentido de la
aplicación y que a cada dedo corresponda un venado: Meñique
è
Venado Anular
è
Venado Mayor
è
Venado Índice
è
Venado Resulta entonces que cada venado es
imagen de un dedo, lo que si se relaciona con el razonamiento anterior
implica que cada conjunto es imagen del otro, el diagrama admite dos
sentidos y la relación se ha hecho intercambiable. A cada venado
corresponde un dedo y a cada dedo corresponde un venado: Venado çè Meñique Venado
çè
Anular Venado
çè
Mayor Venado
çè
Índice A
esto se llama una correspondencia biunívoca o biyectiva y esos conjuntos
tienen el mismo número de elementos. Por eso es que se puede representar
el conjunto de venados que estaban junto al arroyo mediante un conjunto de
dedos o de piedras o de marcas en la tierra. ¿Qué tienen de igual esos
conjuntos? Su cardinal. Quien
cuenta establece una primera relación aritmética que luego permite,
dentro de los naturales, internarse en la realización de operaciones.
Efectivamente una suma puede realizarse contando conjuntos uno a
continuación de otro y una resta quitando a un conjunto los elementos que
se correspondan con los del sustraendo. Y en fin, una división,
repartiendo por conteo los elementos de un conjunto para formar tantos
conjuntos como los que indica el divisor. Estos fueron recursos utilizados
aún por los abacistas en la Edad Media cuando Europa discutía si se debían
adoptar los nuevos métodos de cálculo que habían traído consigo los árabes. Un
importante paso adelante supone tener ya una multitud de esas experiencias
y asignar no ya un objeto, sino un número a cada venado y decir uno, dos,
tres, cuatro venados y entender que el último es el cardinal del conjunto
de venados. Este es un modo más sofisticado de contar. La aplicación se
establece con un conjunto cuyos elementos no son objetivos. Se hace
necesario comprender la relación de ese concepto de cuatro con el de los
números que le anteceden (o siguen). Cuando
se toman cuatro piedras, cuatro palitos o cuatro dedos, cada uno de esos
conjuntos que es posible poner en correspondencia biunívoca con la clase
cuatro, asume la función de representar concretamente una idea abstracta,
un concepto –el cardinal del conjunto- independiente de su representación,
que es el número cuatro. Ese nombre, cuatro, es sólo eso, un nombre con
el que los hablantes de una lengua designan al concepto del número al que
se refieren. Así, cuatro puede tener una representación escrita,
diferente del nombre, que luego de la adopción de la numeración arábiga
y su correspondiente evolución es el simbolo “4”.
Esto parece demasiado simple como para destacarlo, pero cuando se aprende
una segunda lengua, lo primero que se advierte es que han cambiado los
nombres de los conceptos ya adquiridos, entre ellos los de los números, y
cuatro, no obstante se refiera al mismo concepto, pasa a ser, por ejemplo,
“four”. De la misma manera,
puede encontrarse en los capítulos de un libro o en aquel viejo reloj de
pie la forma romana “IV” -ó
“IIII”- como representación
escrita de cuatro. De manera que lo general es el concepto de la clase
cuatro, que se designa o representa diversamente. Nombre y símbolo
pertenecen a un entramado de códigos culturales construido en la
interacción cotidiana que es propio de cada pueblo. De ahí la
diversidad. En
la historia de la humanidad, la adquisición del concepto de número no es
inmediata. No puede serlo porque es una abstracción, y las abstracciones
responden a generalizaciones y evoluciones con base multiexperiencial.
Algo que se ha anotado con respecto a pueblos muy primitivos es la
distinción prenumérica cualitativa entre lo singular y lo plural,
“uno” y “muchos”, sin que para “muchos” se hagan más
precisiones. Posteriormente aparecen los dígitos, de “dígito”, dedo.
