"Año 2071: Tengo
50 años. Acabo de celebrarlos con mis dos hijos. Fue una gran fiesta.
Hasta nos quitamos las máscaras antigás y los trajes antirradiación.
Era peligroso pero felizmente el contador Geiger no detectó nada
demasiado alto. Mi casa está en el último piso de un rascacielos
en la Gran Urbe. No queríamos las propiedades junto al mar ya que
el agua tan ácida corroe las tuberías del desagüe. El
cielo está un tanto despejado. Las nubes de monóxido de carbono
se han retirado un poco y podemos ver el sol. Una pena, debemos poner los
cristales contra radiación UV en las ventanas. Luego devoramos los
bocaditos anticancerígenos, una delicia..."
Millie dejó el lápiz
a un lado y leyó lo que acababa de escribir.
-¡Qué tontería!
-pensó.
No entendía por
qué su profesora, una mujer algo vulgar y bastante idiota, les había
dejado una tarea tan tonta: "¿Cómo me imagino en mi cumpleaños
número cincuenta?"
-¿Y a mí
qué me importa lo que haré dentro de treinta y seis años?
-se dijo Millie con rabia-. Es má;s seguro que ni siquiera pueda celebrar
mi siguiente cumpleaños.
Rompió el papel
en pedazos y lo tiró debajo del banco.
-¡Qué estúpido!
-murmuró, sacando otra hoja en blanco.
Miró por la ventana,
enojada. A la distancia distinguió las siluetas de los misiles apuntando
al cielo. Cada uno llevaba en su cabeza doce kilogramos de plutonio.
La ventana empezó
a temblar, Millie la tocó, pudo ver cómo uno de los misiles
despegaba en medio de una nube de humo.
Millie, indiferente, lo
vio perderse en el cielo.
En el patio del colegio,
algunos niños le hacían adiós con la mano.
Había guerra desde
hacía varios años y eso era algo que todos ya sabían.
La Tierra entera estaba siendo bombardeada con toda clase de materiales
radiactivos. Esto había sucedido durante tanto tiempo que ya a nadie
le importaba. Los poderes que planeaban y ejecutaban los bombardeos eran secreto
de los Estados.
Un misil más y una ciudad menos, ecuación sencillísima
que Millie recordó cuando en su aula las ventanas volvieron a temblar.
-10, 9, 8... -empezaron
a contar sus compañeros.
La profesora ordenó
silencio.
A los pocos segundos otro
misil se elevó al cielo.
Hasta ahora la región en la que vivía Millie había
tenido suerte, pero nadie sabía cuánto tiempo le duraría.
De todos modos a nadie le importaba, no había a dónde escapar,
poco a poco la Tierra estaba siendo esterilizada.
Millie cogió su
lápiz y empezó a escribir:
"Año 2071: De
mí sólo queda una lápida con mi nombre en medio de
otros nueve mil millones de lápidas exactamente iguales. Ya no queda
nada ni nadie. Lo único que sobrevive es el plutonio y el uranio esparcidos
por el mundo."
Miró su pequeña
composición y sonrió satisfecha.
Orgullosa, fue a entregarle
su tarea a la profesora.