Hijo del tiempo
(The ugly little boy)
Plaza & Janés, 1992
Isaac Asimov y Robert Silverberg
Hará cosa de 20 años,
vi en la televisión una producción titulada “Tres historias
siniestras y peligrosas”. La verdad, las dos primeras no me impresionaron
gran cosa, pero la tercera, “El niño feo”, basada en un cuento de
Isaac Asimos, fue impactante: un niño neandertal es trasladado desde
su época hasta la nuestra, en la cual desarrolla un vínculo
afectivo con la enfermera encargada de atenderlo.
Años después, Asimov
y Robert Silverberg se daría la mano para redactar la versión
larga de “El niño feo” (The ugly boy), que Plaza & Janés
traduce como “Hijo del tiempo”.
Aparentemente, la historia es la
misma, pero tiene el añadido de ofrecer dos tramas situadas en distintas
edades en el tiempo: de un lado, las vicisitudes de una tribu de neandertales
entrando en contacto con homo sapiens hace unos cuarenta mil años;
del otro, los problemas que se originan en el presente (o no tan distante
futuro) al traer a nuestra época a un niño neandertal, de aspecto
bastante espantoso y con pocos visos de lo que llamaríamos “humanidad”.
Para atender y controlar a este
niño es que se contrata a Fellowes, competente enfermera a quien no
le ha ido muy bien en su vida sentimental. La señorita Fellowes deberá
luchar contra su inicial –¿atávica?- aversión al niño
neandertal, a quien terminará amando como a un hijo. Pero el destino
del niño – bautizado como Timmie- está decidido: debe volver
a su tiempo (el prodigio que permite su presencia en nuestra época
tiene un coste muy alto de energía) en un plazo perentorio, precisamente
cuando está dando lo mejor de sí, demostrando poseer un lenguaje
y una inteligencia “normal”.
Mientras tanto, hace cuarenta mil
años, la tribu de la que es originario Timmie atraviesa por diversas
crisis: el anciano lider está al borde de la muerte, y una mujer,
La que sabe, empieza a cuestionar todos los aspectos en los que se basa la
existencia de los neandertal: las relaciones entre los sexos, las tácticas
de guerra, los mensajes de los dioses, y por encima de todo, la perenne amenaza
que son los Otros, seres feísimos y de miembros desgarbados, de altas
frentes y caras chatas de mentones monstruosos… Los neandertal se ven acorralados
por estos Otros, al punto que ya no tienen a donde huir (los motivos de esta
huida no son muy claros, el hecho es que ambas especies de homo sapiens no
se llevan bien). Para colmo, no pueden entenderse unos a otros. Una guerra
es inminente.
Hace tiempo que no leía
una historia que fuera un ejemplo tan preclaro de lo que significa “instruir
deleitando”. Nuestra propia sociedad es objeto de una crítica en sus
aspectos más detestables: el racismo, la ignorancia, la incapacidad
de sentir siquiera un mínimo de empatía por el “otro”, la utilización
del ser humano como medio y no como un fin en sí mismo. De paso, el
lector se hará con más de un dato interesante sobre el hombre
de neandertal y sobre las condiciones de vida de hace cuarenta mil años.
Sin contar con un final que, sin
alterar el ya conocido de la versión original, abre las puertas a
más de una especulación sobre el verdadero destino de los neandertal.
Una lectura que, sin ser una obra maestra, resulta bastante entretenida e
ilustrativa.
Daniel Salvo, enero 2007