EL ATEÍSMO




LOS ATEOS, LA BONDAD Y LA MENTIRA

Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.

(San Juan 3, 19-21)

Cuando expongo algún argumento religioso, suele surgir la misma pregunta: ¿cómo es posible que una persona buena pero atea pueda condenarse en el infierno?

La respuesta está en las luces que el Espíritu de Dios da a todos los hombres, individualmente, para que conozcan la Verdad. No todo el mundo recibe las mismas luces, pero todos reciben las suficientes para salvarse. Estas luces son evidencias que Dios envía a los hombres por medio de Su Espíritu Santo para que reconozcan en ellas Su existencia. Algunas de ellas son realmente inapelables, pero las presenta de tal forma que siempre existe la posibilidad de negarlas, de esta forma queda salvaguardada la libertad de elección del hombre.

Los ejemplos de este tipo de evidencias "tumbativas" son innumerables. Podemos mencionar las 7000 curaciones milagrosas confirmadas por la comisión médica de Lourdes; los 100.000 testigos oculares del milagro del sol de Fátima; o la Sábana Santa, nada menos que una "fotografía" del momento preciso de la resurrección de Jesucristo.

Las anteriores son evidencias objetivas que cualquier interesado puede investigar para su propia edificación personal.

Yo personalmente he sido testigo de varios hechos milagrosos que supusieron grandes cambios en mi vida.

Milagros similares se producen en innumerables ocasiones, por citar algunos de los que he tenido evidencias dignas de crédito, citaré el Crucificado de una iglesia que de pronto quedó iluminado durante unos momentos por una potente luz proveniente del cielo; una figurilla de cerámica que representaba el rostro de Jesucristo crucificado, de cuyos ojos manaban lágrimas sangrientas; visiones y audiciones de espíritus de personas muertas que, al parecer procedentes del Purgatorio, se aparecieron a algunos familiares suyos para pedir que rezasen por ellos, etc.

Los casos fidedignos que podría relatar sobre este tipo de acontecimientos sobrenaturales son demasiado extensos para este escrito. Por ello ilustraré este tema con un par de ejemplos concretos. Citaré el caso de cierta mujer que conozco. Es una mujer ya de cierta edad que padece una dolorosa dolencia hepática y cuyo testimonio me resulta fiable. Tuvo en varias ocasiones visiones de la Virgen María. En una de ellas, hubo incluso otros testigos presenciales. Durante un viaje a un santuario mariano, una niña que estaba alrededor le indicó con el dedo una botella que reposaba encima de una fuente pública con una extraña imagen en su interior. Cuando la mujer miró la botella, pudo ver dentro de ella la imagen de una Virgen de ondulante manto que desapareció al poco tiempo. Esta mujer tuvo algunas otras visiones similares que sin duda le sirvieron para afirmar su religiosidad.

Por citar un caso más conocido, del que ha quedado mucha documentación en forma de evidencias clínicas y el testimonio directo de los implicados, mencionaré el caso del doctor Alexis Carrel, premio Nobel de medicina, y su fulminante conversión en Lourdes cuando acompañaba, incrédulo, como médico, a una expedición de enfermos. Tenía, entonces, especial cuidado con una enferma de peritonitis tuberculosa en estado preagónico. A aquella enferma, caquéxica, con el vientre hinchado, delante de la gruta de la Señora, se le fue bajando la dilatación abdominal y, levantándose, caminó sola hacia los pies de la imagen de la Virgen. El doctor Alexis Carrel fue testigo presencial de aquel milagro. La Medicina no podía explicar aquello. Alexis Carrel escribió, en el puño de su camisa, la fecha de aquel día, para no olvidar lo que estaba ocurriendo y para estar seguro de la realidad, ya que todo le parecía imposible, un sueño, porque él no creía. Y Alexis Carrel se convirtió. Todos sus escritos, desde entonces, están impregnados de amor a Dios y a la Virgen. Le costó muchos disgustos con su entorno profesional y sus relaciones sociales. Su vida y sus libros son impresionantes: La Incógnita del Hombre, Viaje a Lourdes, etc.

Sin embargo, estas evidencias, por muy impactantes que fuesen en su momento, en absoluto son definitivas pues carecen de validez científica al no poder reproducirse las mismas condiciones y obtener un resultado idéntico, tal como exige el método científico.

Tanto la vidente de la Virgen, enferma y dolorida; como el doctor Alexis Carrel, un ateo "racional" que había puesto toda su fe en la ciencia, tendrían muchas razones para negar estas luces. Si ese fuera su interés, fácilmente podrían argumentar que todo es un simple producto de su imaginación (a pesar de que existen otras personas como testigos presenciales); también podrían argumentar que la visión de la Virgen es una especie de "holografía creada por su propia mente" (a pesar de que no hay ninguna evidencia científica de que esto sea posible); o que todo se trata del "inmenso poder de la mente"; o podrían aludir a un argumento típico de estos tiempos: "que todo es un engaño de extraterrestres" (a saber que interés tendrían los extraterrestres en engañar a nadie); por último, podrían argumentar que "podría ser un engaño del demonio" (pero en este caso la existencia del diablo implicaría inevitablemente la existencia de Dios).

Si, a pesar de todo, existiese el deseo firme de rechazar estas evidencias porque "no creen en la Virgen y no les da la gana de creer", entonces ya estarían entrando en la categoría de personas que nos ocupa. La de unas buenas personas, que sin embargo se niegan a aceptar la Verdad que les es revelada.

Reconozco que ambos testigos tienen razones para el resentimiento. La vidente de la Virgen padece una grave enfermedad en el hígado que le provoca grandes dolores, y sería fácil para ella dejarse llevar por el odio (aunque es una creyente devota y una buena persona). En el caso del doctor Alexis Carrel, el proceso podría ser idéntico. Un hombre típico de nuestros tiempos: racionalista, empirista, y totalmente contrario a doctrinas religiosas, tendría poderosas razones para aferrarse a la incredulidad. El milagro de Lourdes fue presenciado por él en el año 1958, en pleno apogeo del comunismo ateo y el libertinaje liberal, una mala época para proclamar públicamente la religiosidad. Y más aún tratándose de un científico. Este premio Nobel no habría tenido ninguna dificultad en encontrar alguna explicación "racional" a la milagrosa curación de su paciente. De esta forma, quedaría públicamente salvaguardada su postura "científica" -léase: antirreligiosa.

Si así fuese, ambos estarían negando la Verdad que les fue revelada, y esto ya supondría un atentado contra la honestidad y la bondad. Entonces sería necesario hacerse esta pregunta: ¿es posible ser bueno y al mismo tiempo vivir libremente en la mentira?

Seguramente existen muchas más razones que oponer a estas evidencias divinas recibidas por esta señora, y este laureado doctor, y si ellos deseasen encontrarlas, sin duda las encontrarían. Sólo es necesario hacer un esfuerzo de voluntad para negar la verdad y poner en su lugar lo que nos interese.

Esto no debe sorprender a nadie. La mayoría de la gente obra de esta forma. Cuando la verdad objetiva no le interesa, simplemente la niega, la deforma o la tergiversa para adaptarla a sus intereses. Alguien puede decirle a un borracho que emborracharse es objetivamente malo, que está demostrado que perjudica su salud, su relación con la gente y su economía; pero el borracho estará tan interesado en seguir con su vicio, que negará la evidencia y finalmente se autoconvencerá de la mentira de que emborracharse es bueno. Todo lo que sea con tal de no dejar su vicio.

De la misma forma actúan los ateos. Con tal de no cambiar a una vida virtuosa, reniegan una y otra vez de las luces que Dios les envía y se escudan en la mentira de que ellos, aunque ateos, "son buenos", como si un mentiroso pudiese ser buena persona.

