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LITERATURA/Libros Verde que te quiero rojo El retorno de Naomi Klein, la gurú antiglobalización, se presenta con este libro donde, de plano, mete a la mesa de discusión ambientalista la lucha de clases. Y con elloi corroboramos que el discurso progre de antes, y el de ahora, con esto no cambia nada JUNIO, 2015. Sabemos que el ecologismo y el capitalismo jamás se han llevado bien, pero los primeros se habían esmerado en no atacar sin misericordia a los segundos directamente, en primer lugar, porque las grandes empresas suelen donar millones de dólares a las organizaciones ecológicas con el fin de realizar "estudios" que investiguen, entre otras cosas, el llamado cambio climático, muchas de las veces so pena de enfrentar inclementes campañas de desprestigio. Ya lo dijo Bjorn Lomborg, autor de El Ambientalista Escéptico: "El ecologismo actual es un negocio de millones de dólares donde participan activistas, políticos, periodistas, líderes y profesores universitarios". Pocos recuerdan que uno de los villanos de los ecologistas a fines de los 90 era Bill Gates. Una vez que éste creó una fundación que mensualmente eroga millones de dólares para contrarrestar el "calentamiento global", las críticas bajaron considerablemente. La mayoría de los ambientalistas exigen más regulaciones a las grandes empresas pero rara vez demandan su cierre total. Pero con su nuevo libro, Naomi Klein se contrapone a esa postura y, de paso, mete en la discusión ambientalista la lucha de clases y pide a los ecologistas que ya no teman a la principal acusación de las grandes empresas, esto es, que sean como las sandías, verdes por fuera, rojos por dentro. Apenas hace falta escarbar un poquito en torno a Naomi Klein para ver de quién se trata. Canadiense pero hija de dos hippies norteamericanos que se fueron al norte en protesta por la guerra de Vietnam, Klein saltó a la palestra editorial del mundo en 1999 al publicar No Logo, aparecido apenas unas semanas antes de las protestas antiglobalización en Seattle. Sus obras posteriores no han igualado el nivel de ventas de No Logo, aunque siguen siendo altas. Sobra decir que Naomi Kleni es una de las consentidas de los críticos literarios: A unos meses de su aparición, en el 2014, su nuevo libro ganó el Hilary Weston Writers’ Trust Prize por obra de no ficción. Imagínense. Hasta antes de los atentados del 2001, en varias entrevistas la señora Klein aún decía que su objetivo no era destruir, sino "humanizar" al capitalismo. Sin embargo, con este nuevo libro, titulado Esto Cambia Todo: Capitalismo contra el Clima, Klein deja en claro que ha radicalizado su postura y decide abrir, en definitiva, un flanco anticapitalista desde la trinchera verde pese a que hasta el 2009 la autora no era conocida por implicarse en cuestiones ambientalistas; más bien las había ignorado con tal olimpismo que envidiaría el mismo Barón de Coubertain. Esto cambia todo, entonces. A unos años del primer centenario de la revolución rusa, la señora Klein se ha quitado el maquillaje de socialismo moderado que había marcado a sus libros anteriores. En su postura, lo verde debe ser el inicio para traer de vuelta a lo rojo, quizá esta vez no desde el Kremlin (aunque quién sabe: el señor Putin ha expresado sus buenos elogios a Klein) sino desde los mismos Estados Unidos. ¿Cuál es la sugerencia de Klein para, según ella, contrarrestar el cambio climático? Faltaba más: "Instaurar una revolución global donde los grandes corporativos dejen de manejar sus empresas para que éstas queden en propiedad de los trabajadores". ¿Dónde hemos leído eso antes y porque nos da cierto olorcillo a cuento viejo? La revolución proletaria se ha convertido en la revolución verde y el villano es el mismo: los dueños de los medios de producción. Por fin se le cae la máscara al ecologismo activista. Por supuesto que cuando hablamos de desastres ecológicos, recordamos que el mayor de ellos ocurrió en un país que en 1986 era comunista. Klein sí menciona Chernobyl pero para ella la fuga del reactor no se debió a la incompetencia del gobierno soviético sino a un "accidente", como si Three Mile Island, demonizado por los ambientalistas hasta el occipucio, no lo hubiera sido. Lo que Klein "olvida" mencionar es el que el mayor daño a la ecología se produjo en la ex Alemania Oriental y que por lo menos desde 1970 hubo una veintena de accidentes nucleares Europa del Este que nunca fueron reportados: de hecho lo mismo habría ocurrido con Chernobyl si la radiación no hubiera sido detectada cuando cruzó a territorio finlandés aunque el Kremlin la había estado desmintiendo por varios días. Pero no, el mayor contaminante del planeta es el capitalismo, escribe Naomi Klein. Y en efecto, este libro lo cambia todo en torno a los ambientalistas: son los comunistas del siglo XXI.
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