LA VERDAD OS HARÁ LIBRES



Yo soy yo y mi circunstancia, decia Ortega y Gasset para referirse al ser humano. Con el ateo sucede que no es más que un ser humano, con las limitaciones humanas. Esto le impide volar como un pájaro o curarse de un cáncer, y esto no implica que tenga su libertad reducida. Tiene la libertad que corresponde a su circunstancia, la de un simple mortal.

Otra cosa es que no le guste su circunstancia personal, como ser humano concreto, y prefiera convetirse en una especie de diosecillo de si mismo. Es evidente que nunca lo conseguirá.

La circunstancia humana implica que no pueda ser Dios. Es un simple humano limitado en su mundo carnal y espacio-temporal.

El problema de frustración con su condición humana es típica de los ateos. Cuando comprueban las limitaciones de la miserable naturaleza humana, aspiran a superarlas con métodos diversos: ciencia, placer, imaginación, drogas, etc... pero esto aún los convierte en más miserables: se hacen esclavos de aquello que pretende que los libere.

El hecho, es que no será libre de verdad hasta que asuma su condición de hombre, y reconozca la Gigantesca Realidad que está delante de él, pero que se niega a aceptar por miedo a tener que renunciar a sus sueños particulares.

"La Verdad os hará libres", dijo Jesús en cierta ocasión, y el caso es que todo aquel que no acepta la Verdad, vive en la mentira, y es la mentira la que nos esclaviza. La frustración del ateo como humano procede de su negativa a aceptar la Verdad. Quiere que la Verdad sea su verdad, y como eso es imposible, es un infeliz.

Nietzsche advirtió con toda claridad el meollo del problema: Si Dios no existe, entonces no existe la verdad. O lo que es lo mismo, si excluimos a Dios de nuestra realidad, todo se vuelve relativo. No hay nada eterno, inmutable, imperecedero que resista incólume el paso del tiempo y las generaciones. De ahí el relativismo generalizado de las sociedades actuales.

En resumen, hasta que el ateo no reconozca la Verdad Suprema que representa Dios, vivirá en la pura tiniebla, en la infelicidad, y en la muerte.






CÓMO PUEDE UN DIOS BUENO PREDESTINAR A ALGUIEN AL INFIERNO ETERNO?



Cómo puede un Buen Dios predestinar a alguien al infierno eterno? Esta supuesta ley divina contradice nuestra libertad de elección? Si Dios conoce lo que va a suceder, que voy a estar condenado para siempre, entonces por qué crea a los hombres?

La Iglesia Católica nunca ha afirmado que Dios predestine a nadie al infierno. Al contrario, el Concilio de Trento (Ses. VI., can. 17) condena la herejía de Calvino (Inst.,III., cap. XXI., XXIII., XXIV.), que aseveraba que un decreto absoluto divino predestinó a parte de los hijos de los hombres al infierno, y en orden a llevarlos efectivamente a este fin, también los predestinó al pecado. Ningún hombre inteligente puede adorar a un Dios que sea el Autor del mal, o un Dios que coartase nuestro libre albedrío. Esto haría imposible todo mérito o culpa de nuestra parte. Esta repulsiva doctrina explica por que los puritanos de Nueva Inglaterra son hoy en gran parte unitarios y no calvinistas. Las enseñanzas de Calvino, que muchos de sus seguidores rechazan hoy como no razonables, atentan claramente contra las Escrituras, las cuales insisten sobre la misericordia de Dios, que siempre está preparada para perdonar incluso a los más empedernidos pecadores (Rom. II. 4; 2 Pedro III. 9), y que enseña que Jesucristo murió por todos los hombres (2 Cor. V. 15; Juan I. 29; 1 Juan II. 2), y que "Dios desea que todos los hombres sean salvos" (1 Tim. II. 4). Dios es el Eterno Regalo, el "Soy el que Soy; (Éxod. III. 14); para Quién no existe el pasado ni el futuro, Omnisciente, Él debe conocer todas las cosas. Él conoce el futuro ya antes de que suceda; pero no sucede porque Él lo conozca de antemano. Él conoce lo que nosotros haremos con nuestra libertad. Su precognición no tiene efectos sobre nuestra libertad de acción. En los asuntos humanos, podemos fácilmente constatar que nuestra precognición no tiene efectos sobre las acciones que los demás eligen libremente. Por ejemplo, puedo avisar a un pobre nadador de que no se aventure nadando varios kilómetros hasta una isla cercana; o puedo avisar a un hombre viejo y débil que no cruce la calle de una ciudad hasta que el semáforo ordene al tráfico que se detenga. Si ellos rechazan tomar en cuenta mis advertencias, yo realmente no me puedo sentir en ningún modo responsable de sus muertes, a pesar de que podía preverlas claramente.