En cuanto a estas luces divinas, el ateo las interpretará como más le convenga, como casualidades, alucinaciones, locuras, o simplemente se limitará a autojustificarse diciendo "y yo que sé".

Pero en el fondo sí que lo sabe, aunque sus intereses egoístas le impidan reconocer la verdad. Estas luces son evidencias diáfanas de la existencia divina; pero el interesado, si así lo quiere, puede negarlas o tergiversarlas a su conveniencia con el fin de no tener que aceptar a Dios, y de esta forma evitar tener que cambiar su forma de vida pecaminosa. Porque es evidente que una vez que se descubre a Dios, la vida ya nunca podrá ser la misma. El pecado debe erradicarse definitivamente y comenzar una vida conforme a los Mandamientos. Es lo que Jesucristo llamó "volver a nacer" (San Juan 3, 3).

La obstinación en negar estas luces supone un acto de hipocresía y una alianza con la mentira. Pero supone, además, darle la espalda a Dios. Las personas que niegan estas luces o evidencias de la existencia de Dios para así poder continuar en sus pecados, están autoexcluyéndose de la vida eterna en el Cielo. Dios no obliga a nadie a convivir con Él a la fuerza, sino que respeta escrupulosamente la libertad del hombre. Y si el hombre elige libremente apartarse de Dios, el infierno es la única opción que le queda "Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas" (Romanos 11, 35).

Después de esta vida ya no es posible permanecer al margen de Dios en una especie de limbo neutral. La Biblia habla de un limbo en el que Jesucristo fue a predicar tras su muerte (1 Pedro 3, 19), pero en este limbo todos conocían y reconocían la existencia de Dios. Asimismo, tras abandonar este mundo terrenal, todos los hombres, incluidos los ateos, reconocerán que Dios existe y que no hay ni un sólo rincón del universo que no Le pertenezca.

En la Tierra, los hombres tienen la posibilidad de negar Dios y las luces que Él les envía para que abran los ojos a la Verdad. Pero despúés, lo quieran o no, tendrán que aceptar que Él siempre estuvo presente en sus vidas "porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por Él y para Él, Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia (Colosenses 1, 16-17).

El infierno es el lugar de los que eligieron apartarse de Dios, ya sea de una forma explícita -con su ateísmo-, o de forma implícita -con sus pecados.

Y cuando llegue el momento de rendir cuentas les serán mostradas todas aquellas luces que rechazaron durante sus vidas, y entonces sabrán que están condenados porque ellos mismos así lo quisieron, pues Dios no quiere que nadie se condene, sino "que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Timoteo 2, 4 ).

Es por esto que a lo largo de sus vidas los hombres disponen de muchas oportunidades para rectificar. Una sóla ocasión de arrepentimiento aprovechada es suficiente para reconciliarse con Dios. Jesucristo, ya en la cruz, perdonó al ladrón de Su derecha y le prometió que esa misma tarde estaría con Él en el Cielo, porque en el último suspiro se arrepintió de toda una vida dedicada al robo y las fechorías (San Lucas 23, 42-43).

Dios es todo misericordia, y perdona al que se arrepiente; pero también es justo, y respeta la libertad del que elige el mal.

"A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará" (San Lucas 12, 10). Estas palabras de Jesucristo exponen claramente las consecuencias de negar la verdad. La blasfemia contra el Espíritu Santo es la negativa reiterada y obstinada a reconocer la verdad que Dios presenta ante los ojos de los hombres. El Espíritu de Dios presenta al hombre muchas luces, avisos y reprobaciones por los pecados cometidos. Cada vez que el hombre recibe una luz o siente su conciencia reprobada por cometer un pecado debemos entender que el Espíritu Santo le reprueba por su falta. Y es la persistencia hasta el final en el mal lo que conduce a la condenación eterna.

Por último, queda advertir que tras el juicio, las luces de Dios también las tendrán presentes los condenados en el infierno. De hecho, Jesucristo nos advierte seriamente sobre esta cuestión hablando del "gusano que corroe y no muere" (San Marcos 9, 47).

Este gusano que corroe el alma es el eterno remordimiento de conciencia que sufrirán los réprobos cada vez que recuerden las numerosas luces que recibieron durante sus años de vida terrena para hacerles saber que Dios existía y que estaba presente en todos y cada uno de los actos de su vida; pero que ellos prefirieron ignorar para no verse obligados a abandonar sus más queridos vicios. No debemos confundir el remordimiento de conciencia con el arrepentimiento. Los réprobos no pueden arrepentirse, pues sus almas ya son eternas e inmutables; están fijados en el mal y no pueden cambiar su condición de malvados, ni tampoco lo desean. Sin embargo, sí desean desesperadamente abandonar el infierno y sus tormentos, y de ahí viene el eterno remordimiento de conciencia: ellos eligieron libre y voluntariamente la condenación infernal.

No se debe infravalorar en absoluto el sufrimiento que supondrá este eterno remordimiento de conciencia. De hecho, los teólogos están de acuerdo en que, tras el definitivo alejamiento de Dios, este "gusano que corroe y no muere" es el castigo más insoportable del infierno.

Además, es necesario advertir que cuanto mayores sean las luces rechazadas y cuantas más reprobaciones del Espíritu por los pecados cometidos se hayan desoído, tanto mayor será el tormento. Cada una de estas ocasiones de conversión rechazadas volverá a la memoria del condenado una y otra vez, por toda la eternidad. El réprobo se encontrará a sí mismo recordando las luces y reprobaciones del Espíritu Santo libremente rechazadas, y una y otra vez deberá reconocer que su condenación eterna fue obra suya. Cada uno de los días de su existencia en la Tierra fue una nueva ocasión de conversión, cada una de las advertencias de su conciencia, de los pastores de la Iglesia, de sus familiares y amigos, incluso cada campanada de cualquier pequeña ermita que resonó a sus oídos, fue una nueva llamada del Espíritu Santo a la conversión, que él desperdició.

Que nadie se engañe, pues, diciéndose a sí mismo que lo importante en la vida es ser bueno, aunque no se crea en Dios. La bondad y la mentira son incompatibles.




EL QUE NO CREE, YA ESTÁ CONDENADO (Jn 3, 18), dice Jesús en la Escritura.

Ésta es una afirmación extremadamente contundente que no deja lugar a dudas. La negativa a aceptar el mensaje cristiano supone la condenación eterna en los infiernos. Hoy tuve la oportunidad de exponer esta perspectiva a un ateo recalcitrante, y, para mi sorpresa, la reacción fue de extremo disgusto. Ahondando más en el tema, comprendí que el motivo del desagrado extremo de mi contertulio se debía a que él se consideraba por encima de todas aquellas "tonterías" religiosas, y le desagradaba comprobar que ésos a los que él consideraba unas víctimas de la ignorancia, lo certificaban a él, un ateo racionalista, como un pobre pecador condenado al infierno eterno.

Este hombre, al parecer, consideraba que por el hecho de ser ateo, no le afectaba para nada todo el tema religioso, y que podía limitarse a despreciar la religión y a los religiosos sin que ello le supusiese mayores consecuencias. Por eso, al comprobar que esa misma religión que tanto despreciaba, lo condenaba al infierno, montó en cólera.

Después de algunas palabras le hice notar que su negativa a aceptar la religión como su credo personal ya suponía en si mismo un acto de fe. Una fe negativa, pero fe a fin de cuentas. Fe en la no existencia de Dios. La postura de un hombre natural ante la existencia o no de Dios es la de curiosidad. No existen pruebas a favor y tampoco en contra, por lo tanto, declararse ateo, ya supone un acto de fe. Es como si alguien afirmase "que los extraterrestres no existen". Actualmente no hay evidencia alguna de la existencia de extraterrestres, pero esto no significa que no existan. Así que afirmar que los extraterrestres no existen sólo puede sustentarse con la fe. Con Dios el caso es parecido, afirmar que existe es un acto de fe, pero negar Su existencia también. De hecho, esta negativa no es más que el reflejo de un deseo y de una voluntad previamente determinada: el rechazo de Dios.

