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El cine hecho música cortesía de John Williams
Su aportación al cine hollywoodense es inmensa, y da muestra de cómo la musicalización de una película es tan vital como la estructura del guión y de sus personajes. John Williams ya ha anunciado su bien merecido retiro, por lo que aquí evocamos su gran trayectoria con temas que nos han hecho estremecer, emocionar, conmover y sobre, todo, entretener
Por Germán Bitze*
FEBRERO, 2020. En todo rincón del mundo donde
exista una sala de cine cualquiera sabe quién es
John Williams, lo cual equivale a decir todo el
planeta. Este personaje, a punto de cumplir sus
nueve décadas de vida, es un compositor cuya obra se
ha difundido más el último siglo, incluido
Paul McCartney,
aunque hay que ser francos: Williams es el
equivalente en la musicalización de películas a lo
que el ex beatle ha sido en la música pop. En ambos
casos, su aportación es incalculable.
"John Williams ha sido un maestro para todos
nosotros, sin duda", dijo hace algunos años Alan
Silvestri, autor también de varios soundtracks
memorables, entre ellos Back to the Future y
Forrest Gump.
"No creo que exista un compositor en esta industria
que no haya sido influido por él". Algo similar
decía el ya fallecido Marvin Harmlisch, autor de
varios temas cinematográficos
igualmente memorables.
"La música hecha para películas siempre te lleva
directamente a mencionar su nombre".
Por su parte Williams atribuye todo no a que se
considere un superdotado de la música --lo que sin
duda es-- sino a que de una manera inusitada ha
conseguido transmitir en música la historia que se
le presenta en un guión. "Con John solo basta darle
un bosquejo sobre la historia que quiero musicalizar
y ya no vuelve a consultarme hasta que ya tiene las
partituras listas", dijo con orgullo George Lucas al
crítico Leonard Maltin.
Para el resto de nosotros quienes no somos ni
críticos, ni directores ni colegas suyos, la obra de
John Williams nos resulta igual de sorprendente. Es
imposible no mencionar a Indiana Jones sin
que de inmediato acudan a nuestra mente las
partituras épicas de un arqueólogo cabalgando en
busca de nuevas aventuras, o de ET con Elliot
volando con el pequeño alienígena a bordo de una
bicicleta con la luna de fondo. O bien estremecernos
con los inquietantes acordes de Jaws
(Tiburón), su primera colaboración exitosa con
Steven Spielberg. Y, por supuesto, la musicalización
de
Star Wars, la cual
por cierto ya es parte del archivo del Congreso
norteamericano (un soundtrack hipergenial que
contrasta con la devastación que se ha hecho
recientemente de esa serie de películas épicas).
Y si bien la mayoría de sus composiciones llevan una
evocación divertida y saltarina alrededor del guión
de la cinta, en ocasiones tienen un tono
desgarrador, como es el caso de Schindler´s List,
donde las cuerdas de un violín bastan para
reproducir el sufrimiento dentro de los campos de
concentración nazis. Sin embargo más de uno ha
acusado los "excesos spielbergianos" en algunas de
esas composiciones, sobre todo las realizadas
durante los años 80.
El mismo Williams confesó --en una de sus pocas
entrevistas que ha concedido; prefiere meterse entre
los corchetes y claves de sol a hablar con la
prensa-- no saber exactamente de dónde le
llega la inspiración. "Solo recuerdo que de niño y
de adolescente mientras leía novelas y cómics en mi
cabeza empezaba a escuchar la música de fondo como
ocurría con las películas". Curiosamente, Williams
no es de los que se pasa el tiempo viendo películas.
"Obviamente siempre asisto a la premier donde se
incluyen mis composiciones y siento un enorme
orgullo cuando le son presentadas al público", dijo
en esa misma entrevista. "Sigo siendo muy selectivo
cuando voy al cine. Me apasiona pero paso más tiempo
dedicado a otras actividades..."
Y si bien el ingenio musical de Williams es es
incuestionable y nos ha sorprendido infinidad de
veces, no le han faltado críticos quienes lo han
acusado de "rozar el plagio" de obras de Dvorak,
Richard Wagner y Tchaikovsky, y sobre todo de Gustav
Holst, el autor de la opus The Planets. De
hecho hay quienes apuntan que la música de Star Wars
es un hábil remake de
Mars, de Holst.