De la misma manera, Dios avisa al pecador de que no se aventure en el proceloso mar del pecado, y no se sumerja en los peligros de la tentación, porque "el que ama el peligro, morirá peligrosamente". Es Dios responsable por la eterna condenación del pecador, si éste, libre y delibereadamente, elige desobedecer Sus Mandamientos?

Alguien podría argumentar que esta comparación es defectuosa, como lo son todas las comparaciones. Tú no puedes ayudar a tus obstinados amigos, mientras que Dios podría ayudar al pecador dándole más gracia, tanta como precisase para arrepentirse. Por qué Él no hace esto? Nosotros no podemos responder a esta cuestión, porque las distribución de las gracias de Dios es un misterio impenetrable. Estamos seguros, sin embargo, de que Dios da a cada pecador gracias suficientes para que entre en el Cielo, y que ninguno se condena sino es por sus propias faltas. El problema está bien establecido por el Padre Martindale, que escribe "Surge un problema al analizar el hecho de que Dios, al crear el mundo, desprecie Su concimiento de que un hombre podría y querría malgastar sus oportunidades y su naturaleza, concernientes a dos libertades y sus interacciones: las nuestras y las de Dios. Pero ni siquiera podemos analizar verdaderamente nuestra propia libertad. De ella tenemos una intuición directa, que es básica y no podemos negar. Niégalo y cada paso adelante en la vida negará tu propia negación. Esta cuestión elude un análisis adecuado. Y aún menos el intelecto humano puede comprender la libertad de Dios. Forma parte de nuestra libertad parecernos a Dios; y continuar -curiosa parajoda- así pareciéndonos a Él precisamente cuando y porque nosotros libremente Lo desafiamos... Falso es el problema que surge para nosotros desde una contradicción entre dos términos, ninguno de los cuales entendemos completamente, y, aún más, entre esos elementos de ellos, que son precisamente los que no podemos entender. Podría decirse entonces que tan terriblemente Dios respeta este trascendente acto de libertad que Su respeto excede incluso Su deseo por nuestra felicidad " (Dios y lo Sobrenatural, 328).

Supongamos por un instante que Dios no crease un alma que Él supiese de antemano que sería condenada por el abuso de su libre voluntad y su obstinada resistencia a las gracias de Dios. Ello implicaría que todos los hombres, por el hecho de su mera creación y sin ningún esfuerzo ni trabajo alguno de su parte, estarían infaliblemente en el Cielo. Virtud y vicio entonces estarían a la par. La ley moral quedaría así sin ninguna sanción.


Extracto de La Caja de las Preguntas, 2 ed., por el P. Bertrand L. Conway, CSP. Publicado por Paulist Press, Nueva York, 1929. Permissu Superiorum: John B. Harney, C.S.P. Superior General Nihil Obstat: Arthur J. Scanlan, S.T.D. Censor Librorum Imprimatur: Patrick Cardinal Hayes, Arzobispo, Nueva York.








QUIERO DAR GRACIAS A DIOS PÚBLICAMENTE.