Él volvió a la carga argumentando que -a pesar de las palabras de Jesús- el hecho de no tener fe no significaba que fuese merecedor del infierno, que la carencia de fe no significaba que fuese un malvado. Mi respuesta fue que, como la Escritura asegura, hasta el justo peca siete veces al día. No existe nadie que sea lo mínimamente perfecto como para entrar en relación con Dios sin una purificación previa. "Pues todos pecaron y carecen de la gloria de Dios" (Romanos 3, 23). Sólo reconociéndose pecador previamente, y pidiendo perdón a Dios a continuación, es posible conseguir que el alma quede lo suficientemente limpia de impurezas. No importa la magnitud de los pecados cometidos, Jesucristo puede eliminarlos con el poder de Su Sangre divina ofrecida al Padre para borrar los crímenes del pecador que sinceramente se arrepiente de ellos.

Pero, es que no es suficiente con ser bueno para salvarse, además es necesario ACEPTAR A DIOS. Dios respeta nuestra libertad -le expliqué- y si la decisión del hombre es rechazar a Dios, el Creador aceptará esta decisión.

Entonces la agitación de mi contertulio alcanzó el paroxismo, hasta el punto de temer que la discusión degenerase en un altercado. Y es que este hombre se negaba a aceptar que Alguien pudiese condenarlo cuando él no creía en religión alguna. De alguna forma, este hombre actuaba como Pilatos, creyendo que un lavado de manos podría disculpar su crimen.

Ésto mismo es aplicable a todos los ateos. Cuando un ateo es interpelado sobre la religión, valora el tema y emite una decisión final. El tema de la salvación o de la condenación es tan esencial que nadie puede abstenerse y mirar hacia otro lado. En un tema tan crucial no es posible ser neutral y quedar al margen, como pretendía mi furibundo contertulio.

Que nadie se engañe. El ateísmo no sirve de disculpa, porque el no creer ya supone en si mismo una toma de postura. Es posible modificar esta postura incluso en el último aliento de vida. Mientras vive, el ateo puede cambiar hacia la fe y salvarse. Porque el que no cree rechaza a Dios. Y Dios no obliga a nadie a convivir con Él a la fuerza.



LAS RAZONES DEL ATEÍSMO ACTUAL

De acuerdo con numerosas estadísticas, el mundo actual parece ser la etapa histórica más atea de todos los tiempos. No es dificil corroborar las estadísticas en la práctica. Las iglesias llenas escasean, los fieles son cada vez más viejos, el clero está en constante crisis de vocaciones, los matrimonios civiles aumentan, los funerales por incineración también, y, en general, la sociedad parece alejarse inexorablemente de las creencias religiosas.

¿La razón?

La razón, hay que buscarla en la sociedad de hoy. El modelo social actual a nivel mundial es radicalmente diferente del existente hace sólo cincuenta años. Existen tres factores que cambiaron drásticamente el modo de vida: la sociedad urbana, el progreso económico y los medios de comunicación de masas. En estos tres factores están las causas del ateísmo.

Con el fin de las sociedades aisladas en el medio rural, la gente pierde el sentido comunitario. Aunque parezca paradójico, cuanto más concentrada está la población, más aumenta el anonimato, la soledad y la indiferencia por el prójimo. Las ciudades modernas no invitan a la vida social, sino a todo lo contrario, y los ritos comunitarios como la religiosidad tienden a difuminarse. Aparece un individualismo feroz que cada vez se acentúa más. Este individualismo llevaría en el aspecto individual a considerar la religión (a los creyentes) como algo personal, íntimo sin mediadores. Sería la típica respuesta

"soy creyente pero no practicante" (!).

El progreso económico general en el mundo es otro factor esencial. Jesús habló en cierta ocasión de lo difícil que lo tenían los ricos para entrar en el Reino de los Cielos. Y actualmente, lo que se considera un ciudadano "pobre" es más rico que un "rico" de la época de Jesús. Los que hoy se consideran de la clase media viven mejor que los reyes del mundo antiguo. Y los ricos actuales viven mejor que el más rico de los emperadores romanos de toda la historia. En resumen, en los parámetros de la época de Jesús, ésta es una sociedad de "ricos", y, tal como dijo el Maestro, y como confirma el ateísmo moderno, las dificultades para entrar en el Reino de Dios son mucho más considerables que entonces.

¿Por qué?

Pues porque es más dificil resistirse a la tentación. Un rico puede acceder a actividades pecaminosas que un pobre ni siquiera se plantea. Con dinero, cualquier vicio es asequible, y cuando algo está al alcance de la mano, las posibilidades de caer en el pecado se incrementan exponencialmente.

En asuntos mundanos cada uno tiene el ídolo que se le antoja. El que elije lo mundano, niega lo espiritual y cuanto más rica es la sociedad, más estorba la religión y sus restrictivas normas de conducta moral que impiden sacar el máximo "provecho" de las posibilidades que ofrece el dinero.

Por si ésto fuese poco, tenemos el tercer factor: los medios de comunicación de masas, antes prácticamente inexistentes. Estos medios están controlados por grandes grupos industriales y financieros que los utilizan para promover una ideología que favorezca sus intereses: el consumismo, la irracionalidad y el hedonismo. La austeridad que predican la mayoría de las religiones concede pocos beneficios económicos, y no resulta provechosa para las grandes corporaciones. Por lo tanto hay que olvidarse de pensar y dedicarse a promover el consumismo, el placer, el gasto económico que mueve la maquinaria industrial y comercial. De hecho, estos medios de comunicación dedican una gran parte de sus posibilidades a la emisión masiva de propaganda comercial.

La incitación al consumismo es demoledora. Pocos pueden resistirse. Hablar de recato y de frugalidad resulta ir totalmente contra corriente. Y, nuevamente, la religión estorba.

El argumento de que muchas almas acaban consumiéndose en el abismo es algo que a la maquinaria industrial y comercial capitalista le trae sin cuidado. Esas almas no son económicamente útiles, no consumen, no producen, no cuentan. Lo que ocurra con ellas es insignificante.

Este es el mecanismo de ateísmo moderno. Lo más fácil, y lo que hace la mayor parte de la población, es dejarse llevar por la corriente. La vorágine consumista arrastra todo a su paso. Consumir es el lema, el placer la ideología, la condenación eterna el resultado final.

Tú, que lees ahora este texto, piensa bien si esto es lo que responde realmente a tus intereses. Si quieres convertirte en una máquina de producción y consumo puedes hacerlo, los capitalistas te lo agradecerán. Si deseas puedes utilizar tu dinero para recrearte en toda clase de vicios y desmanes, los capitalistas te sonreirán agradecidos de que llenes sus bolsillos; pero tu alma se hundirá cada vez más en el fango del pecado.

Por mi experiencia, sé que existe un punto de no retorno. La mayoría de la gente que vive en el pecado, acaba por amoldarse de tal forma a sus vicios que llega un momento en que les resulta ya prácticamente imposible dar marcha atrás. Y entonces, de alguna forma, es como si el mismísimo diablo tomase posesión de su alma, los gobernase, y les exigiese más y más podredumbre con la que alimentar su insaciable sed de maldades pecaminosas.

