En el segundo piso vivían los ocho estudiantes pobres.
En el primero las cinco modistas con sus dos perros.
En el bajo los propietarios con su hija adoptiva.
En el sótano utilizaban la misma escalera.
Los ratones subían directamente por las paredes.
Al caer la noche, cuando pasaba el tren, las ratas
se asomaban al tejado por la chimenea y allí quedaban mirando
el cielo, las nubes, las rejas del jardín, las luces
de los restaurantes, en tanto la mayor de las modistas
cerraba las personas, con la
boca tachonada de alfileres.
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