LA NATURALEZA DEL MAL

"En este sentido, el mal no es una criatura nueva, algo espontáneo y real que exista en sí mismo, sino que es, por naturaleza, negación, una corrosión de la criatura. No es un ser --porque el ser sólo puede proceder de la Fuente del Ser-- sino una negación. Que la negación pueda ser tan poderosa tiene que conmocionarnos. Pero creo que es consolador saber que el mal no es una criatura, sino algo parecido a una planta parásita. Vive de lo que arrebata a otros y al final se mata a sí mismo igual que lo hace la planta parásita cuando se apodera de su hospedante y lo mata."

"El mal no es algo propio, existente, sino pura negación. Y si me entrego al mal, abandono el ámbito del despliegue positivo de la existencia en favor del estado parasitario, del autocarcomerse y de la negación de la existencia."


El ejemplo de Hitler

"Hitler fue un personaje demoníaco. Basta con leer el relato de los generales alemanes, que siempre se proponían decirle de una vez su opinión a la cara, y que después quedaban tan subyugados por él, que ya no se atrevían a hacerlo. Pero analizándolo de cerca, esa misma persona que se caracterizaba por ejercer una fascinación demoníaca, era, en el fondo, un don nadie completamente banal. Y el hecho de que el poder del mal se asentara precisamente en la banalidad, revela también algo de la fisonomía del mal: cuanto mayor se hace, más mezquino se vuelve, menos grandeza encierra. Hitler también previó situaciones de manera casi demoníaca. Yo, por ejemplo, he leído un informe de cómo se preparó la visita del Duce a Berlín. Las personas encargadas del asunto plantearon sus sugerencia, y tras largo rato, Hitler replicó: «No, todo eso no sirve para nada. Yo veo cómo ha de hacerse». Y, en una especie de éxtasis, lo expuso, y así se hizo. Es decir, que en cierto modo ahí se percibe una prepotencia demoníaca que engrandece lo banal -y banaliza lo grande-, peligrosa y destructiva sobre todas las cosas. Desde luego, no se puede afirmar que Hitler fuera el demonio; era un hombre. Pero conocemos informes fiables de testigos oculares que demuestran que mantenía una especie de encuentros demoníacos que le hacían decir temblando: «El ha estado de nuevo aquí» y cosas por el estilo. Nosotros no podemos investigarlo a fondo. Pero en cierto modo estaba inmerso en el ámbito de lo demoníaco, y creo que así lo demuestra la manera en que ejerció el poder, el terror y el daño que provocó."


JOSEPH RATZINGER (Benedicto XVI) Una conversación con Peter Seewald pp. 119-120, Ed. Debolsillo, 2005 (Gott und die Welt, 2000)








INFLUENCIAS MALIGNAS


Marcos 1, 23-26

Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.



Hace aproximadamente dos años, sucedieron hechos muy sorprendentes. Una anciana que conozco desde hace mucho tiempo cayó en un estado de inquietud generalizada. Se sentía "agitada", "muy inquieta" y no sabía expresar muy bien lo que le ocurría, pero era evidente que algo extraño le sucedía. Por medio de un familiar, me enteré de que este cambio se produjo de forma muy repentina y sin razón aparente.

Entre otros hechos hay que mencionar los extraños sonidos que oía al traspasar el umbral de su casa, en las escaleras del edificio, sonidos de pisadas sobre algún suelo crujiente y seco.

Otro hecho sorprendente es que esta anciana mujer se dejase llevar por ciertos instintos sexuales pecaminosos que de ninguna manera encajaban en su forma natural. De hecho, esta mujer parecía haber perdido todo su recato natural y estaba obsesionada con el sexo.

Además era víctima de una sucesión ininterrumpida de desgracias personales, como enfermedades graves en la familia, un acoso malicioso por parte de sus familiares políticos que trataban de despojarla de sus bienes; y ejercía una especial atracción para los ladrones. Incluso una suma considerable de dinero le fue robada por una banda de estafadores.

Una tras otra, las desgracias continuaban y yo mismo tuve que intervenir personalmente para cortar esta inaudita racha de desdichas sin fin. Sin ninguna duda esta señora habría acabado en la más absoluta miseria de haber permitido que las cosas siguiesen aquel curso nefasto.