Es decir, aquellos números que es posible contar con los dedos. Muchos
exploradores del siglo XIX y aún del XX se sorprendieron al encontrar
pueblos en etapas de construcción numérica donde lo cualitativo
comenzaba a dar paso a lo cuantitativo, por ejemplo “uno”, “dos”,
“muchos”. Formación
del Sistema Numérico. Base del Sistema. Hablar
de base de un sistema numérico significa en lo previo, haber
establecido que cada número resulta de agregar la unidad al
antecendente y en esencia reconocer que los números para contar son
muchos y que es menester simplificar el conteo mediante un convenio que
permita la repetición de algunos números. Eso equivale a acordar que
cuando se acabaron los dedos de la mano para contar los venados o lo que
se quiera, se tiene una mano entera y que luego los números que siguen
pueden ser designados como una mano más un dedo, dos dedos, etc. Este
recurso facilita el objetivar. Si se está contando con el auxilio de
palitos, puede convenirse que uno mayor o de color diferente representa
una cierta cantidad de los palitos originales. Entonces se obtiene por la
equivalencia convenida una forma más rápida y eficiente de contar. A esa
equivalencia convenida se la llama base del sistema porque un número
determinado de palitos ha de ser canjeado por el que los representa. Se ha
creado una unidad del orden superior. Si se eligió, por ejemplo,
reemplazar 8 palitos verdes por uno seco, al contar es posible substituir
y decir que se tiene un palito seco y seis verdes y entender que equivalen
a 14 verdes. De allí a establecer consuetudinariamente la nueva
representación y dar nombre a los números conforme a la base, queda un
paso pequeño que pronto se transita, y luego se puede convenir que ocho
palos secos se equivalen a otro, por ejemplo pintado de rojo y se
consolida el sistema. Con la salvedad de que “pronto”, en términos
evolutivos, puede llevar siglos... Dada
la coincidencia en bases menores se podría pensar que los pueblos
primitivos prefieren contar con menos números, probablemente porque no
tienen conjuntos muy grandes para contar y porque siempre queda el ya
usado recurso de “muchos” para cuando se supera un tope cualquiera del
naciente sistema numérico(10). Por otra parte, el proceso de
formación de estructuras, bastante incompleto, hace muy difícil la
percepción simultánea de conjuntos de más de tres, cuatro o cinco
elementos –esto se observa
muy bien en el juego del dominó- y un primer dominio del esquema corporal
-sólo las manos- no ayuda a representarlos. Así muchos pueblos paleolíticos
han desarrollado sistemas numéricos binarios, que nada tienen que ver con
la necesidad de emplear esa naciente aritmética en ordenadores. Definida la base, la estructura de los nombres para los números puede seguir varias formas que por lo general se agrupan en tres: ·
Una
forma aditiva-substractiva. Consiste
en agregar a la unidad de orden superior definida, las unidades de orden
inferior que resten. Si se ha definido la unidad de orden superior mano,
equivalente a 5 dedos, los números siguientes a mano
serán: mano y un dedo, mano
y dos dedos, etc, hasta mano
y cuatro dedos, el siguiente será dos
manos y luego dos manos
y un dedo. Al dar un paso más en el proceso de abstracción y por
implícito el sustantivo dedo, se tendrá mano y uno,
mano y dos, etc. Podría adoptarse también la forma uno
y mano en vez de mano y uno.
Es decir, poner últimas las unidades de orden superior. En alemán, luego
del veinte (swanzig) se sigue con “eins und swanzig” (literalmente uno
y veinte). Otra posibilidad que se abre es la yuxtaposición. Eliminar la
conjunción “y” y contar mano
uno, mano dos, mano tres, etc. Muchas lenguas primitivas usan pocos conectivos lo
que tiende a la yuxtaposición. También aunque no tan frecuentes, se
encuentran formas que expresan una diferencia. “Five to twelve”
(“cinco para las doce”) se usa para expresar 11:55. “Dos menos
diez” es aceptado para 13:50,
“XL” es la escritura numérica romana para cuarenta. ·
Una
forma multiplicativa. Esta forma
consiste en designar a un número por medio del producto de otros dos.
