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Tom y Jerry
es absolutamente ramplona. Evite usted caer en esa ratonera
Este clásico animado recibe millones de visitas diarias en los
canales de videos, enorme tentación para que se realizara una
versión fílmica. El resultado es malísimo, con un argumento débil
donde quienes se supone serían los protagonistas terminan como
comparsas. Hay mejores maneras de distraer a los niños que viendo
cosas como ésta
Versión impresión
Chloë Grace Moretz, Michael
Peña, Jordan Bolger, Rob Delaney
Dirigida por Tim Story
Warner Bros/2021
MARZO, 2021.
Creados originalmente como cortos animados entre película y
película, Tom y Jerry brincarían luego a la TV en momentos
que William Hanna y Joseph Barbera decidieran formar sus propios
estudios luego que la MGM les diera las gracias y cerrara su
departamento de animación. El mayor éxito que estos personajes tuvo
en la TV se dio desde mediados de los 60 hasta fines de los 80 por
lo que muchos quienes fuimos niños entonces y tenemos/tienen
descendencia, incluso nietos, ver la versión fílmica de Tom y
Jerry en cine se antojaría una propuesta entretenida.
Aparentemente mucha
gente sigue creyendo que las películas actuales, incluso las
animadas, son mera distracción, aunque son cada vez más quienes
perciben que todo el asunto envuelve objetivos políticos metidos con
calzador, simplemente dejan de recomendarla, algo evidenciado en el
hecho que, luego de su estreno, Tom and Jerry entró en caída
libre en taquilla los días siguientes.
Estamos de lleno en un momento en que las políticas de identidad se
están confundiendo, y terminan siendo una sola, con la estupidez
absoluta, como lo hemos visto en la virtual "cancelación" de Pepe
LePeu, un personaje ficticio, esto al tiempo que esos activistas
woke siguen haciéndose los pendejos con el historial de acosador
sexual, incluso contra las menores de edad, cometido por Joe Biden.
Conforme avanza esta película, se percibe que cada gag, cada
ocurrencia, fue sopesada hasta el cansancio para evitar que esos
espectadores que se sienten ofendidos por todo fueran a protestar o,
peor aún, "cancelar" este filme. Previsiblemente, al hacerlo, nos
dejaron con un argumento soso, lleno de chistes malos que los
traductores seguramente batallaron en pasarlos al español.
Previsiblemente también, al "sanitizar" el argumento, Tom y Jerry
quedaron como meros actores secundarios, meros parapetos de un
guión mediocre e insípido.
La primera pifia, ya detectada desde la fallida versión filmada en
1992, es que estos personajes fueron diseñados para manejarse en
historias que duran menos de 10 minutos, igual que ocurría con esos
cortos de Harold Lloyd, Buster Keaton y
El Gordo y
el Flaco --de hecho, cuando éstos últimos filmaron
una opelicula, todo desembocó en una serie de gags-- por eso en
nuestros años de matiné, lo que veíamos eran esos festivales de
Tom y Jerry, y algo similar ocurriría con quien quisiera filmar
un largometraje de La Pantera Rosa, el personaje animado, no el
diamante.
Para variar, la historia se centra en Nueva York donde Tom se gana
la vida realizando trucos callejeros los cuales Jerry se los suele
arruinar. Urgido de un lugar donde vivir, el ratón opta por quedarse
en un hotel, obviamente de forma ilegal. Casi al mismo tiempo una
chica urgida de trabajo llamada Kayla (Grace Moretz) consigue un
empleo en ese hotel simplemente con robarse la papelería de otro
prospecto, algo por supuesto totalmente absurdo... será la primera
de la catarata de tonterías que inundarán esta historia.
La presencia de ratones en ese hotel pondrá en alerta al gerente
Terence (Peña, actor carente de toda gracia desde que lo vimos como
Poncharello en la
versión
fímica de Patrulla Motorizada) pues sabe que si
las autoridades se enteran, ordenarán cerrar el establecimiento.
Entonces Terence opta por contratar a un gato para que realice ese
trabajo porque por lo visto, en esa gigantesca ciudad no existen
quienes ofrezcan servicios de fumigación.
Es así como los viejos conocidos vuelven a enfrentarse, situación
que se agrava para el ratón porque uno de los salones del hotel, fue
contratado para realizar una boda interracial donde se casan de
acuerdo al rito hindú. También se presenta otro pleito de Kayla con
los empleados del hotel y la sospecha de que ella realmente no es
quien aparece en el currículum.
Como han apuntado otros críticos, si sacáramos de la película a Tom
y a Jerry y se incluyera a otro ratón cualquiera en la ecuación, la
historia habría sido esencialmente la misma. Por ello el felino y el
roedor son apenas personajes de relleno en una historia que
supuestamente busca ser inclusivista, empoderar a las mujeres y
defender la multiculturalización, ideas que nada tienen qué ver con
la constante persecución entre un gato y un ratón; el asunto es tan
anodino que incluso el perro que suele darle azotaínas a Tom carece
de toda gracia. En tal sentido le hace la competencia al gerente
Terence.
Cuando Kayla se pregunta cuál pronombre personal hay que darle a
Jerry, las ganas de abandonar la sala eran ya imperativas.
Afortunadamente logramos dominar esa sensación hechos a la idea de
que esta historia quedará en el olvido de quienes la vieron en
cuestión de días.
Urge llamar a un exterminador, ya no tanto de razones, sino de esa
plaga
woke.
Los amantes del cine lo agradeceremos infinitamente, más si con ello
se garantiza no ver jamás otra nueva versión fílmica de Tom and
Jerry.
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