Esta sucesión ininterrumpida de desgracias resultan estadísticamente muy improbables. Es normal que sucedan percances aislados, y que a partir de éstos se generen algunos más; pero en el caso de esta mujer, se trataba de una sucesión ininterrumpida de desgracias, a cada cual mayor, y sin relación aparente entre ellas. Es como si una especie de imán invisible atrajese hacia ella toda clase de calamidades.

Por otro lado, el brusco cambio de personalidad experimentado por esta mujer no dejaba demasiadas opciones a la duda. Parecía obvio que se trataba de una infestación demoníaca. La infestación no alcanza los niveles de una posesión, pero es lo suficientemente intensa como para provocar un cambio radical de vida como el que sucedía con esta señora.

Tras algunas pesquisas, no fue difícil deducir la raíz del problema. Una joven mujer perteneciente a la familia política de esta señora parecía ser la causante de la infestación a través de algún tipo de ceremonia satánica. Y aunque esta joven fuese la causante primera, sospecho que existía una gran cantidad de personas implicadas, aunque el secretismo que rodea a este tipo de grupúsculos hace muy difícil precisarlo.

A muchos puede resultarles imposible creer todo esto, pero yo doy testimonio de que es real, y la Biblia confirma en numerosas ocasiones la realidad de este tipo de hechos:

Efesios 6, 11-12

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis hacer frente a las intrigas del diablo; porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra los malos espíritus de los aires.

Mateo 8, 28-32

Una vez llegado a la otra orilla, a la región de los gadarenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que habían salido de los sepulcros. Eran violentos en extremo, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

Y he Aquí, ellos lanzaron gritos diciendo: --¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido Acá para atormentarnos antes de tiempo?

Lejos de ellos estaba paciendo un gran hato de cerdos, y los demonios le rogaron diciendo: --Si nos echas fuera, Envíanos a aquel hato de cerdos.

Él les dijo: --¡Id! Ellos salieron y se fueron a los cerdos, y he aquí todo el hato de cerdos se lanzó al mar por un despeñadero, y murieron en el agua.

En estos textos, se comprueba la veracidad de este tipo de hechos que, como se relata en el último pasaje, y como puedo certificar yo mismo por diversos testimonios que me han relatado, puede afectar incluso a los animales.

Jesucristo expulsó numerosos demonios durante su estancia entre nosotros, y concedió a Sus apóstoles la facultad de expulsarlos. Y siguiendo esta tradición apostólica, la Iglesia Católica, nombra exorcistas a ciertos sacerdotes para expulsar a este tipo de espíritus malignos.

Una segunda cuestión que deja muy clara la Escritura es que rezar, ayunar y sacrificarse es el medio para acabar con todo este tipo de situaciones.





Mateo 17, 18-21

Jesús le reprendió, y el demonio salió de él; y el niño fue sanado desde aquella hora.

Luego, los Discípulos se acercaron en privado a Jesús y le dijeron: --¿Por qué no pudimos nosotros echarlo fuera?

Jesús les dijo: --Por causa de vuestra poca fe. Porque de cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Pásate de aquí, allá"; y se pasará. Nada os será imposible.

Pero este género de demonio sale sólo con oración y ayuno.





Los malos espíritus no pueden soportar la oración. La oración es un arma tan poderosa que consigue espantar a cualquier demonio y hacer que incluso el alma más podrida, infecta y corrompida pueda volver a regenerarse hasta alcanzar la perfección.

Estos espíritus actúan movidos por el deseo de echar a perder todas las almas posibles. Estos demonios tienen como finalidad última la de corromper a las almas con todo tipo de vicios, perversiones y pecados para llevarlas al camino del mal. Y una vez que el alma opta por el mal, estos engendros les pondrán las zarpas encima y la arrastrarán sin compasión alguna hacia las llamas infernales.

En principio, el hombre parece nacer con un código moral insertado en su subconsciente. De alguna forma, esta moral parece ser congénita. Pero a través de los vicios se anestesia el sentido de la dignidad, el decoro, e incluso el de la repugnancia, con lo que se engendra más vicio, el cual conduce progresivamente a la degeneración total, al embotamiento de la conciencia, se acaba por no poder diferenciar el bien del mal. Cuando el vicio está ya muy insertado en el cerebro, se acaba justificando abiertamente el mal.

El caso típico de todo esto lo tenemos en los homosexuales. Esta gente, tras años y años de prácticas repulsivas, acaban perdiendo el sentido natural de la repugnancia y llegan incluso a despreciar a los que no comparten su pervertido punto de vista.