Siguiendo el ejemplo anterior se podría introducir por ejemplo la expresión
doble dos
para significar cuatro y así decir mano
doble dos para significar
mano y cuatro. · Una forma mixta. Un sistema puede adoptar de preferencia la forma aditiva e introducir formas multiplicativas. En francés el sistema es habitualmente aditivo, no obstante aparece la denominación de tipo multiplicativo “quatre-vingts” (literalmente cuatro-veinte) para designar al ochenta que puede llegar a ser multiplicativo aditiva como “quatre-vingt-dix-huit” (cuatro–veinte-dieciocho) para el noventa y ocho, formas que han sido reconocidas además como vestigio de una primitiva base veinte (manos y pies).
4)
Cuadro Comparativo de la Numeración entre Charrúas y otros grupos
afines.
Referencias: Charrúa
1: Versión tomada del Sargento Benito Silva por el Dr. Teodoro M.
Vilardebó (XI de 1842) Charrúa
2: Versión recogida a una “china” del oficial Manuel Arias también
por el Dr. Vilardebó (1841). Ambas reproducidas por: Gomez
Haedo, Juan Carlos. “Un Vocabulario Charrúa Desconocido”. Chaná
y Guenoa Versiones tomadas de: Canals
Frau, Salvador. “Poblaciones Indígenas de la Argentina” Ibarra
Grasso, Dick. “Lenguas Indígenas Sudamericanas” b)
Algunas Observaciones:
De
estas denominaciones se puede concluir algún detalle sobre la construcción
de expresiones con referencia numérica concreta. Si se supone a “sam”
y a “detí” como numerales, se está anteponiendo el sustantivo al
numeral (boleadora dos, boleadora tres). Si se asigna también a “sam”
y a “detí” el significado de doble y triple, entonces se está ante
el uso de las mismas palabras con carácter de numeral y de partitivo. 1.-La
palabra chaná utilizada para denominación de diez es una composición entre una palabra chaná “mar”
equivalente a muchos y la hispánica “diez” que opera en notorio préstamo
lingüístico. Esos préstamos fueron relativamente comunes en cuanto a
numeración se refiere en varios pueblos amerindios. También en cuanto a
componer lo adoptado con una palabra de la lengua de quienes lo adoptan(11)
usada como afijo. a)
Una advertencia.
Establecer conclusiones con escasez de información configura un
pecado si bien común, no por ello perdonable. Las ideas que a esta altura
se aventuran deben leerse con prevención de precariedad. A medida que
pasa el tiempo se hace más difícil la aparición de una “piedra de
Roseta” salvadora que descifrada por algún émulo de Champollion,
aclare, así sea parte de lo que se ignora respecto a la cultura
construida por esta nación aborigen que debe darse lamentablemente por
extinguida. De por sí muy difícil porque los charrúas no poseían la
escritura como para componer un registro propio. De modo que es posible
que falten para siempre las muy necesarias pruebas para sostener algo con
fundamentos irrebatibles. No obstante, se pueden intentar aproximaciones
con lo que se sabe, más la comparación con lo que se ha investigado de
ella y de otras muy próximas y, con las debidas reservas, las grandes líneas
evolutivas del hombre. Conviene recordar entonces:
c)
Respecto a la numeración en sí:
Referencias: En
la versión en lengua Charrúa, se registran las variaciones
correspondientes a lo anotado para el Chaná y el Güenoa para ampliar la
comparación. Se incluye la numeración en lengua Guaná, por algunos
considerada como de origen Arawak, para permitir más comparaciones.. En
los casos del Lule-Vilela y del Arawak, que son en sí troncos lingüísticos
con muchas variedades locales se ha preferido lo que se identificaba con
esos nombres dentro de cada tronco. No se han obtenido todas las
equivalencias por lo que se consideran datos primarios. Se
han utilizado las versiones de: Canals
Frau, Salvador. “Poblaciones Indígenas de la Argentina” Ibarra