Jesucristo dijo en cierta ocasión que A DIOS NI EL MOVIMIENTO DE UNA RAMA LE PASA DESAPERCIBIDO. Esta aseveración tiene una implicación importante en la vida práctica, y es que destruye el mito del azar. En otras palabras, significa que la suerte no existe. Significa también que todas esas expresiones tan habituales como "hoy es mi día de suerte", "hoy no es mi día", "estoy gafe", etc, habría que substituirlas por la más antigua, aunque no por ello menos exacta expresión de "Si Dios quiere". La suerte no existe, y este es un punto que la Biblia deja más que claro cuando habla de la omnipotencia y la omnisciencia divina. Y que significa esto en la vida real? Pues significa que todos esos pequeños o grandes detalles que llamamos golpes de suerte son en realidad concesiones o negaciones de Dios. Tanto las fortunas como las desgracias, el dinero y la miseria, la sabiduría y la ignorancia, la salud y la enfermedad, el placer y el dolor, la locura y la cordura, son, en última instancia, dones divinos.

Me temo que sería demasiado pretencioso tratar de desentrañar cuales son los desígnios divinos cuando se trata de averiguar el porqué de estos dones. Sin embargo, debemos tener en cuenta tres claves para tratar de enfocar el tema adecuadamente. La primera de las claves a tener en cuenta es que Dios nos concedió el libre albedrío. En nuestro tránsito por la Tierra somos libres de decidir lo que queremos para nosotros. Pueden influirnos factores externos como circunstancias personales e influencias de otras personas, pero en última instancia, los que debemos tomar la decisión final somos nosotros. Y esta decisión marcará definitivamente nuestro destino eterno.

El segundo factor a tener en cuenta es que Dios siempre busca nuestro bien. Es necesario tener bien claro este punto para poder comprender algunos de los dones divinos -el dolor, la enfermedad, la pobreza, la ignorancia, etc- que se consideran negativos, pero que tienen un enfoque diferente cuando los combinamos con el punto anterior: la libertad personal. De alguna forma, todos estos dones negativos habría que enfocarlos como una forma de limitar los excesos de nuestra libertad personal y encaminar nuestros pasos hacia aquel camino que nos lleve al bien. Todos conocemos casos de personas que despues de largas y dolorosas enfermedades, o de situaciones límite, han reconsiderado en profundidad todo lo que atañe a sus vidas y se han transformado en grandes santos. El caso más destacado es el del fundador de la Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola era un soldado de vida libertina y alma cargada de pecados. Después de un combate en el que resultó herido de extrema gravedad, consiguió ver la luz al final del negro túnel que hasta entonces fue su vida y preguntarse: De que me vale conquistar el mundo entero si pierdo mi alma?

El tercer factor a tener en cuenta es que el diablo siempre busca nuestro mal. Me temo que muchos no creerán en la existencia de esta entidad maligna, y otros muchos se preguntarán la razón de su existencia siendo Dios tan bondadoso. Sin embargo la existencia del espíritu del mal es real. La Biblia evoca el mal introducido en el mundo a través de Eva y la serpiente; de las tentaciones sufridas por el Mesías en sus cuarenta días de ayuno; de los numerosos casos de espíritus malignos expulsados por Jesús de los cuerpos de los endemoniados...

Y por que tiene que existir el diablo, se preguntarán muchos? Es difícil responder a esta pregunta. La creación de Dios parece responder a una especie de equilibrio en el que se manifiesta la justicia divina. Todo aparece desdoblado en dos realidades contrapuestas. Al cielo se opone el infierno, la luz a la tiniebla, el placer al dolor, el bien al mal... Y, de la misma forma, a un Dios infinitamente amoroso, se opone un engendro envenenado con un odio sin límites.

En el hombre se unifican estas dos realidades, el bien y el mal, y es también al hombre a quien le toca decidir, con su libertad, a cual de los dos mundos desea pertenecer. Y es en este punto donde debemos considerar las influencias malignas, que son muy reales, aunque me temo que la mayoría de los lectores de este artículo se nieguen a creerlas. El diablo tiene un gran poder para influir sobre el hombre. Al contrario que Jesús, que se manifestó públicamente al mundo para difundir Su mensaje de paz, amor y alegría, el diablo no tiene ningún interés en darse a conocer. Cualquiera que lo viese tal como es, quedaría asqueado por el odio, la maldad y la violencia que supura. Por ello se oculta, y para captar afiliados a su causa se vale del engaño, de la adulación y del vicio.

