Reseñas
Saga del Exilio en el Plioceno
Julian May
La saga del exilio
en el Plioceno
Julian May
Ultramar Editores S.A.
España,1985
Tetralogía compuesta
por La tierra multicolor, El torque de oro, El rey nonato y El adversario
Después de algunos años,
mis vagabundeos por Jirón Quilca (Lima) y otros lugares me han permitido
conseguir los 4 volúmenes de la saga, que a su vez se integra dentro
del universo concebido por Julian May, denominado el Medio Galáctico,
situado en un futuro en el cual la humanidad se ha expandido por las estrellas
y forma parte de una confederación de mundos poblados por razas extraterrestres.
El exilio en el Plioceno empieza
con buen pie. Pese a la edad de oro en la que vive la humanidad después
de su inclusión en el Medio Galáctico, existen descontentos
que no soportan tanta belleza. Así somos los humanos. Y para ellos,
no hay otra solución que el Portal. El origen del Portal está
en una anomalía descubierta por un científico de apellido Guderian,
que abre una vía a la época que llamamos Plioceno, situada
unos seis millones de años en el pasado terrestre. Puesto que los
antropólogos, sociólogos e historiadores coinciden en que todo
vestigio de ésta época han sido borrados en la historia posterior
de la humanidad, concluyen en que el transporte de seres humanos a ese remoto
pasado no afectara los sucesos de la historia. Entonces, el exilio en el
Plioceno se ofrece como alternativa de vida para quien así lo desee.
Cabe precisar que el portal del tiempo sólo se abre en un lugar, situado
en Europa, en lo que hoy sería el Valle del Ródano (los volúmenes
de Ultramar traen mapas que muestran con lujo de detalles donde se ubica la acción) y
sólo se puede utilizar en una dirección, esto es, hacia el
pasado. Cualquier ser viviente que pretende regresar sufre los efectos del
transcurso de seis millones de años…
En diversas oleadas, grupos
significativos de humanos utilizan el portal, esperando llegar a un lugar
donde puedan realizar sus deseos de libertad, vida campestre, soledad contemplativa,
en fin, lo que todos creemos que ocurre lejos de donde vivimos.
Solo que el Plioceno no estaba
deshabitado. Una raza de extraterrestres ha llegado “antes”, y se ha adueñado
de Europa. Provenientes de la Galaxia Duat, llegaron en una nave sentiente
que “murió” en la Tierra, por lo que no pueden regresar. Es una raza
dimórfica, dividida en los Tanu, altos y lindos; y los Firvulag, achaparrados
y tirando a feos. Vamos, los elfos, enanos, trolls, duendes y demás
criaturas del folklore europeo. Los Tanu tienen poderes mentales latentes
(metafunciones), que se vuelven activos (operantes, según la terminología
utilizada por May) mediante el uso de torques de oro en el cuello. Los Firvulag,
en cambio, no usan torques y son operantes limitados.
Los humanos que llegan al Plioceno
son recibidos por los Tanu, y reducidos a una situación de benévola
servidumbre. De hecho, varios humanos han sido “elevados” a los más
altos niveles jerárquicos tanu, obteniendo el derecho a utilizar torques
de oro. También existen torques de plata y grises, que permiten un
despliegue más limitado de metafunciones. Además, al descubrirse
que los extraterrestres y los humanos son compatibles, se han producido tantas
uniones que un gran número de tanu son en realidad híbridos.
Todo empieza a cambiar cuando
llega al exilio un grupo de humanos realmente excepcional. Varios de ellos
tienen también poderes mentales, o funciones metapsíquicas,
las cuales parecen ser repotenciadas espontáneamente al utilizar el
portal del tiempo.
Conscientes de estos poderes,
los tanu tratan inútilmente de tomar medidas, pero estas fracasan.
En este punto, desarrollado en los volúmenes intermedios de la saga
(El torque de oro y El rey nonato), Julian May varía de registro y
entra de lleno en la descripción de escenas donde prima la acción.
Muchos de los aparentes protagonistas de la saga pasan a un segundo plano
o simplemente desaparecen. Y otros “habitantes” del exilio en el Plioceno
entran en escena, complicando aún más las cosas. Nuevas alianzas
se crean, nuevos giros, nuevos escenarios (es magnífica la manera
en que May integra dentro de la saga un acontecimiento geográfico
de primera magnitud como es el nacimiento del Mar Mediterráneo).
Sin embargo, el continuo despliegue
de poderes mentales para los cuales no parece haber límites llega
a cansar. En algunos momentos, parecemos asistir a esos duelos protagonizados
por personajes de dibujo animado japonés, como Gokú o Saint
Seya. Y suele ocurrir que estas luchas distraen al lector de eventos más
importantes, como los conflictos entre las facciones en que se dividen los
extraterrestres o la manera en que una sociedad compuesta por extraterrestres
y humanos exiliados del futuro acaba pareciéndose a un pueblo cualquiera
de nuestro mundo, con helados de fresa incluídos.
Por suerte, la historia recupera
el nivel inicial en el cuarto volumen, donde se produce el desenlace. Siguen
habiendo luchas e intrigas medievales, pero más ligadas a la trama,
donde se resuelve el conflicto entre tanus, firvulag, humanos y ramapitecos,
nuestros más directos antepasados. Aunque los protagonistas ya no
sean los mismos...
Daniel Salvo © junio 2005
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