Grasso, Dick, “Lenguas Indígenas Sudamericanas” link http;//geocities.com/indianlanguages-2000/ Observaciones:
Desde
su inicio, este trabajo ha tenido como propósito buscar concordancias y
remover ideas que muchas veces parecen circunscriptas a estantes de
bibliotecas y tertulias académicas. Valga como homenaje a esa nación tan
próxima a veces al misterio, que, como diría Vidart, salteando los ojos
azules y el pelo rubio herencia de los abuelos españoles o italianos, ha
resultado elegida como referencia importante de la identidad nacional. El
autor considera una interesante experiencia didáctica jugar con este
sistema de numeración y observar sus características al explicar en
clase las del sistema decimal. Este modesto aporte ha de ser positivo si
sirve a esa experiencia o a excitar la curiosidad y el deseo de investigar
que es una de las grandes satisfacciones del espíritu humano. Más, si
alguno de los bondadosos lectores le hace llegar inquietudes, ideas,
resultados. *CONCEPTOS
CLAVE: Sistema
numérico, numeración, número, base del sistema numérico, biunívoca,
biyectiva, aplicación, imagen, aditivo, multiplicativo, cardinal,
numeral, partitivo. (1)
Félix de Azara: militar, marino, geógrafo y sabio español. (1742 -
1821). Fue comisionado por la Corona española para establecer los límites
hispano – portugueses en América del Sur. Pasó 20 años haciendo
relevamientos y estudios en el Virreinato del Río de la Plata. En su
permanencia en la Banda Oriental fue acompañado por dos oficiales del
cuerpo de Blandengues, Uno de ellos José Artigas. Muchos autores destacan
la importancia que en la formación del Protector puede haber tenido ese vínculo
con Azara. Alcides D’Orbigny: naturalista francés (1802 – 1857).
Visitó Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú y el Uruguay.
Realizó estudios zoológicos y botánicos en las costas de la Laguna del
Sauce. En su recuerdo un ofidio del género Lystrophis lleva su nombre (L.
dorbignyi). También tomó algunas medidas antropométricas a charrúas. A
su regreso a Francia publicó una obra: “El Hombre Americano” donde
establecía algunos rasgos diferenciales entre las distintas etnias
estudiadas y resaltaba la capacidad intelectual de los amerindios. El P. Dámaso
Antonio Larrañaga (1771-1848), amén de sus funciones sacerdotales, en
las que fue promovido a la
dignidad de Vicario Apostólico (equivalente a Obispo), fue cabildante,
participó en la redacción de las “Instrucciones del año XIII” y
fundó la primera Biblioteca Pública (1816),
la que dirigió honorariamente, Fue también un destacado hombre de
ciencia, se ocupó de Botánica, Zoología, Paleontología, Agricultura,
Geología, dejando numerosos manuscritos y manteniendo correspondencia con
sabios de la época. También realizó descripciones bastante precisas de
varios grupos, charrúas, minuanes. Compiló pese a grandes dificultades
un manual de lengua chaná y un vocabulario, este último actualmente
perdido. (2)
Hay autores que señalan que del grupo sólo serían charrúas Vaimaca Pirú
o Perú y Senaqué, Guyunusa sería minuán y Tacuabé o Tacuavé, hijo de
padres guaraníes. Francisco de Curel, entonces director del Colegio
Oriental de Montevideo, ofreció llevarlos a París, siempre que dieran su
consentimiento para el viaje, por exigencia de la ley francesa, “para
realizar estudios antropológicos” En realidad para exhibirlos, casi
como bestias. No existe información de ese consentimiento, pero el
gobierno uruguayo de la época deseaba desembarazarse de los charrúas a
quienes había atacado y destrozado en varias acciones militares, la última
Salsipuedes, con una ética muy discutible si se considera que habían
sido aliados de Artigas en las guerras de Independencia. (3)