John
Williams nació en 1932, en el lejano estado de Nueva
York. Cuando era adolescente la familia se trasladó
a California --por entonces una verdadera fuente de
oportunidades creativas-- y tomó clases particulares
de música. Un par de años más tarde Williams fue
reclutado, pero no para la guerra (ésta había
terminado seis años antes) sino como parte de la
banda de la Fuerza Aérea, periodo en el cual
aprendió a tocar el piano con soltura, así como el
trombón, flauta y trompeta. Al concluir esa etapa
nuestro protagonista regresó a Nueva York donde
obtuvo un certificado en la Julliard School of
Music.
A los pocos meses, ya otra vez en California,
Williams se integró a la orquesta de
Henry Mancini,
quien a mediados de los 50 estaba en la cúspide como
compositor cinematográfico (suyas fueron la
musicalización de Desayuno con Diamantes y
Peter Gunn, grabación en la que participó
Williams).
Con Mancini, Williams aprendió varios secretos
valiosos que le servirían para manejar el estado de
ánimo a la hora de musicalizar un texto. "Glenn
Miller era un experto en crear ese ambiente; con
solo escuchar las primeras notas de "In
the Mood" sentías un irresistible deseo
por meterte a la pista de baile", recordó Williams.
"Henry (Mancini) usaba el mismo efecto para que la
gente sintiera un deseo inmediato por adentrarse en
en las vivencias de los personajes que veías en la
pantalla".
Terminada su asociación con Mancini y ya
treintañero, Williams buscó suerte como compositor
para televisión. Hasta entonces sus aportaciones en
programas televisivos de mediano alcance no habían
sido precisamente exitosas. De repente se topó con
una oportunidad, el componer el tema principal para
una serie que estaba preparando el productor
Sherwood Schwartz. ¿El nombre?
La Isla de
Gilligan.
El entonces llamado Johnny Williams compuso la
tonada en un par de horas, tema que después fue
grabado en el garaje en la casa de Schwartz. (Se
había hecho una versión previa pero no le gustó a
nadie, en especial a los ejecutivos de CBS,
televisora que distribuyó la serie). El tema de
La Isla de Gilligan es uno de los más conocidos
por varias generaciones, e incluso una encuesta
realizada en el 2000 indicaba que esa era la tonada
más popular después del "Star Spangled Banner", el
himno nacional de Estados Unidos. Con ese golpe de
suerte "Johnny" Williams pudo acumular su primera
fortuna importante dentro de la música.
Entonces llegó la invitación de Irwin Allen, otro
productor a quien se atribuye -falsamente, por
cierto-- el haber inventado el género de películas
de desastre. Williams musicalizó, con igual éxito,
las series Perdidos en el Espacio --las dos
versiones-- Tierra de Gigantes y El Túnel
del Tiempo. Años más tarde y cuando Allen
incursionó en el cine, igualmente le encomendó
ponerle fondo musical a las películas
La Aventura
del Poseidón e Infierno en la Torre. Pero
fue con Spielberg cuando Williams finalmente pegó de
jonrón con casa llena.
Cuando estaba por finalizar la filmación de Tiburón --un rodaje accidentado que estuvo a punto de ser cancelado-- Steven Spielberg optó por recurrir a Williams. Ni el legendario cineasta ni nadie quedó defraudado con la música de Tiburón, elemento que sin duda salvó a lo que antojaba sería un desastre artístico y financiero. Cuando se escucha el tema de la película, es imposible no recordar la ominosa presencia del escualo que se acerca a las playas, listo para servirse de almuerzo, por lo menos, una pierna humana.
Luego vendría Star Wars, una auténtica apoteosis. No es exagerado afirmar que, así como esa película cambió el modo en que se hacía cine, lo mismo ocurrió con la música escrita por John Williams, a lo que se debe agregar que varios de los personajes tienen su propio tema, ya sea la Princesa Leia y Darth Vader con La Marcha del Emperador. En aquellos años imperaba la música discotheque de modo que un tal Meco (sin alburear) grabaría su versión disco de las las galaxias. No pudimos encontrar nada, por cierto, en torno a la opinión de Williams respecto a esa grabación.