Por poner un ejemplo que todo el mundo conoce, pensemos en la pornografía. Se empieza por mirar a las mujeres poco recatadas que se nos cruzan por la calle. Nada hay más fácil que gastarse unas pocas monedas en comprar una revista pornográfica en cualquier esquina. Cuando las revistas no son suficientes, se pasa a la práctica, y muchos son los que caen. Ésto puede comprobarse en el incremento inaudito del número de burdeles. Cuando incluso esto cansa, empiezan los viajes a "paraísos" sexuales donde unas pocas monedas son suficientes para violar legalmente a los niños. Si el sida o alguna enfermedad venérea no corta por lo sano esta progresión, las aberraciones que estos depravados llegan a imaginar pueden alcanzar límites de una violencia inaudita... Y es que el pecado es así. El mal engendra más mal. El pecado hunde a las almas en la inmundicia más irrespirable. Y cuanto más se recrea el pecador en la inmundicia, más esclavizada estará el alma al pecado.

Sé que es ir contra corriente, pero es esencial pisar el freno. NO TE DEJES LLEVAR. Impón tu voluntad sobre las imposiciones sociales. Utiliza el intelecto para aquéllo que Dios te lo concedió y piensa. Sólo tienes una oportunidad. Si fracasas en esta vida y optas por el pecado, te hundirás irremediablemente en el abismo eterno dónde son arrojados los viciosos irreversibles. Dios te espera. Jesús te ofrece el perdón. La Iglesia te indica el camino. Rechaza el lado oscuro del consumismo que conduce al vicio, a la vaciedad, al desamor y a la muerte. Sólo Dios puede llenar plenamente el corazón del hombre. Los vicios son como drogas promovidas por los agentes del infierno para adormecerte la mente y el espíritu en espera del día en que te arrastrarán hacia esa oscura caverna de la que nadie vuelve a salir jamás.




CONTRADICCIONES DEL RELATIVISMO

El relativismo, al no tener una referencia clara a la verdad, lleva a la confusión global de lo que está bien y lo que está mal. Si se analizan con un poco de detalle sus argumentaciones, es fácil advertir que casi todas suelen refutarse a sí mismas:

* "La verdad no es universal" (¿excepto esta verdad?).
* "Nadie puede conocer la verdad" (salvo tú, por lo que parece).
* "La verdad es incierta" (¿es incierto también lo que tú dices?).
* "Todas las generalizaciones son falsas" (¿esta también?).
* "No puedes ser dogmático" (con esta misma afirmación estás demostrando ser bastante dogmático).
* "No me impongas tu verdad" (tú me estás imponiendo ahora tus verdades).
* "No hay absolutos" (¿absolutamente?).








LOS ABSURDOS ATEOS

El ateo se ve sometido a una presion mental por los absurdos que está obligado a admitir. Así:

1) Admite una materia, por naturaleza propia soberanamente imperfecta, y que, sin embargo, tendría una perfección infinita, la eternidad.

2) Admite una materia absolutamente inerte, que se daría a sí misma una capacidad de transformarse que no tiene.

3) Admite una materia desprovista de inteligencia y que produce obras maestras de inteligencia, como lo es la organización del universo, ese reloj inmenso y complicado que no se rompe, que no se detiene, que no se gasta, que no se descompone nunca.

4) Admite una materia que no tiene vida, y que produce seres vivientes como la planta, el animal, el hombre. ¿Acaso evolucionando podría crear la vida?. Si así fuera, cosa que es imposible, aún faltarían millones de siglos para que se formara la primera cadena de ADN, la más sencilla...

5) Admite una materia que no piensa, que no raciocina, que no es libre, y que produce seres capaces de pensar, de raciocinar, de querer libremente, como el hombre.

Los impíos modernos han renovado el sistema de Epicuro. Suponen un número infinito de átomos que se mueve en el vacío. Un día estos átomos se encontraron por casualidad, se unieron y formaron masas de las que resultaron tierra, sol, luna, estrellas, es decir, el mundo.

Su sistema es pueril y absurdo. Suponen átomos innumerables, mas no dicen de dónde salen. Los suponen en movimiento, pero se olvidan de decir quién los mueve. Suponen que su encuentro fortuito ha producido el mundo, pero no dicen quién es el autor del orden admirable que reina en el mundo.

Estos incrédulos fundan su sistema sobre tres imposibles:

1: Es imposible que existan átomos sin un creador;

2: Es imposible que los átomos se muevan por sí mismos

3: Es imposible que el encuentro de los átomos haya producido el orden sin un ordenador inteligente.

Se necesita un Dios para crear estos famosos átomos, un Dios para ponerlos en movimiento, un Dios para formar esos globos admirables que ruedan sobre nuestras cabezas con orden y armonía sublimes.

Nuestro Padre Dios, EL GRAN DESCONOCIDO PARA NUESTRA PEQUEÑA INTELIGENCIA, ES EL QUE ES: EL PRINCIPIO DE TODAS LAS COSAS.

Sólo sabemos de Él lo que cuenta la Biblia y los Evangelios...y aún así, muchas cosas no alcanzamos a comprenderlas...






EL ATEÍSMO Y LA FILOSOFÍA

Durante el siglo pasado varios filósofos de renombre auguraran la muerte de Dios. Friedrich Nietzsche habló de la inevitable muerte de Dios. Pero este filósofo esta al día de hoy muerto, mientras que Dios sigue vivo y bien vivo y Su reflejo está en los millones de personas que creen en Él, en las afluencias masivas de todos los pueblos a los que el Papa ha visitado. Nietzsche, murió loco, homosexual y sifilítico, por lo que no s ningún ejemplo válido para nadie. Sus libros, como Así Habló Zaratustra rezuman odio por todas partes. Su teoría del superhombre, fue uno de los gérmenes del nazismo del siglo XX. El resultado de tan ilusorio becerro de oro todo el mundo lo conoce: cincuenta y cinco millones de muertos en la segunda guerra mundial y toda Europa convertida en un montón de escombros. Lo más sorprendente de todo esto es que, hoy en día, aún quedan seguidores de tal personaje. Marx es un ejemplo paradigmático. Durante el régimen marxisto-comunista de la Unión Soviética, en China, y en sus respectivos estados satélite, se trató de instaurar una sociedad atea que pretendía alcanzar el cielo en la tierra. Actualmente, Marx es un montón de carne podrida corroída por los gusanos, y su ideología no corrió mejor suerte. El comunismo ha muerto, Dios vive.



EL DESAFÍO DE PASCAL

El gran matemático Pascal discutía con un ateo sobre la existencia de Dios. Lleguemos a un acuerdo, le decía. Yo no puedo probar en un laboratorio la existencia de Dios.

Pero Vd tampoco puede probar lo contrario. Tomemos una postura u otra según las evidencias de cada uno. Estudiemos las posibilidades: "Dios existe" o "Dios no existe". Yo le doy a Vd. la oportunidad de tener un 50% de posibilidades de tener razón y si Vd. me convence a mí que no tengo razón en otro, porcentaje igual. ¨Cual nos ofrece mayores garantías de acertar? Después de una vida más o menos prolongada ambos moriremos y seremos enterrados en el mismo cementerio.

Supongamos que el día de la resurrección se descubre que Dios es real. Yo he ganado y Vd. ha perdido nada menos que la eternidad feliz.

Supongamos que no hay resurreccióón y Dios no existe: Vd. ha ganado pero no le sirve de nada, porque nos espera la nada: en esta opción Vd. también lo ha perdido todo y yo no he perdido nada: Por éste sencillo cálculo de probabilidades si apuestas por Dios lo ganas todo....






