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The Exorcist: Believer: ¿por qué será que el 'patriarcado' no hacía porquerías como ésta?
Es increíble cómo una película estrenada hace medio siglo suena más fresca y propositiva que la bazofia woke que se nos quiere disfrazar como cinta de terror. Esta versión de El Exorcista será olvidada a los 10 minutos de verla,... o de abandonar la sala de cine antes del final, lo que ocurra primero. Así de pésima es esta basura
The Exorcist: Believer
Linda Blair, Angela Fielding, Ann Dowd, Ellen Burstyn
Dirigida por David Gordon Green
Universal/2023
OCTUBRE,
2023. William Friedkin tenía ya algo que contar a las
futuras generaciones cuando escribió el guión de Contacto
en Francia, estelarizada por Gene Hackman y ganadora del
Óscar a Mejor Película. Pero lo que consagró la creatividad
de Friedkin fue su siguiente libro, la historia de una
posesión satánica. Luego vendría la (exitosísima) película,
la controversia, los espectadores que se desmayaban, sufrían
crisis emocionales e incluso vomitaban en las salas de cine:
El Exorcista pasó a ser una de esas películas
"prohibidas" pero durante mucho tiempo se mantuvo como la
película de terror más exitosa de la historia.
Friedkin falleció el pasado agosto, lo que le evitó el
tremendo coraje de tener que presenciar lo que acaban de
hacer con su obra. Cuando Friedkin supo que Universal había
comprado los derechos de El Exorcista y que la cinta
sería dirigida por Gordon Greene, quien pisoteó las
recientes "secuelas" de Hollywood, exclamó cosas
impublicables (ya había dicho cosas similares cuando hace
años se estrenó la "segunda parte" de la saga). Y cosas
igualmente impublicables han salido de los fans de la serie
e, insólito, buena parte de la crítica.
Universal pagó 400 millones de dólares por los derechos pero
podemos decir ya que se trata de dinero que se está tirando
prácticamente a la basura. Algunos medios están celebrando
que The Exorxcist: Believer recaudó 39 millones de
dólares en el primer fin d ese semana y que, de acuerdo con
la página IMBD.com, lleva recaudados más de 100 millones de
dólares ¡triunfo absoluto! Claro, nadie menciona que aún
quedan casi 300 millones para recuperar la inversión (bueno,
350 si sumamos los 50 millones que costó filmar esta
babosada) pero los estudios planean que esto sea una
trilogía. En este punto, lo dudamos.
Hasta hace poco, ir al cine representaba una manera de relajarnos, de escapar de la realidad, de sentirnos satisfechos por haber invertido nuestro dinero de buena forma. Los últimos años el sentimiento al terminar de ver una película es de molestia, de incomodidad, de porqué Hollywood es incapaz de escribir buenas historias y se especializa en destruir franquicias exitosas. En lugar de servirnos para echar el estrés, las películas actuales nos lo incrementan.
Un género que hasta hace
poco se había mantenido relativamente alejado del tufo
woke era el de terror. Esos felices días han terminado:
en una escena, la veterana Ellen Barkin, que estuvo en la
primera película --Linda Blair también aparece aquí pero su
presencia se olvida a los cinco minutos-- nos advierte que
antes no podía realizar exorcismos aunque ella fuera
ministro "porque no lo permitía el patriarcado", es decir,
la Iglesia católica, y en otra más se advierte que esta
denominación religiosa no debe realizar exorcismos "pues son
muy peligrosos". ¿Desde cuándo? El bautismo católico a los
recién nacidos es un exorcismo que diluye el pecado original
de la concepción y lo más "peligroso" del rito es que el
bebé llore al sentir el agua fría. Pero de eso abundamos más
adelante.
La película inicia con escenas prometedoras: nos encontramos
en Haití --en realidad la película fue rodada en República
Dominicana-- donde una mujer aparece realizando lo que en
apariencia es un ritual de vudú aunque luego resulta que es
una "bendición". Pero las cosas dan rápidamente un
giro extraño pues aparentemente, para el director Gordon
Green, llamar a esos rituales "magia negra" es racista: se
trata en realidad de una modalidad traída por los esclavos
africanos y por tanto hay que respetar sus usos y
costumbres.