Es muy difícil que en una sociedad hedonista como la que vivimos se comprenda este punto, pero ya lo advirtió San Pablo:



1Timoteo 4, 2

Con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.



Resulta muy significativo que esta anciana mujer aludida al principio mostrase esa extraña efusión sexual. Pero no lo es tanto si consideramos que los demonios que nos rodean constantemente conocen muy bien la naturaleza humana, y saben que la mejor manera de echar a perder un alma es intensificar al máximo sus pasiones naturales, incentivar al límite los apetitos animales, exacerbar los instintos depravados para que acaben dominando la voluntad de la persona, haciendo que su espíritu muera.

Finalmente, la oración consiguió alejar a esta mujer del nefasto camino en el que se encontraba. La oración es un arma extremadamente poderosa que puede combatir con éxito incluso al más potente de los espíritus infernales.

Por último, sólo me resta decir una cosa más: la justicia divina al final siempre se impone. Por si alguien siente la tentación de la maldad, le diré que el mal siempre pasa factura. Contaré una anécdota que me sucedió a mi mismo. Hace algún tiempo, empecé a tener unos extraños tropezones con la pierna derecha. Sucedía de la forma más imprevista, en cualquier lugar y sin importar el tipo de suelo que pisase, de pronto, mi pie derecho parecía perder el equilibrio y si no conseguía enderezarlo a tiempo, acababa desplomado en el suelo. En principio no le di mayor importancia, y dejé que transcurriesen algunos meses de la misma guisa.

Un día, estando en oración ante el Sagrario, sentí como una especie inspiración para pedir a Dios que me librase de esas caídas. Y así lo hice. Nuevamente volví a asombrarme del inmenso poder de la oración, pues en breve tiempo, esas bruscas caídas cesaron, y ya no volvieron a reproducirse más.

Sólo algún tiempo después comprendí que esto también fue producto de una de infestación. Una mañana me encontré a un viejo conocido especialmente enemistado conmigo desde hacía tiempo. Venía en una silla de ruedas, empujada por su mujer. Unos días antes, andando por la calle, tuvo una extraña caída sobre el bordillo de la acera, con tan mala fortuna que no pudo volver a levantarse por su propio pie. A causa del golpe, permaneció varias semanas con la pierna derecha inmovilizada.

Mi sorpresa fue mayúscula, primero porque no sabía hasta que punto este hombre me odiaba; y, segundo, porque tuve conciencia de que el demonio ya anidaba en él.

Éste había sido un hombre piadoso años atrás. La fe es un don de Dios, pero hay que cuidarla. Cuando no se asiste a la santa misa, ni a ningún otro sacramento; cuando no se ora con regularidad, simplemente la fe acaba disipándose en la nada, y probablemente esta negligencia fue lo que convirtió a este hombre en ateo.

La historia de este sujeto demuestra como la práctica del espiritismo atrae a los demonios, que acaban morando en los que practican esta clase de malas artes que buscan el perjuicio del prójimo. Sin duda este hombre cargaba con algún espíritu maligno en su cuerpo, y más concretamente en su vientre. Por alguna razón, la digestión le resultaba extremadamente irregular. Después de visitar a varios especialistas para tratar de averiguar por que digería tan mal la comida, el médico de familia acabó por mandarlo al psiquiatra, ya que no encontró ninguna causa orgánica que justificase su extraña dolencia.

Que tomen buena nota los que practican este tipo de abominaciones. Los demonios entrarán a habitar en ellos mismos produciéndoles toda clase de males espirituales y corporales. Por este sorprendente caso, también comprobé que, finalmente, el mal retorna al malvado y la justicia se impone.


 


LA MALDAD



Conozco a cierto hombre que se encuentra en graves aprietos laborales a causa de la maldad de sus compañeros de trabajo. Para abreviar, simplemente decir que tras diez años en la empresa, algunos de sus compañeros, quizas movidos por sus deseos de hacer "méritos" ante la dirección de la empresa, o quizás alentados por la misma empresa, le han urdido un complot para hacer que lo despidan.

