El año
de Drácula
Kim Newman
Timun Mas, 1992
Debo confesar, con toda humildad,
que nunca antes había leído nada de lo publicado por la editorial
Timun Mas. Tenía mis razones. Las principales, el no ver publicado
en dicha casa editora a ningún autor "conocido"; y las referencias
nada halagüeñas sobre la calidad del contenido de dichas obras.
Pero la razón más importante consiste en el hecho de que la
mayoría de títulos que he visto publicados por Timun Mas no
son novelas independientes, sino que constituyen partes de sagas que además
suelen entrecruzarse con otras sagas, y así ad infinitum...
mi bolsillo difícilmente puede soportar la adquisición de trilogías.
La casualidad vino en mi favor.
Tras visitar la casa de un amigo cuya biblioteca de ciencia ficción
merecería de suyo un artículo, le solicité que me prestara
"algo ligero" para leer. Y tuvo a bien prestarme "El año de Drácula"
y su continuación, "El sanguinario Barón Rojo", novelas
que, oh sorpresa, habían sido publicadas bajo el sello editorial Timun
Mas.
Tal como me ocurrió a
mi, supongo que las portadas de ambas novelas podrían inducir al eventual
lector a creer que se encuentra ante una más de las tantas noveluchas
sobre vampiros que se suelen encontrar. La portada de "El año de Drácula",
por ejemplo, nos muestra un escudo de Inglaterra cuyos elementos han sido
alterados dramáticamente: el león y el unicornio son vampiros,
el dragón se come a San Jorge, etc. En la portada de la segunda novela,
observamos a un vampiro de apariencia feroz surgiendo de una especie de vaina.
Como para pasarse de largo, ¿no?
Pues bien, estos libros justifican
aquello de "no juzgar por las apariencias". Son magníficos ejemplos
de ucronías que, pese a contar con un trasfondo clásico de
novela de horror -los vampiros- se inscriben perfectamente dentro del género
de ciencia ficción.
"El año de Drácula"
se basa en la siguiente premisa: el archienemigo del Conde Drácula,
Abraham Van Helsing, no logra destruirlo. Antes bien, Drácula logra
difundir el vampirismo en Inglaterra a tal punto, que los vampiros son reconocidos
como súbditos ingleses, convirtiéndose el propio Drácula
en príncipe consorte de la Reina Victoria.
Así, la historia de Inglaterra
(y del mundo) es reescrita a partir de 1885. Muchos personajes de ficción
de ese entonces también aparecen en esta novela, adaptando sus acciones
al nuevo entorno vampírico. Están Fu-Manchú, el Dr.
Jeckyll, el Dr. Moureau, el profesor Moriarty, así como personas "reales"
como Oscar Wilde, H.G. Wells, el propio Bram Stoker y otros.
En sí, la trama de la
novela se centra en los asesinatos cometidos por un criminal apodado en un
principio "Cuchillo de plata", quien se dedica a asesinar vampiras prostitutas.
¿Le suena conocido? Pues si, se trata de Jack el Destripador, quien
sigue cometiendo sus crímenes en Whitechapel. Pero ya no mata mortales
(en la novela, se los llama "cálidos"), sino vampiras. Y el móvil
de la acción es la investigación que efectúa el héroe
(tiene que haberlo, incluso en esta realidad alternativa) Charles Beauregard
a fin de descubrir al misterioso asesino.
Considero que ésta novela
cae dentro del marco de la ciencia ficción antes que en el género
de terror por varias razones. Una de ellas, que el vampirismo aparece como
una condición adquirida antes que una maldición de matices
religiosos. Por supuesto, no todos los aspectos de la condición vampírica
han sido resueltos, pero se considera que la ciencia, encarnada en personajes
como Charles Darwin y otros, lo hará algún día. La plata
les hace daño, lo mismo que una estaca en el corazón, pero
el temor a los crucifijos se considera una mera superstición entre
los vampiros. De hecho, Drácula se casa con la reina Victoria en la
abadía de Westminster. El hecho de que los vampiros no se reflejen
en los espejos es también objeto de especulaciones científicas.
Lo mejor de la novela es que
muestra una sociedad donde la convivencia entre humanos y vampiros resulta
creíble, al punto que los vampiros, otrora considerados poderosos
seres de la noche, no son inmunes a las taras, enfermedades y contrariedades
económicas que aquejan a los "cálidos". Hay vampiros torpes
que no saben transformarse en animales. Otros, pueden coger enfermedades
según la víctima que muerdan, y es que no es lo mismo sangre
de tipo A o B. Otros desarrollan extrañas modas basados en su condición
de vampiros. El propio Drácula es comparado con otros vampiros, quienes
lo consideran decadente y vulgar, además de ser un príncipe
"que cuando estaba vivo, profesaba la religión católica", algo
muy difícil de aceptar por los conservadores anglicanos, siempre recelosos
de los "papistas". Una de las medidas dictadas por el otrora Conde es el
empalamiento de homosexuales, entre los cuales se cuentan también
a varios e influyentes vampiros. Imagínense, un vampiro cucufato.
Si bien la novela está
ambientada en Inglaterra, seres de otras latitudes aparecen según
convenga a la trama, revelándose la existencia de otros vampiros tanto
o más antiguos que Drácula, quienes tienen sus propias ideas
acerca de la política entre los no muertos.
El Londres compartido por cálidos
y vampiros es un lugar fascinante, abigarrado y colorido, al mismo tiempo
que miserable y putrefacto. La revolución industrial que convierte
a Inglaterra en la primera potencia de su tiempo, también tiene lugar
en esta ucronía vampírica. Londres se convierte en una ciudad
que nunca duerme... literalmente hablando.
Si bien la novela privilegia
la acción antes que la reflexión, definitivamente es, a mi
juicio, más entretenida y creíble que "Entrevista con el vampiro",
de Anne Rice. El vampirismo no convierte a las personas en criaturas todopoderosas,
a menos, claro, que incluso de vivos hayan sido personajes influyentes. Tiene
sentido. Un vampiro solo, es un monstruo. Muchos vampiros son una sociedad.
Un hecho a destacar, aunque
meramente anecdótico, es la re-escritura del mito del pistolero norteamericano
Billy Harrigan o Billy El Niño, "Billy The Kid", quien resulta ser
un vampiro asesinado por un Patrick Garret armado con balas de plata. Me
pregunto si un Carlos Marx vampiro aparecerá en alguna continuación
de la saga.
El Conde Drácula, ahora
Príncipe Consorte, no aparece como personaje sino al final de la novela,
y el aspecto que tiene (al igual que los ambientes del palacio real) no dejan
de ser una sorpresa. En esta entrevista concedida por los reyes a Charles
Beauregard y Genevieve Dieudonné (protagonista además de otras
novelas de la serie Warhammer, de la misma editorial), se decide el destino
de Inglaterra.
Claro, la novela no es perfecta,
hay momentos en los que la trama policial se convierte en burocrática,
y los personajes no hacen más que ir de un lado a otro, creando situaciones
un tanto confusas. Pero esto solo ocurre en pocos capítulos, dejando
un gran resto de novela que se lee sin dificultad.
En resumen, si pueden, cómprenla.
Treinta soles no es un precio excesivo para esta sangrienta joya del entretenimiento.
Daniel Salvo (c) 2003
Publicado originalmente en "Ciencia
Ficción Peruana en Velero 25"