A su regreso de Haití, dos niñas norteamericanas que
acompañaron a sus padres comienzan a manifestar un
comportamiento extraño. Para el efecto no se llama a los
sacerdotes católicos --a lo largo de la historia sus
miembros aparecen como badulaques, timoratos y miedosos- y
en su lugar se acude a un quórum donde los representantes de
las diferentes denominaciones religiosas pronuncian tediosos
monólogos; una mujer "especialista" en este tipo de rituales
concluye que las dos niñas están "poseídas por un poder
negativo" y al que se identifica como una "entidad maligna";
no vaya a ser que se ofenda el diablo si se le identifica
como tal en esta cinta.
Una de las escenas más ridículas se da cuando Chris McCallen
(Burstyn) entra a la habitación y una de las niñas, llamada
Angela (Lidya Jewitt) la recibe con un "bienvenida".
Aparentemente, como advirtió Mick Jagger en su "Simpathy for
the Devil", nos encontramos ante un hombre no solo adinerado
sino de gustos refinados.
Y aunque aquí no somos fans de las películas de terror,
tampoco se requiere serlo para detectar que The Exorcist:
Believer está saturada ad nauseaum de los clichés
del género, ya sean la cabeza que gira sobre su eje, la
mujer poseída que camina como araña por el techo, alguien
que es expulsado violentamente por una ventana, las poseídas
que hablan como si tuvieran un gargajo atorado en la
garganta, el vómito de porquerías verdes... lo único que ha
cambiado es el molesto relativismo con el que se maneja la
historia.
Quien piense que en esta película veremos un enfrentamiento
del bien, representado en Dios, contra el mal, cuyo
protagonista es ya-saben-quién, se topará con una horrible
desilusión, y ello debe atribuirse a la mierda woke
que permea por todos lados.
Por ejemplo, (y es aquí donde vamos a proporcionar un
spoiler para evitarles ir a gastar su dinero en esta
basura) cuando las niñas regresan a la normalidad, una de
ellas refiere que sentía haber sido poseída "por un
ancestro", es decir, un esclavo. ¿Acaso deseaba protestar
contra el "privilegio blanco" que sufren sus descendentes o
simplemente se trataba de un espíritu furioso por el modo en
que en vida lo trataban los blancos?
Los autores de este bodrio claramente no estudiaron nada
sobre lo que consiste realizar un exorcismo católico: lejos
de ser un mero enfrentamiento de mentadas e insultos, se
trata de un acto de fe donde en ningún momento se contempla
la posibilidad de una derrota (¿qué religión de qué cultura
considera falible al Ser Supremo?) ni mucho menos "algo
peligroso" pues es parte, insistimos, de la defensa de la fe
de alguien que fue bautizado. El Exorcista de 1973
era una película cristiana, pero lo que tenemos aquí es una
mescolanza absurda de teorías New Age, visión
marxista de la religión e, insistimos, el relativismo moral
que no comparte una abrumadora mayoría de los espectadores.
Como decíamos al inicio, la película tuvo un buen inicio en
taquilla --nunca faltan los incautos que no han aprendido a
leer la agenda de Hollywood-- pero ello no garantiza las
pretendidas dos otras cintas que completen la trilogía, y en
caso que sean estrenadas se duda mucho que serán
redituables. Es increíble como una producción rodada hace
medio siglo, con efectos especiales que hoy se ven
rudimentarios y cuando las computadoras eran tan grandes
como el ropero de los abuelos sigan siendo insuperables con
sus propuestas.
Ello indica cómo en 1973 éramos más exigentes ante la
cartelera hollywoodense. The Exorcist: Believer
producidrá vértigo y vómito en muchos espectadores, pero por
razones muy diferentes, de modo que si piensa ir a ver esta
porquería, tómese unas píldoras para que no le toque volver
el estómago.
Porqué el cine woke es inmasticable y seguirá fracasando [Junio, 2022]
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