Lo más sorprendente es la perplejidad del afectado. Lleva varios años trabajando con estos mismos compañeros, y le cuesta creer que alguien pueda ser tan malvado como para hacer algo así. De hecho, le cuesta comprender el concepto del mal. En sus esquemas mentales no encaja que alguien pueda ser tan malvado como para urdir una traición como esta: desacreditarlo públicamente, hacer que lo despidan y, prácticamente dejarlo en la mendicidad, pues carece de otros medios de vida.

Pero la realidad no admite dudas. El hecho objetivo es que le han tendido esta traición y su puesto de trabajo corre grave peligro.

Sorprendido está también de lo repentino de los hechos. A pesar de las relaciones cordiales que llevaba con sus compañeros, de la noche a la mañana se encuentra con tamaña papeleta...

A mi, estos hechos, me recuerdan a Judas. Siempre me pregunté como era posible que un hombre en sus cabales, viendo todos los milagros, los signos extraordinarios, y oyendo la Palabra diáfana del Mesías, pudiese, finalmente, traicionarlo por unas miserables monedas. Resulta sorprendente, pero compruebo que en la actualidad la historia se repite.

De la misma forma que le pasa a mi amigo, Judas actuó repentinamente, aúnque no pilló por sorpresa a Jesús:

"¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? (Lc 22, 48)"

Al llegar a este punto, muchos dirán que el diablo no existe, que es un mito. Pero esto no es más que una dificultad de la mente humana para comprender la maldad.

Alguien ha dicho que incluso el más encarnizado de los pecadores dedica más tiempo a hacer cosas buenas o indiferentes que cosas malas. En otras palabras, que siempre hay algún bien incluso en el peor de nosotros.

Es esto lo que hace tan difícil comprender la real naturaleza de los demonios. Los ángeles caídos son espíritus puros sin cuerpo. Son absolutamente inmateriales. Cuando fijaron su voluntad contra Dios en el acto de su rebelión, abrazaron el mal (que es el rechazo de Dios) con toda su naturaleza. Un demonio es cien por cien mal, cien por cien odio, sin que pueda hallarse un mínimo resto de bien en parte alguna de su ser.

Judas y su traición formaban parte del plan salvífico anunciado por los Profetas del Antiguo Testamento. Algunos pueden pensar que de alguna forma, Judas fue inducido a la traición por su ignorancia o por algún otro motivo que no fuese la pura maldad, sin embargo, la Escritura nos indica que sabía perfectamente lo que hacía. Incluso el propio Jesús, que conocía sus pensamientos, lo advirtió severamente de las nefastas consecuencias del mal:

¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. (Mt. 26, 24)

Pero ni las advertencias del Mesías, ni los signos milagrosos que él mismo presenciaba, ni toda la Sabiduría que escuchaba pudieron contrarrestar esa tendencia demoledora hacia la maldad que anidaba en Judas.

La maldad, tendencia tan misteriosa, y casi siempre oculta, pero real. Oculta ante nuestros ojos, porque:

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. (Jn 3, 20)

El malvado sabe que hace mal, es perfectamente consciente de ello, y permanecer oculto forma parte también de una estrategia para incrementar la magnitud del mal causado. Es evidente que si mi amigo pudiese vislumbrar los pensamientos que ocultaban sus compañeros de trabajo, seguramente habría tomado alguna medida preventiva. Pero la traición lo pilló tan sorpresivamente, que ya el mal estaba consumado sin que pudiese siquiera reaccionar.

La maldad parece una tendencia irreprimible en alguna gente. Es el caso de esas personas que semejan disfrutar causando daño en los demás. Si ven una casa hermosa, la incendian; si ven a un perro durmiendo, lo apalean; si ven a un niño alegre, lo hacen llorar; si se encuentran una flor bella, la pisotean...

Es una especie de goce malsano en el mal ajeno que los lleva a provocar toda la maldad que puedan causar.

Conversando con alguna otra gente, me encuentro de nuevo con esta sorpresa ante la existencia del mal. De hecho, muchos afirman que el mal es un mito, que no existe más que en la imaginación de la gente, o que, en todo caso, se trata de personas enfermas.

Confieso que alguna vez estuve adherido a este tipo de convicciones, pero la realidad tan activa y manifiesta de los malvados me ha desengañado definitivamente. El mal nos rodea. A todas horas del día, con poco que uno se esfuerce, descubre los signos del mal: homicidios, robos, traiciones de todo tipo, insultos, mentiras, odios, blasfemias, etc.

