En las
montañas de la locura
H.P. Lovecraft
Howard Phillips Lovecraft
suele considerarse un autor de novelas y cuentos de horror. Esto, por el
simple hecho de que sus narraciones, efectivamente, dan miedo. Además,
incluye una serie de datos y referencias que inducen al lector a creer en
la existencia real de seres tales como los Primordiales y los Profundos,
y que realmente existió un árabe loco llamado Abdul Alhazred
que escribió un libro llamado "Necronomicon". Uno se pregunta,
después de leer, si acaso la maligna presencia de Cthulhu y compañía
en realidad no es una mera ficción proveniente de la imaginación
del autor.
Los relatos de H.P. Lovecraft,
si bien implican una trama perteneciente al género de terror (monstruos
que amenazan la existencia de los seres humanos), tienen una base científica
o seudocientífica que llevarían a incluirlos dentro del género
de la ciencia ficción. Una ciencia ficción terrorífica.
Así, los dioses y
criaturas que pueblan las pesadillas lovecraftianas son en realidad seres
extraterrestres, pero provenientes de ámbitos tan lejanos y extraños
(Lovecraft insinúa incluso en varios relatos que "no pertenecen a
nuestro espacio-tiempo" y que "no siempre están hechos de materia
tal como la conocemos") que pueden equipararse a los dioses y demonios de
las mitologías y religiones conocidas, aunque el propio Lovecraft,
racionalista y ateo, los presenta como seres más allá de nuestros
conceptos del bien y del mal.
Precisamente, en "En
las montañas de la locura", leemos la epopeya de unos seres mencionados
en otras narraciones de Lovecraft, los Primordiales, desde su llegada
a nuestro planeta, el desarrollo de su civilización y sus relaciones
con otros seres igual de extraños. Y sólo Lovecraft tiene la
maestría de exponer a sus criaturas, revelando detalles de las mismas
tales como sus posibles gustos musicales o su sensibilidad al frío
extremo (¡Primordiales utilizando ropa para abrigarse!), sin que por
ello pierdan su aura de horror y extrañeza. Definitivamente, el los
ama, pero un lector solo puede percibirlos como entes a los que hay que temer.
La historia describe una
expedición a la Antártida organizada por la ya célebre
Universidad de Miskatonic. Entre otros hallazgos, encuentran el acceso a
una ciudad antiquísima y los cuerpos conservados de seres de una
antigüedad de millones de años: los Primordiales, inmensos seres
con forma de barril, con tentáculos, alas membranosas y cabeza de
estrella. Estos cuerpos antiquisimos desaparecen, al igual que otros miembros
de la expedición, por lo que una pareja de expedicionarios decide
ir en su búsqueda, y de paso, explorar la ciudad. Estos exploradores
son el narrador y el estudiante Danforth (August Derleth), quienes logran
penetrar en la ciudad maldita y aborrecible que se oculta en el Polo Sur
(disculpen, es que el lenguaje se pega).
En dicha ciudad, a la cual
dedican largas pero no tediosas descripciones (punto para el maestro Lovecraft),
nuestros protagonistas acceden a murales tallados en piedra que grafican
la llegada de los Primordiales a la Tierra y de cómo les fue en ella.
Además de encontrarse con otras razas estelares igualmente poderosas
(los seres humanos ni soñaban con aparecer), los Primordiales crean
a los "shogots", grandes masas de protoplasma que pueden asumir formas
temporales y que son utilizados como bestias de carga por los Primordiales,
primero solamente bajo el mar, y luego en la superficie. Con el paso del
tiempo, estos "shogots" se rebelan contra sus creadores, coincidiendo
esta rebelión con la decadencia de la civilización de los Primordiales.
Tras una época oscura,
marcada por la glaciación, la ciudad de los Primordiales permanece
dormida y desierta, hasta que es encontrada por la expedición
de la Universidad de Miskatonic. Dicha incursión revelará que
la ciudad no estaba tan muerta como aparentaba.
Esta novela se considera
una suerte de continuación de la "Narración de Arthur Gordon
Pym" de Edgar Allan Poe. En todo caso, la deuda de Lovecraft con dicha
novela es evidente, al punto de mencionarla en más de una ocasión
y recoger, con todas las implicancias negativas posibles, la transcripción
del sonido "Tekeli-li", en un contexto por demás inquietante.
Daniel Salvo (c) abril 2003