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De ingeniosos a humillantes marionetas, los comediantes norteamericanos

Cuando quienes solían ser comediantes pasan a ser voceros oficialistas de un partido político es un claro indicativo de que hay algo podrido por ahí. En algún momento la comedia norteamericana estuvo entre las mejores del mundo pero hoy incluso Televisa tiene cómicos más chistosos... así de lastimoso se encuentra el asunto. A ello agréguese la hipocresía de quienes  sacrificaron su talento para convertirse en burdos títeres de los demócratas

AGOSTO, 2021. Ni dudarlo: todos nosotros hemos crecido dentro de la comedia norteamericana, sobre todo en el cine, ya sea desde los tiempos de Chaplin hasta las ocurrencias del fallecido Robin Williams, de Adam Sandler y de Jim Carrey quien, aunque canadiense, su carrera arrancó en Hollywood. Ha habido humorismo de todos sabores, de igual modo indudable: no es lo mismo la comedia corrosiva e inteligente de South Park que las insufribles pendejadas de Johnny Knoxville; el punto aquí es que es imposible escapar de esa influencia, manifiesta incluso en los comediantes stand up que ya han reproducido por acá pero que, por la razón que  sea, no han logrado rebasar la esencia norteamericana.

En la TV se dio otro tanto, si bien los comediantes que se han desarrollado ahí sean menos conocidos por estos lares. Allá a mediados de los sesenta, los comediantes de la tevé empezaron a invadir los horarios nocturnos, situación que dio un giro cuando a uno de ellos, el genial Johnny Carson, se le dio su propio espacio para hacer chistosadas y realizar entrevistas. La fórmula funcionó maravillosamente al punto que fue imitada en el resto del mundo. Cuando Carson se retiró y fue sustituido por David Letterman, los comediantes/conductores adquirieron ellos mismos enorme poder tanto así que las barras de las principales cadenas entraron en una feroz batalla para hacerse de rating, ya no solo con Letterman sino con Jay Leno.

Durante casi dos déadas, Letterman fue insuperable. Su programa iniciaba con un monólogo al que seguían entrevistas, siempre picosas, jocosas e reveladoras así como el recuento de las "10 cosas que...", un segmento divertidísimo (y sí, Otro Rollo de Adal Ramones era una copia de Letterman aunque el fenómeno se repitió prácticamente en toda América latina y la TV en español de Miami y Los Ángeles.

Desafortunadamente, quienes heredaron aquella corona dorada de ratings e ingenio están muy por debajo de lo que pudiera esperarse. Las tres principales cadenas cuentan hoy con sus propios "comediantes" para los horarios nocturnos, Jimmy Kimmel --el de la foto-- Stephen Colbert y Jimmy Fallon (también están Seth Myers y Trevor Noah aunque sus ratings suelen ser menores).

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La diferencia entre los otrora monstruos de la comedia y lo que tenemos hoy es francamente abismal, vergonzosa, no porque estos personajes no sean buenos comediantes --en algún momento de sus carreras lo demostraron-- sino porque han tirado su talento a la basura para terminar convertidos en títeres de intereses políticos, o más precisamente, intereses del Partido Demócrata. Al seguir obedientemente la "línea" que les dan las cadenas televisivas y difundirla más como voceros oficialistas que como comediantes cuya misión es hacer reír al público, es un espectáculo claramente penoso.

Los comentarios o los "chistes" que dicen al aire, sus conclusiones, son idénticas entre Kimmel, Colbert y Fallon, y en ocasiones hasta utilizan los mismos adjetivos. Lo curioso es que no siempre fue así: aunque las principales cadenas de TV siempre han tenido afinidad con el partido del burro, tanto Letterman como Leno se fueron duro y directo a ridiculizar al presidente Clinton tras el escándalo con la Lewinsky y sí, a su esposa Hillary. Todavía a principios de la década pasada, estos comediantes hacían  burla de los políticos demócratas y también daban voz a invitados quienes no necesariamente eran demócratas: tanto Fallon como Letterman llegaron a entrevistar al ex presidente Trump, por ejemplo.

Pero hoy en que el sectarismo y la hipocresía se han asentado en la televisión norteamericana, los comediantes han sido obligados a alinearse con un discurso unánime y sacrificaron su libertad creativa con lo cual han perdido toda gracia, fenómeno más que similar al que le sucedió en su momento al cineasta Sergei Eisenstein, quien pasó a ser un cineasta mediocre cuando se sometió a los dictados del bigotón Stalin.

Ninguno de estos "comediantes" encontró nada digno de hacer mofa de Joe Biden cuando estuvo en campaña y decía tontería tras tontería, ni tampoco se burlaron de la fotografía donde su hijo Hunter Biden aparece con cara de idiota luego de haber consumido crack. Por el contrario, el "comediante" Kimmel entrevistó a Hunter donde el esquema "mira, yo te pregunto esto y tu respondes esto otro" era más que burdo y obvio.

Otra muestra vergonzante de ese agachismo de estos "comediantes" se dio con el ex gobernador de Nueva York Andrew Cuomo. El "comediante" Colbert le preguntó qué opinaba de "ser considerado uno de los hombres más deseados de Nueva York junto con su hermano Chris ("periodista" de CNN)  o si bien consideraba que esa votación equivalía a un empate. Otra muestra ocurrió con el "comediante" Jimmy Fallon cuando le preguntó a ese mismo gobernador "si estaba saliendo con alguien en ese momento" a lo que Cuomo respondió "mi marca es cero, tu puedes mantenerte en la fase cero por meses", con lo cual el "comediante" Fallon estalló en una inexplicable carcajada, como si Cuomo hubiera dicho algo gracioso". Ni una sola pregunta crítica, ni siquiera una alusión a lo que para entonces se sabía sobre el comportamiento misógino del gobernador Cuomo, quien semanas más tarde renunciaría a su puesto.

Naturalmente que, con ello, los "comediantes" Kimmel, Colbert y Fallon cambiaron su discurso hacia el político caído en desgracia: "Hoy fue un gran día en Nueva York, el clima fue excelente y lo mejor de todo, Andrew Cuomo renunció a la gubernatura", dijo Colbert en su programa, esto apenas semanas después que todos ellos le basaban los zapatos con preguntas estúpidas, y lo mismo hizo Fallon esa misma noche en su monólogo: "El gobernador dijo que él se haría a un lado, y lo mismo hicieron las mujeres que estaban a su lado". ¿Para eso se le pagan miles de dólares a los guionistas de esos programas, para repetir chistes trillados? El punto aquí es la humillante sumisión de esos "comediantes" que muerden la mano (o quizá otra cosa, vaya uno a saber) que apenas unos días antes habían lamido.

Si estas acciones de lambisconería que súbitamente se convierten en repudio una vez que el poderoso deja de serlo son humillantes en la política, resultan nauseabundas cuando provienen de quienes se supone se dedican a hacer reír a la gente, a distraerse de sus problemas y hacerles pasar un buen rato. Los "comediantes" norteamericanos han pasado a ser ridículos patiños: antes ellos hacían los chistes pero ahora ellos mismos se han convertido en chistes... y en chistes pésimos, que es lo peor.

 

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