Algunos podrían pensar que se trata de personas enfermas, con sus facultades mentales trastornadas, pero la realidad no confirma este punto. En primer lugar, la maldad está enormemente extendida entre la humanidad. De hecho, sólo un Hombre, Jesucristo, se vio libre de todo pecado. El resto, en mayor o menor medida, caemos en la maldad. Si la maldad fuese una enfermedad, la humanidad entera -a excepción de Jesús- estaríamos enfermos.

En segundo lugar -y esto es quizás lo más espantoso- los malvados son personas perfectamente lúcidas. En cierta ocasión, vi en la TV un reportaje sobre un asesino en serie. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años, dedicado al asesinato por encargo desde que tenía unos veinte años. Asesinó a tanta gente que ya no podía ni recordar el número. Decenas de personas fueron masacradas por él utilizando los métodos más variados. No faltaban tampoco detalles aún más truculentos, sobre como descuartizaba a sus víctimas y las congelaba. Se trata sin duda de un caso extremo, pero real. Los psiquiatras coincidían en que era perfectamente consciente de lo que hacía. Sabía que estaba mal, PERO NO LE IMPORTABA. Otro tanto podría decirse de los criminales que asesinaron, sin inmutarse siquiera, a millones de hombres, mujeres y niños en las cámaras de gas. Estos son casos límite, pero que muestran claramente el nivel de maldad que puede alcanzar cualquier persona normal, incluso un padre de familia, con hijos pequeños, si tiene inclinaciones hacia el mal y encuentra una situación favorable para realizar sus designios.

Porque, como se dijo, el malvado se oculta como estrategia para aprovechar el factor sorpresa y así provocar un mayor daño. Y este ocultamiento ofrece la impresión de que los actos de maldad son sólo hechos esporádicos, lejanos, y excepcionales.

Pero ésta no es la realidad. La maldad es constante, es tan habitual que ya ni siquiera nos damos cuenta de que hacemos el mal. Pensemos por un momento en las maldades de palabra que cometemos a lo largo de un día. Cuantas mentiras, cuantas palabras perversas acerca de otras personas, palabras despectivas, insultos, blasfemias... Y cada una de estas palabras malvadas segrega un poco más de maldad en nuestro entorno. Cada mentira, aún la menor, provoca una reacción negativa. Cada insulto provoca un poco más de odio. Cada blasfemia nos aleja más de Dios.

Es un efecto de acción-reacción. El mal engendra más maldad.

Podemos pensar por un momento lo que puede estar pensando mi amigo acerca de sus compañeros de trabajo. Quizás el odio contra ellos ya domine sus pensamientos. Y este odio perdudará hasta que consiga equilibrar el daño que le han causado. Y así se acumula odio sobre odio, malos pensamientos, malas palabras, malas acciones, maldad sobre maldad.

A muchos les puede parecer exagerado todo esto, pero la experiencia confirma que incluso el menor acto de maldad puede tener consecuencias catastróficas. La historia nos muestra como un crimen puede encender la mecha que provoque millones de muertes. La Primera Guerra Mundial se originó por el asesinato de dos personas: los herederos de la corona Austro-húngara. El resultado fueron unos quince millones de muertos en todo el mundo.

Sin llegar a estos extremos, podemos comprobar a diario como un simple acto de maldad, una palabra dicha con desprecio sobre otra persona, puede provocar tal odio que esas dos personas no vuelvan a dirigirse la palabra en el resto de sus vidas, y esto sin contar con el inevitable rosario de rencillas, disputas y maledicencias que genera esta situación.

Es más, un simple pensamiento malvado puede arruinar la existencia de mucha gente. El caso típico lo tenemos en los adulterios. Es incalculable el daño que hace un simple pensamiento adúltero, y no digamos si finalmente se consuma. Por poner un ejemplo, conozco el caso de cierta mujer que por un adulterio abandonó a sus nueve hijos. Finalmente ella también fue abandonada por su amante, y, como era más que previsible, ni su marido ni sus hijos quieren volver a verla ni en pintura. Es más, sus propios vecinos, que conocen el caso, no pueden mirar para ella sin sentir franco desprecio... y aún hay más consecuencias que no voy a relatar. Y todo esto tuvo su origen en un pensamiento adúltero que muchos, en esta época degenerada, considerarían incluso "banal".

Después de todo esto, ¿alguien tiene dudas aún de por qué resulta tan abominable el pecado? ¿por qué Dios envió a Su Hijo para que fuese en todo un hombre EXCEPTO en el pecado?

