El cine fantástico en la Argentina

 por Betina Broccoli

 Para muchos, el “fantástico” es, junto al western, el género cinematográfico por excelencia. Gerard Lenne, importante teórico del cine, en su obra “Mitología del cine fantástico” empareja los términos cine y fantástico  “por su escena ilusionista y el efecto de realidad ante una serie de espectros que mezcla el cine”. Del mismo modo conecta su carácter onírico ilustrado en el orden espacio - tiempo cinematográfico que se corresponde con el de los sueños, donde el espacio y el tiempo también se adaptan a las exigencias dramáticas, comparando el lento oscurecimiento de la sala con el cerrar de los párpados y la posición soñante del espectador.

Hoy son célebres las aptitudes estéticas y conceptuales de lo fantástico en el cine, desde el “Viaje a la Luna” de Georges Meliès (1908) o el expresionismo alemán y sus estremecedoras pesadillas románticas como “Nosferatu” (Murnau/1922) o “Metrópolis” (Lang/1926), hasta los clásicos del género durante la depresión económica americana: “Drácula” (Browning/1931) y “Frankenstein” (Whale/1931), entre otros. También son de destacar los  monstruos atómicos de la posguerra o el intento de los invasores extraterrestres de quebrar la “armonía americana” recuperada por el ejército maccarthysta, magistralmente evidenciado en “Invasión de los usurpadores de cuerpos” (Don Siegel/1956). En los años 60 la productora británica Hammer resucita el gótico, con los monstruos tradicionales pero sensuales y en color representados por la pareja Lee - Cushing, llegando finalmente a un nuevo apogeo del género en el cine norteamericano actual de directores como Carpenter (“Halloween”/ 1978), Spielberg (”E.T.”/1982) y las metáforas apocalípticas descriptas en “Terminator” (Cameron/1984) o la deshumanización en “Brazil” (1985),de Terry Gilliam.

Pese a que autores tan dispares como Herzog, De Palma, Fellini, Hitchcock o Polanski invadieron el terreno de lo fantástico, nuestro cine raramente admitió al género como camino legítimo de expresión desperdiciando el arsenal literario de leyendas folklóricas y autores locales destacados como Borges, Bioy Casares o Quiroga.

Antes de enumerar algunas producciones nacionales cercanas al género debería definírselo como una irrupción de lo sobrenatural en lo natural. Ese contraste se extiende a veces a lo estético y a lo moral, inclusive convirtiendo lo explicable en extraño, lo normal en anormal a través del método narrativo.

Esa disparidad entre lo normal y lo anormal es una de las bases de la comedia, un género con el que se asociaría en algunas películas argentinas de las décadas del 40 y del 50: ”Una mujer sin cabeza” (L.C.Amadori/1947), con Niní Marshall, y “Fantasmas asustados” (C.Rinaldi/1951), con los Cinco Grandes del Buen Humor, son dignos ejemplos.

En 1942 se estrena “Una luz en la ventana” (M. Romero) probando por primera vez en el medio local el uso de pasadizos secretos, tormentas, telarañas, monstruos y puertas rechinantes. En ella, su director reúne los instrumentos propios del estilo y los usa con lógica sin llegar a enfrentarlos al enfoque humano del protagonista, un médico deforme caracterizado por Narciso Ibáñez Menta, ícono del cine fantástico local. 

Casi todas las cinematografías alrededor del mundo han llevado a la pantalla su versión de la novela de Stevenson “Dr. Jekyll & Mr. Hyde”. El medio argentino no es una excepción y presenta en el año 1951 el film “El extraño caso del hombre y la Bestia”, de Mario Soffici, con una lograda caracterización de un Mr. Hyde bestial, lujurioso, anárquico y, contrariamente a sus antecesores y continuadores, completamente calvo, que personifica las fuerzas contenidas del diurno y decoroso Dr.Jekyll. Durante esta década el cine solo atina a combinar el melodrama con mínimos recursos de lo fantástico en películas como “Dos  ángeles y un pecador” (L.C.Amadori/1945), que describe la historia de un hombre que ha hecho un trato con la muerte,”El hombre que amé” (A. de Zavalía/1947), donde su protagonista vende su juventud a un extraño personaje mediante un pacto y en la que ciertos componentes sobrenaturales sólo agregan confusión a un trabajo no del todo pulido, y “El extraño caso de la mujer asesinada” (B.Hardy/1949), en la que una María Duval devenida en médium e inclinada a las sesiones de  ocultismo, se encuentra poseída por un Napoleón que habla un perfecto guaraní.

