Colaboraciones
Cobayas
José Carlos Canalda
-Puedes ahorrarte todos tus argumentos;
por mucho que insistas, no vas a convencerme. Me parece inmoral que se realicen
ensayos con animales.
-Tampoco hay que exagerar;
no son inteligentes.
-¡Sólo faltaría
eso! Pero son conscientes y sensibles, y sufren como podríamos sufrir
nosotros. ¿Qué derecho tenemos a disponer tan alegremente de
sus vidas? Además, esa crueldad con la que se les trata es la mayor
parte de las veces gratuita. En realidad, ¿qué falta hacen
esos ensayos? Podrían ser sustituidos perfectamente por simulaciones
de laboratorio sin necesidad de tener que torturar a seres vivos.
-Tus planteamientos son
nobles y bienintencionados, lo reconozco, pero resultan ingenuos. El avance
de la ciencia exige a veces estos sacrificios...
-¡Ya estoy harto
de oír esas excusas! ¿A qué avance de la ciencia te
refieres? Porque ambos sabemos que la inmensa mayoría de estos experimentos
no tienen por objeto una investigación científica seria e imposible
de realizar de otra manera; casi siempre, por no decir siempre, se trata
bien de estudios innecesarios cuya única finalidad real es la de satisfacer
la vanidad de sus responsables, bien de iniciativas de industriales sin escrúpulos
que nada tienen que ver con la defensa de la salud y sí mucho con
el lucro personal de los mismos. En cualquier caso, las motivaciones no pueden
ser más bastardas.
-Aunque fuera como dices,
algo en lo que por cierto discrepo, conviene que los abolicionistas tengáis
en cuenta una cuestión fundamental que soléis pasar por alto:
Los ensayos nunca se realizan con animales salvajes, esto es algo que está
completamente prohibido, sino con poblaciones criadas ex profeso para ello
las cuales no existirían de no ser por nuestra tutela, ya que serían
incapaces de valerse por sí mismas; dejadas a su libre albedrío
no sobrevivirían, extinguiéndose al cabo de tan sólo
unas pocas generaciones. Añade a esto que el animalario reproduce
a la perfección, mejorándolo incluso, su hábitat original;
de hecho ellos ignoran el carácter artificial del mismo, y creen vivir
en libertad sin sospechar siquiera nuestra existencia.
-A pesar de ello...
-Y no queda todo en eso.
Los ensayos tan sólo afectan a una mínima parte de la población
total, con lo cual la inmensa mayoría de los especimenes llegan a
desarrollar su ciclo vital completo, bastante corto por cierto, sin la menor
interferencia por nuestra parte.
-No, si todavía
tendrán que daros las gracias esos pobres animales a ti y a los que
piensan como tú...
-No lo dudes; son extraordinariamente
prolíficos, y de no ser diezmados periódicamente con esos experimentos
científicos que a ti te parecen tan execrables, acabarían muriendo
todos ellos a causa del hambre, la superpoblación y la intoxicación
con sus propios detritus... Eso sin contar con su agresividad innata, que
se exacerba en los momentos de crisis. Lo creas o no, les estamos haciendo
un gran favor. Ten en cuenta que nosotros somos los primeros interesados
en mantenerlos con vida y razonablemente sanos, algo que ellos serían
incapaces de hacer por sí mismos.
-Déjame que me
ría; con estos argumentos tan hipócritas os resulta sencillo
evitar los remordimientos de conciencia, justificando de paso cualquier cosa
que se os ocurra hacer... Pero en la práctica ni siquiera os contentáis
con eso, ya que cada vez diseñáis experimentos más crueles.
Eso se llama sadismo.
-Yerras de nuevo. Ten
en cuenta que estos animales tienen un increíble poder de adaptación,
y las enfermedades que les inoculamos acaban convirtiéndose en inocuas
para ellos. Si queremos que nos sigan siendo útiles, no nos queda
otra solución que incrementar su virulencia o desarrollar nuevas cepas...
-Claro. Y ésta
es la razón por la que el próximo ensayo que tenéis
previsto realizar tendrá una mortalidad tan elevada que dejará
en mantillas a todos los anteriores...
-Estás en lo cierto,
pero ¿por qué no le buscas el lado bueno? Los resultados de
este proyecto nos permitirán ayudar a la mejora de nuestro nivel de
vida.
-¿A qué
precio? Morirán millones de animales.
-¿Y qué?
Últimamente se han reproducido de forma tan explosiva que amenazan
con agotar todos los recursos, e incluso el propio espacio, de que disponen.
Resultaba imprescindible sacrificar los excedentes de población para
mantener su equilibrio, y los métodos tradicionales se han revelado
insuficientes uno tras otro. Puesto que había que hacerlo, por lo
menos así aprovecharemos para obtener unos resultados útiles.
-Dejémoslo estar;
está visto que en este tema jamás nos podremos poner de acuerdo.
-Como prefieras.
* *
*
En la Tierra todas las
alarmas se habían disparado. Dominadas, cuando no erradicadas, la
mayor parte de las enfermedades que habían flagelado a la humanidad
desde la noche de los tiempos; controlados cada vez más el cáncer
y las enfermedades cardiovasculares, principales fuentes de mortalidad hasta
hacía poco; contenidas ya las plagas modernas del sida y el ébola,
una nueva epidemia se extendía ahora con tintes apocalípticos
hasta el último confín del planeta, causando millones de víctimas
sin que las impotentes autoridades médicas pudieran hacer nada por
evitarlo.
La Peste Roja, así
bautizada por la similitud de su propagación con la de su mortífera
homónima medieval y por el color que adoptaba la piel de los enfermos
antes de que éstos cayeran fulminados en el breve plazo de unas cuantas
horas, se resistía impune a los frenéticos esfuerzos de la
comunidad científica por ponerle freno, sin que todos los conocimientos
existentes sobre enfermedades, ni todo el arsenal disponible de medicamentos,
mostraran la menor efectividad contra esa nueva plaga bíblica, frente
a la cual cualquier otro mal anterior se asemejaba a un simple juego de niños.
En aquellos atribulados
tiempos no faltó quien aventurara que se trataba de una maldición
divina precursora del fin del mundo, y también hubo fatalistas que
recordaron a la doliente humanidad su naturaleza mortal. No faltaron tampoco
pesimistas que pronosticaran la próxima extinción de la raza
humana, ignorantes de que, pese a la muerte de centenares, de miles de millones
de personas, el Homo sapiens seguiría existiendo sobre la faz de la
Tierra; pero no por sus propios medios, sino porque a sus ignotos y todopoderosos
criadores no les interesaba en modo alguno perder a sus útiles cobayas
cósmicos.
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