Muchos de los que se proclaman satanistas y que públicamente hacen causa con el diablo fueron en su momento víctimas de un engaño. El diablo es especialista en el arte de la farsa, y no duda en presentarse de la forma más atractiva, incluso con atributos divinos, para embaucar a los pobres ingenuos que ignoran que ningún espíritu que procede de Dios puede contradecir lo que dice la Bíblia -la Palabra de Dios revelada al hombre.

La adulación es otra de las artimañas de este engendro. Pocas cosas hay tan valiosas para embaucar a los pobres mortales como convertirlos en una especie de dioses entre el resto de los hombres. De esta forma, con el dinero, la fama, el éxito y la adulación pública, el hombre se convierte en el dios de si mismo y desprecia al Verdadero Dios que lo creó. De esta lamentable situación al abismo de las tinieblas eternas no media más que un paso.

Hay un tercer y seguramente mucho más efectivo método para embaucar a la humanidad. Son los vicios. Los vicios humanos son un desprecio a la razón y a la voluntad que Dios nos concedió y el retorno al animalismo más brutal y salvaje. No es nada difícil caer en estos extremos. De hecho, la naturaleza humana está conformada por una parte animal, instintiva, que es necesaria para asegurar la supervivencia de la especie, y por otra parte racional, que es la que deberia prevalecer en cualquier caso, pero que no siempre sucede así.

Resulta extremadamente fácil dejarse llevar por los instintos más primarios: el odio, la envidia, la fornicación, el placer en el mal y el dolor ajeno, en la violencia, en los actos contranaturales, en la falsedad, en la mentira, y en la indiferencia por el prójimo. De hecho, me temo que todos estos vicios son los que más almas conducen al infierno. El diablo se vale de estas tendencias naturales para pervertir la voluntad del hombre y arrastrarla hacia el lado más oscuro del animalismo. Si alguien necesita ejemplos, en la historia reciente del mundo los tiene, y muy abundantes. Hace algún tiempo, vi por la TV un programa sobre el holocausto nazi. Hablaban algunos republicanos españoles survivientes de este genocidio. Explicaban pormenorizadamente todo tipo de atrocidades cometidas por los guardianes contra los prisioneros. Cada uno de los guardias de estos campos de concentración tenía sus manos manchadas con la sangre de cientos, incluso de miles de hombres, mujeres y niños. En cierto momento, uno de estos supervivientes afirmó: "tenían el vicio de matar, matar y matar". Esto puede resultar increíble, pero es un caso real. La degeneración provocada por el vicio puede alcanzar tales cotas de brutalidad que incluso en la tortura salvaje y posterior asesinato de miles de personas hay gente que es capaz de obtener ese placer primario por el que se guían los instintos animales. Esto puede parecer inhumano, y seguramente lo es, pero no debemos olvidar lo dicho anteriormente: el hombre es, siempre, el que tiene la última palabra. Estos guardianes asesinos y genocidas puedieron estar sometidos a numerosas presiones para hacer sus carnicerías, pero en última instancia, ellos debieron hacer un esfuerzo de voluntad y aceptarlo. Por lo tanto, ellos son los responsables de sus actos, y ellos habrán de cargar con las nefastas consecuencias.

Este hecho -la libertad humana- es siempre esencial. Dios puede advertirnos con ciertas luces en la razón, con enfermedades, o con dolores diversos de que nos estamos separando del buen camino. El diablo puede seducirnos con placeres, vicios y adulaciones para que nos unamos a la autopista del mal. Pero siempre es el hombre el que debe decidir. La responsabilidad final de nuestro destino en la gloria divina, o en el abismo del dolor eterno dependerá de a cual de las dos llamadas hayamos prestado atención.

Dios vela por nuestro bien mucho más de lo que podemos imaginar. Está pendiente de nosotros cada segundo que pasa, más pendiente de llevarnos a la salvación de lo que nosotros mismos lo estamos. Más pendiente de impedir nuestra condenación que nosotros mismos. Pero, repito, la decisión final, Dios nos la ha asignado a nosotros. Esa es nuestra decisión.

Por todo lo dicho, sólo me queda despedirme agradeciendo sinceramente a Dios las numerosas gracias y advertencias recibidas en el pasado, y aún en el presente, para que me apartase de los fáciles, atractivos y placenteros caminos que conducen a la perdición y me recondujese hacia la senda de la justicia que conduce al reino del amor eterno.