El mal, incluso el más ínfimo, resulta abominable a los ojos de Dios. Jesús nos recomendó encarecidamente alejarnos totalmente del mal:

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mt 5, 48)

Dios conoce nuestras debilidades. Sabe que podemos fácilmente caer en el mal, y por ello nos ofrece Su ayuda. La oración es la mejor arma para evitar la tentación del mal. Dios está dispuesto a perdonarnos, si queremos aceptar Su perdón. Pero respeta nuestra libertad y no impone Su perdón, a los pecadores, únicamente lo ofrece a aquellos que se arrepienten y quieren aceptarlo. El resto, el que se niega a arrepentirse y prefiere seguir aferrado a la maldad, que no dude que permanecerá hundido en la más absoluta maldad por toda la eternidad.





EL MAL LLEVA IMPLÍCITO SU PROPIO CASTIGO



El diluvio exterminó civilizaciones enteras asentadas en una extensa llanura que es ahora el Mar Negro. Ateniendonos a lo que dice la Biblia, este y otros desastres fueron causados por la maldad humana. El mal lleva implícito su propio castigo, y el hecho de que los niños y los inocentes perezcan en él no es atribuíble a Dios, sinó a esa maldad. De la misma forma sucede actualmente: muchos hijos de prostitutas o drogadictas nacen con Sida o hepatitis crónica, o muchos niños sufren traumas de por vida al ser violados por adultos, o incluso son asesinados por sus propios padres. Los niños son inocentes; pero sufren el pecado del entorno. Porque es así como funciona la maldad. Imaginate un ventilador esparciendo mierda en todas las direcciones con fuerza inusitada, asi mismo actua la maldad humana. Todo lo que toca el pecado queda pringado por un rastro hediondo de odio, amargura y dolor. Y cuando este mal alcanza ciertos límites extremos, no tarda en llegar la hecatombe total. La historia demuestra hasta que punto increíble puede alcanzar la maldad humana. Si no fuese porque la realidad lo confirma, nadie podria siquiera imaginar que un régimen elegido democráticamente pudiese detener, encarcelar, dejar morir de hambre y finalmente gasear a seis millones de personas hace tan solo sesenta años. El resultado de una maldad tan extrema se dejó sentir en todo el planeta por medio de la guerra más sangrienta de toda la historia. Y no fue Dios el responsable de esta hecatombe, sinó, nuevamente, la infinita maldad humana.





¡¡¡SEGÚN TUS OBRAS SERÁN TUS RECOMPENSAS!!!




ESTAMOS A TIEMPO DE DEDICAR UNOS MINUTOS A LO QUE ES VERDADERAMENTE IMPORTANTE Y MEDITAR SOBRE LO QUE ESPERAMOS DE RECOMPENSA DE ACUERDO A NUESTROS ACTOS Y SOBRE TODO A LA SEMILLA QUE PODEMOS SEMBRAR PARA NUESTROS HIJOS. ES UN LINDO MENSAJE CON UNA GRAN ENSEÑANZA.

En contraste con las muchas perversidades y chistes que nos mandamos para reírnos un rato, esto es un poco diferente: este chiste de hoy no se supone que es un chiste, no se supone que es gracioso, se supone que te va a poner a pensar.

En la entrevista que le hicieron a la hija de Billy Graham en el Early Show, Jane Clayson le preguntó,

"¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?" (se refería a los ataques del 11 de Sept del 2001 en N. York).

Anne Graham dio una respuesta sumamente profunda y llena de sabiduría. Dijo:

"Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras escuelas, que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas. Y siendo el caballero que Él es, creo que se ha retirado tranquilamente.

¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?" A la luz de ciertos sucesos recientes... ataques de terroristas, balaceras en las escuelas, etc., creo que todo comenzó cuando Madeleine Murray O'Hare (fue asesinada, hace poco que se descubrió su cuerpo) se quejó de que no quería que se rezara en nuestras escuelas, y dijimos que estaba bien. Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas... la Biblia dice no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y dijimos que estaba bien. Luego el Dr. Benjamin Spock dijo que no debíamos pegarle a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima: el hijo del Dr. Spock se suicidó. Dijimos que los expertos saben lo que están diciendo, y dijimos que estaba bien. Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se portan mal. Los administradores de las escuelas dijeron que más valía que ningún miembro de la facultad de las escuelas tocara a ningún estudiante que se porte mal porque no queremos publicidad negativa y por supuesto no queremos que nos vayan a demandar (hay una gran diferencia entre disciplinar, tocar, golpear, cachetear, humillar, patear, etc.). Y dijimos que estaba bien. Luego alguien dijo: "Dejemos que nuestras hijas aborten si quieren, y ni siquiera tienen que decirle a sus padres". Y dijimos que estaba bien. Luego uno de los consejeros del consejo de administración de las escuelas dijo: "Ya que los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos lo van a hacer, démosle a nuestros hijos todos los condones que quieran para que puedan divertirse al máximo, y no tenemos que decirle a sus padres que se los dimos en la escuela". Y dijimos que estaba bien. Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos "no me importa lo que nadie, incluyendo el Presidente, haga en su vida privada mientras yo tenga un trabajo y la economía esté bien".

Luego alguien dijo: "vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que esto es una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo femenino". Y dijimos que estaba bien. Y luego alguien más llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de niños desnudos, llevándola aún más allá cuando las colocó en Internet. Y dijimos que estaba bien, tienen derecho a su libertad de expresión. Luego la industria de las diversiones dijo: "hagamos shows por televisión y películas que promuevan lo profano, la violencia y el sexo ilícito. Grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos". Y dijimos, no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.

Ahora nos preguntamos porqué nuestros niños no tienen conciencia, porqué no saben distinguir entre el bien y el mal, y porqué no les preocupa matar a desconocidos, a sus compañeros de escuela, o a ellos mismos. Probablemente, si lo pensamos bien y despacio, encontraremos la respuesta.

Creo que tiene mucho que ver con "LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS." Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios a la basura y luego se pregunta porqué el mundo está en proceso de destrucción. Es curioso ver cómo creemos lo que dicen los periódicos, pero cuestionamos lo que dice la Biblia. Es curioso cómo se mandan 'chistes' por la red y cunden como reguero de pólvora, pero cuando empiezas a mandar mensajes del Señor, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlos. Es curioso cómo hay artículos lujuriosos, crudos, vulgares y obscenos que circulan libremente por el ciberespacio, pero la discusión de Dios en público se suprime en las escuelas, los espacios de trabajo y a veces hasta en el hogar. Es curioso ver cómo, cuando envíes este mensaje, no se lo mandarás a mucha gente que está en tu lista de direcciones porque no estás seguro de sus creencias, o lo que pensarán de ti por enviárselos. Es curioso ver como nos preocupa más lo que piensan los demás de nosotros que lo que Dios piensa de nosotros.






12 MANDAMIENTOS PARA - NO - EDUCAR A UN HIJO



1. Dele al niño todo lo que desea desde pequeño. De esa manera, crecera creyendo que el mundo le debe la vida.

2. Cuando diga malas palabras, ríase y eso le hará pensar que es gracioso. Ademas, eso le alentará a aprender otras frases que lo sorprenderan más adelante.

3. No le dé ningún tipo de formacion espiritual: espere a que cumpla 21 años y que pueda decidir por sí mismo.

4. Evite usar la palabra equivocado, porque puede crearle complejo de culpa. Más tarde, cuando tenga problemas por robar, creerá que la sociedad está en contra de él y que lo persigue.

5. Recoja todo lo que deje desordenado (libros, zapatos ropa, etc..) A fin de que sepa cargar la responsabilidad en los demás.

6. Permítale leer cualquier tipo de publicación. Cerciónese de que los vasos y cubiertos estén esterilizados, pero deje que su mente se alimente de basura.

7. Discuta con frecuencia delante de su hijo. De esta manera, no se sentirá tan sorprendido cuando su hogar se disuelva más adelante.

8. Dele a su hijo todo el dinero que quiera. No deje que se lo gane. ¿Porqué las cosas tienen que ser para él como son para usted?

9. Satisfaga sus más mínimos deseos de comida, bebida y comodidades. Cuide de que todos sus deseos sensoriales sean satisfechos. La negación puede acabar en frustraciones.

10. Defiéndalo de los maestros, los vecinos y la policia. todos ellos están en contra de su hijo.

11. Cuando se vea envuelto en problemas serios, discúlpese diciendo: nunca pude con él.

12. Preparese para una vida llena de pesares, es muy probable que los tenga.










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