Una variante de talentoso expresionismo visual, posteriormente explotado en otras películas, añaden algunos films “negros” de Christensen tales como “La muerte camina en la lluvia” (1948) y la angustiosa “Si muero antes de despertar” (1951), que convierte al estremecedor “hombre de la bolsa” en psicópata sexual y acosador de niños.

Si bien durante su época muda el cine local había intentado adaptar obras literarias locales como “Santos Vega” y “Fausto”, la tendencia a filmar clásicos de la literatura universal hacia los ‘40 y los ‘50 originaría algunas películas notables como “Más allá del olvido” (1955/1956), de Hugo del Carril, con envolventes ambientaciones para la historia de un viudo obsesivo que vive enamorado de una mujer muerta y en la que ”reina la atemporalidad, donde la casa emerge como un personaje más, se convierte en alguien - algo  que, desde su calidad de objeto, manifiesta vida” (La Nación - Cien años de cine). En “El misterioso tío Sylas” (C.Schlieper/1947) se pone en imágenes un cuento de Sheridan Le Fanu y en “Obras maestras del terror” (E.Carreras/1960) se reúnen algunos relatos de Edgar Allan Poe dirigidos por Enrique Carreras.Este film incluye una perturbadora versión de “El corazón delator”, antológicamente animada por Narciso Ibañez Menta y Chicho Ibáñez Serrador.El tratamiento de la imagen y el relato hacen pensar que Ibáñez Menta intervino en su dirección. Es de destacar una remake de “M” de Fritz Lang, conocida como “El vampiro negro” (R.Viñoly Barreto/1953) y protagonizada por Nathán Pinzón, actor sobresaliente del star-system local del film de horror quien más tarde, en  “Embrujo en Cerros Blancos” (Julio C. Rossi/1955) aparece como el líder de un grupo de agricultores que recobra un pedazo de tierra con una maldición. Por otra parte, algunos elementos fantásticos se combinan con la comedia en la sátira “El fantasma de la opereta” (E.Carreras/1955) y con el melodrama en “Cinco gallinas y el cielo” (Rubén Cavallotti/1957). Otra película atractivamente misteriosa es “Rosaura a las 10” (M.Soffici/1958), basada en la novela de Denevi, con un kafkiano Camilo Canegato  empujado al asesinato y que contiene varios pasajes desarrollados desde los “flashbacks”, con instantes aterradores donde todos sus conocidos son seres desagradables vistos desde la disminución exagerada del personaje (interpretado por Juan Verdaguer) frente a una Rosaura desmesurada.

Hasta cierto punto el cine de Torre Nilsson transmite una atmósfera vecina al horror desde su cortometraje “El muro”, pasando por “El crimen de Oribe” (1950), película en la que el ritual de la repetición está tratado con un desconcertante misticismo, el clima estremecedor de “La casa del ángel” (1957), la ferocidad infantil convertida en un clan sombrío en “La caída” (1959) y hasta el infierno doméstico y orbital de “La mano en la trampa” (1961). Si bien la temática de estos films no es puramente fantástica, se muestra en ellas el uso de ciertos recursos del género. Dentro de la obra de los directores de la llamada “generación del ‘60” ésta práctica era casi moneda corriente. Podemos citar el espejismo de un oficinista que fabula un romance con un maniquí en “Tres veces Ana” (David Kohon/1961), “El demonio en la sangre” (R.Mugica/1964) dividida en tres historias en torno a la influencia satánica y que en la actualidad se encuentra extraviada, a la novia con bombones asesinos de “Circe” (M.Antín/1964,sobre un relato de Cortázar), ”Tres historias fantásticas” (M.Madanes/1964), que muestra a una joven Virginia Lago perseguida por la sombra de una mariposa que ha matado  o a un médico empeñado en hacer resucitar cadáveres.

