CINE Ciclo Homenaje al director Jorge Acha


POR RAUL GARCIA

Hábeas Corpus y Standard, los dos largometrajes de Jorge Acha -muerto en 1996-, pasaron inadvertidos para el grueso del público. Sin embargo, con ellos, el director Obtuvo varios premios en festivales nacionales e internacionales. El homenaje, que se realiza en el Museo Nacional de Bellas Artes, intenta, además, juntar el dinero necesario para culminar el tercer film -Inconcluso- de Acha, Mburucuyá.

El 12 de octubre de 1996, mientras recorría el terreno donde pensaba construir su futura casa en Miramar -su ciudad natal-, murió el cineasta y pintor argentino Jorge Acha. Había nacido n 1946 y cursado estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Se definía a sí mismo como un "pintor viajero" (como aquellos románticos del siglo XIX), y su tema principal fue el mar. Expuso sus cuadros en muestras internacionales, como la Bienal del Humor y la Sátira de Gavobro (Bulgaria) y en a Muestra Internacional de Arte Gráfico de Bilbao (España), y también en innumerables eventos nacionales.

Pero fue como cineasta que consiguió destacarse Dirigió dos largometrajes: Hábeas Corpus y Standard, y dejó uno inconcluso titulado Mburucuyá. El interés por culminar esta última película condujo a un grupo de cinéfilos argentinos -encabezados por Ricardo Parodi, director del Centro de Teoría de la Imagen- a organizar un homenaje al desaparecido director. Comenzó ayer con la proyección de Habeas Corpus y seguirá el 17 de mayo con Standard, en el Museo Nacional de Bellas Artes a las 17.


Jorge Acha junto a su director de fotografía José Luis Celeiro

Para poder concluir Mburucuyá sólo es necesario el pistado final (agregar el sonido óptico al máster), trabajo que requiere una inversión de tres mil ochocientos dólares. Los organizadores del homenaje intentan reunir los fondos necesarios para terminar la obra, ya que hasta el presente el Instituto Nacional de Artes Audiovisuales no ha respondido a las solicitudes de subsidio para los trabajos técnicos que requiere el film.
El carácter experimental de las películas, y la decisión del propio Acha de que no ingresaran en el circuito comercial, son las causas principales por las cuales ambos films son prácticamente desconocidos. A pesar de ello, recibieron premios en distintos festivales de cine. Los temas fundamentales que desarrollan son el del poder, la represión, los mitos de la historia argentina, el cuerpo y la política.

Su carrera cinematográfica comenzó en 1969, con el rodaje de un corto titulado Impasse, interpretado por Leonor Manso, al que siguió otro corto, Producciones Arena, filmado en 1976. Después vinieron los largometrajes.


Con un presupuesto de cuatro mil quinientos pesos, y en cinta de 16 milímetros, filmó Habeas Corpus -presentada oficialmente en 1986, y que recibió el premio a la mejor dirección en el Festival de Cine Argentino de Operas Primas 87/88 en Bariloche- el relato de cuatro días (durante una violenta Semana Santa) en la vida de un prisionero de la última dictadura militar. A la espera de la tortura o la muerte que no llega. El prisionero comienza a recordar, único modo de soportar la espera; mientras tanto su custodio paramilitar se entretiene admirando revistas de fisicoculturismo. El cuerpo, capturado entre el erotismo y la tortura, es el eje de la obra. El propio director declaró que la película intenta "contar algo que no tiene fin, pero tratando de que el espectador necesite completar su historia y no pueda.
Standard, del año 1991, trabaja sobre el recuerdo del famoso "altar de la patria" que en el año 1975 proyectara el brujo López Rega; ese altar incluye varios de los mitos argentinos: el caballo de Perón, las estampitas de la revista Billiken, las tetas de Libertad Leblanc, entre otros no menos memorables. El argumento se basa en la relación de una falsa arquitecta (interpretada por Libertad Leblanc) con cuatro albañiles comprometidos en la construcción del monumento. "Si en Habeas Corpus trabajé sobre la idea de la soledad y el individuo, en Standard lo hice sobre el grupo, sobre la comunidad", explicó el director.
Tomando ese conjunto de símbolos, Acha articula una interesante versión de la historia argentina. Versión que, luego de un profundo silencio, puede verse en este ciclo.

MBURUCUYÁ
"Dos días antes de su muerte tuve una conversación telefónica con Jorge, en la cual me dijo que deseaba que yo viera Mburucuyá y le diera mi opinión; además dijo que la película estaba terminada, aunque era probable que en el montaje final decidiera cortarle algunos minutos", cuenta Ricardo Parodi, amigo del director y organizador del homenaje. Rodada en 1991, Mburucuyá (que lleva por subtítulo Cuadros de la naturaleza) es una composición de imágenes que se construye sobre una analogía con los libros de historia natural. Un catálogo armado sobre aquello que la película narra: la llegada al continente sudamericano de dos famosos naturalistas, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland (interpretados por dos actores no profesionales, Ariel Kupfer y Patrick Liotta, respectivamente), y el encuentro con la cultura indígena, con un interlocutor privilegiado: el indígena (papel desempeñado por el actor Jorge Diez, quien había trabajado anteriormente en Hábeas Corpus). Acha confesó que con esta obra intentaba observar "la cultura europea desde la óptica de un latinoamericano". El film combina fragmentos del diario de viaje de Von Humboldt en 1799 por la cuenca del Orinoco, con frases extraídas de su correspondencia; de esa conjunción nace un interesante relato. El espectáculo de una naturaleza plena de sonidos, colores, olores vírgenes y desconocidos para los científicos europeos, los deslumbra constantemente. Von Humboldt dice en un pasaje: "Se cumple el sueño de mi juventud: veo la cruz del Sur" Hacia el final, se oye nuevamente su voz diciendo: "Ya hemos disecado más de mil seiscientas plantas y recolectado seiscientas especies", la tarea del naturalista ha llegado a su a fin. Los múltiples viajes del sabio alemán influirán sobre las siguientes generaciones de científicos. Mburucuyá invita a un viaje fluvial que se interna en la selva, sostenido en el extraño encuentro entre una prosa científica y otra indígena, plena de mitología. Desplegando el poder del conocimiento europeo, Acha intentó develar la estructura colonialista del mismo.

fuente: Revista RADAR

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