EL AMOR IMPLICA LIBERTAD

Dios no se manifiesta explícitamente ante nosotros para respetar nuestra libertad. Muchos dudan de esta aseveración. Pero si Dios es amor, y el amor es Dios, como explicó San Pablo, pregunto: es posible amar a alguien sin respetar la libertad de esa persona? Puede existir amor auténtico entre un negrero y su esclavo? La necesidad de libertad, de nuestra libertad se explica por el amor infinito que Dios siente por nosotros. Y ese amor infinito implica, además de libertad, bondad y justicia. No sería Dios un Ser bondadoso si no respetase nuestra libertad. No seria un Ser amoroso si no respetase la justicia. La justicia hacia el prójimo es una premisa ineludible del amor. Puede un juez sentir amor verdadero por un reo al que acaba de juzgar con prevaricación? Solo quiero que quede bien clara la necesidad ineludible de la libertad del hombre como condición indispensable para corroborar el infinito amor que Dios siente por nosotros. Y esta libertad sólo puede ser auténtica si podemos renegar de Dios. Tenemos la libertad de "pasar" de Dios, como hacen muchos ateos. Y tenemos esa libertad porque Dios no se manifiesta. Si se manifestase, tendríamos que aceptarlo a la fuerza, por la evidencia de los hechos. Y entonces no tendríamos libertad. Y el amor, si no es libre, no puede en ningún caso ser verdadero. Para comprender este tema no debemos olvidar lo fundamental: DIOS ES AMOR

Los cristianos tienen dos tendencias. Los que han sentido obrar a Dios con poder en sus vidas (con una curación, una conversión, un hecho potente, algún milagro, etc...) dicen que Dios es evidente, o muy visible. Otros cristianos, en cambio, piensan que eso se da sólo en casos muy contados y que aún así no lo hace evidente: defendemos que Dios es un Dios escondido. Da siempre luz para creer y maravillarse... pero la justa también para dudar. Pide un "Acto de aceptación", o como diría el inventor del cálculo de probabilidades, el genial matemático Pascal, "una apuesta". [Pascal apostó por el sí a Dios, pero recordando siempre que es una apuesta razonable, aunque no evidente].

Por otra parte, el silencio de Dios podría interpretarse de varias formas:

1-Dios no está callado, pero hay que escucharlo, saber sus lenguajes.

2-Dios no está callado, pero sin un acto de confianza por tu parte no le podrás escuchar.

3-Dios no está callado, pero tampoco nos grita coartando nuestra libertad.

4-Dios no está callado: habla a través de nuestros semejantes.



Esto no significa que Dios se despreocupe de nosotros. El caso es que no somos hijos bebés. Somos hijos adolescentes. Nuestro Padre nos ha dejado comida, herramientas, la casa, etc... se fía de nosotros para que tiremos adelante. Además, nuestro Hermano Mayor vino a explicarnos que Nuestra Padre ha preparado una casa aún mejor para nosotros, eso sí, sólo dejará que entren los adultos, los maduros, y también los que Le aman locamente. Pero muchos adolescentes chillones y perezosos de hecho ni siquiera quieren entrar, quieren que se la traigan aquí, marcar sus propias reglas del juego, protestan, etc... Algunos incluso mataron a nuestro Hermano Mayor: "con lo que cuesta mantener esta casa, a qué viene hablar de Otra Mejor? Y de dónde ha salido este Hermano Mayor?"

El caso es que el Hermano Mayor organizó a unos cuantos adolescentes para preparar sus viajes, que empiezan por amar la nueva casa del Padre sin dejar de trabajar en la vieja, que sigue a nuestro cargo. Los seguidores del Hermano Mayor son la Iglesia, y están convencidos de lo que enseña su fundador porque le vieron morir y resucitar y les enseñó por lo tanto fotos y planos de la nueva casa (el cuerpo glorificado del Resucitado es primicia de lo que serán nuestros cuerpos aunque...en qué sentido? La Iglesia, cuando no sabe algo, se calla.)