Esa recopilación, mayormente realizada por Vilardebó [ver (7)]
y estudiada en 1937 por Gómez Haedo, configura un intento generoso pero
tardío de salvar algo del patrimonio cultural de una nación que se
extinguía. Se ha sugerido que el charrúa era utilizado sólo entre
ellos, y que se comunicaban con extraños usando el guaraní. Se ha señalado
también que la palabra “charrúa” no pertenecería a su lengua y sería
una forma despectiva de referirse al grupo, y que a sí mismos se llamaban
“chonik”, voz de origen
tehuelche que significa “hombre”, “los hombres” o “nosotros los
hombres”. Existió una nación chonik a la que se la ubica en el sur
argentino. Magallanes los llamó “patagones”. (4)
Los primeros
cronistas fueron oficiales o tripulantes de las naves que España y/o
Portugal enviaban a la empresa del Descubrimiento. Posteriormente, los
religiosos enviados a realizar la “conversión de los infieles”, algún
militar asignado a la conquista o alguno de los colonizadores. (5) De nada valió que el propio Papa Pablo III, bajo la
influencia de misioneros como el P. Bartolomé de las Casas y quizás
motivado también por la posibilidad de expansión de la Iglesia,
caracterizara a los indígenas como “seres humanos dotados de alma y razón”
(Sublimis Deus, 1537). Tampoco las distintas Ordenanzas aprobadas en España
respecto al trato con los indígenas (1512, 1526 y 1542). (6)
Las
“boleadoras” han sido relativamente comunes en América. Las
utilizaron los Incas y aún los esquimales que han tenido un tipo de
boleadoras ligeras para cazar patos y otras aves migratorias al vuelo. Se
supone que su desarrollo como arma corresponde al paleolítico medio.
Consisten en una, dos o tres piedras, redondeadas con un surco más o
menos profundo del que se las ata con un tiento de no más de un metro de
longitud. Del mismo modo que los distintos tipos de “boomerangs”
australianos, los principios físicos de su vuelo trascienden largamente
el nivel de conocimiento teórico de sus creadores, por lo que suponen una
muy larga cadena evolutiva de práctica y observación. Para arrojarlas se
revolean por encima de la cabeza y una vez alcanzada una velocidad
suficiente se sueltan. Al alcanzar al animal se enredan en sus patas lo
que lo deja a merced del cazador. Su efectividad, conforme a las crónicas,
podía alcanzar entre treinta y cien metros. (7)
Dr. Teodoro Miguel Vilardebó, médico, naturalista y filántropo
uruguayo (1803 - 1857). Falleció afectado por la fiebre amarilla durante
la epidemia que asoló Montevideo en 1857 y a cuyo tratamiento dedicó sus
esfuerzos médicos. (8) Isidoro de
María recoge una significativa carta fechada en 1787 en la que el
Ayuntamiento de Soriano brinda detalles al “Señor Gobernador e
Intendente General“ de la formación de ese pueblo con chanaes por Fray
Bernardino de Guzmán en 1664. En ella se afirma que Fray Guzmán conocía
el charrúa “por haber tratado con ellos”. Da cuenta además que a la
fecha de la carta “el patriciado del pueblo” aún hablaba chaná. Se
coincide en que en el área del Río de la Plata los religiosos adoptaron
para la evangelización la lengua guaraní, probablemente ya usada como
lengua franca en la región, aunque llegaron a conocer al menos en lo básico,
otras lenguas aborígenes. Siendo los indígenas refractarios a aprender
castellano y dado que América resultaba una verdadera Babel y para
facilitar su tarea decidieron los misioneros aprender lenguas indígenas.
Paradojalmente, la evangelización dio a la lengua guaraní una expansión
mayor que el esplendor de la cultura que representaba. Son muestra de esa
expansión un gran número de especies y de accidentes geograficos de los
que se conservan sus denominaciones guaraníes y no los nombres con que
pudieron haberlos conocido los nativos.