La explosión del kitsch y el naïf durante este período no dejó afuera al fantástico. Ejemplos de ello son “Un viaje al más allá” (Enrique Carreras/1964) con  Mercedes Carreras haciendo las veces de  jovencita limeña afligida por la fantasía de una vida anterior  y con Palito Ortega cantando a voz en cuello “Despeinada”,”Extraña invasión” (Emilio Vieyra/1965) en que un pueblo norteamericano levantado en El Palomar es invadido por extraterrestres a través de los televisores, ”La venganza del sexo” (1966), también de Vieyra, absurda película con mucha piel estrenada en Estados Unidos como “The curious Dr. Humpp”, “El hombre invisible ataca” (M.Rodríguez Mentasti/1967) con Martín Karadagián, ”Sangre de vírgenes” (E.Vieyra/1967) con una lujuriosa vampira en las nieves de Bariloche, prohibida y estrenada definitivamente con más de 15 cortes, donde se  manifiesta la sensualidad propia del mito, ”La bestia desnuda” (E.Vieyra/1967), una especie de “Fantasma de la ópera” en el teatro Maipo, “Che, Ovni” (A.Uset/1968), con tangos intergalácticos interpretados por Jorge Sobral y destrozada por la crítica (“Che, espectador (...) rájele al pseudoporteñismo” - Revista “Gente”) o  “Embrujada”, de la dupla Bo – Sarli (1969) sobre el mito folklórico de “el pombero”. Entre tantas películas de este estilo debe mencionarse “El fuego del pecado ” (o “El inquisidor de Lima”/ B. Arias), realizada en 1974, prohibida durante doce años y estrenada recién en noviembre de 1986. En ella una secta decide eliminar a todos los que supone ligados a la brujería. Contiene cuchillos, torturas y pechos femeninos al por mayor. Este intento menor de cine erótico – terrorífico trató de aprovechar el éxito de “El exorcista” (W. Friedkin/1974) que se presentaba con gran éxito en los cines argentinos.

Terminando la década, una película dirigida por Hugo Santiago sobre un guión de Borges y Bioy Casares fue considerada por la crítica nacional y extranjera como una de las mejores películas del género fantástico: ”Invasión” (1969). Entre milongas y acción misteriosa de enorme riqueza conceptual, un grupo defiende su ciudad, “Aquilea”, de tecnocráticos y deshumanizados invasores, en este bello y extraño trabajo con Lautaro Murúa y Olga Zubarry.

 Otros ejemplos de talento aporta en los 70 Leonardo Favio con “Juan Moreira” (1973, reestrenada en 1993) incluyendo la escena del desafío al truco con la muerte o en  “Nazareno Cruz y el lobo” (1975) donde el director aborda el tema del lobizón- séptimo hijo, el diablo y la lechiguana  presentando un infierno autóctono con toques de Fellini y acercándose al realismo mágico, junto con ”La hora de María y el pájaro de oro” (R.Kuhn/1975), “El fantástico mundo de la María Montiel” (Z. Jury /1978) o el  “Fausto criollo” (1979), de Saslavsky, donde sobresalen la escena de lucha con las mil caras del diablo y la representación del paraíso con un decorado acartonado. No faltaron en aquéllos años lo que podría llamarse una “politización del fantástico” con algunas metáforas sobre la historia política argentina representadas en  “El familiar” (1975)de Octavio Getino, una película que describe cómo un terrateniente y Zupay (el diablo) sellan un pacto.

Con la llegada de la nueva década, los elementos del género se fusionan con otros, originando comedias de dudoso gusto, como “Los extraterrestres” (1983), ”Mingo  y Aníbal contra los fantasmas” (1985), ”Mingo y Aníbal en la mansión embrujada” (1986), ”Galería del terror” (1987), de Enrique Carreras o “Los matamonstruos en la mansión del terror” (1987) y “Las locuras del extraterrestre” (1988) de Carlos Galettini.

Pueden nombrarse, por su aproximación al fantástico, ”Los miedos” (A.Doria/1980), ”El agujero en la pared” (D.Kohon/1982), sobre el eterno tema del pacto diabólico, “La casa de las siete tumbas” (P.Stocki/1982) y las más recientes “Hombre mirando al sudeste” (E.Subiela/1987) , que fluctúa entre la historia de un demente que afirma ser un extraterrestre y de un psiquiatra que revisa sus actitudes frente a su profesión y a su vida,“Lo que vendrá” (G.Mosquera R./1988) con el debut actoral de Charly García que muestra con una estética de videoclip a una Buenos Aires futurista y decadente, “Alguien te está mirando” (G. Cova y  H. Maldonado/1988), película que fue la tesis de dos jóvenes alumnos del Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda y que relata cómo un grupo de estudiantes de medicina se somete voluntariamente a un experimento que llevan a cabo médicos extranjeros para investigar las posibilidades de un sueño colectivo. Cualquier referencia a “Pesadilla” (W.Craven/1984), al enorme y gótico caserón de Norman Bates (“Psicosis”, de A. Hitchcock/1960) o al cine de clase “B” en general (los laboratorios que realizan con los estudiantes este experimento en base a diversas drogas se llaman “Laboratorios Corman”), no son casuales, ya que los directores declararon que su film “es de ciencia ficción, pero no al estilo de Star Wars, sino como las películas para autocines norteamericanos”. Cerrando la década, “Los Espíritus Patrióticos” (P. Nisenson/1989) toma algunos recursos del fantástico mostrando a un club de fantasmas  formado por un General, un conquistador, un ganadero y un parapolicial, entre otros, que se reúnen para desestabilizar al Poder Ejecutivo.El film hace mayor hincapié en las travesuras de unos periodistas por descubrir a los golpistas que en el ámbito fantástico que ofrecía la trama.

