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Versión impresióN

Houdini, el mago inmigrante

Además de asombrosos trucos de ilusionismo realizó el primer viaje a través de Australia en avión y se convirtió en avezado caza médiums. 82 años después de su muerte continúa el enorme respeto que le tiene la comunidad mundial de magos

NOVIEMBRE, 2007. La imagen cliché que tenemos de un mago es la de alguien vestido de frac, de bigotillo puntiagudo y que saca conejos de la chistera. Es una imagen que ni siquiera magos contemporáneos como Doug Henning o David Copperfield han logrado extirpar. Ya desde tiempos de Harry Houdini, considerado el más grande ilusionista de la historia, existía tal percepción: "nuestra misión es asombrar, no que ser nos juzgue por lo bien o por lo más que lucen nuestras vestimentas", escribió.

Y es que además de mago, Houdini fue un aventurero, el primero en recorrer en avión el continente australiano de punta a punta, y alguien empeñado en desenmascarar a médiums que a principios de siglo gozaban de enorme popularidad, y ganancias. La guerra de palabras que tuvo con Arthur Conan Doyle, obsesionado con el espiritismo e, irónicamente, creador de Sherlock Holmes --un personaje basado en el raciocinio más riguroso-- también fue ampliamente publicitado en la prensa de entonces. Y, naturalmente, queda la leyenda del mismo Houdini.

Sus trucos ya han sido ampliamente superados (seguramente quedaría al punto del desmayo si viera cómo un colega suyo esfumaba la Estatua de la Libertad) y sin embargo es considerado entre los fans de la magia como el mejor o, al menos, el que la mayoría de la gente menciona inmediatamente cada vez que se habla de trucos de magia. Mucho más, por supuesto, que Harry Potter. 

Fue también la historia de in inmigrante que llegó, como muchos otros, a una tierra desconocida y consiguió cosas inimaginables. Asimismo, algunos historiadores lo han inmiscuido en cuestiones de espionaje, algo que no se ha comprobado totalmente.

Ante de ser Houdini, el mago llegó al mundo en 1874, en Hungría, con el nombre de Ehrich Weisz, en una familia de origen judío. Su padre era un rabino es busca de un mejor nivel de vida, debido sobre todo a una corriente de antisemitismo que corría en ese lugar, por entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Cuando Wiesz tenía 12 años inmigró a Estados Unidos para vivir en un poblado de Wisconsin a donde su padre había sido enviado como rabino local. No fue fácil: había que asimilar el nuevo idioma y a una relación tirante con su padre de modo que a las 12 años escapó de esa ciudad aunque nunca perdió el contacto, con su madre, una de las más grandes influencias de su vida.

Además de aficionarse a lo que podríamos llamar cultura fisicoculturista, Weisz descubrió que era capaz de abrir prácticamente cualquier cerradura sin mayor esfuerzo, lo cual serviría para que descubriera su vocación; no tardó en encontrar el modo de vencer esposas en tiempo inusitadamente rápido y en practicar ejercicios de respiración que incrementaron su de por sí excepcional condición. Fue su flamante esposa Wilhelmina quien lo convenció de llevar todas esas cualidades a un escenario. Era el final del siglo XIX de modo que los empresarios circenses atraían la misma atención que youtube tiene en nuestros días. (Por cierto, otro hermano, de nombre Theodore, también realizaba actos de ilusionismo y, de acuerdo a lo escrito, era bastante bueno. Lamentablemente, la figura de su consanguíneo terminó por opacarlo en la historia)

Lo siguiente era encontrar un nombre artístico. Debido a que su nombre sonaba muy parecido a "Harry" cuando era pronunciado en inglés, optó por tomarlo mientras que su apellido lo asumió en honor a Jean-Eugene Robert-Houdin, considerado el padre de la magia moderna.

Cuando hoy escuchamos la palabra vodevil nos viene a la mente una presentación de encueratrices. Sin embargo, a principios del siglo pasado así se describía a los sitios donde se ofrecía variedad con músicos, miniobras de teatro y coreografías. Fue allí donde Houdini debutó y se presentó durante algunos años; su principal acto consistía en escapar de un, enorme tambo tras ser encadenado con varios candados.