A diferencia de Mancini, rara vez Williams ha optado por incluir coros o letras en sus composiciones. "Yo soy de quienes se guían más por el sentimiento que te produce el escuchar unas notas que por lo que diga una letra; además un soundtrack no suele incluir letras, a menos, claro, que se trate de un musical", dijo Williams.
Y vaya que lo ha logrado: a Jaws le siguieron los soundtracks de Encuentros Cercanos y el "saludo" de los extraterrestres que se le ocurrió a Williams mientras veía un documental en televisión sobre el modo en que se comunican los sordomudos, así como de Superman, donde Williams estuvo a las órdenes no de Spielberg sino de Richard Donner, y el resultado fue igualmente satisfactorio. Fue ahí donde el compositor "cedió" a incluir letras con el tema "If You Can Read My Mind", recordado por la escena donde Margot Kidder y Christopher Reeve vuelan sobre Metropólis/Nueva York mientras comienzan a enamorarse. La canción fue posteriormente grabada por Maureen McGovern (la misma que cantó el tema "The Morning After" en La Aventura del Poseidón)
¿Qué
sigue? Por supuesto, la aportación, igualmente
magnífica, del tema de Indiana Jones en Los
Cazadores del Arca Perdida y El Templo de la
Perdición así como La Última Cruzada, la
que incluye el tema simpático cada vez que vemos en
pantalla al Dr. Jones (Sean
Connery), o la ominosa música cuando
aparecen los capítostes nazis y el traidor Donovan (Julian
Glover). Williams musicalizó esas tres películas,
incluso la cuarta, a la cual ningún soundtrack,
por más brillante que fuera, la habría salvado de la
debacle.
También debemos contar el tema de la película ET,
primo hermano del de Encuentros Cercanos.
Años después Williams colaboró en el soundtrack de
Imperio del Sol, Parque Jurásico, la ya
referida Schindler's List así como Saving
Private Ryan, cuyo score musical refleja
perfectamente el dramatismo de un momento de
incertidumbre como fue el Día D y la suerte de
muchos de los soldados que participaron en el
operativo.
No
todo han sido partituras recordadas en la historia
de John Williams, por supuesto. Pese al enorme éxito
que han tenido las películas de Harry Potter, poca
gente o casi nadie tararea o recuerda el
soundtrack de las andanzas del maguito con la
cicatriz en la frente, o bien de Munich,
película igualmente olvidable de Spielberg. En
ocasiones el olvido no es tan justificable.
Las Aventuras de Tin Tin,
que también le tocó musicalizar, fue la primera
incursión animada de Spielberg en el cine. (Luego
vendría la atroz Mi Amigo el Gigante a la
cual se le quitaron muchos detalles "políticamente
incorrectos" a la novela original de Roald Dahl,
autor también de Willy Wonka y la Fabrica de
Chocolate. Ese soundtrack sigue
prácticamente flotando en el olvido).
Algo similar, con la diferencia que éstos sí son
excelentes soundtracks, ocurre con la música
original de la cinta Atrápame Si Puedes, un jazz
inspirado en los días que Williams pertenecía a la
banda de Mancini, o bien The Terminal,
protagonizada por Tom Hanks y que es una de las
cintas "de un solo set" logradas por Spielberg y
filmada no en Nueva York sino en Canadá.
Con 88 años recientemente cumplidos, reconocimientos que llenarían toda una habitación, 25 premios Grammy y un puesto como director honorario de la Boston Pops, luego de haber participado en el score de las recientes cintas de Star Wars, Williams anunció su retiro, más que merecido, sin duda, pues de aquí a un siglo, indudablemente la aportación de John Williams será recordada del mismo modo que hoy rendimos homenaje a los pioneros que se abrieron campo en Hollywood.
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* Psicólogo que no ejerce, escribe, lee y los fines se semana duerme sin parar. Promete colaborar frecuentemente.
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