DE LOS TIBIOS NO ES EL REINO DE LOS CIELOS

Dirijo este mensje a todos aquellos que en lugar de definir con decisión su postura, prefieren acomodarse en la indecisión del agnosticismo, pensando que así, quizás, puedan beneficiarse del beneficio de la duda en el juicio final mientras se dedican ahora a transgredir la moral religiosa. Y, lo que se van a encontrar es con una realidad más dificil de digerir de lo que esperan. Actualmente la humanidad se encuentra en el tiempo de la misericordia. Todo aquel que recurra libremente a Jesús para limpiar las abominaciones de ensucian su alma verá escuchada su petición. El resto tendrá que enfrentarse a un veredicto de justicia en el que -me temo- una gran parte de la humanidad no pueda dar la talla para entrar en el reino de Dios. Y no es que Dios no desee darles entrada, sinó que la dureza de corazón priva a mucha gente de esa posibilidad. Por todo ello, conmino a todos aquellos que estén debatiendose en la duda de la fe verdadera, que definan con valentia su posición y opten por aprovechar este momento de ilimitada gracia que Dios nos ofrece a través del sacrificio de Su Hijo.



DIOS EN LAS SOCIEDADES HUMANAS

Kant,el gran filósofo alemán del siglo XVIII y principios del XIX, decía que Dios es el ser más difícil de conocer, pero también el más inevitable. Por eso, si no hubiera Dios, se haría necesario explicar cómo el hombre ha podido crear una noción que ha estado presente en la conciencia humana no sabemos cuántos miles de años antes de que llegase a la consideración de los primeros filósofos. Y no como los centauros o las hadas: miles de millones de personas no han dudado y no dudan en referir la noción de Dios a un ser realmente existente.

Se podría pensar que es un error colectivo, pero nadie acusaría de error a toda la humanidad sin una razón muy poderosa. Si se objeta que se trata de un consenso que no se apoya en un razonamiento lógico, se puede responder que quizá se apoye en algo más sólido que la lógica (sí, aunque ésta nos venga de Aristóteles), pues una creencia que se mantiene en todo tipo de civilizaciones , estructuras sociales y niveles de cultura parece que nos habla de una ley psicológica de la naturaleza humana.

En este sentido, Dios apunta la primera gran pregunta filosófica: ¿por qué el ser y no la nada? Si en algún momento del pasado del pasado no hubo nada, tampoco ahora ni en el futuro habría nada, pues de la nada no se obtiene nada. Por tanto, parece evidente que siempre ha existido algo. Por otra parte, entre los seres que existen no conocemos ninguno que se haya dado la existencia a sí mismo: todos, tanto los vivos como los inertes, son eslabones de una larga cadena de causas y efectos. Pero esa cadena ha de tener inicio, pues pretender que un número infinito de causas pudiera dispensarnos de encontrar una Primera, sería lo mismo que afirmar que un pincel puede pintar por sí solo con tal de tener un mango muy largo.

La Causa Primera es la que en este mismo instante sostiene en la existencia a todos y cada uno de los seres que forman el cosmos, igual que estas palabras que salen en la pantalla del ordenador dependen de mi mano que las escribe sobre el teclado, y de mi voluntad, que controla mi mano. Esa Causa Primera es Dios, nuestro Padre celestial.

Podemos ver a Dios en todas partes y en todas las cosas sostenidas por Él. Y esto no es cosa de santos sino simplemente de personas sensatas, porque Dios está en todas partes, y todas las cosas están sostenidas por Él. Lo que nosotros hagamos como consecuencia de esta verdad puede ser santidad; el verlo es simplemente sensatez, y nada más.

Lo que no se puede tener es fe sin razón, porque el pensamiento ha de obtener razones para creer, aunque cada uno necesite de razones diferentes. todos los creyentes se han preocupado, más o menos, de demostrar su existencia. A los no creyentes, en cambio, no les ha importado, es lógico: no se puede demostrar la no existencia de algo.

Aunque esto no es totalmente exacto: durante los siglos XIX y XX los ateos han dedicado miles de miles de páginas, horas, seminarios y tecnojerga para demostrar la no existencia de Dios: ateneos de París, clubes de Londres, etc...

En la extinta Unión Soviética -un régimen autodemonimado comunista, materialista y ateo- los escolares estaban obligados a tragarse unos cuantos años de una ineludible asignatura llamada "Ateísmo Científico".

Ahora, en la posmodernidad, ya casi no quedan ateos, se han cansado o rendido o muerto de viejos. Sólo hay muchos agnósticos que no intentan, al contrario que sus abuelos, demostrar la no existencia de Dios, sino que se limitan a decir "paso del tema".

Los más dados a la terminología científica aducen que la carga de la prueba recae sobre los creyentes: son ellos quienes deberán demostrar que Dios existe. Una argumentación también discutible. La mayor parte de la humanidad ha creído siempre y sigue creyendo que la Divinidad ha creado la materia o bien la ha conformado y dado sentido. Es tarea de la minoría que ha venido después con una teoría nueva y marginal -los ateos- demostrar que funciona mejor que la vieja: así se hace en todos los congresos científicos, ¿no?

No acaban aquí las posibilidades. Algunos aducen que para negar la serie infinita de causas, se inventa a un Ser a su vez infinito y eterno: se niega una infinitud y se inventa otra... La diferencia está entre una Inteligencia Infinita y una Infinitud Ciega. El problema no está en creer en una infinitud, sino en creer que esa infinitud es ciega.

Porque esa infinitud ciega sabemos que ha dado lugar a unas concreciones muy determinadas y llenas de sentido. Así, el infinito matemático es inimaginable (excepto simbólicamente) pero es manejable, usable, conceptuable... y funciona.

Se detecta un orden, una lógica, unas leyes en la existencia, en la Naturaleza... y hay que hacer la apuesta: ¿es el ciego azar o hay un Plan? Y si hay plan, hay una Inteligencia, y tal Inteligencia debe ser infinita.

No se sustituye gratuitamente una infinitud inerte por una infinitud inteligente (el Ser inteligente que llamamos Dios): se propone a la Infinitud inteligente porque el mundo presenta un Orden y el orden presupone inteligencia.

Cuando el ateo niega el orden, al Dios Creador y Providente, el ateo se vuelve creyente de otro dios, empieza a hacer apologética de un dios pagano muy viejo, la vieja diosa Fortuna, el Azar.



Por otro lado, la fe es un don gratuito de Dios . No obstante, ello no quiere decir que no sea una fe razonable, esto es, conforme a la razón y que cuenta con argumentos para su afirmación y defensa ante los demás. Asimismo, en ocasiones la exposición de tales razones y argumentos de la fe pueden servir para que incluso los no creyentessientan una inquietud que les haga replantearse o reconsiderar su propia increencia.

Grandes filósofos del siglo XX, como Husserl y Scheler (sólo ellos te pueden enseñar, y no alguien tan humilde como yo), manifestaron abiertamente que si sólo podemos conocer lo sensible, renunciamos a las realidades más profundamente humanas. Ambos enseñaron en la Universidad de Gotinga a principios de siglo, y lograron un ambiente de extraordinario interés por la filosofía. La más brillante de sus alumnas era una chica atea, Edith Stein, que escribió esto: "Con razón se nos inculcaba continuamente que debíamos mirar todas las cosas sin prejuicios, y arrojar toda clase de anteojeras. Las barreras de los prejuicios racionalistas, en las que me había criado, sin darme cuenta cayeron, y el mundo de la fe se presentó súbitamente ante mis ojos. En ese mundo vivían personas con las que yo trataba a diario y a las que admiraba. Tenían que ser, por lo menos, dignas de ser consideradas en serio".

