Conde Cero
No hay futuro
Las trilogías (o pentalogías,
o n-logías) parecen ser una constante en la CF. A la cabeza, tenemos
la más famosa de todas, el ciclo de la Fundación de Isaac Asimov.
William Gibson decidió también continuar con el mundo que había
descrito en "Neuromante", y así surgieron "Conde Cero" y "Mona Lisa
acelerada", la cual reseñaremos en la próxima edición
de "Ciencia Ficción Perú".
Para empezar, "Conde Cero"
no es , propiamente, una continuación de "Neuromante". Si bien la
acción se sitúa en el mismo universo, y algunos de los sucesos
narrados son consecuencia de lo narrado en la primera novela, se trata de
una trama independiente.
La novela está compuesta
por tres historias relacionadas entre sí. El Conde Cero que da título
al libro es un muchacho llamado Bobby Newmark que sueña convertirse
en vaquero de consola, el cual es contactado por "algo" que acecha en la red,
lo cual lo vuelve valioso para un grupo de seguidores del vudú que
identifica a dioses del panteón haitiano, como el Barón Samedi
o Dambala, con inteligencias artificiales liberadas. Obligado a unirse a
estos houngans para no ser asesinado, el Conde Cero deberá poner
a prueba sus incipientes habilidades de hacker para salvar su vida y la de
sus nuevos amigos. ¿Salvarlos de que? Bueno, parece que el contacto
hecho por el Conde Cero en la red ha sido percibido por alguien mas...
También cuenta la historia
de Turner, un mercenario que se dedica a sacar trabajadores de una empresa
a otra. Es que en el futuro que imagina Gibson, los empleados mas calificados
son una especie de prisioneros de sus empleadores, y la única forma
de que puedan cambiar de trabajo es fugándose de los campos de concentración
en que se han convertido algunas empresas. Sin embargo, Turner deberá
optar por llevarse, o bien al empleado o a su hija, Angela Mitchell,
una niña que tiene la habilidad de conectarse directamente a la red...
Y está Marly, una marchante
de arte (en Perú diríamos "curadora") que es contratada por
el magnate Josef Virek, quien se comunica con ella a través de una
simulación informática debido a que es un anciano tan enfermo
que en realidad se encuentra en un tanque de hielo, buscando la forma de transferir
su conciencia a la red. Mientras, encarga a Marly la búsqueda del
creador de unos extraños objetos de arte, búsqueda que la llevará
a una zona que creíamos conocida, Freeside (traducida ahora como Zona
Libre), la ciudad en órbita construida por el clan Tessier-Ashpool.
A diferencia de "Neuromante",
las inteligencias artificiales tienen un papel secundario en "Conde Cero".
Pareciera que Gibson opta por un trama que nos detalla un poco mas el mundo
del futuro próximo. Ciudades controladas por bandas callejeras, empresas
más poderosas que muchos países, condiciones de empleo inverosímiles...
Otra cosa que cabe señalarse
es la idea de Gibson de que los primeros contactos de la humanidad con las
inteligencias artificiales "libres" se realizan en un contexto religioso.
En efecto, el grupo de personas que tienen contacto con las IAs creen ver
en ellas a dioses del vudú. Otro personaje contactado, Lugan Widgate,
considera que es Dios quien le habla. Lo cual nos hace preguntarnos: ¿acabaremos
adorando a nuestras propias creaciones? ¿Se cumplirá la ley
de Arthur C. Clarke, según la cual una tecnología muy avanzada
es indistinguible de la magia? En todo caso, las IAs de Conde Cero son capaces
de utilizar a los seres humanos, aunque no queda claro para qué propósitos...
El clima general de la novela
es menos "negro" que en Neuromante. De hecho, un romanticismo ligeramente
rosa envuelve el final, como para decir que en el ciberpunk también
hay finales felices... mientras duren.
Daniel Salvo (c) junio de 2002