En los ’90 algunos films  como “Moebius” (Gustavo Mosquera R. y alumnos de la Universidad del Cine/1996) y “La sonámbula”(F.Spiner/1998) retoman tardíamente la posta del género fantástico En la primera, el relato avanza entre metáforas de historias recientes, miedos y olvidos y cuenta la búsqueda penosa que enfrenta un topógrafo para encontrar un tren que se ha perdido entre las vías subterráneas de Buenos Aires con treinta pasajeros a bordo. Deberá encontrar entonces a quien diseñó esta red, pero sólo la ayuda de una niña le facilitará el hallazgo de las primeras pistas. Por otra parte, la acción de”La Sonámbula” se desarrolla en una Buenos Aires futurista (“2010,año del bicentenario”), cuyos habitantes forman parte de experimentos psicológicos que lograron que todas las personas pierdan la memoria. Eva Rey, una mujer afectada por estas pruebas, sueña continuamente con un pueblo de provincia. El film cita a la literatura fantástica de Borges y Bioy Casares, con un mítico héroe de apellido Gauna y un juego de realidades paralelas.

Deben sumarse a este informe algunas de las películas aún no estrenadas en el país:

_”El ángel de la muerte” (“Snuff”, de Horacio Fredricksson/1970), filmada con un elenco que incluye en  su mayoría a modelos y estrenada en Estados Unidos con el nombre de “Snuff”, que define al género de las películas en que se filman muertes verdaderas. El clímax en esta película es el asesinato y destripamiento de una actriz en un juego de “film dentro del film”.

_”La familia unida esperando la llegada de Hallewyn” (M.Bejó/1971), en la que todas las noches los integrantes de una familia (y algún ministro vampiro)bajan a la cripta para rendir homenaje a la madre muerta, pero un día el cadáver desaparece. Filmada en blanco y negro y en 16 mm. fue Gran Premio en la Semana Internacional de Mannheim. Incluye fragmentos sonoros de la película ”El látigo y la piel”, de Mario Bava.

_“Vito Nervio contra el poder de las tinieblas” (M.Bejó/1978), basada en la historieta “Vito Nervio”, desarrolla la acción en Subterra, un país de fantasía, donde los gobernantes realizan la Expovaca, una costosa exposición donde asisten Vito Nervio y su ayudante Super Super.Se presentó con gran éxito en los festivales de Locarno, Rotterdam y Mannheim.

_“Seis pasajes al infierno” (F.Siro/1981) se estrenó en Estados Unidos formando parte de un proyecto de cine de exploitation, en la que los sobrevivientes de un accidente aéreo se refugian en una mansión poblada de fantasmas que los someterán a todo tipo de vejámenes.

_”La neutrónica explotó en Burzaco” (A.Agresti/1984), film aún no concluído.

En los últimos años los filmes de no siempre rescatable naturalismo hacen que el género fantástico vernáculo sufra otra más de sus eternas postergaciones. Más allá de algunas parodias y algunos intentos menores es de desear que aparezcan algunas señales que nos indiquen que la historia no termina aquí. Quizás algunos nuevos realizadores abandonen este camino del realismo y nos permitan ver alguna vez “El eternauta”. Las esperanzas siguen vivas.

 

Bibliografía

“Cien años de cine”, Diario “La Nación”

Compilación de la Revista “La Cosa”, año 1997

Diario “Convicción”, año 1983

Diario “El Mundo, año 1960

Diario “La Razón”, año 1985

“Mitología del cine fantástico”, de Gerard Lenne

Revista “Gente”, año 1968

“Un diccionario de films argentinos”, de Raúl Manrupe

 

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