A pesar de todo lo expuesto más arriba, será muy difícil, si no imposible, que alguien adquiera la fe porque yo u otra persona le exponga las razones que dan cuenta de una fe sólida, razonable y razonada. La fe, como es bien sabido, es un don de Dios. A lo mejor puede llegar en el futuro, de la manera más inesperada (¡se dan tantos casos de conversiones de ateos!); pero eso sólo está en manos del Señor, no en las mías.

Sólo quiero terminar con unas palabras de Tatiana Oricheva, feminista rusa exiliada: " Si alguien me pregunta qué significa para mí el retorno a Dios, qué es lo que esa conversión me ha hecho patente y cómo ha cambiado mi vida, puedo contestarle con sencillez y brevedad: lo significa todo. Todo ha cambiado en mí y a mi alrededor . Y, para decirlo con mayor precisión aún: mi vida empezó sólo después de haber encontrado a Dios".

BECERROS DE ORO

Dinero, sexo, amistades, vanidad, trabajo, ciencia, falsos profetas, arte, animales domésticos... cuantos más podria añadir. Y lo más alucinante es que todo esto y cuestiones aún mucho más baladies ocupan lo más y lo mejor de la mayor parte de la gente. Son becerros de oro, ídolos, falsos dioses que nos absorben la vida y nos condenan el alma. Sólo existe Una razón que satisface enteramente las necesidasdes y los anhelos del hombre: Dios.



LAICISMO


La divisa laicista pivota en el conocido aforismo: verde era mi conciencia y un burro se la comió. Una vez destrozada la conciencia recta, la gente deja de funcionar con el corpus de ideas que sostienen el sentido común y sobrenatural. Tal era el deseo de Gramsci. Según el comunista italiano, el nuevo hombre es aquel que redefine como le da la gana los conceptos del bien y del mal. Nueva conciencia que llama virtud al pecado, Dios a la democracia, moral a la psicología y apoyo a la religión. Esquemas como este permiten al burro laicista fabricar un hombre acrítico, iresponsable, sin nervio moral, un light-cista que asentirá cuando le ofrezcan curar la diabetes al precio de liquidar un embrión. Tragedia!!!





CREER O NO CREER

Creer en el Dios cristiano o creer que no hay nada que merezca ser llamado Dios: esta es la cuestión a la que te encuentras enfrentada y seguirás con ella toda tu vida, elijas ahora lo que elijas, igual que yo. Ese es el juego al que hemos sido arrojados. Pero el juego puede acabar en cualquier momento, cuando la muerte anuncie el fin de tu partida y de la mía. Y en este juego, quien apuesta mal, pierde todo. (Según los ateos, todos perdemos todo de todas formas, pero eso no les impide hacer su particular apuesta; todos debemos apostar).

El Dios cristiano es un Dios escondido (pero que quiere ser buscado) que deja pistas y sugerencias en la Historia y en la Naturaleza.

Una pista es esta: existe el instinto de inmortalidad; el hombre desea ser inmortal, es más, está convencido de que la mortalidad humana no es "normal". Mucho hablan algunos de "aceptar la muerte", "dejar que la naturaleza actúe"... pero cuando esta te llega a ti, intuyes que eso NO TIENE SENTIDO, no consuela, no responde a la pregunta "¿por qué?", y peor aún "¿por qué yo también?".

La pervivencia de la vida más allá de la muerte está escrita en nuestra naturaleza y se ve en todas las culturas. Parece un instinto, algo natural.

El bebé tiene hambre: no sabe qué cosa es la comida, pero tiene un instinto que le hace pedirla y cuando la tiene se aferra a ella.

El joven analfabeto quizá no sabe qué cosa es la reproducción, pero tiene un instinto que le hace desearla y le empuja a ello. Este instinto se llama sexo.

Un niño no sabe qué es el amor, pero nota su ausencia y lo pide.

Parece que nacemos con instintos que nos hacen pedir cosas, y curiosamente todas esas cosas existen: alimento, amor, reproducción. Tenemos también un instinto que nos hace rebelarnos ante la muerte... ¿será el único instinto que pide cosas inexistentes?

Este instinto podría ser una pista que el Dios escondido ha dejado en nuestra naturaleza.

Pensemos en otra pista: el tiempo. Es una cosa muy rara: a veces nos parece que nos sobra, otras que nos falta, piensas en lo que eras hace 10 años y te parece que no eras tú, lo sientes ajeno, piensa sobre tus memorias, tu relación con el tú pasado y el tú futuro...

¡Qué extraño todo lo que tiene que ver con el tiempo! ¿No será que no es nuestro elemento natural? Un pez no se extraña por el agua, pero nosotros, criaturas hechas de tiempo y espacio, nos sentimos siempre incómodas en él. ¡Quizá morimos de viejos, no sólo de desgaste! Intuición: ¿no será que nuestra naturaleza se cansa del tiempo, le extraña, porque no pertenecemos al tiempo, sino a la Eternidad? Párate un rato a examinar tu relación íntima con el tiempo, o tu relación íntima con la muerte.

Hay aquí pistas sobre la naturaleza humana, pistas que quizá Dios ha dejado ahí para todos nosotros.

Otra aproximación sería preguntarte qué pasó en una coordenada de tiempo-espacio concreta, para ser más exactos, en Palestina el día de Resurrección, bajo Poncio Pilato, cerca de Jerusalén. Ahí tenemos de nuevo a Dios dándote pistas, no en tu corazón, sino en la Historia.


Es previsible la argumentación de muchos ateos ante estas cuestiones: "para mi la vida no necesita explicación si no que disfruto de cada minuto".

Bien, lo mismo hacen los animales. Pero el hombre es un animal especial, animal humano, y llegará el día en que se preguntará: "¿por qué TODO? ¿Por qué ALGO?" O, peor aún, el día en que se preguntará "¿por qué esto que me ha pasado en concreto en mi vida?". Estas son las preguntas que diferencian al animal del hombre.

Otros podrían argumentar: "Para mi lo importante en la vida es mi familia y toda la gente que me rodea".

Eso es bueno y natural. Pero la familia pasará, llevada por el tiempo, la gente que le rodea pasarán, barridos por la muerte. Y sentirá la necesidad de plenitud que ni siquiera el amor de una buena esposa o unos hijos cariñosos pueden llenar. Notará que algo le falta. Ese día podrá distraerse con cualquier cosa a su alrededor. O podrá empezar a buscar. Y la búsqueda sólo acabará en Dios.

Algunos podrían argumentar sobre la "pasividad de un Dios que ve las "desgracias" del mundo sin inmutarse.

En este punto no hay que olvidar que Dios es omnisapiente. Nosotros tenemos una visión limitada de las cosas. Dios es Todopoderoso, y ve las cosas desde un estado que podríamos llamar "la Eternidad", aunque ser eterno es una de sus "propiedades". Eterno no quiere decir "que dura mucho". Quiere decir que no está en las reglas del tiempo y el espacio. No "prevé" las cosas antes de que sucedan: el "antes" no tiene que ver con su visión; Él las ve, ni antes, ni ahora ni después; para Él todo es un ahora intensísimo. Él ve el mínimo detalle y la composición general.

Es como un general, capaz de ver toda una guerra a nivel planetario y el detalle de cada soldado, más aún, de cada mota de polvo en cada soldado, y saber porqué y para qué está esa mota de polvo ahí.

Todo esto que he dicho son aproximaciones simbólicas para que imaginemos "cómo" ve Dios. Imaginar y simbolizar es todo lo que podemos hacer: seres finitos sólo pueden usar símbolos para referirse a cosas infinitas y hacerlo sabiendo que son aproximaciones atrevidísimas en el intento y humildísimas en los resultados, pero es lo que tenemos nosotros, "exules filii Evae".

Ante todo una idea clara: Nuestro Padre Dios no está a nuestro servicio ni siquiera como guardia de la porra...

