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Adiós al "por ahora"
La campaña de publicidad exterior de Hugo Chávez costó
86 millones de bolívares y la hizo toda Vepaco
¿Quién le teme a las encuestas?
Durante el proceso electoral de 1998 se construyeron y destruyeron
candidaturas con mucha facilidad. Fue una guerra de opinión pública
sin estructuras ideológicas
Hugo Chávez, liderazgo carismático
por Mercedes Pulido |
Mercedes Pulido
La espontaneidad y la emoción del carisma trasciende cualquier
intercambio. Con frecuencia se piensa que sus connotaciones místicas,
de misterioso atractivo y las diferencias expresivas lo hacen impredecible.
También, la creación de imágenes puede llevar a construir
productos mediáticos. Sin embargo, los tiempos de cambio y de desorden
son espacios proclives para su emergencia, ya que el vacío del entorno
y la búsqueda de idearios conlleva a la atribución de confianza,
a trascender los propios intereses y depositar plena confianza en las capacidades
del líder emergente. Lo que parece a primeras luces irracional,
puede no serlo.
Los deseos de cambio generalizados se expresan por doquier. La capacidad
de percibir las deficiencias de lo existente y proponer alternativas que
ilusionen y convenzan, el uso de medios no tradicionales, de símbolos
que identifiquen la posibilidad de cambio y el asumir riesgos personales
o ir contra sus propios intereses son conductas que, conjuntamente con
la habilidad de comunicación y diálogo, están presentes
en el proceso que se vive de identificación colectiva.
En tiempos estables y de organización ciudadana, los líderes
carismáticos tienen sus problemas. Winston Churchill, el gran conductor
de la Inglaterra amenazada, pierde las elecciones en la posguerra. Gandhi
fue un gran líder movilizador hasta la concreción de la independencia.
Mussolini eclipsaba a la muchedumbre con sus discursos hasta que no tuvo
mensaje para la derrota. Fidel Castro, a pesar del desmembramiento de la
Unión Soviética y de la escasez, mantiene el equilibrio entre
el diálogo y el control con la identificación de la dignidad.
Cohn-Bendit, el gran movilizador de estudiantes y trabajadores del Mayo
Francés, desaparece una vez reacomodadas las estructuras.
Hugo Chávez irrumpe en la escena pública mediante un golpe
de Estado, llama a no votar en las elecciones regionales de 1995, aun cuando
su compañero de luchas, Francisco Arias Cárdenas, es candidato
a la Gobernación del Zulia; y hoy, en un proceso cargado de emoción
y donde sus propuestas alternativas dirigieron la opinión pública,
gana las elecciones.
Sus palabras al final de la noche del 6 de diciembre serán inolvidables,
las masas deliran con sus frases, sabe lo que la gente quiere oír
y sentir. Siente lo que dice y lo transmite. Las masas se identifican con
un ideario que lo hacen propio. Hace ya más de quince años
que la emoción colectiva no se expresaba porque no encontraba sintonía.
Todo ello es un buen paso para reconocer el liderazgo, verdaderamente popular.
Sin embargo, sería prematuro concluir su permanencia como líder
de pueblos. El asumir las horcas caudinas del manejo de gobierno, un gobierno
difícil no solo por las dificultades de recursos, sino por ser la
correa transmisora de la transformación social.
Hay pérdidas de expectativas y de ilusiones, hay hambre en el
pueblo, hay que trascender el paternalismo, hay corrupción, y se
carece de instituciones con credibilidad. Estas situaciones, que van más
allá de lo coyuntural, son un campo propicio para la consolidación
del liderazgo, y también son la trampa que puede desgastarlo. Si
al terminar su mandato mantiene la vitalidad de su carisma, será
sin lugar a dudas más que un líder de masas, un líder
de pueblos. Pero eso la historia lo dirá. |