GIANNIS RITSOS

 

LLAMADAS

 

La sal, el sol, el agua, van carcomiendo las casa poco a poco.

Un día, donde hubo antes ventanas y personas no queda sino

Piedra mojada

Y una estatua, con el rostro hincado en tierra. Las  puertas solas,

viajan por el mar, torpes, rígidas, insólitas. Alguna que otra

vez, a la hora del crepúsculo,

las puedes ver brillando sobre el agua, planas, cerradas para

siempre. Los pescadores

no las miran. Se recogen temprano en sus casas, se sientan delante

del quinqué,

oyen los peces resbalar por las grietas de su cuerpo,

oyen la mar que los golpea con mil manos (desconocidas todas)

y se echan luego a dormir sin desenmarañar de caracolas

sus cabellos

De pronto, escuchan los golpes que llaman a esas puertas y despiertan.

 

 

* * *

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