Nos ha creado LIBRES para que le amemos LIBREMENTE. Si no lo hacemos y obramos mal, la culpa es nuestra.

¿Hemos de pasarnos la vida "exigiendo" a Dios que baje a arreglar nuestros vicios, nuestras injusticias o nuestras faltas de solidaridad? ¿Para eso nos ha hecho libres? Nuestro Padre Dios no está a nuestro servicio…

Dios permite la crueldad, luego Dios no existe… No comprendo porqué Dios permite eso, luego Dios no existe… Es una sinrazón semejante a ésta: "Estoy molesto. Si mi madre verdaderamente me quisiera, no ma habría traído al mundo…luego mi madre no existe…"

Además verdad es que de vez en cuando se enfada con nosotros con toda razón y nos manda un castigo...como atestigua la Biblia que hizo muchas veces con el pueblo de Israel...Y sus castigos no suelen ser livianos.






LOS "MANDAMIENTOS" ATEOS

LO QUE DICE DIOS

1.-Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás otro Dios más que a mí.

2.-No tomarás el nombre del Señor en vano.

3.-Santificarás las fiestas.

4.-Honrarás padre y madre.

5.-No matarás.

6.-No fornicarás.

7.-No hurtarás.

8.-No levantarás falsos testimonios ni mentirás.

9.-No desearás la mujer de tu prójimo.

10.-No codiciarás los bienes ajenos.

Este decálogo se resume en un solo mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo por amor a Dios.

Ahora comparemos mandamiento por mandamiento:

LO QUE ACONSEJA EL ATEO

1.-No tendrás otro dios más que tu cuerpo.

2.-Jurarás cuando te convenga para evitar ser descubierto en tus corrupciones.

3.-Paganizarás las fiestas.

4.-Te apoyarás en los errores de tus padres y te olvidarás de los valores constructivos que tal vez te enseñaron.

5.-Tienes derecho a desear la muerte de tus enemigos y deshacerte de los hijos que engendres, y suicidarte y matar a quien desea morir y no puede conseguirlo sin ayuda.

6.-Puedes fornicar con quien te plazca y cuando te convenga.

7.-Si puedes evitar que te descubran, roba, defrauda y dispón a tu gusto de los bienes ajenos.

8.-Si alguien te fastidia, puedes levantar falsos testimonios y atacar al enemigo donde más le duela.

9.-Si deseas a quien sea, provoca la ruptura de su matrimonio, o descásate cuando te plazca, aunque tus hijos se desmoronen y confundan el bien con el mal. La responsabilidad de la educación moral es una utopía.

10.-Si te atraen los bienes ajenos, incurre en lo que haga falta para conseguirlos. Mientras no te descubran, serás alabado por los que te rodean.

Este decálogo se resume en un solo mandamiento: Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas y despreciarás al prójimo por amor a ti.

Mercedes Salisachs






LOS ATEOS: LOS MAYORES CRIMINALES DE LA HISTORIA

De entre todos ellos, la marca la batió el dictador chino comunista y, por supuesto, ateo, Mao Zedong (Mao Tse Tung). Se calcula que entre el inicio de la guerra civil china entre los comunistas por él comandados y el final de este conflicto murieron alrededor de cincuenta millones de personas, diez millones de ellas en el período de la Segunda Guerra Mundial. En total pereció uno de cada diez chinos.

Años después, cuando Mao se había asentado ya en el poder instaurando una férrea dictadura comunista, el número de represaliados no dejó de aumentar. Con su obsesión enfermiza de realizar su sueño del "paraíso del obrero en la Tierra", emprendió una nefasta reforma de la sociedad china conocida como "El Gran Salto Adelante". Este descabellado programa económico se emprendió en 1958 y llevó a la muerte por hambre a millones de campesinos convertidos de la noche a la mañana en "obreros industriales". Entre otros "logros" de esta época, figura una delirante reforma agraria tan irresponsable que provocó una hambruna generalizada en China. Se estima que murieron entre veinte y treinta millones de personas a causa del hambre. El ancestral recurso al canibalismo volvió a resurgir con fuerza.

Una década después, durante la llamada Revolución Cultural, Mao animó a su omnipresente Guardia Roja a asesinar a diestro y siniestro y destruir el patrimonio cultural del país, considerado como un legado de la sociedad burguesa del pasado. Se trataba en la práctica del exterminio de los opositores políticos con el fin de preservar un poder dictatorial que quizás viese amenazado por los bruscos cambios que se sucedían en la vecina Unión Soviética, donde la caída de un líder era seguida casi de inmediato por la revelación de las atrocidades cometidas durante su mandato. De esta forma, la Revolución ¡¡¡Cultural!!! provocó el asesinato de un millón de personas, principalmente de intelectuales, y de todo aquel sospechoso de ser un opositor real o potencial, al régimen omnímodo de Mao.

Y esto no es todo. Aún falta por inventariar el resultado final, contabilizado en vidas humanas, de los delirios de poder de este dictador brutal.

Adolf Hitler llegó democráticamente al poder en Alemania; pero enseguida abolió el Parlamento y se proclamó dictador. Hitler provocó la última gran matanza en Europa. Durante la Segunda Guerra Mundial murieron unos 30 millones de europeos y otros 25 millones de personas en el resto del mundo, principalmente en Asia. Entre ellos hay que incluir a 6 millones de judíos gaseados y posteriormente incinerados en los campos de exterminio.

Hitler era un ateo recalcitrante. Entre sus frases conocidas sobre el tema, podemos citar las siguientes:

"La llegada del cristianismo es el golpe más fuerte jamás recibido por la humanidad."

"A largo plazo, nacionalsocialismo y religión no podrán seguir existiendo juntos."

Hitler sentía una especial aversión hacia el clero, hacia la confesión, y hacia los creyentes que asistían regularmente a misa.

En 1942, en un arranque de megalomanía, llegó incluso a proponer acabar con todas las Iglesias.

Y, aunque anticristiano, no era exactamente ateo: tenía una religión: el ultranacionalismo germánico. Su dios era la raza ario-alemana. Y su ideal: exterminar del mundo a los "untermenschen", los infrahombres, que para él eran los judíos, los eslavos, y todas las otras razas no germánicas. También exterminó a un gran número de alemanes que padecían alguna discapacidad o subnormalidad psíquica, algo similar a lo que se hace actualmente en muchos países por medio del aborto. Era muy aficionado al ocultismo y a las prácticas esotéricas. Su ideal era recuperar la pureza germánica primitiva, liberada de las influencias cristiana, marxista y judía. En realidad Hitler practicaba un neopaganismo de tintes raciales. No se opuso abiertamente a la práctica religiosa, como sí sucedió en las dictaduras comunistas, debido a la fuerte implantación del cristianismo en Alemania.

Otro ejemplo ilustre es el dictador comunista y ateo Josef Stalin, que gobernó con mano de hierro Rusia, Ucrania, Bielorrusia y otras trece repúblicas ahora independientes que pertenecieron a la mastodóntica Unión Soviética. Se calcula que Stalin represalió a unos sesenta millones de soviéticos, entre muertos y enviados al gulag siberiano. Sólo en la época del Gran Terror, como se conoce la oleada de represión masiva que afectó a todas las capas de la población soviética justo antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fueron fusiladas 700.000 personas.

Durante el gobierno de este monstruoso dictador tuvo lugar el mayor genocidio del siglo XX. En los años 1933 al 1935 se perpetró el genocidio ucraniano, ruso y kazajo motivado por la colectivización forzosa de las tierras agrícolas en el que fueron exterminados por hambre entre 3 y 8 millones de personas.