(9)
La expresión “monte sucio” se refiere a monte criollo espeso, ya sea
galería o monte serrano, que es habitáculo de especies peligrosas,
incluso ofidios ponzoñosos como la “crucera” (Bopthrops alternatus),
la “yara” (Bopthrops newiedi) y la “cascabel” (Crotalus durissus
terrificus). Uno de los “montes sucios” que sirvió de refugio a los
Charrúas fue el de las serranías de la Cuchilla Negra -Rincón de
Artigas- en el actual límite entre los departamentos de Artigas y Rivera.
Alrededor de 1840 se sabía de la existencia de pequeñas partidas, genéricamente
llamadas “de charrúas” en el litoral correntino y en territorio
brasileño cerca de la frontera. El mismo Benito Silva convivió unos
meses con una de ellas. También se ha reportado de charrúas que vivían
en territorio nacional. Por ejemplo el cacique Sepé [el mismo que dirigió
el contraataque charrúa en Yacaré Cururú donde fue muerto Bernabé
Rivera(1832)] que vivió en Tacuarembó [ver (19)] y murió
posiblemente envenenado por delincuentes. (10)
El conteo de números más grandes y la adopción de bases mayores han
sido vinculados con las exigencias del desarrollo de la agricultura y
la astronomía. (11)
Canals Frau
recoge, por ejemplo, de la lengua Pilagá (del grupo Mataco Guaycurú) los
nombres “unolek” (uno),
“dosalko” (dos) y “tresalko” (tres), notoriamente formados con préstamos
hispánicos. (12)
Tradicionalmente se acepta que las primeras poblaciones que
llegaron a América ya vivían en el paleolítico superior. No existe
acuerdo entre los estudiosos ni siquiera en la pertinencia de la
clasificación europea (paleolítico, mesolítico y neolítico) aplicada
al estudio de los aborígenes americanos. Se han propuesto otras
clasificaciones. El problema reside en cómo se caracteriza un mesolítico
o un neolítico en América y si corresponde hacerlo dada la diversificación
cultural que se opera al cortarse el contacto geográfico con Asia. Con
respecto al neolítico, no hay tampoco acuerdo de si las referencias que
se han tomado para Europa pueden ser adoptadas para América o si frente a
condiciones tan diferentes, deben ser planteadas otras. Por otra parte ese
hábito de clasificarlo todo, tan propio del racionalismo, deja dudas
cuando se consideran situaciones particulares en las que se observan
desarrollos no paralelos de características generalmente usadas como
criterios para la clasificación. (13)
Se señala que el nomadismo o el sedentarismo son
mucho más singularidades culturales que
consecuencia de las necesidades de un régimen alimentario
determinado. Tanto más, cuanto que estas naciones nómades coinciden
siempre una muy baja densidad de población, y consecuentemente los
alimentos que se cazan, pescan o recogen se han de repartir entre menos. (14) Mucho menos cuando el primer contacto con los
europeos fue por lo general signado por la incomprensión. No obstante,
Rona ha estudiado uno de los “siete pueblos”, San Borja, hoy en
territorio brasileño, misión
jesuítica fundada originalmente con charrúas. . (15)
Luego de la introducción de ganados por Hernandarias
(1616), aparte de haber aprendido a cabalgar con excelencia, parece
desarrollarse alguna forma de pastoreo de vacunos y yeguarizos, algo así
como el arreo de un lado a otro, especialmente de caballadas, junto con el
aprovechamiento de la carne y el cuero. Podría argüirse que esos arreos
y los usos detallados formaron parte de un proceso de aculturación. (16)
Los pueblos que más rapidamente se hacen agricultores podrían ser los
ambientalmente vinculados a gramíneas como el maíz, el trigo o el arroz,
subsidiariamente la cebada, la avena, el centeno,
o leguminosas como el poroto, especies cosechables en plazos
menores de un año, de buen rendimiento y facilmente mejorables por
selección. Lo mismo para los pastores con respecto a cabras, ovejas, etc.