En fin: que el Padre no limpie todos los rincones de la casa (y no sabemos cuántos limpia en secreto) no significa en absoluto abandono del hogar: ha dejado muchas cosas y personas que nos ayudan a crecer y nutrirnos. Por ejemplo, nos deja el Pan y el Vino de la Eucaristía, pero es libertad nuestra aceptarlo o no.

En cualquier caso, nuestro hogar no es este. Los viejos se cansan de la vida. Todas las cosas nos aburren cuando se repiten un poco. Nada nos contenta. Cuando conseguimos algo que deseábamos, dejamos de darle valor. El tiempo nos parece algo extraño: siempre hablamos de si me sobra o me falta. Es evidente que no estamos hechos para este mundo, que no encajamos del todo, que la materia nos aburre y el tiempo nos extraña.

Nuestra casa es otra, la verdadera Casa del Padre. Sólo allí diremos: "por fin estoy en casa".

Dicho de otra forma: los cuatro argumentos dados son válidos, pero hay que aceptarlos. Las acusaciones de abandono que algunos Le achacan, no son coherentes para los cristianos, puesto que no nos ha dejado abandonados, sino que nos ha dejado todo lo necesario para llegar a Él. Dios, como buen padre, debe dedicarse a deshacer o arreglar todo lo que hacemos mal, todo el daño que causamos a otros? Y con la responsabilidad qué hacemos? Aprenderíamos algún día que nuestros actos tienen consecuencias? Por otra parte fijémonos en que muchas personas que han sufrido alguna enfermedad o desgracia se sensibilizan más hacia el sufrimiento ajeno.

En resumen: DIOS NO SE MANIFIESTA PARA RESPETAR NUESTRA LIBERTAD. Asi de simple. Si quieres tener la opción de la fe, es imprescindible que Dios no se manifieste. De esta forma, siempre te quedará el recurso de negarlo. Porque Él no se impone a nadie. Todo aquel que quiera renegar de el, puede hacerlo, y El, respetará su decisión. Solo los que libremente decidan aceptarlo como Padre, como Dios y Salvador podrán optar a estar en Su presencia. Porque Dios, nos dio la libertad para algo, no quiere marionetas ni robots, sino hombres libres que libremente decidan su destino.





LA VERDAD ES CONSIDERADA DE FORMAS DIFERENTES, TAN DIFERENTES, COMO SOMOS ENGAÑADOS. Y NO BASTA CON CONOCERLA DE OÍDAS, HAY QUE PRACTICARLA PARA SER CONFIRMADOS EN LA FE. QUÉ OTRO SENTIDO TIENE SINO, LA VIDA?

La gracia del libro de los libros (la Biblia) estriba, en que todos podemos beber de su fuente, pero no todos, somos saciados.

Evidentemente, en la Biblia se oculta la Verdad, no ha sido escrita para que todo aquél que la lea la descubra, sino aquél que es guiado por el espíritu de Dios, Espíritu Santo (Paráclito).

Así que no debe extrañarnos que sea considerada de formas diferentes, tan diferentes, como diferentes somos. Y para no ser dados a engaños, no nos basta con que la Verdad nos haya sido revelada, sino puesta por obra, que nos la confirme (nos aumente la fe). Qué otro sentido tiene sino, la vida?


Nos han dado a conocer muchas verdades relativas a lo largo de la historia de la humanidad y yo, sólo me quedaría con una que tiene vigencia hasta nuestros días.

Y es la que dice DIOS: que todas las pequeñas verdades, conducen a la gran VERDAD, porque es el ùnico camino verdadero, por el cual el hombre debe de guiarse, para alcanzar el reino de los cielos.

Dios, a través de Su hijo Cristo nos dijo que nos iba a enviar AL GRAN CONSOLADOR, PARA QUE NOS HABLARA DE LAS GRANDES VERDADES QUE CONTIENE LA BIBLIA. Y ESTO SE HA CUMPLIDO EN ESTOS TIEMPOS Y SE HA CONVERTIDO EN UNA VERDAD, CON LA CUAL CONVIVIMOS Y SOMOS TESTIGOS MUDOS DE ELLO, POR NUESTRA IGNORANCIA EN RECONOCER LO ENVIADO POR DIOS.











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