Stalin ejerció además una persecución religiosa directa contra el clero cristiano; algo atemperado posteriormente durante la Segunda Guerra Mundial. Su ideal era establecer una sociedad comunista pura, totalmente atea, libre del "virus" religioso que, para él, era un residuo de la sociedad burguesa que había que exterminar.

Otro personaje relevante por la gran matanza que provocó en sus delirios revolucionarios fue el fundador de la Unión Soviética: Vladimir Illich Ulianovich, alias "Lenin". Este dictador comunista llegó al poder tras una sangrienta guerra civil contra el gobierno democrático del presidente Kerensky. Esta larga guerra de cuatro años provocó nueve millones de muertos. Con Lenin comenzó una terrible sangría entre el clero ruso, en el que dejó numerosos mártires en su afán de librar de todo vestigio religioso a su recién creada Unión Soviética.

Y más recientemente, nos encontramos al también comunista Pol Pot, un genocida marxista empeñado en construir a punta de pistola una sociedad ideal en su patria natal.

Pol Pot deseaba que su país -Camboya- retornase a una especie de paraíso agrícola del pasado. Para ello, no dudó en vaciar las ciudades de sus habitantes y trasladarlos forzosamente a grandes campos de trabajo en el medio rural. Asimismo destruyó las fábricas, colectivizó las tierras, y asesinó a todo camboyano con alguna formación cultural, signo claro de "aburguesamiento". Él y sus Jemeres Rojos exterminaron durante la década de 1970 a dos de los seis millones de habitantes de Camboya.

Este es el resultado de las ideologías que niegan al Creador: convertir el planeta en un gigantesco matadero.





EL ATEÍSMO VA EN CONTRA DEL SENTIDO COMÚN

Es tan simple como eso. El ateísmo simplemente va contra la razón. Dios es tan evidente que habría que estar ciego para no verlo en Su obra. El universo entero está diciéndonos Quién es Su Creador. Hasta un niño comprendería que no es posible la existencia de un reloj si previamente no hay un relojero que lo fabrique. Pero no. Estos apóstoles de la estulticia atea piensan que el universo se creó por ensalmo, por una especie de generación espontánea, o, en el mejor de los casos, por la acción de unos hombrecillos verdes extraterrestres con poderes suficientes para contradecir las más elementales leyes de la física a las que esos mismos extraterrestres deben, obligatoriamente, estar sujetos también. SENTIDO COMÚN. Esa es la prescripción más elemental para conocer al Creador.






UNOS BREVÍSIMOS COMENTARIOS

PARA MÍ, LA FE COMIENZA CON EL RECONOCIMIENTO DE QUE UNA INTELIGENCIA SUPREMA FORMÓ EL UNIVERSO Y CREÓ AL HOMBRE. No me cuesta tener esa fe, porque el orden y la inteligencia del cosmos dan testimonio de la más sublime declaración jamás hecha: "EN EL PRINCIPIO CREÓ DIOS..." - Arthur Compton (1892-1962) Premio Nobel de Física en 1927 por su descubrimiento del denominado efecto compton y su investigación de los rayos cósmicos y de la reflexión, la polarización y los espectros de los rayos X.

Si no conociera más que los primeros capítulos del Génesis, algunos Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del universo con la ayuda de los datos científicos - Arno Penzías (1933), premio nobel de física en 1978 por su descubrimiento de la radiación cósmica de fondo, que otros físicos interpretaron como prueba de que el universo fue creado a partir de la nada y de la teoría del bing bang.

«La maravillosa organización y armonía del universo sólo puede haberse realizado de acuerdo con el plan de un ser omnisciente y todopoderoso. Éste es y seguirá siendo mi conocimiento último y supremo».- [Isaac Newton, fundador de la física teórica ]

La idea fundamental del designio o propósito divino... mira fijamente al biólogo donde sea que ponga éste los ojos... La probabilidad de que un acontecimiento como el origen de las moléculas de ADN tuviera lugar por pura casualidad es secillamente demasiado minúscula para considerarla con seriedad - Ernst Boris Chain (1906-1979), premio nobel de medicina en 1945 por su trabajo con la penicilina.

Al encontrarse uno frente a frente con las maravillas de la vida y del universo, inevitablemente se pregunta porqué las únicas respuestas posibles son de orden religioso... Tanto en el universo como en mi propia vida tengo necesidad de Dios. -Arthur Schawlow (1921-), que compartió el premio nobel de Física en 1981 por el desarrollo de la espectroscopía láser.

ES GENTE BOBA LA QUE DICE QUE EL ESTUDIO DE LA CIENCIA LLEVA AL ATEÍSMO -Max Born (1882-1970), premio nobel de Física en 1954 por sus investigaciones en torno a la mecánica cuántica.

«Declaro con orgullo que soy creyente. Creo en el poder de la oración. Y no sólo como católico creyente, sino también como científico». - Guglielmo Marconi, premio Nobel al que debemos la telefonía sin hilos.

No hay incompatilibidad alguna entre la ciencia y la religión... La ciencia demuestra la existencia de Dios -Derek Barton (1918-1998), que compartió el premio nobel de química en 1969 por sus aportaciones en el campo de la química orgánica y concretamente en el desarrollo del análisis conformacional.

CREO QUE SOLO UN IDIOTA ES CAPAZ DE SER ATEO Christian Anfinsen (1916-1995), uno de los galardonados con el premio nobel de química en 1972 por su trabajo sobre la estructura de los aminoácidos y la actividad biológica de la enzima ribonucleica.

Hay tantos colegas míos que son cristianos que no podría cruzar el salón parroquial de mi iglesia sin toparme con una docena de físicos -William Phillips (1948-), premio nobel de física en 1997 por su empleo de rayos láser para producir temperaturas sólo una fracción por encima del cero absoluto.

Apenas calco las líneas que fluyen de Dios -Albert Einstein (1879-1955), premio nobel de física en 1921 por sus contribuciones en el campo de la física teórica y en particular su explicación del efecto fotoeléctrico.

En todas partes, y por lejos que dirijamos nuestra mirada, no solamente no encontramos ninguna contradicción entre religión y ciencia, sino precisamente pleno acuerdo en los puntos decisivos. - [Max Planck, Físico]



Poca observación y muchas teorías llevan al error. Mucha observación y pocas teorías llevan a la verdad. - [Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina - ateo recalcitrante que se convirtió varios años después de ver un gran milagro en Lourdes]



El escepticismo radical es un dogma, y un dogma muy discutible.- [Christopher Derrick]



Hay una impresión vaga, pero persuasiva, de que expresar dudas es signo de modestia y de democracia, mientras que demostrar certidumbre se considera dogmático y dictatorial. -[Christopher Derrick]



El hombre puede ser un ESCÉPTICO sistemático; pero entonces no puede ser ya ninguna otra cosa; y ciertamente tampoco un defensor del escepticismo sistemático. -[G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor]

"Has querido responder a mi duda con un gran milagro" - Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, converso en Lourdes.

«Soy cristiano, lo que significa que creo en la divinidad de Cristo como Tycho de Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Leibnitz, Pascal... como todos los grandes astrónomos y matemáticos del pasado». - Augustín Louis Chaucy, matemático francés.

"Ignorante redomado aquél que pretendiere negar uno sólo de los cuatro pilares sobre los que se asienta todo el espíritu de Europa y su verdadero ser: la filosofía griega, el derecho romano, la religión cristiana y la ciencia moderna". - Xabier Zubiri, filósofo español.


“La existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas de la geometría”. René Descartes filósofo francés.

No hay más que dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen. - [Pascal, Matemático francés]




En conclusión, existe una relación directa entre fe y razón. Y como decía Pascal, el último paso que puede dar la razón es reconocer que existen infinidad de cosas que la superan. La razón es la que nos abre al Misterio y nos Lo muestra como razonable.







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