En cuanto a la sedentarización se explica modernamente como proceso
anterior a la práctica de cultivos o el pastoreo de rebaños. (17)
Aún los mayas, conceptuados como matemáticos amerindios, usaron una base
5 auxiliar y tal vez previa a su base 20. La misma numeración romana está
teñida de base 5. Alcanza con recordar la formación del X,
en los registros más primitivos ><,
que es visiblemente la conjunción de dos V,
uno invertido; un símbolo especial para cincuenta, “L”, otro para quinientos, “D”. (18)
Respecto a la base cuatro, muy propia de América, Ibarra Grasso la
destaca como relativamente frecuente -se la ha encontrado en varios
pueblos, inclusive el “chuma” del sur de California- y la considera
primitiva. Expresa además que las posibilidades del sistema se agotan al
contar el 19. Con el respeto debido al conocido investigador, debe
observarse que un sistema no es necesariamente “primitivo” sólo por
la base empleada. Hoy en día se utilizan también base binaria (dos),
octal (ocho) y hexadecimal (dieciséis), todas potencias de dos, en
ordenadores, y base 60 (tal vez herencia de los caldeos) para minutos y
segundos ya sean de tiempo o de arco. Tampoco es exacto que el sistema se
agote en el 19. Al contar el equivalente a 1610 (base 10), en
base cuatro, se ha alcanzado el “cuádruple cuatro” pero como la base
del sistema es precisamente cuatro, ya no alcanzan las unidades del
segundo orden por lo que se debe crear una unidad del tercer orden. Si
quien cuenta ya ha superado la objetivación, sólo debe considerar el uso
de una unidad del orden inmediato superior cada vez que haya agotado las
del orden inferior. Independientemente de la base elegida para el sistema,
así sea dos, el conjunto de los naturales es infinito.
(19)
Se ha documentado participación [ver (8)] en el grupo
fundacional de la misión base de la luego Santo Domingo de Soriano, que
poco duró, y sedentarización en alguno de los grupos que quedaron
aislados en tierras de patrones que protegieron a sobrevivientes luego del
exterminio, pero no se vincula con un proceso natural sino como una solución
más o menos transitoria a la persecución. Existe una carta de 1890 del
Coronel Modesto Polanco, Jefe Político de Cerro Largo dirigida a su
correligionario Eduardo Acevedo Díaz a propósito de un artículo periodístico,
en la que señala haber conocido en la estancia de Paz Nadal en Tacuarembó
(1857) una toldería charrúa a cargo del cacique Sepé, en la que narra
algunos de sus usos y costumbres. El propio Artigas en varios documentos,
especialmente en el Reglamento Provisorio de 1815, prevé medios para
sedentarizar a indígenas, junto a negros libres, zambos y criollos
pobres, adjudicándoles tierras, con la obligación de “formar un rancho
y dos corrales” y trabajarlas. La guerra y luego el exilio impidieron
que se cumpliera el proyecto artiguista (20)
Algunos lingüistas proponen una medida de la influencia que el tiempo
tiene en la separación de dos pueblos con lengua común. Se lo ha llamado
“porcentaje de permanencia léxica” y se ha calculado que luego de
1000 años sus lenguas mantienen alrededor del 86 % de su léxico básico.
Debe pensarse que esta medida se refiere a la evolución natural y no se
tienen en cuenta otros factores muy aleatorios como podría ser por
ejemplo, la imposición de una nueva lengua. Una catástrofe lingüística
sin duda. (21)
Observados
los sistemas en su conjunto, y si pudiera aventurarse como indicador de
frecuencia o antigüedad de uso la brevedad de las denominaciones de los números,
es de notar que el charrúa es el que utiliza palabras más breves, y que
en las expresiones compuestas (del 5 al 8) al yuxtaponer configura
igualmente las formas más sencillas. Piénsese en que en la mayoría de
las lenguas modernas los nombres de los números hasta el diez son monosílabos
o bisílabos y cuánto aporta esta característica a la facilidad de su
uso. *Barrios
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realizado por Haroldo
Chiossi Fernández Chaves
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