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LITERATURA

Hollywood y su
obsesión con El Gran Gatsby
Esta novela acerca de
un personaje que busca reinventarse y que fue escrita hace 88 años
vuelve a ser llevada a la pantalla por un Hollywood obsesionado por los
efectos especiales. ¿Cuál es la razón? Tras leer el libro y revisar
la línea que los estudios tienen actualmente, aparecerá la respuesta
ABRIL, 2013. En estos días se estrena otra versión fílmica de
The Great Gatsby, la novela inmortal que F. Scott Fitzgerald publicó por primera vez en 1925. Ha sido llevada varias veces al cine aunque hasta hoy la más conocida fue la protagonizada por Robert Redford, y aunque se esperaba que fuera un éxito taquillero, su recibimiento fue poco menos que regular, caso contrario a la novela, que por décadas se ha vendido bastante bien Pero dado que desde hace tiempo
The Great Gatsby es lectura obligada en las clases de literatura de las preparatorias norteamericanas, pocos jóvenes se asoman a esta novela por gusto. "Leer debe ser un gusto espontáneo, nunca un gusto forzado", escribió alguna vez Juan Villoro.
En esta ocasión, el protagonista será Leonardo DiCaprio; será él quien tendrá el rol de Jay Gatsby, uno de los personajes más representativos de la literatura norteamericana. Y sin haber visto la película, lo que podemos asumir del porqué ahora, en este momento,
The Great Gatsby vuelve a la pantalla grande tiene su explicación. En un momento en que Hollywood da preferencia inusitada a los efectos especiales, ¿por qué presentar una historia que tiene lugar en una década que terminó hace más de 80 años? Para atraer a las audiencias jóvenes, y de acuerdo a los cortos del cine, en vez de tener como fondo el jazz típico de los 20, lo que escuchamos es una especie de thrash rock. Lo que ocurre, por una parte, es que nuevamente los estudios utilizan un título conocido para colocar una historia contemporánea: ¿qué otra razón hizo que a Hansel y Gretel los convirtieran en cazavampiros?
Pero, por el otro lado, The Great Gatsby tiene en sí mismo una curiosa conexión con nuestro presente. Durante mucho tiempo se comparó a los años 20 con los 60 dado que en ambas décadas se dieron cambios inusitados que echaron a la borda al anterior orden establecido. Pero un análisis de la historia relacionaría más a los veinte con lo que está sucediendo actualmente en Estados Unidos. En aquel entonces el país se reponía del trauma de la entonces llamada Gran Guerra (1914-1918) y la absurda prohibición del alcohol estaba promoviendo una corrupción sin límites y un aumento del crimen. En similitud, los norteamericanos aún se reponen de los atentados del 9-11 y la prohibición en el uso de drogas ha traído más prejuicios que beneficios. Y si bien las tasas de criminalidad en sus grandes ciudades son son
comparables con las de los años 20, en ciudades como Detroit o Chicago, las tasas de criminalidad siguen siendo altas.
Hay otras similitudes: en los 20 se buscaba destruir el "orden establecido" de las generaciones anteriores, se abogaba por un Estado que asumiera un rol más preponderante en la sociedad --algo de lo que Keynes daría cuenta años más tarde-- y se cometían toda suerte de excesos por quienes pensaban que el mundo ya no tenía futuro. Esa descripción encaja, prácticamente en su totalidad, con nuestro presente donde grupos activistas (y con una ayudadita de Hollywood, por cierto) buscan erradicar los conceptos de familia, de sociedad, de religión y de valores que han existido por muchas generaciones. Y de nuevo, como en los años veinte, la irresponsabilidad gubernamental es ignorada y la culpa se desvía a "los ricos" y a los banqueros. El movimiento de Occupy Wall Street gira totalmente en ese sentido.
Quien haya leído The Great Gatsby de inmediato entenderá porqué Hollywood vuelve a arriesgarse con esta novela, escrita por F, Scott Fitzgerald, un joven que en 1920 ya había tenido un éxito descomunal con
East of Eden. En esta historia, el protagonista es Jay Gatsby, un joven que se enamora perdidamente de Daisy y quien será rechazado por la sociedad a la que ella pertenece porque, bueno, no tiene dinero. Daisy, siempre retratada como una jovencita tan bella como superficial, deja el romance atrás y se casa con un caballero conformista y mediocre pero, eso sí, parte de las "buenas familias" de South Egg, una elegante --y ficticia--
área residencial exclusiva en Nueva York.
Sin embargo Gatsby no olvida la afrenta. Entra en el negocio ilícito de la venta de alcohol y acumula una fortuna considerable. Entonces se lanza a la reconquista de la bella Daisy. La historia es narrada por Nick Halloway, aunque seguramente en el cine se convertirá en personaje de respaldo de Jay Gatsby. Al principio consigue recuperar el amor de Daisy pero enseguida el pasado vuelve a amenazarlo, esta vez en forma más agresiva. Y aunque el final es trágico, F. Scott Fitzegerald logra retratar, como ningún otro novelista de la época, el cómo era la sociedad
estadounidense de los años veinte y de cómo se hacía de "necesidades creadas" para huir de su realidad: el juego, los bailes "pecaminosos" como el fox trot, el charleston y el jazz, el auge del cine mudo y la
apoteosis por la muerte de Rodolfo Valentino. Cualquiera diría que en vez de ello hoy tenemos teléfonos móviles, redes sociales, harlem shake, videojuegos y todo lo imaginable para huir de nuestra realidad.
Pero sobre lo anterior, el autor se adelanta a su tiempo pues sus personajes llevan estampada la ambigüedad moral excepto, claro, los ricos. Pese a lo que hizo, al querer vivir de las apariencias y de actuar fuera de la ley para
conseguir sus propósitos, no hacen de Jay Gatsby un villano, según la óptica de F. Scott Fitzgerald. El relativismo moral, es decir, que no importa tanto el "cómo" se hacen las cosas, sino el "qué", convierten a
The Great Gatsby en un manjar irresistible para un Hollywood empeñado en derribar los conceptos que considera "anticuados", como la familia con padres heterosexuales y a la religión cristiana una convicción de la vida diaria para miles de personas. Son objetivos que los estudios, naturalmente, no van a apuntar explícitamente, pero que es fácil ratificarlo con un listado de sus estrenos más recientes.
El valor literario de The Great Gatsby y una historia bien contada hicieron que por primera vez fuera llevada al cine apenas un año después de su primera publicación, aún en tiempos del cine silente. Para los propósitos del Hollywood actual, Jay
Gatsby viene a ser un personaje ad hoc. Veremos cómo le va en la pantalla. Por mientras, le recomendamos lea la novela; le entretendrá, sin duda.
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