Tras una exitosa estancia en Europa, Houdini regresó a Estados Unidos --todavía se especializaba en actos de escapismo-- donde en una ocasión sorprendió a los guardias de la prisión en que había estado el asesino del presidente James Garfield y cuyo escape se consideraba "imposible de antemano", lo cual lo convirtió en figura nacional. Sus trucos se hicieron aun más audaces: fue arrojado a las cataratas del Niágara dentro de una lona y de un barril clavado en su parte superior. También saltaba de puentes elevados y caía en ríos donde era más que un milagro sobrevivir debido a las corrientes o realizaba sus escapes colgado boca abajo y con la cuerda encendida o bien duraba varios minutos bajo el agua. No falto quien asegurara que el mago tenía un pacto con el diablo.

Todo comenzó a cambiar en 1913 cuando murió su madre mientras Houdini se encontraba lejos. Esto lo hizo reconsiderar cómo su vida también podría terminar debido a un error de cálculo. Su familia comenzó a ser lo más importante, mayor a lo de su exitosa carrera.

En 1918 Houdini realizó su acto más espectacular. Cada noche desaparecía a la elefanta Jenny ante decenas de espectadores, muchos de los cuales se desmayaban por la impresión. Tuvieron que pasar casi 15 años de la muerte del mago para que pudiera averiguarse el secreto.

El siguiente paso fue el cine: Houdini participó en los filmes The Master Mystery (El amo del misterio), y The Grim Game (El juego de muecas). Las regalías fueron tan buenas que tres años después fundó su propia productora.

Contra la charlatanería

Houdini era además un lector voraz. Su biblioteca contenía cientos de volúmenes cuyos pasajes el mago podía citar como si los tuviera enfrente. Uno de sus temas favoritos era el espiritismo, el cual consideraba era una "farsa inventada para sacar dinero a los incautos". "Mis trucos los realizo con las luces encendidas, frente a los espectadores... lo que hago es ilusión, y no la hago pasar como si fuera realidad", escribió.

No faltó quien considerara aquella encomienda una cínica manera de darse notoriedad (si alegaba por las evidencias, ¿por qué no daba a conocer sus secretos de magia?) sin embargo no le faltaba razón: los médiums y contactos con "el más allá" ganaban miles de dólares impunemente sin que nadie pudiera cuestionarlos. Tal era el caso de una médium conocida como Margery, y quien aseguraba establecer contacto con los seres queridos de quien le pagara una buena cantidad de dólares. Los dos se enfrentaron en público y Marguery quedó expuesta, lo menos, como una charlatana. El asunto también se llevó consigo la reputación de Conan Doyle, un convencido en los poderes de la médium. no extraña, por tanto, que entre el novelista y Houdini surgiera una profunda enemistad.

Aún faltaba el truco más grande cuando Houdini fue encerrado en un ataúd sellado y con mínima cantidad de oxígeno en su interior y que luego fue sumergido y que, según se supo después, no estaba muy seguro de salir vivo: de hecho estuvo a milésimas de segundo de perder el conocimiento y, por tanto, la vida.

Para 1926 Houdini era una leyenda total. Y como sucede en esos casos, el público ya sólo espera el momento de leer la esquela en el periódico dados sus trucos cada vez más audaces. Sin embargo falleció de una manera casi casi de humor negro, y más aún, indirectamente a causa de un escéptico.

Luego de una presentación una persona del público se acercó al mago para asegurarle que él también poseía poderes especiales concentrados en sus manos. Houdini lo retó a que golpeara su estómago para probar su resistencia. Se quitó la camisa y dejó al descubierto sus bíceps, sin embargo un ayudante lo distrajo y le quitó la concentración justo en el momento que el sujeto le propinaba un golpe medianamente fuerte que derrumbó al ilusionista. En las siguientes horas Houdini sufrió fuertes dolores que, en una época sin antibióticos, resultaban insoportables y falleció a las pocas horas del 31 de octubre de 1926. El golpe le había reventado el apéndice, algo que no habría ocurrido si Houdini, concentrado, hubiera endurecido sus bíceps.

Y aunque desde entonces han surgido magos iguales o aun más impresionantes --entre ellos, naturalmente, el hoy enproblemado David Copperfield--, el hecho es que ninguno osaría considerarse superior a Harry Houdini, de quien llegó a decir otro grande, el fallecido Doug Henning: "es para los ilusionistas lo que Babe Ruth es para el beisbol".